Arte y placer 12 #2
88%

12 #2

y puedo sentir cómo se alza tu naturaleza,

mientras yo te envuelvo.

Vamos a bailar como si estuviéramos haciendo el amor...

Haciendo el amor.

​ La tomó de las caderas y la pegó a su cuerpo.

Haciendo todo lo que la canción decía. Faltaba solamente que se desnudaran ahí mismo.

La forma en que Miller movía sus caderas era tan caliente que de nuevo estaba mojada.

Tragaba en seco, le lamía el sudor y todavía quería más de ella.

Sabía que se podía mover dentro y fuera de la cama y le daba gusto.

​ —Me apasiona tu forma de bailar—Le susurró en el oído—Pero más me encanta que sea conmigo, mi ángel.

​ —Coincido. Eres todo un sexy bailarín, señor Preston.

​ En cuanto Miller se dio la vuelta observó que no eran los únicos que la estaban pasando bien. Y lo peor de todo era que no eran unos desconocidos.

​ La boca de Megan estaba pegada a la de Grave y eso bastó para que Miller enloqueciera. Sintió rabia y conociendo a Grave sabía que buscaba de una presa fácil. Se olvidó que estaba bajo el efecto del alcohol y corrió hasta ellos.

​ —¡Miller! —Eva se puso frente a él para calmarlo antes de que ellos se dieran cuenta de lo que trataba de hacer. Pero era tarde. Miller estaba de espaldas a ellos enfrentando a una Eva enfadada.

​ —Déjame Eva, no te metas.

​ —No hagas una escena aquí, has bebido demasiado, lo hablaremos en casa.

​ Miller se pasó la mano por el cabello.

Exasperado de lo que estaba ocurriendo. No podía diferenciar de lo que estaba bien y mal.

Tenía los nervios de punta, además de un corazón un poco roto.

Pensaba que con el sexo que habían tenido en el tocador de mujeres se le pasaría, pero no era suficiente.

Necesitaba sacarse el rechazo de encima como sea.

​ —No voy a permitir que Megan salga lastimada. Es un error.

​ —Eso lo sabrán ellos. —Lo tomó de la mano y lo quiso llevar lejos de ahí, pero la rechazó y gritó:

​ —¡Mierda! Para ti es fácil decir eso. No he sido el único hombre en tu vida. ¿Verdad?

​ Esta vez sus palabras habían llegado demasiado lejos. Eva no miró hacia el suelo esta vez. Miller se dio cuenta que había cometido un error, pero sus palabras ya habían sido lanzadas contra ella.

​ —Miller—La voz de Grave—Es mi culpa…

​ No lo escuchó. No dejaba de ver el rostro lleno de dolor de Eva. Era lo peor que le podía decir.

​ —Tienes razón Miller, no has sido el único. Pero al menos tu sobrina no está siendo forzada.

​ Se fue de ahí con el corazón en la mano. Pasando por la multitud que seguía en lo suyo.

​ —Lleva a Megan a casa—Le dijo a Grave—Hablaré contigo después.

Miller se fue tras ella. Esperaba que saliera corriendo lejos de él, huyendo pero no. Flame abrió la puerta del coche para ella y fue la primera en entrar. Después Miller. Se hizo el silencio una vez las puertas se cerraron. Pero no era infinito pues Miller tenía mucho que decir.

​ Tomó su mano y Eva no lo rechazó, aunque se lo merecía, no lo hizo.

​ —Perdóname, por favor—Se llevó su mano a la boca y la besó—Fui un idiota, no debí decir eso.

​ Ella no dijo nada.

Al llegar a casa Eva fue la primera en salir sin ayuda de nadie.

Llegó hasta la habitación que compartía con Miller y se encerró en el cuarto de baño.

Se despojó del maldito vestido corto famoso de la noche y se metió en la ducha.

Al estar ahí y sentir el agua fría caer sobre su cuerpo sintió que revivía una vieja película a todo color.

​ —¿Te gusta así, puta?

​ —¡Mueve el culo ahora!

​ —¡No me toques!

​ —¡Golpéala más!

​ —Abre esa linda boca y chúpamela ahora.

Todo lo que la atormentaba la estaba acechando ahora. Pensaba que estaba a salvo de Berlín con Miller. Pero se había olvidado de los recuerdos. Esos matan a cualquiera que pueda encender un solo recuerdo.

​ El agua de la bañera se esparcía por todo el suelo. Los gritos de Miller no llegaban a los oídos de Eva quien estaba en trance a punto de volver a cortar sus venas con una navaja de afeitar.

​ —Es así como quiero que me recuerdes, mi putita —Berlín empujaba dentro de ella, haciéndola sangrar. Por más doloroso que fuese, Eva no sentía nada. Solo quería morir ahí mismo.

​ Sus manos estaban manchadas de sangre. Pero solo estaba en su mente. Le había disparado a aquel hombre y había huido. Hasta que llegó donde estaba Miller.

​ — Eres Hades —Susurró Eva.

​ Miller limpiaba su mano. Inspeccionando que no estuviese lastimada. Eva no soltaba la navaja de la otra mano y cualquier paso en falso lo dejaba esta vez en su garganta.

​ —Mi ángel… por favor, baja la navaja—Le pidió y ella parpadeó, dejando caer la navaja en el agua.

​ —¡Noooooooo! —Gritaba Eva recordando las manos sucias que tocaban su cuerpo —¡No me toquen!

​ Las violaciones en grupo eran las peores.

​ —Por favor, no.

​ —¡Eva reacciona! —La voz del hombre que amaba no llegaba del todo a sus sentidos. Había soltado el arma blanca pero aún no estaba con él.

​ —Sálvame, Miller.

​ —¡Eva! —Le gritó de nuevo. Golpeándole la mejilla lo suficiente para que lo mirara.

​ Sus ojos se quedaron con los de él. Hasta que un abrazo lleno de amor y auxilio los envolvió a los dos dentro de la bañera.