12 #3
—Eva. Regresa conmigo.
Ella se aferraba más a él. Nunca antes había tenido un ataque de pánico hasta ahora. Pero no la culpaba a ella, se culpaba a sí mismo por haber sido el causante según él.
—Te amo, Miller. Por favor, duda de todo. Menos de eso.
—Mírame—Le tomó el rostro para que lo viera—Nunca he dudado de tu amor, Eva ¿Qué dices?
Le temblaba el mentón y quería llorar.
—Esos hombres…
No pudo continuar porque él la besó. Ese beso significaba algo más que un perdón. Quería recordarle de otra forma donde pertenecía. Pertenecía ahí, sana y salva con alguien que la amara. Nadie la amaba más que él.
—Lo siento, no sé qué me pasó.
Estaban acostados en el suelo del baño. Miller aún estaba empapado de agua junto a ella, pero no le importaba. Eva había entrado en sí y se había calmado.
Eva se levantó del suelo y fue hasta su bolso. Todavía llevaba el regalo que había comprado para él. Estaba esperando el momento perfecto para dárselo. Pero dejó de esperar por uno. Debía actuar cuando su corazón se lo dijese y escucharlo a él primero.
—Compré esto para ti—Se arrodilló desnuda frente a él que ahora se encontraba sentado siempre en el piso.
—¿Cuándo lo compraste? —Le preguntó. Ella no respondió y recordó el día, después de las compras donde por un segundo creyó que se había ido. Pero en realidad se fue. Lo que no sabía era que se había ido a comprarle algo no tan lejos.
—Ábrelo. Espero que te guste.
Miller observó la pequeña caja negra brillante que tenía en su mano. La abrió y no ocultó sorpresa alguna.
El par de gemelos llevaban una piedra especial. A Eva le recordaba el color de sus ojos. Pero a él le recordó los colores. Ella era como una paleta de colores que le daban vida y sentido a su vida.
—Los amo, Eva. Gracias.
—Me alegro que te guste—Lo abrazó. Aún había algo más que debían hablar y aún no sabía cómo empezar.
—Eva, ¿Qué está mal?
Se apartó de él por un segundo. Quería volver a enterrar su cara en su pecho y oler su aroma.
—Quiero disculparme por no haberte dicho nada sobre lo que... ya sabes.
—¿Sobre qué? Habla bien.
Hizo morritos. Cuando tenía que ser un grano en el culo lo era.
—Sobre bebés.
—Ah, eso.
Su expresión cambio de nuevo. Tomando la que ya antes andaba. Si había tiempo de culparse pues ella también tenía la culpa. Había causado la decepción en él y lo había arrojado a que tomara demasiado esa noche.
—Lo siento por no decirte nada en ese momento. Es solo que pensé que no los querías.
Le acarició el rostro. Y ahora Eva sí quería echarse a llorar. Él había perdido un hijo. ¿Quién era ella para decirle que no debía tenerlos ahora? Con solo el hecho de pensarlo se le desgarró el corazón.
—Nunca he aceptado lo que la vida me ha dado. Pero de ti lo quiero y lo acepto todo. Quizás me dejé llevar por el momento pero...
—Quiero darte todos los hijos que quieras, Miller Preston—Le dijo con lágrimas en los ojos—También quiero todo de ti.
Te amo y sé que quizás es pronto pero quiero ser la madre de tus hijos.
No solo por lo que te pasó, quiero dejarte en claro que nunca he sentido lástima por ti de ese modo y no haré nada actuando de esa forma. Pero te amo y ambos nos merecemos.
Le costaba respirar a Miller.
—Eva, no llores.
—Lo lamentó. Es inevitable. Eres la persona más maravillosa que he conocido. Y me duele el corazón por lo que te pasó. Lo siento, no puedo evitarlo. Que me pidas qué quieres un bebé conmigo es algo que no me esperaba y me hace feliz.
Miller también quería llorar. Pero no era el momento. Amaba ese momento de confesión entre ambos. Por un segundo se había sentido rechazado. Pero no recordaba que para ella era abrumador viniendo de él algo como eso.
La levantó del suelo y la llevó en sus brazos hasta la cama. Se despojó de toda su ropa húmeda y la miró con deseo.
—¿Qué haces?—Le pregunto, Eva. Observándolo llegar a ella y colocarse sobre su cuerpo. Se excitó enseguida con sentir el roce de su pene en su vientre.
—Vamos a hacer bebés.
Se abrió más para él. La punta de su pene se deslizaba con su humedad hacia dentro. No sabía que ya estaba preparada para él pero de todas formas siempre lo estaba.
La penetró poco a poco como si fuese su primera vez.
Le besó la boca con mucho amor y le tocaba los pechos con delicadeza.
Cuando por fin estuvo dentro de raíz Eva comenzó a moverse debajo de él.
La sujetó de los brazos y se los llevó arriba de su cabeza.
Los movimientos se aceleraban cada vez más y sus gemidos les hacían compañía. En ningún momento dejaban de besarse.
—Oh, Miller.
El sexo vainilla era especial entre los dos y si de esa forma pensaban hacer el bebé era perfecto. Pero eso lo sabrían con el tiempo.
Eva comenzaba a apretarse por dentro. Causando que Miller quisiera terminar antes. Pero quería disfrutarlo. Quería venerarla de todas las formas y posiciones posibles y lo hizo. Hasta que al final la llenó con su semilla. Dándose ambos todo para sí.