14
—¿Y ES TUYO? —DIJO MEGAN CUANDO SE subió al nuevo coche de Eva.
—Tu tío insiste en que use uno, aún no me acostumbro pero ya está. Nos iremos de compras.
Esa mañana Megan le había dicho que necesitaba cambiar todo su guardarropa. Por lo que Eva aprovechó para salir de la casa y de las miradas de su padre. No estaba lista para hablar con él todavía.
—¿Qué tienes pensado?
—No lo sé. Estaba pensando en algo más femenino.
—¿Femenino? —La intención era otra—¿Y Grave está de acuerdo?
Los ojos de Megan se salieron de sus orbitas.
—¿Lo sabe mi tío?
—Me imagino que sí, pero esa conversación la tendrá con Grave, no contigo. Sea lo que sea que estén comenzando, por favor dile que lo mataré si te lastima.
Ella sonrió tímidamente.
—Se lo diré.
Mientras terminaban de meter las bolsas de compras en el maletero del coche, una camioneta todoterreno derrapó al lado de ellas. La falta de seguridad que Eva llevaba ese día junto a su amiga había sido una mala decisión que le iba a costar muy caro.
—¡Eva!
Unos hombres se bajaron del coche y la tomaron sin que Megan pudiera hacer algo.
—¡No! —Gritó Megan, uno de ellos le apuntó con el arma y sin importarle luchó contra ellos. Hasta que la cacha del arma la golpeó fuertemente en la cabeza.
Dejándola inconsciente.
Metieron a Eva dentro del auto con una capucha en su cabeza.
—¡Suéltenme!
Viendo que no podían controlarla le quitaron la capucha del rostro e intentaron golpearla en el rostro para que se quedara quieta.
—¡Quieta! —Le amenazó uno de los hombres que llevaban una capucha negra sobre la cabeza.
Habían tres y otro conducía. Mientras que el otro recibía órdenes por el celular.
—Ya veo porqué le gusta al jefe, es una fiera la maldita perra.
Se reían de ella. Mientras el coche iba en marcha saltándose todos los semáforos en rojo. A Eva no le importó que tuvieran un arma, sabía que quien la había mandado a raptar era Berlín y la quería viva.
Así que decidió pelear esta vez por su vida, porque si se dejaba atrapar, sería su fin. Aquellas pesadillas se harían realidad y jamás volvería a ver a Miller o a Megan.
Pensar en lo primero fue lo único que necesitó para lanzarse contra uno de ellos que tenía el arma. Lo golpeó fuerte en la cabeza, le aruñó el rostro hasta sangrar y el arma cayó al suelo.
—¡Mierda!
Como pudo la tomó y disparó a lo que se le atravesara en el camino. Pero no contaba con que el arma dispararía primero al conductor. La camioneta perdió el control y se estrellaron en la calle próxima, volcando así el todoterreno.
Eva sintió que su cuerpo se disparaba por toda la camioneta. No se escuchaban gritos de los hombres que iban con ella. Cuando la camioneta terminó de rodar, se inspeccionó que pudiera caminar o salir fuera.
Si tenía suerte, llegaría donde Megan, no habían subido muchas calles y por suerte lograría salir de esa.
Los demás autos y personas se dispersaron cuando escucharon más disparos que provenían de otras dos camionetas derrapar cerca. Eva estaba atascada con el cuerpo de uno de ellos encima. No sabía si estaba vivo o el impacto le había causado la muerte.
—¡EVAA! —Escuchó el gritó de un hombre llamándola.
—¡¿Miller?! —La espera de que fuese él la llenó de esperanza. —¡Estoy aquí!
La puerta se abrió hecha pedazos y solamente miró una mano que conocía a la perfección y la forma en cómo la tocaba.
Era Miller.
Con mucho cuidado Eva logró deslizarse fuera del cuerpo del hombre y tomó la mano de Miller, aferrándose a ella hasta que pudo salir de ahí a rastras. Miller la tomó en brazos y corrió hasta la camioneta sin decir una sola palabra, la metió dentro.
