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DOS DÍAS DESPUÉS EVA RECIBIÓ UN LLAMADO de la junta directiva. No estaba segura de qué se trataba, pero si era la expulsión definitiva, tampoco le importaba. Al menos que se tratara de otra cosa.
—Buenas tardes, señorita Kerr—Se dirigió a ella el profesor Aubrey, el vicerrector del campus.
La escudriñaba junto a los otros cinco profesores más. Había una silla vacía en una posición de mando, ya sabía quién la ocuparía cuando la puerta del salón de juntas se abrió y un Miller entraba con la mirada más fría que nunca.
—Señor Preston—Todos se pusieron de pie y esperaron que Miller tomara su lugar. Ahora sí nada tenía sentido y las manos le comenzaron a sudar. Seguramente Miller sabía de lo que se trataba, pero Eva estaba perdida.
—Espero y sea algo importante—Dijo Miller—Mi tiempo es bastante valioso.
—Seguramente, señor. Pero el motivo de esta junta es bastante importante y un tema muy delicado.
Miró a Eva y frunció el cejo.
—¿Qué hace ella aquí?
—Es su alumna—El profesor Aubrey la señaló—La señorita Eva Kerr, me temo que está en su curso de artes ¿O acaso no la conoce, señor Preston?
—Desde luego que sí, pero no entiendo qué hace ella aquí. La señorita Kerr debería estar en su trabajo ahora mismo.
—¿Así que sabe que también trabaja aquí?
«Mierda» pensó Miller.
—Es mi deber conocer a todos mis empleados.
—¿Y su deber también es mantener una relación más que laboral y profesional con ellos?
Se hizo silencio.
Ahora ambos sabían por qué estaban ahí.
—¿Disculpe?—Miller levantó un poco la voz—¿Sabe usted la gravedad de sus palabras, profesor Aubrey?
Eva se mantenía en silencio. Con la mirada fija en sus manos como una sumisa en problemas.
Para Miller mirarla de esa manera lo hizo arder en fuego. Odiaba verla de esa forma tan débil y permisiva. Debía defender su posición y negarlo todo así fuese una hija de puta como él.
—Lo sé y por eso traeré a alguien más.
La puerta se abrió de nuevo y Sophia Winter hizo presencia. Miller maldijo por lo bajo y Eva también.
—Señorita Winter. Gracias por venir.
—Señores—Expresó al momento de sentarse cerca de Eva.
El interrogatorio continuó cuando el profesor Aubrey se dirigió a Sophia e hizo la siguiente pregunta:
—Voy a ser directo con usted. ¿Sostiene que el señor Preston y la señorita Kerr tienen una relación amorosa?
Sophia los miró a ambos con recelo y respondió:
—Sí yo misma los he visto más de una vez.
Miller gruñó. Casi y se echó a reír pero se contuvo. En cambio Eva quería morir ahí mismo. No sabía qué decir ni qué hacer. No quería meter la pata tampoco así que se quedó callada.
—¿Qué tiene que decir, señorita Kerr?
Eva miró por un segundo a Miller y él supo que tenía que hacer algo. No podían acorralarla de esa manera. De todas formas, todo lo había comenzado él.
—No voy a permitir que continúen con esto—Miller se levantó de su silla y los fulminó a todos con la mirada—Que no se les olvide que soy el propietario de esta institución y bajo ninguna circunstancia voy a permitir que acorralen a una alumna o a mí de esa manera.
—Señor Preston, que sea usted el propietario no le da derecho a cruzarse las normas. Ya suficiente escándalo son los desnudos en su clase.
—Se llama arte.
—Arte. Bien. Pero somos una junta. Y si esto se denuncia podrían hasta cerrar la institución si llegan más al fondo de todo esto.
Miller se paró frente a él y cruzó sus brazos.
—¿Está seguro?
Hubo silencio. Y el profesor Aubrey se puso nervioso.
—Explíqueme entonces qué es este email que la señorita Kerr le envió hace unos meses.
Le arrojó el email impreso que Eva le había enviado por equivocación. Miller lo tomó y se dio cuenta que también estaba la copia de respuesta. Desde luego que se monitoreaban todos los correos de entrada y salida y él no contaba con eso.
