7
MILLER ENTRABA EN EL VIEJO CLUB AL CUAL había pertenecido alguna vez. Ahora los dueños eran otros y desde luego, no se hacía lo mismo de antes. Una silueta detrás de él llamó su atención.
—Miller. No puedo creer que también estés acá. Espero no me estés siguiendo.
—¿Qué te hace tan especial, Berlín? Pensé que el mensaje había sido claro.
El puño llegó a su mesa. Varios hombres a su alrededor sacaron sus armas y apuntaron hacia él, Berlín.
Él miró a su alrededor, si ellos disparaban no quedaría nada.
—Veo que no estás solo.
—Nunca lo estoy—Dijo Miller sin inmutarse—Y no has sido invitado que yo sepa.
Berlín hizo algo mejor. Se sentó frente a él y le robó el trago que estaba disfrutando Miller.
No lo aprobó.
—¿Cuánto quieres por ella? —La pregunta quedó unos segundos en el aire antes de que Berlín respondiera.
—Que te parece esto—Se levantó de la mesa y se acercó a él—Tu vida por la de ella.
Salió con maestría del lugar sin mirar atrás. No había ninguna duda que Eva estaba con Miller. No iba a negárselo ahora y le había declarado la guerra poniéndole un precio. Uno bastante alto, pero si tenía que protegerla de él, iba a hacer cualquier cosa para que eso sucediera.
Eva estaba en su vieja habitación cuando escuchó el timbre de la puerta principal.
No sabía si su padre estaba esperando visitas.
Desde el primer plano era mala idea quedarse en esa casa, pero no contaba con dinero para irse a un hotel y se rehusaba a usar el dinero que su padre le daba, una conclusión estúpida si lo miraba desde otro punto de vista.
En cuanto abrió la puerta miró a Miller de pie, en su traje esta vez de dos piezas y sin corbata. Temprano en la mañana llevaba uno de tres.
—¿Qué haces en esta casa? —Le preguntó Miller.
—¿Qué haces tú aquí?
—Viviendo por ti, no encuentro otra cosa más placentera que eso, Eva. Aunque si lo piensas…
—Miller—Lo calló porque sabía hasta donde iba a llegar.
—¿Podemos hablar? —Le propuso.
Fue la primera en darle la espalda para que entrara, Flame estaba a lo lejos vigilando los alrededores.
Al menos por fin tenía a alguien que cuidara la casa.
Se dirigió hasta la sala principal y luego al mini bar para servirle un trago.
Eva llevaba una bata de dormir, el cabello húmedo, olía delicioso pero diferente, también había algo diferente en su mirada.
Le dio el trago a Miller y cuando sus dedos se rozaron ambos se miraron con deseo. Lo que hizo Eva lo sorprendió. Se echó a llorar y lo abrazó fuerte.
—Eva—La confortaba—Estoy aquí. Deja de llorar.
—Tienes que ayudarme a encontrar a mi madre, Miller. No te pediría algo como esto, pero mi padre dice que está muerta, yo no lo creo. Me rehúso a creer que está muerta. Por favor… ayúdame a encontrarla.
—Lo haré—Fue lo único que le dijo. Sabía lo que era perder un padre. Él había perdido a todos los suyos.
Se sentaron en el sofá y Eva se quedó dormida en su regazo por un segundo cuando escuchó la voz de Miller hablando sobre su pasado.
—Estuve casado.
Desde su niñez, su vida con su esposa, y la herencia. Se lo contó todo, hasta el día del accidente y cómo cambió su vida después de perder a su hijo Silas.
—¿Por eso llamaste así a Salis? ¿Por tu hijo?
—Sí. Pero es parte de mi vida que no está en ningún lugar. Yo mismo me encargué de ello. Pero quiero contártelo todo, Eva. Quiero que lo sepas todo.
Eva se levantó de su regazo y lo miró a la cara.
Su mirada era sincera, llena de dolor y odio al mismo tiempo.
Casi igual a la de ella. Eran dos alma rotas que, de alguna manera pudieron sanar sus heridas cuando se conocieron.
Ahora tenían un enemigo en común y tenían que tener un plan perfecto para ello.
—Berlín no quiere dejarte ir.
—¿Y si le ofreces dinero?
—Lo hice y no es negociable.
