Arte y placer Capítulo final de
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Capítulo final de

Arte y Placer

OBSERVABA SU CABELLO ESA MAÑANA EN EL tocador de mujeres.

El tono de sus labios era de un color rosa suave y la ropa que llevaba la hacía lucir bastante atractiva y relajada.

Eva Kerr no necesitaba demasiado para lucir bien.

Sus pantalones ajustados y aquella blusa que hacía resaltar sus pequeños pechos la hacían sonreírse frente al espejo.

​ Hasta que Sophia Winter entró.

​ —Vaya, qué tenemos aquí—Se colocó contra la puerta impidiendo su salida—Pensé que tenías algo especial para que te eligiera. Pero lo que veo no me sorprende.

​ En cambio Sophia. Era una rubia con implantes, cabello perfectamente planchado y su ropa era siempre la de una modelo de revistas.

Tenía los labios gruesos y pintados de un color naranja.

Era atractiva pero no de las que te sorprendían, sino de las que intentaban meterse por los ojos de cualquiera. No en los de Miller.

​ —No sé de lo que estás hablando—Le dijo Eva—Además de que no te conozco ni quisiera hacerlo.

​ Sophia le dedicó una mirada de advertencia. Si pensaba jugar con ella estaba equivocada. Sabía muy quién era y qué hacía ahí esa noche en Inferno, y ahora todos los sabrían.

​ —No te hagas la idiota conmigo, mosquita muerta. Sabes muy bien de qué hablo—La señaló con el dedo como enemigo a muerte—Así que más te vale que no olvides lo que te voy a decir. Vas a hacerte a un lado, sino todos sabrán la clase de zorra que eres.

​ —¿Qué te hace pensar que me importan tus amenazas? Adelante di todo lo que quiera, es tu palabra contra la mía. Con razón Miller no te presta atención, estás desesperada.

​ Como una demente. Las lágrimas de Sophia se asomaron. Las limpió bruscamente y salió de ahí como un rayo. En cambio Eva supo que le había declarado la guerra, y ahora un capítulo más se asomaba a su vida. Ni siquiera tenía a Miller para ella y ya había quien quisiera marcar territorio.

Eva se encontraba de nuevo con Travis conversando en los jardines de la escuela y tenían al mejor espectador de todos.

Miller. Había regresado de Australia y lo primero que había querido hacer era ver a Eva y saber que estaba bien.

No sabía que iba a sentir rabia al verla con Travis.

Los celos lo ponían de mal humor y también disimularlo.

​ Eva se despidió de Travis y caminó hasta la biblioteca sin saber que Miller la iba siguiendo como lobo persiguiendo a su presa.

En cuanto divisó que nadie se diera cuenta de lo que hacía, se maldijo a sí mismo por ello.

Estaba obsesionado con ella ahora y más si Berlín seguía buscándola.

Estaba seguro de ello, pero ahora no cabía la menor duda, se lo había dicho en su cara.

Y ahora la causante la tenía frente a él.

Vistiendo como siempre. Como una maldita virgen sexy y provocativa.

En sus zapatillas y pantalones ajustados.

Que marcaban perfectamente su pequeño culo y pequeñas curvas.

La blusa que había elegido lo provocaba aún más.

Soñaba ahí mismo con romper cada uno de los botones y cogérsela ahí mismo.

​ Y es lo que iba a hacer.

​ En cuanto Eva comenzó con su rutina con cada uno de los libreros de la galería, Miller echó a caminar hacia donde ella.

Cuando Eva sintió su presencia se detuvo y sin voltearse lo esperó.

Ya estaba excitaba con saber que él estaba detrás de ella.

Soltó los libros que tenía en las manos y Miller pegó de inmediato su pecho contra su espalda.

​ Al sentir el aroma familiar cerró sus ojos.

​ —Eres mía—susurró en su cuello y Eva le dio más acceso a él. Miller buscó la su bragueta y bajó sus pantalones hasta un nivel perfecto para meter su mano dentro de su sexo.

​ —Como me gusta—Ronroneó al darse cuenta de lo empapada que estaba.

Sin pensarlo tanto se sacó el pene ya erecto y lo guio hasta su hendidura.

Eva se preparó física y mentalmente para lo que venía.

No pensaba en nada, más que en sentirlo.

Se odiaba a sí misma por dejar que pasara de nuevo.

La última conversación no había sido la mejor como para que se lo mereciera, pero valía la pena volver a sentirlo.

Saber que ella lo volvía loco y el sentimiento era mutuo.

​ —Miller…

​ —Shhh—Llevó su mano hasta uno de sus pechos y se metió dentro de ella. Eva se sostuvo de la orilla del librero y se agachó más para sentirlo de raíz.

​ —Joder, eres perfecta—Entraba y salía—A la medida, Eva. A la medida.

​ Eva no lo soportó y se dio la vuelta, resintiendo su sexo con el abandono. Le miró a la cara y miró lo que no había visto antes. Algo más que deseo, miró miedo en sus ojos y también pasión.

​ Le tocó la cara y Miller con el simple tacto cerró sus ojos. Su mano recorrió el pene de él y lo introdujo esta vez. Levantando sus piernas y colocándolas alrededor de sus caderas mientras se apoyaba en los libros.

​ —Te he echado de menos—Le dijo Miller aun con los ojos cerrados.

​ —Mírame—Exigió Eva y él se puso más duro que nunca al escuchar esa petición. Ni ninguna mujer le había dado órdenes de ese tipo nunca. Pero al escucharlo de ella sintió el placer de obedecerle como si la vida dependiera de ello.

​ Comenzó a follarla duro hasta que Eva comenzó a gemir. Le puso la mano en la boca y ahogó sus gemidos en ella. La escena más caliente de todas ante sus vistas provocaron fuegos artificiales y sacudidas de pecho.

​ Cuando Eva no lo soportó más no tuvo más remedio que darle lo que más le gustaba.

​ —Córrete para mí, mi ángel.

​ Eva hizo lo que le pidió no sin antes pedirle lo mismo.

​ —Dámelo también, Miller. Por favor.

​ La abrazó tan fuerte que sus orgasmos se volvieron uno mismo. Llenándose cada uno de su aliento. Besándose como si fuese el último día de sus vidas y nunca se sintieron tan bien estando en el mismo infierno.