Epílogo
Miller
SIGO RECORDANDO ESE DÍA COMO SI FUESE AYER. Estoy cerca. Apenas han pasado un par de meses desde que Berlín murió y el padre de Eva también.
Pude recuperar los restos del cuerpo de la madre de Eva donde Berlín se había desecho del cuerpo y le dimos una digna sepultura.
Eva no me hizo ni una sola pregunta. Ni yo a ella. Decidimos no hablar más del tema, pues todo por fin había terminado.
Berlín había comprado una nueva casa. Pero no contaba que los compradores eran míos y que tampoco la fortaleza estaba llena de explosivos. No podía hacerlo mientras no estuviera seguro de que él estaba ahí. Y con su padre dentro tampoco podía hacerlo. Fallon sabía del plan.
Él me ayudó a retenerlo el mayor tiempo posible. Pero no sabía que tenía planeado morir ahí mismo antes de que mi ángel intentara salvarlo.
Cuando estaba peleando con Berlín no solamente mi arma cayó al suelo. También el interruptor de los explosivos. Fue cuando Fallon lo tomó junto con el arma y planeó ser el malo de la película en ese momento.
Había salvado a su hija y salvándola a ella me estaba salvando a mí.
—¿En qué piensas?—Eva me trae a la realidad cuando pasa su mano sobre la mía.—¿Puedo verlo ya?
—No.
Continué pintando. Pero en realidad ya había terminado. La estaba esperando a ella.
Estábamos desnudos en el estudio de nuestra nueva casa en Sídney. Pintábamos casi todas las tardes. Pero este era un día especial.
Había planeado hacerlo cientos de veces. Pero tenía que ser jodidamente perfecto.
Aún recuerdo la primera vez que la vi pintando. Algo de ella había llamado mi atención pero no sabía qué. En ese entonces era demasiado frío para darme cuenta que era la mujer de mi vida a la que estaba viendo y la que siempre llegaba tarde a clases.
Con solo recordarlo me saca una sonrisa.
A veces las pesadillas se hacen presentes. Pero siempre estoy ahí a su lado para calmarla y ella hace exactamente lo mismo conmigo. Mis pesadillas no tienen que ver con Berlín. Siempre han sido con perderla.
En mis sueños veo a mi ex esposa jugar con mi hijo Silas. Me ven con Eva y sonríen de felicidad mientras yo lloro.
—No llores—Me habla Silas—Mamá y yo estamos felices de que tengas a alguien.
La veo a ella, recordando cada momento que vivimos juntos y me sonríe.
—Quédate con lo bueno y vive. Ella lo merece igual que tú.
Mi corazón se sintió menos pesado y el alma regresaba a mí. Podía ser feliz con Eva también. La había salvado y ahora nada ni nadie nos podrían separar.
La mierda romántica era todo lo que quería.
—Terminé—Dice Eva estirando su cuello y dejando el pincel a un lado. Me observa y me sonríe. Cuando me sonríe de esa forma no sé si quiere besarme o que hagamos bebés. Yo creo que ambas cosas.
Veo por última vez la pintura y sonrío para mis adentros. Me separo del cuatro y camino hasta ella. Le doy un beso en la boca y tomó su mano para que juntos miremos lo que he pintado para ella.
Al estar frente a él los ojos se le llenan de lágrimas y por más que intento disimularlo estoy nervioso.
El anillo es perfecto. El diamante también. Si le gusta la pintura estoy seguro que le gustará el real.
—Miller...
La he dejado sin palabras. Es mi momento para alejarme un poco. Voy al cajón donde he guardado la caja negra que contienen anillo y regreso a ella.
Me colocó de rodillas frente a Eva. Se ve preciosa desnuda y con algunas manchas de pintura sobre sus pechos. Logró concentrarme antes de que mi erección me traicione y termine haciéndole el amor antes de que me dé la respuesta que quiero.
—¿Te casarías conmigo, mi ángel?