Miró algo en sus ojos y sabía que sí. Había un precio.
—¿Qué te pidió?
—Eva…
—¿Qué te pidió, Miller? Y recuerda lo de mentir.
Él le agarró la cara y esta vez le besó los labios.
—Mi vida por la tuya.
—Eso no lo voy a permitir—el corazón se le iba a salir del pecho solo con pensarlo.
No iba a perderlo para que ella estuviese a salvo.
De ninguna manera. —Te quiero, Miller. No me importa que tú a mí no me quieras.
Pero le has dicho a mi padre que soy tu novia, algo debe significar eso y es que los novios no dan su vida así por así por sus novias y menos a una que no quieren.
Lo estaba provocando. Y él lo sabía. Que dijera esas cosas le dolían. Porque no era así. No poder decírselo lo mataba.
—¿Vas a dejarme de nuevo? —Le preguntó Miller con un hilo de voz—Porque no lo voy a permitir. Vine hasta aquí después de leer tu carta. Me has destrozado el corazón.
—Pensé que no tenías uno.
—Coincido. Pero eres más lista que yo y sabes dónde hacer sentir y yo siento mucho, demasiado por ti, Eva.
—Se llama querer, Miller. Se llama amar también.
—¿Tú me amas? —Ahora era ella la que no se esperaba esa pregunta. Pero mantuvo su rostro a la altura del de él. Aunque fuese rechazada de nuevo, hablaría con el corazón en su mano.
—Sí. Te amo, te amo Miller Preston, aunque tú no me ames a mí te seguiré amando hasta que deje de respirar. Es algo retorcido, lo sé pero todo es culpa tuya. Hazme un favor, Miller, por favor no intentes salvarme.
El corazón de Miller saltó fuera de su pecho. Se sintió conmovido y vivo por primera vez.
—¿Y tú me harías un favor, Eva?
—¿El qué?
—Nunca dejes de amarme.
Cerró sus ojos y negó.
—Nunca.
Y así hicieron el amor, esta vez diferente, como dos personas que se aman y sus cuerpos hablando por ellos.
Al día siguiente Fallon regresó a su casa a su rutina. Y Eva sin despedirse regresó con Miller a Cambridge, pero para despedirse porque debía ir de viaje. Eva no quiso preguntar, pero se imaginaba de qué se trataba.
Eva mientras estaba en su rutina de trabajo en la biblioteca tuvo una visita
inesperada.
—Así que es cierto, también trabajas aquí. Quería comprobarlo por mí misma.
—Sophia.
—Miller me lo comentó pero no podía creerlo. Nos reímos mucho de ti ese día.
Eva sabía muy bien ese juego de perras queriendo marcar territorio. Lo que ella y Miller tenían no podía destruirlo nadie, ni siquiera Berlín, peor ella.
—Déjalo ¿No te dijo lo que hacíamos? ¿Sabes lo que le gusta? Antes de ir a buscarte estuvo conmigo. No soy celosa, con quien duerme por las noches es conmigo, no me importa que se divierta un poco contigo, eres desechable, me lo dijo.
Con palabras como esas no se podía competir. ¿Cómo era que Sophia sabía que la había ido a buscar?
—Y la carta, por dios, eres patética.
—¿Leíste la carta?
—La leímos y nos reinos, pero—Se pasó la larga cabellera de un hombro a otro—Ya sabes, no eres la primera.
—Será mejor que te vayas de aquí Sophia antes de que estos libros aplasten su cabeza hueca.
—Sé quién eras—La provocó—Es por eso que eres desechable.
Se dio la vuelta y se fue. Recordar lo que había sido y recordar la clase de hombre que era Miller la hizo sentir más pequeña que una hormiga.
Había estado casado con una mujer decente en el pasado.
Y ahora ella, era una ex prostituta, había sido maltratada, violada y raptada.
¿A quién quería engañar? Su cerebro le estaba dando una mala jugada y ahora no estaba segura de quien era, y quien quería ser para Miller.
Sophia había entrado esa misma noche a leer la carta primero que Miller, es por eso que sabía sobre ello.
La dejó en su lugar y se escondió en el baño, fue cuando escuchó la llamada de uno de sus hombres de seguridad y le avisaron sobre el accidente del padre de Eva.
