Arte y placer En la ciudad de Cambridge,
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En la ciudad de Cambridge,

Inferno, Club.

MILLER ESTABA SENTADO EN LA SILLA FRENTE a su escritorio.

Era de madrugada, la fachada de la celebración había salido bien.

Ahora Berlín había bajado la guardia mientras Miller atacaba uno de sus negocios en Australia.

Jamás sospecharía que sería él. Nadie se salía con la suya y menos él.

Atacaría todo y por último se lo serviría en bandeja de plata.

​ Notó el sobre blanco con su nombre sobre él y supo de quién era. La podía sentir. Ella había estado ahí.

​ Abrió la carta y la leyó.

Querido Miller,

Cuando leas esto quizá muchas cosas pasen por tu cabeza, pero seré lo más breve y sin afán de lastimarte. Pero conocerte ha sido mi bendición. Nunca he sido una mujer religiosa y creo que tú tampoco. La vida nos hace así. Pero quiero que sepas que aún hay esperanza para nosotros.

​ Nos encontramos.

Me ayudaste a salir de un lugar roto. Me diste el confort que ni siquiera yo había encontrado. Pero enamorarme de ti fue un error, mi error.

​ Siempre te pondré en la cima de todo. Te aclamaré orgullosa y abiertamente y cuando los tiempos se hagan duros, me aseguraré de contar hasta cinco y pensar en ti.

​ No quiero hacerte daño. Porque aunque me rompiste el corazón cuando te dije que te quería y tú te enfadaste, te sigo queriendo.

​ Espero algún día desenamorarme de ti y recuerda, las mentiras no van con tu alma, para mentir todos tienen razones y la más común es el miedo…

yo no te tengo miedo y gritar tu nombre me devolvió la vida aunque me quitaras parte de ella.

Cada día sin soledad me debilitaba. No me enorgullecía de mi soledad, pero dependía de ella. Hasta que llegaste tú.

Siempre tuya, tu ángel.

Eva.