Arte y placer Tiempo atrás
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Tiempo atrás

—POR FAVOR, LLÉVAME CONTIGO—Le rogó a Berlín quien acababa de tomar unas copas con su padre—No quiero vivir más aquí, dame trabajo en una de tus empresas. ¿Eres empresario como mi padre no?

​ Él solo veía carne fresca frente a él, y estaba servida en bandeja de plata.

​ —Mi padre no me deja en paz. Si trabajo podré contratar a un investigador privado para que me ayude a buscar a mi madre.

​ —Yo puedo hacer eso por ti—Le propuso.

​ —¿De verdad? —El rostro de Eva se iluminó.

​ —Sí. Pero tendrá un precio bastante alto.

​ —Trabajaré lo que haga falta. Estudié lo suficiente, puedo hacer lo que sea y seguir estudiando si hace falta. Solo quiero un trabajo e irme de aquí.

​ Irse de ahí.

​ Las únicas palabras que escuchó Berlín cuando una inocente Eva le pidió ayuda. Era el mejor amigo de su padre. La había visto crecer e incluso había conocido a su madre. Nunca le tuvo miedo y nunca la miró con otros ojos que como la hija de su mejor amigo. Casi y como un tío. Y Eva lo admiraba.

​ Pero no sabía que se había metido en la boca del lobo.

Y ese era su fin.