—Eso fue un error—Eva por fin habló—El señor Preston no tiene nada que ver, era un email para una amiga.
Se volteó hacia ella para escuchar su vaga explicación.
—¿Está segura de eso, señorita Kerr? Porque aquí puede decir la verdad. Recibimos una queja sobre el señor Preston el otro día. Quiso obligarla a desnudarse en clase ¿Lo va a negar también? porque hay muchos testigos de cuánto la afectó.
—¿Quién ha denunciado eso? —Eva preguntó.
—El señor Travis Harper.
Miller volvió a gruñir por lo bajo. Enfadado por ello. Eran muchos contra él solo. Pero le importaba una mierda.
Eva miró a Miller y después habló:
—El señor Preston no me ha obligado—Comenzó a decir con hilo de voz—Soy yo la que comenzó todo esto.
Todos, incluyendo Miller no podía creer lo que estaba escuchando. La junta directiva comenzó a murmurar un par de cosas y después se hizo el silencio de nuevo.
—El email claramente dice que me atrae de maneras poco profesionales como mi profesor. Pero mi intención nunca fue causar un daño a él o esta institución, simplemente sucedió.
—Señorita Kerr…—Miller arrastró las palabras—¿Qué está usted haciendo?
—Ahora—Eva miró a Sophia—Las intenciones de Sophia siempre han sido destruir todo a su paso.
—¿Qué?—Dijo ella asustada.
—¿Les dijo qué hace aquí? ¿Les mostró alguna prueba de que el señor Preston y yo tenemos un romance?
—No, pero…
—Porque no las tiene, pero yo sí las tengo de que ella es una acosadora.
Pregúntenle qué hace después de clase. O revisen el GPS de su coche.
Ella es quien ha estado acosando al señor Preston y a mí y si él no quiere involucrarse exponiéndola, lo haré yo.
Me he mantenido al margen, tuve un error con ese email, pero ha sido todo. En cambio ella…
—¡Eres una perra! —Gritó Sophia—¿Te crees muy lista? Eres la mojigata nueva y ahora todos te ven ¡Incluyéndolo a él! —Señaló a Miller—¿Qué tienes tú que no tenga yo? He estado en sus clases durante dos años y nunca me ha visto cómo te mira a ti. ¡Eres una perra! ¿¡Dime cómo lo haces!?
En cuanto se acercó a Eva para golpearla en la cara, su mano fue detenida por Miller en el aire.
—Es suficiente.
«Caíste» Dijo Eva en su interior.
Era cuestión de segundos para que explotara. Personas como ellas nunca toman bien un rechazo, y la provocación de Eva bastaba para que estallara de esa manera.
—Hemos visto las grabaciones de los pasillos—Dijo otro de la junta—Siempre estaba detrás del señor Preston.
No era la señorita Kerr, era usted. Y el señor Harper no solamente denunció al señor Preston, también a usted por sus desnudos frecuentes dentro de la clase.
—Continuó—También hay una grabación donde se le ve dirigiéndose a la señorita Kerr de forma amenazante y eso Sophia, es bastante grave, más las acusaciones falsas contra el director.
—Sin más que añadir—El señor Aubrey se dirigió a Miller—Dejaré que usted tome una decisión sobre la señorita Kerr y la señorita Winter. La escala está muy cerca. Lo que suceda después, ya no es jurisdicción de esta institución.
Eva fue la primera en salir del despacho. Casi corrió lejos de ahí y sin mirar atrás. No podía creer que lo había salvado. Pero si alguien era culpable era solamente ella.
Había sido ella la de las promesas. No él.
Era una chica con el corazón roto. Hecho pedazos. Todavía se encontraba en trance y se rehusaba a llorar, aunque su alma se lo pidiese a gritos. No le encontraba sentido a nada y aquella valentía había quedado en un cajón.
Miller había roto con ella. Sophia había destruido la poca confianza que le tenía y ahora su carrera pendía de un hilo. Por no decir que su padre estaba a miles de kilómetros y que su raptor estaba cada vez más cerca.
