Pero antes en ARTE Y PLACER
En el presente
MILLER BAJABA DE SU JET PRIVADO.
Grave ya lo estaba esperando y uno de sus autos también. Varios de sus hombres, incluyendo a Flame lo acompañaban.
—Hijo de perra, se te ve un brillo ¿Tienes un buen culo contigo por ahí?
—Cállate la puta boca, Grave.
Siempre sus encuentros eran así. Grave tenía una manía de cabrear a Miller a propósito, y aunque eso hacía Miller perder sus casillas, estaba dispuesto a recibir una bala por él y el sentimiento era mutuo.
Llegaron a Industrias Preston y Miller estaba ya en su despacho el cual ocupaba pocas veces al mes. No le gustaba recordar nada de su vida pasada. Pero era difícil cada vez que ponía los pies en Australia.
—Y dime—Grave le sirvió un trago y uno para él también—¿Cómo van las cosas en Salis? ¿A cuántas te has follado ya? Digo, porque para que prefieras la mierda de la pintura a los negocios es porque debe ser algo bueno.
Miller lo fulminó con la mirada. Siempre hacía todo ese tipo de comentarios cuando se miraban. Pero ahora era diferente. Más que follar, había hecho suya a la mujer que alguna vez salvaron de las garras de Berlín.
—Te mandaría a tomar por el culo, Grave. Pero esta vez tienes un poco de razón.
Miller se llevó el trago a la boca y se lo tomó de un solo tirón. Arrojó el cristal hacia su escritorio inmaculado y tenía la mirada fija en uno de sus cuadros. Uno de sus favoritos. Lo había pintado hacía ya un año cuando Grave y él estaban en Inferno esa noche.
Grave miró el cuadro familiar. El rostro que había pintado Miller era perfecto, pero él insistía en que debía superarlo. Y cuando pensó que lo había hecho, ella volvió a aparecer nuevamente en su vida.