Por eso, también sabía lo del viaje y que iría a buscarla.
Pero Eva no lo sabía. Ella solo había atado cabos, esta vez estaban demasiados sueltos para colocarlos en el lugar que eran.
—¿Estás bien? —Le preguntó Megan. Terminaban de almorzar, pero Eva no había tocado su comida.
—Sí, solo estoy cansada.
—¿Tu padre está mejor? Has regresado muy pronto del viaje.
—Sí, no fue nada grave. Por eso estoy antes en casa. Terminaremos el curso pronto, no tengo que perder el tiempo con él.
—Eso suena muy frío.
—Pues ya ves.
En cambio Miller su viaje era hasta Rusia donde un viejo amigo de la inteligencia rusa le iba a ayudar a encontrar a Berlín. Siempre que se le ponía delante desaparecía una vez cruzaba la puerta.
—No será fácil—Le dijo en ruso—Tienes que dejar a esa chica.
—Eso no es una opción.
—Es para dar con él más rápido.
—¿Estás sugiriendo que mi mujer te sirva de sebo?
—No, estoy sugiriendo que Berlín crea que bajaste la guardia y que salga de su escondite para ir tras ella. No dejaremos que se acerque. Primero haremos nosotros el trabajo. Después te lo entregaré para que hagas con él lo que se te pegue la puta gana.
Miller estaba de regreso. Eva estaba una de sus clases.
Había venido la noche anterior. Lo supo porque su móvil estaba conectado cuando lo llamó pero no respondió.
De igual manera estaba acostumbrada a ello.
Le tomó por sorpresa que lo mirara entrar en su despacho por la mañana.
Y al mismo tiempo se llenó de ira después de recordar las palabras de Sophia.
Ahora tenía sentido. Miller estaba mejor sin ella.
Miller estaba con alguien más.
Miller la había engañado.
Debía olvidarse de Miller. Y protegerlo al mismo tiempo.
Al final de la clase, Escuchar su voz no le hizo nada bien y menos en ese tono.
—Señorita Kerr, la quiero en mi despacho en unos minutos.
—Tengo que trabajar, señor Preston.
Que le llevase la contraria frente a todos hizo que se enfadara. Miller esperó que todos salieran del salón para acercarse a ella. La tomó del brazo fuerte y la hizo que lo viera.
—Cuando te hablo me miras a la puta cara y cuando te doy una orden la obedeces ¿Entendiste?
No estaba molesta. Tampoco furiosa. Parecía una chica en trance más bien. Lo notó en su mirada apagada.
—¿Quién eres para darme órdenes? ¿Mi novio? Sophia dice lo contrario. ¿Adónde fuiste, Miller? ¿Por qué no me cogiste el móvil?
Eran demasiadas preguntas. Él iba a terminar con ella comportándose como un idiota. Pero ella ya había terminado con él mucho antes de que volviera.
—¿Qué demonios te dijo Sophia esta vez para que estés así?
—Nada que no sea cierto.
—¿De qué estás hablando?
Las lágrimas no pudieron más. Estaba cansada. No había dormido nada. Tampoco comido. Todo sucedía demasiado rápido. Y las ganas de vivir se habían esfumado.
—Era una puta, Miller.
—Eva...
—Yo no puedo continuar con esto. Yo soy una asesina.
Maté a un hombre cuando escapé de Berlín.
Era una puta. Me hicieron cosas que no te puedes imaginar.
Y eso es parte de mí cada vez que me voy a la cama.
¿Tienes idea de lo que soy? Estoy cansada de llevar una máscara. Ese lado horrible que aún no conoces.
—Basta. Si quieres terminar conmigo, hazlo con dignidad y vete. No te detendré.
Eso era nuevo.
La dejó sin habla. Taladrándole más el corazón. Se lo estaba haciendo fácil y Miller lo sabía. Solamente que, era parte de un plan para salvarla y ella se estaba echando a morir. Quería que acabara todo y decirle que nada de lo que decía le importaba.
—Adiós para siempre, señor Preston.
Esa noche Eva dormía en su viejo departamento. No había derramado una sola lágrima. Al escuchar las palabras secas de Miller, tuvo razón Sophia. Ella era desechable. El numerito con su padre no había sido otra cosa más que eso. Un juego más.