Arte y placer 12
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DESPUÉS DE LO QUE PASÓ EN SU OFICINA NO volvieron a decir nada. Cuando escuchó las palabras de Miller pidiéndole un bebé no supo qué decir. Y eso había roto el corazón de Miller.

​ Ella nunca se había imaginado o soñado con ser madre y solo la loca idea de pensarlo la ponía nerviosa. Sabía que lo había lastimado cuando no le respondió. Pero ahora no podía hacer nada.

​ Megan había llegado de visita a la casa de Miller en Australia. Y desde luego, Grave estaba ahí.

​ Ahora era Grave el nervioso mientras que a Megan le hacía gracia.

​ Después de ponerse al día con todo Megan decidió descansar por el viaje y Eva se fue de compras con Miller.

​ Tenía que tener una excusa para sacarlo de la casa. Que fueran una pareja normal que iba de compras. Además, nunca habían tenido una cita o un día tranquilo fuera de todo lo que estaba pasando.

​ —¿Qué quieres comprar?—Le preguntó sin verla a la cara.

Ella lo notó aún molesto así que decidió romper el hielo y recompensarlo.

​ —Siempre usas traje. ¿Y si compramos algo de ropa para ti y para mí y salimos esta noche con Megan y Grave?

​ La idea era agradable. Pero compartirla no estaba en sus planes. La quería para él solo.

​ —De acuerdo.

​ Ahora Miller había dejado el traje de tres piezas y lucia increíblemente sexy en un polo blanco que hacía resaltar sus músculos. Sobresalían sus tatuajes y su culo estaba perfecto en unos vaqueros azules.

​ A Eva se le caía la baba con verlo.

Ella había optado por un vestido ceñido corto y de noche. Mucho escote en su espalda y brillos por todos lados.

​ —¿No crees que es demasiado corto? —Miller la observa de arriba abajo. Tenía unas curvas perfectas y una piel acaramelada hermosa.

​ —Estaré contigo. Lo usaré para ti que no se te olvide.

​ —Pero los hombres te verán.

Eva miró a su alrededor.

​ —¿Y tú te has dado de todas las mujeres que te están mirando en este momento desde que entramos aquí?

​ Miller miró a su alrededor y en efecto. Todas las mujeres de diferentes edades se le quedaban mirando con disimulo pero otras con descaro.

​ —De acuerdo, tú ganas. Pero si me meto en problemas será tu culpa. Habrá mucha sangre.

Puso los ojos en blanco y negó con la cabeza. ​ Cuando se le metía el diablo entre ceja y ceja nadie o sacaba de ahí.

​ —No digas tonterías.

​ —Quedas avisada, señorita.

La forma en cómo le habló todo ese rato dejaba claro que aún había algo en el aire que debían discutir.

Fueron por un café después de las compras y apenas y dijo tres palabras.

Se la pasó trabajando desde su celular. Al grado de que no se dio cuenta cuando Eva se levantó de su silla y entró a la tienda que estaba frente a ellos. Era una joyería.

​ —Quédate afuera. Así nos cuidarás a los dos.

​ Le dijo a Flame.

​ —De acuerdo, Señorita.

​ —¿Qué pasó con lo de llamarme por mi nombre?

Flame miró a Miller que seguía en su celular.

​ —A él no le gustó.

Eva suspiró enfadada.

​ —Increíble. Pero puedes llamarme Eva cuando solo estemos tú y yo.

​ Al entrar a la tienda lo primero que miró fue la sección de caballeros. Había unos gemelos hermosos y finos que podía Miller usar en uno de sus múltiples trajes caros.

​ —¿Buscaba algo en particular, señorita?

​ Eva no dejaba de ver un par de gemelos con piedra azul intenso. Le recordaba a los ojos de Miller.

​ —Quisiera comprar estos, por favor.

​ —Buena elección. ¿Lo quiere para regalo?

​ —Sí, por favor.

​ Salió de la tienda. Eran los mejores billetes pagados. Estaba encantada del regalo que le haría a Miller, aunque odiaba el hecho de que él estaba herido por ella. No todos los diamantes del mundo podían hacer que olvidara su rechazo. Pero lo intentaría y hablarían de ello después.

​ Cuando regresó a la mesa Miller estaba hablando por su móvil. Tenía el cejo fruncido y mal humorado.

Maldijo para sus adentros el día no podía acabar peor. Iba a darle su regalo ahí mismo y se disculparía pero ahora lo tendría que dejar para después.

​ —Eso no fue lo que acordamos... —Decía Miller—Ahora mismo no puedo... eso no te importa... No te pago para que seas incompetente... Hablaremos de eso después.

​ Cortó la llamada y la tensión se sentía en el aire. Eva tenía miedo de hablarle. Siempre que estaba enfadado no sabía con qué se iba a encontrar.

Eva, Miller, Megan y Grave entraban a uno de los club exclusivos de Australia, por suerte no era Miller el propietario de éste esta vez.

Porque así lo quiso Eva, quería que fuese una noche normal y tranquila con cuatro amigos disfrutando de un momento fuera de la pesadilla que había sucedido hace un par de días a miles de kilómetros de ahí.

​ —Tu vestido es demasiado corto, Eva—Le susurró Miller al oído.

​ Era la quinta vez que se lo decía desde que salieron en el coche.

Megan llevaba un vestido también, un poco sexy pero no tanto como el de Eva.

Desde luego Megan estaba nerviosa por tener a Grave al lado de ella, pero Eva había convencido a Miller que, se comportara y no le jorobara más que a ella la noche y dejara a los adultos en paz.

​ —Es mi pequeña sobrina—Le había dicho.

