Arte y placer 13
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LAS COSAS SE HABÍAN CALMADO EN CAMbrIDGE, de momento. Por lo que Miller y Eva regresaron para la graduación de Artes en el Salis.

​ —¿Crees que sea buena idea? —Dudó Eva en preguntar—Ni siquiera tengo un vestido.

​ Miller la trajo hacia él para calmarla.

​ —Yo me ocuparé de ello—Le besó los labios—Ahora, quiero que sepas algo y por favor, no te enfades.

​ Eva reaccionó poniéndose más nerviosa todavía.

​ —¿Qué ha pasado? ¿Estás bien? ¿Nos iremos de nuevo?

​ —No, Eva, nada de eso, por favor tranquilízate.

​ —Bueno, si tengo que enfadarme es porque no es nada grave ¿O sí?

​ Miller no dijo nada. Más la tomó de las manos para bajar juntos a comer. Se habían trasladado hacia otra mansión, muy retirada a la que tenían antes. Esperando que, así Berlín no la encontrara y mucho menos a él con los pantalones abajo esta vez.

​ —Ese vestido se te ve increíble—La admiró de arriba abajo.

​ —Es gracias a mi novio. Tiene buenos gustos—Se burló.

​ Las sonrisas terminaron cuando Eva apretó la mano de Miller cuando miró quien estaba de pie al final de las escaleras.

​ —¿Qué está haciendo él aquí? —Miller la detuvo cuando quiso subir de nuevo.

​ —Eva, sé que no tiene sentido todavía. Sabes que no me agrada del todo, pero debes hablar con él.

​ Eva no podía creer que la estuviera traicionando de esa forma.

​ —¿Acaso no escuchaste lo que me dijo la última vez?

​ —Lo sé, Eva y sigo sin perdonárselo. Pero es tu padre. Berlín está detrás de él también. —Intentó razonar con ella—Es tu padre, intenta darle una última oportunidad y si no funciona te prometo que no dejaré que se te acerque de nuevo.

​ Tenía miedo de las palabras de su padre. Siempre tenía algo doloroso que decirle en cada encuentro que tenían. Pero le iba a dar el beneficio de la duda una última vez.

​ —Eva—La cara que tenía Fallon era de arrepentimiento. Aunque, a juzgar por su pasado. Siempre la tenía.

​ —Que sepas que no eres bienvenido, al menos para mí no.

​ —Lo sé. Y no me importa luchar hasta que me perdones, la última vez dije cosas que no debí decir. Te lo contaré todo, Eva.

​ —¿Todo?

​ —Sí, todo. Cuando estés preparada.

​ —Lo estoy ahora—Refutó.

​ —No, hija. No lo estás. Primero tenemos que ponerte a salvo. Ya Miller me ha dicho su plan.

​ Eva le echó un vistazo a Miller. Estaba calmado pero claramente se le notaba que hacía un gran esfuerzo porque Fallon estuviese en su casa cerca de Eva.

​ —¿Qué plan?

​ —Uno que es mejor que no lo sepas—Le acarició la mejilla—Concéntrate en tu graduación. Yo estaré en primera fila, mi ángel.

El vestido negro Chanel que llevaba había sido un regalo de Miller para ella. También había comprado uno para Megan. Y habían pasado toda la tarde con los mejores estilistas que Miller había contratado para que las prepararan.

​ Eva y Megan llegaron en una limosina a la ceremonia. Donde ya Miller estaba con un traje oscuro de tres piezas. Lo primero que Eva notó fue que usaba los gemelos que le había regalado. Combinaban perfecto con su corbata. Se había afeitado y se miraba más guapo que nunca.

​ La ceremonia fue breve, expusieron las mejores obras de todo el año y muchas de ellas eran de Eva. Miller se sintió orgulloso y recordó que él tenía toda una artista para él solo.

​ Al terminar la noche, Megan se despidió de Eva y Miller la atrapó por detrás.

​ —Ya puede saber el mundo que eres mía—Le dijo al oído—Aunque para eso tendrías que ser la señora Preston.

​ Se le aceleró el corazón pensando en que iba a proponérselo ahí mismo delante de toda la gente.

​ —Tranquila—Le dijo como si leyera sus pensamientos—Tengo algo especial para cuando ese día llegue.

​ —Menos mal—Se burló—Porque en este momento te diría que no. Sigo enfadada contigo por haber traído a mi padre también al fin de curso.

​ —Eva.

​ —No Miller, no vamos a discutir. Mejor llévame a casa. Necesito estar en la cama ahora mismo… contigo.

La espalda de Miller resbaladiza.

La boca de ambos trabajando como una perfecta melodía a sus lenguas. Gemidos mezclados llenos de placer y deseo porque nada de eso acabase. Bombeándola con presión, penetrándola como le gustaba. Esta vez contra la pared. Su ropa yacía en el suelo.

​ Empujando contra la pared mientras sus piernas se acoplaban en su cadera en la medida perfecta. Mientras Eva besaba sus labios, Miller solamente pensaba en una cosa.

​ En hacer bebés y darle placer a la mujer que amaba.

​ Su pene deslizándose de adentro hacia afuera con una dureza y suavidad al mismo tiempo. Allegándola más a la liberación.

​ —Oh, Miller—La hizo gemir con desesperación.

​ Era un hombre grande en todos los aspectos pero nunca había sido un problema. Siempre se acoplaba a él, a su mirada, a su tacto, a su miembro dentro de ella. Encajando a la perfección.

​ Lo tierno y cuidadoso que era ahora era todo lo que Eva necesitaba en ese momento.

Miller mordió su labio suavemente y se alejó, arrastrando el labio con él en sus dientes.

​ —Te amo—Dijo, tomando sus manos y llevándolas arriba de su cabeza.

​ Eva gimió del placer. Se sintió tan bien y tan profundo en esa posición que pronto acabaría con ella.

​ —¿Sientes eso, Eva? —Le preguntó con dureza.

​ Eva sin poder hablar por el placer que le daba, asintió con la cabeza.

​ —Este soy yo, amándote—Penetró una vez más—recordándote—Y otra—Protegiéndote—Y otra vez—Haciéndote mía, mi ángel.

​ Acelerando más sus penetraciones, Eva echó su cabeza hacia atrás gritando del placer.

​ —¡Miller!

​ Hundió las uñas en su espalda y él rugió en su cuello, empujando y golpeando dentro de ella.

​ —¡Diosss!

​ La tomó fuerte y ella cayó en su cuello, la llevó hasta la ducha y se quedó con ella en sus brazos mientras el agua se resbalaba en todo su cuerpo. El sollozo de Eva se lo dijo todo.

​ El miedo de que todo podía terminar.

​ —Te amo, Eva Kerr. Por favor, nunca olvides eso.

​ —Nunca—Respondió ella viéndolo al rostro y buscando sus labios para cerrar el momento en un tierno beso.