Mientras caminaba lejos de los pasillos, Eva estaba dispuesta a ir a casa. Cruzaba la calle lejos cuando se escuchó un auto derrapar a los lejos. Se dirigía hacia ella a quema ropa.
Travis que estaba observando todo aquello.
—¡Eva! ¡Cuidado! — Corrió lo más rápido que pudo y su cuerpo se estrelló con el de Eva llevándola fuera de la carretera e impactando sobre el pavimento caliente.
No pudo abrir sus ojos nuevamente, y tampoco quería hacerlo.
Eva estaba en la enfermería del campus. Abrió sus ojos y picaron al sentir la luz blanca que había sobre ella. Le dolía todo el cuerpo y sentía punzadas en cada parte de él. Al intentar mover su mano, sintió que había otra sobre ella.
Era fría y rasposa. Sintió un escalofrío que invadió todo su cuerpo y se tensó cuando miró a quién pertenecía.
—Puedo matarla si me lo pides, putita.
—¿Qué? —Dijo Eva al ver a Berlín al lado de ella. No sabía si estaba soñando o si todo lo que veía era real.
—A la perra que quiso hacerte daño.
—¿Sophia?
—Solo yo puedo hacerte daño ¿Lo sabes, verdad?
—¡Eva!
—¡Eva, despierta!
Abrió sus ojos. Esta vez de verdad y Miller estaba frente a ella. También Megan, pero nada sobre Travis. Seguramente Miller lo había sacado de ahí.
—¿Está Travis bien? —Fue lo único que preguntó.
La mandíbula de Miller se tensó por su pregunta. Nunca antes había sentido esa clase de celos. Pero los que sintió en ese momento le daban ganas de cometer una locura. Como llevársela de ahí para siempre.
—Sí, él está bien—Respondió Megan.
—Pequeña, déjanos solos—Le pidió Miller a su sobrina.
—De acuerdo—Miró a Eva como si ella estaba de acuerdo con ello, y la verdad es que no. No tenía intenciones de verlo y menos ahora que Sophia había intentado matarla. Berlín se lo había dicho, aunque no estaba segura si podía confiar en sus sueños. Se estaba volviendo cada día más loca.
—¿Se puede saber por qué corriste hacia el auto? —Las palabras de acuso que salieron de su boca ofendieron a Eva.
Ella lo miró con ojos de odio.
—Vete a la mierda, Miller. ¿Ahora crees que estoy loca para saltar frente a un coche? No puedo creerlo.
Se acercó a ella e intentó besarla. Pero ella se resistió.
—Que esté enamorada de ti no te da derecho a tomarme cuando quieras. Hemos terminado ¿Lo recuerdas?
—Eva...
—No, Miller. Ha pasado una semana. Una maldita semana que no sé nada de ti. Permíteme que te olvide.
—No voy a permitirlo.
—Ah, no. ¿Por qué? ¿Porque siempre obtienes lo que quieres? ¿O por qué piensas que siempre estaré aquí? No, Miller. No te equivoques conmigo.
La tomó del rostro e hizo que lo viera. Estaba eufórico escuchando cada palabra que le taladraba el corazón. Solo ella podía hacerlo sentir. Y en ese momento se sentía como la mierda.
—No te equivoques tú. Lamento contradecirte pero eres mía. Yo te necesito. Te imploro que no te rindas. Solo espera.
Se apartó de ella. Sin decir nada más. Y sin darle oportunidad de contradecirlo. Antes de ponerse a llorar Megan entró a la enfermería de nuevo.
—Por Dios, Eva.
Se abrazaron y entonces pudo llorar. Aunque no sabía si era por ver a Megan de la misma manera o porque Miller estaba acabando con ella.
No sabía a qué se refería con lo de esperar.
Pero dentro de ella sentía que debía hacerlo.
Como una idiota le dio el beneficio de la duda.
Como una última oportunidad. De todas maneras la graduación estaba casi cruzando a la otra calle.
Muy cerca y cuando sucediera huiría de él.
De todas maneras ya lo había hecho antes.