5
—A ESTO ME REFERÍA...
La frase quedó flotando en el aire y Eva trató de adivinar y recordar sus palabras.
—¿Y...?
—Es así como quiero recordarte cuando las llamas llegan a mi vida. Es así como quiero que me recuerdes.
—Estás cortando conmigo de nuevo.
Se separó de él con cuidado. Sintió que lo extrañaba y deseaba de nuevo ante su abandono, pero no había nada más que decir.
Primero le había hecho sentir como que estaba loca, después la pintaba como a su musa y ahora terminaba—de nuevo—con ella.
—¡Maldita sea! —dijo bruscamente—. Te deseo otra vez. Pero tengo que irme.
No necesitó preguntar adónde iba. Se había hecho de noche y moría de hambre. Estaba loco si pensaba que se quedaría en su casa de nuevo.
—¿Me llevas a mi casa?
Miller frunció el cejo.
—Eva no quiero que te vayas.
—Has terminado conmigo o lo que sea que hagas, lo entendí Miller. Pero es peor que me quede aquí. Si todo es parte de mi imaginación me gustaría estarlo imaginando desde la comodidad de mi casa. Me llevas o me iré yo, no me importa.
Todo el momento se había estropeado.
—¿A ti quién demonios te ha dicho que he terminado contigo?
La bestia salía de su escondite. Mientras Eva se vestía lo ignoraba, no pensaba responderle.
—Estoy hablando contigo, Eva.
—Y yo he terminado de hablar contigo. No sé qué entiendes por terminar, pero es lo que estás haciendo.
Acabas de follarme como que si te estuvieras despidiendo, y luego me dices que te recuerde de esa forma.
Por no recordar que me dijiste que no me puedes desear como lo haces.
Dime si lo estoy imaginando pero siento que escondes algo y quieres alejarme.
Te lo haré más fácil. Lo termino todo ahora.
Estaban entre guerra de miradas. Él desnudo y ella completamente vestida.
Se había explicado como el culo, y ella no había entendido nada. Pero tampoco podía explicarle por qué actuaba así.
—No puedes dejarme—Casi y era un ruego—Ni siquiera te atrevas a hacerlo, Eva.
—Claro que puedo, y no quiero. Te quiero ¿recuerdas? Es una lástima que tú a mí no. Que pienses que no puedes hacerlo, pero no me quedaré a esperarte, Miller. Es lo que es.
—Lo que es… ¡Joder! ¿Por qué siempre arruinan todo con esa mierda romántica? ¿Acaso no podemos estar juntos? ¿Follar y estar juntos, sin esperar esa mierda?
Eso le rompió el corazón.
Se acercó a él y le dio un beso en su mejilla. Miller confundido no dijo nada y Eva habló:
—Porque eres increíble y mereces que te quiera.
Esperó que dijera algo, pero no lo hizo.
—Adiós, Miller.
No esperó que él la llevara. Se escabulló de la mansión y se fue directo a su apartamento. Cocinó algo de comida y ahora estaba en su cama, comiendo y navegando un poco en su laptop.
Las noticias llamaron su atención. Nunca antes lo había hecho, pero Miller estaba en el titular muchas veces, como artista y como hombre de negocios. Acaba de follar con ese hombre y la había dibujado. Ni siquiera había tenido la oportunidad de ver el trabajo final.
Tenía ganas de estar ahí, observarle por última vez. Si todo había acabado, quería verle jugar, más no jugar con él, aunque quería, no debía.
Tenía la carta que había escrito para él desde que llegó al apartamento y quería dársela. No iba a esperar hasta llegar a su clase, pues no sabía si iba a tener el valor de hacerlo.
Se cambió de ropa, una con la cual la dejarían entrar, tomó la carta, sus llaves y se fue.
Al llegar a Inferno notó las cámaras, los autos y todas las bellas mujeres. Hasta que miró a Miller, sonriendo con muchas de ellas y hablando con otros hombres. ¿Socios? No lo sabía.
Esperaba que no terminara arriba en una orgía de celebración, solo con el simple hecho de imaginárselo, le dio asco.
Subió las escaleras y caminó por todo el pasillo. Toda la gente estaba celebrando abajo y por ningún lado miró a Flame o Miller seguirla. Fue cuando corrió hasta su despacho, de milagro estaba abierto.
Entró y respiró hondo.
Todavía olía a él. Se le ocurrieron muchas cosas.
Esperarlo ahí y darle la carta ella misma.
Pero no tendría el valor de despedirse, así que rápidamente puso la carta sobre el escritorio y salió de ahí sin ser vista, lo miró por última vez y esta vez sus miradas se encontraron. Ella le sonrió y él desvió la mirada.
Cuando llegó de nuevo a su apartamento, se lanzó a la cama, pensó en llorar, pero no valía siquiera la pena y se quedó dormida.
Al día siguiente una llamada telefónica la despertó.
Se trataba de su padre. Había tenido un accidente y estaba en estado crítico.
Su mundo se vino abajo tras escuchar la noticia, por lo que sacó la tarjeta de crédito de donde estaba guardada e hizo una pequeña maleta rápidamente para salir de ahí y llegar al aeropuerto.
Compró un ticket directo a Los Ángeles y sin mirar atrás dejó su nueva vida.
Al menos por ahora.