—Vete con ella—Le ordenó a Flame.
Sin tiempo que perder, Flame arrancó el coche y aceleró lejos de ahí.
—¡Miller! —Le gritó a través de la ventana pero solamente miró cuando Miller sacaba su arma y disparaba dentro de la camioneta volcada. Lo demás oscureció ante sus ojos.
La otra camioneta se quedó cuidando de él. No tenía cabeza para cerciorarse de que estuviese bien y no herida. Lo único que quería era acabar con la vida de los culpables de su secuestró fallido.
Disparaba dentro del vehículo pero el conductor seguía vivo. Rodeó la camioneta siendo custodiado por sus hombres que cuidaban la zona.
—¿Berlín está aquí? —Le agarró la cabeza para que respondiera. El hombre escupía sangre. Pero pudo asentir con la cabeza.
Miller le sonrió con mucho fuego y muerte en sus ojos.
—De nada—Le dio el disparo de gracia en la frente para que dejara de sufrir y ahogarse en su propia sangre.
Guardó su arma detrás de su cintura y regresó a la camioneta.
—A la oficina.
—Sí señor.
Eva estaba en la cama. Se había dado una ducha y un médico la había revisado. Le dio un calmante y se quedó profundamente dormida.
Al despertar sintió la cama fría. Se encontraba sola todavía.
Salió de la cama y se colocó una bata de noche para salir a tomar un poco de aire, o mejor, buscar a Miller.
No tenía el valor de llamarlo al móvil. Sería más fácil si se lo encontraba en su despacho o su jardín.
Pero bastaba con salir a la puerta para encontrarlo sentado ahí, como si cuidara la puerta o a ella.
—Miller—Dijo ella con sorpresa —¿Cuánto llevas ahí?
Él no respondió. Recordó lo que había pasado hace algunas horas.
La forma en cómo él se hizo cargo de todo no le sorprendió pero sí en su reacción con ella.
La había arrojado a una camioneta y la había abandonado toda la noche.
Le dolió en el alma verlo de esa manera, pero también lo podía entender.
No podían tener una vida normal mientras Berlín estuviese vivo.
Es por eso que la había dejado sola. Se sentía culpable y ella se resintió que pensara que era tan débil para no cuidar de sí misma.
Miller se puso de pie. Tenía la mirada perdida que ni siquiera la había mirado a la cara. Eva entendió todo.
Pasó frente a él pero la detuvo del brazo fuerte. Tan fuerte que se quejó del dolor.
—Miller, me estás lastimando.
Siguió sin verla o escucharla.
—Te dije que no te fueras sola—Masculló arrastrando las palabras.—Te dije que aún no era seguro andar por ahí. Y aun así hiciste lo que se te dio la puta gana.
—Miller.
—¡Te iban a llevar! —Le gritó haciéndola retroceder. — ¡Siempre terminas haciendo lo opuesto a lo que te ordeno! ¡¿Acaso eres estúpida?!
Eva levantó el brazo y la palma de su mano fue a dar directo a su mejilla. Le volteó la cara con el golpe y eso lo sorprendió.
—Yo lo lamento mucho... lamento mucho lo qué pasó pero no tienes derecho a tratarme de esa manera. ¿Acaso sabes quién volcó la camioneta?
Miller dijo que no con la cabeza.
—Fui yo. Yo provoqué el accidente. Yo luché por mi vida y al final tú llegaste a mi rescate como siempre lo sabes hacer. Pero no puedes culparte de todo lo qué pasa. Tú y yo sabemos cómo terminar esto. Tú y yo sabemos quién lo empezó.
Sin nada más que decir. Miller se acercó a ella como si su vida dependiera de ello y la abrazó.
—Lo lamento.
—Deja de lamentarte, Miller. Estoy cansada de que siempre te disculpes.
Como si su tacto lo quemara la soltó y se alejó de ella. Eva se quedó ahí de pie con la cabeza en blanco y por primera vez no quiso ir detrás de él.