​ —Y es una mujer que tiene todo el derecho de salir con quien quiera. No estoy diciendo que ellos vayan a salir, pero es cosa de Megan y Grave.

​ —Mataré a Grave si intenta tocar a mi pequeña.

​ —Exageras. Además no creo que sea su tipo.

​ —¿Tú crees? —Intentaba calmarlo.

​ —Pues no le gustan los mujeriegos. Pero eso no es asunto tuyo ni mío así que relájate por favor, Miller Preston.

​ —¿Y si vamos a bailar? —Propuso Megan.

​ Ninguno de los dos hombres tenían ganas de bailar por lo que parecía. Por lo que Eva tomó de la mano a Megan y sin ellos fueron a bailar a la pista de baile.

​ Se movieron al son de la canción de Dua Lipa y dejaron salir el ritmo en sus caderas.

One kiss is all it takes

Fallin' in love with me

Possibilities

I look like all you need

One kiss is all it takes

Fallin' in love with me

Mientras tanto Miller la observaba a lo lejos. La forma en cómo movía las caderas al bailar le recordó la forma en que las movía cuando le hacía el amor.

​ En cambio Grave, no podía ver a Megan como quería. Desde que la miró esa noche había dejado de ser la pequeña de Miller y convertirse en la mujer que era y dejarla salir por esa noche.

​ Desde que la había conocido había soñado con ella.

En ser el primer hombre que la hiciera mujer.

Sabía que era virgen por la forma en cómo se comportaba y lo miraba.

Grave tenía un don y sabía detectarlo o era un hijo de puta con suerte.

De cualquier manera eso lo diría el tiempo y no tenía prisa, aunque si se seguía comportando de esa manera, iría tras ella sin esperárselo o pedirle permiso a su amigo.

​ Bailaron tres canciones más y luego regresaron a la mesa donde sus acompañantes se deleitaban de verlas. Grave regresó a su cara de pocos amigos en disimulo y Megan estaba más rebelde que nunca. Lo poco que había tomado le había dado el valor necesario para sacarlo a bailar.

​ —¿No quieres bailar? —Eva tomó a Miller de la mano para que no dijera nada.

​ Grave miró a Miller si se lo impedía, pero al verlo que no protestó se levantó y se llevó a Megan con él a bailar.

​ Al quedar solos, Eva tenía algo que decirle a Miller, aunque éste estaba tomando ya demasiado en el poco tiempo que llevaban ahí.

​ —¿Estás bien? —Le preguntó Eva, tocó su rostro y eso lo hizo reaccionar.

​ —¿Te preocupas ahora por mí? —Dijo en tono seco—Estabas divirtiéndote hace un momento sin mí.

​ —Eso no es justo, si quieres vamos a bailar.

​ Le miró las piernas desnudas y firmes. Eso lo excitó y llenó de rabia a la vez.

​ —Ese vestido es demasiado corto. No me hiciste caso y ahora estoy enfadado contigo.

​ —No, no estás enfadado conmigo por eso y lo sabes bien.

​ Miller ignoró lo que dijo y se sirvió otro trago. Para terminar de joder la situación una mujer con poca clase y sin dejar nada a la imaginación con el diminuto vestido que andaba se acercó a Miller.

​ —¿Bailas guapo?

​ Miller la miró de pies a cabeza, como si aprobara lo que miraba. Y era como si se estuviese comportando como el viejo Miller que era después de haber quedado viudo. Unas copas y a follar.

​ —¿Tú qué crees? —Le dijo él de forma lasciva. —Creo que hago mucho más que eso.

​ Estaba provocando a Eva y ella no era tan infantil como él para caer en su juego. Se puso de pie y enfrentó a la mujer.

​ —Vete de aquí, zorra.

​ La mujer se le quedó mirando, ahora con mucha pena y miedo de que le arrancara los pelos falsos ahí mismo.

​ —Lo siento… pensé que…

​ —Pensaste mal. ¿Crees que un hombre como él está solo? Pues no, yo soy su novia. Así que saca tus tetas falsas de aquí sino quieres que lo haga yo.

​ La mujer se fue casi corriendo de ahí. Y ahora era Miller quien se echaba a reír a carcajadas. Eso enfureció a Eva y lo dejó ahí solo.

​ Se fue al tocador de damas y se refrescó un poco el cuello. Estaba tan enfadada con él que lo mejor era irse de ahí por un momento.

​ Escuchó que la puerta se abrió y se cerró de una patada. En cuanto miró por el espejo tragó saliva y su entrepierna comenzó a doler.

​ —Me gusta cuando te pones celosa. Haces que quiera follarte hasta que te quede claro que tú eres mía y yo soy tuyo.

​ Miller comenzaba a desabrocharse el pantalón y hacer a un lado su ropa interior cuando miró a Eva subirse al frío mármol de los lavabos.

​ —Que sea rápido—Le ordenó ella—Necesito que bailes conmigo.

La canción perfecta en el fondo.

​ La mirada de Miller en todo su cuerpo y ella comenzando a mover sus caderas cerca de él al ritmo de Ciara.

Gotas de sudor caen por mi cuerpo,

estamos los dos en esta fiesta,

así que te acercas y me enseñas cómo te mueves.

Yo también tengo algunas cosas que enseñarte,

si quieres verlas... oh.

Dices que necesitas un trago de Henny.

entonces, estarás preparado.

Haz lo que necesites hacer

porque yo estaré esperando por ti,

La cosa está a punto de ponerse caliente e intensa.

Es realmente tarde,

tú te acercas

y las luces se apagan,

tu cuerpo está sincronizado con el latido de mi corazón,