8
—¿POR QUÉ FLAME DIJO QUE CUIDA DE TI Y AHORA DE MÍ?
Habían retirado la comida de la mesa y ahora disfrutaban en la terraza. Miller leía un libro y Eva solamente estaba viendo las estrellas en el cielo. No había pedido que la llevase a casa porque aunque loco pareciera ella todavía no quería irse y Miller estaba encantado con ello.
—Porque es verdad. Es mi más fiel hombre. Después de mi mejor amigo en él confío mi vida. No veo por qué no deba cuidar también de ti.
—Se sintió raro.
Miller dejó su libro a un lado.
—¿Lo dices por cómo luce?
—No, en absoluto. Es un hombre atractivo en realidad.
Miller levantó una ceja.
—Me refiero a que sea lo que sea que le haya pasado no es motivo para temerle. Es amable, aunque no entiendo su nombre, pero al imaginarme lo que le ha pasado lo deduzco.
—Sí, Flame ha pasado por mucho, después de salvarle la vida me juró fidelidad.
—¿Le salvaste la vida? Espero que sea metafóricamente.
Miller no dijo nada. No dejaba de observarla y ella de ver hacia otro lugar cuando sentía los ojos de él encima. Temía tocar el tema aquel, pues él era tosco y ella demasiado sensible ante sus palabras.
—Lo que pasó el otro día—Dijo Eva captando su atención—Quiero decir, la otra noche. Quería disculparme.
—¿Por qué?
Apretó sus manos contra sus rodillas. Odiaba tener que explicarse.
No podía decirle que después de haber huido de las garras de su opresor nunca se imaginó que habían quedado secuelas sobre ello.
Nunca lo había sabido porque nunca había estado tan cerca de un hombre en mucho tiempo y temía que él se burlara de eso.
Tampoco podía decírselo en voz alta. Pensaba en que era lo suficiente inteligente para darse cuenta por sí solo.
Y lo que Miller menos quería era recordárselo. Porque él ya lo sabía.
—Por actuar así.
—No actuaste de ninguna manera, Eva. Fui yo el que entendió mal las cosas. Sé que no soy digno de ti y no puedo prometerte lo contrario. Pero no me voy a disculpar por desearte, estaría loco de la cabeza si lo hiciera.
Ella lo sabía muy bien.
—No entiendo por qué. Esa chica Sophia Winter se ve que está loca por ti. No creo que no lo haya intentado contigo antes.
—Ella no me interesa en absoluto.
—¿Y yo sí? —Soltó la pregunta y la dejó en el aire para que Miller la tomara.
Quería saberlo. Quería entender ese juego de conquista.
De ser su salvador y de encontrárselo en todos lados.
Quería saber qué lo había llevado a invitarla a un café aquella tarde, llevarla a cenar después de acción de gracias y cuidarla mientras estaba enferma.
Si era un hombre frío que no podía sentir nada por nadie se equivocaba porque lo estaba haciendo todo mal.
—Te dije que solo puedo darte placer, Eva. ¿Acaso no es suficiente? Porque no puedo darte más.
Sintió su pecho arder ante sus palabras.
—¿Tienes idea de lo que eres para mí, Miller?
—Al ver su rostro que no tenía intenciones de responder a su pregunta continuó: —Desde que entré a tu clase no dejaba de pensar en ti.
Odiaba cuando me pedías ayuda sin siquiera verme a la cara.
Te encontraba en los pasillos y tú ni siquiera me notabas.
Pero sí notabas cuando llegaba tarde a tu curso.
Muchas veces te vi en la biblioteca o en el estudio pintando y tú nunca te inmutaste.
De pronto un email te cabrea lo suficiente para querer humillarme.
Me invitas a un café y me doy cuenta que eres el tío de mi mejor amiga.
Después de eso me acorralas en la oscuridad y me besas.
Me buscas porque estás preocupado de repente y me traes a tu palacio para cuidar de mí.
—Hizo una breve pausa para verlo más de cerca— Creo que eso responde a la pregunta.
—He hecho todo eso por…
—¿Lástima? —Terminó por él y en sus ojos miró fuego—No te sientas mal por tener lástima por mí. He sentido suficiente lástima por mí misma, Miller. Nada me sorprende ya.
La tomó del brazo fuerte e hizo que se pegara a él. La noche estaba fría, pero más frías eran sus palabras. Su ángel se había convertido en fuego y eso lo quemaba.
—Jamás te tendría lástima, Eva. —Le tomó la cara con amas manos y Eva se dejó hacer—Mírame a la puta cara y escúchame.
Yo no soy un hombre que puede prometerte toda esa mierda romántica.
Solo puedo darte placer y sé que te encantaría.
No puedo alimentarte el corazón, porque ni siquiera yo tengo uno.
Puedo darte muchas cosas, pero no amor. Te dije que no sé lo que es y no tengo intenciones de saberlo.
Si eso no es suficiente, me temo que no estoy ni estaré de acuerdo contigo nunca.
La primera lágrima de Eva rodó por su mejilla y Miller la atrapó con sus labios.
—Mi hermosa Perséfone se ha enamorado del hijo de puta de Hades.
Eva se separó de él por un instante.
—¿Qué has dicho?
Como si pudiera verlo a través de sus ojos los recuerdos llegaron a su cabeza como una película a mil por hora. Todo era confuso, la cabeza comenzó a darle vueltas al nivel de marearse y caer en sus brazos.
—¡Eva!—Miller la sostuvo y la cargó en brazos. La llevó al interior de la casa y luego a su habitación nuevamente. La fiebre comenzaba a aparecer y temía lo peor. Eva era consiente de todo, pero no de sus recuerdos.
—Por favor no te rindas, Eva. Si hay alguien que puede tener fe en mí… eres tú.
Eva despertó en su apartamento esta vez.
Recordaba cómo Miller había conducido y la había dejado en su cama, esperó a que se quedara dormida y luego se fue.
Ella no dijo nada en todo el camino, solamente pensaba en aquella noche cuando le pidió a aquel hombre desconocido que le ayudara a huir del hombre que le había arrebatado todo.
Eva fue esta vez más temprano de lo usual a su clase. Estaba sentada en primera fila y Travis al lado de ella.
—¿Entonces ya te sientes mejor?
En ese momento se abrió la puerta del estudio y Miller hizo su entrada como siempre, esta vez en compañía de Sophia.
—Sí—Dijo Eva dedicándole una sonrisa a Travis—Mucho mejor.
La clase comenzó y en ningún momento Miller la miraba a los ojos. Estaba furioso de que se sentara al lado de Travis, cuando le había pedido que se alejara de él.
—Necesito dos de ustedes para pareja contemporánea. —Habló Miller—Travis pasa tú y elije tu pareja.
Miller estaba confiado en que no sería Eva. Dado caso que la última vez se había puesto a llorar. Pero cuando miró que Eva se levantó sin que Travis se lo pidiera y se colocó enfrente se puso furioso.
—Eva—Susurró Travis—Tenemos que desnudarnos, bueno un poco.
Eva sintió la sangre arder cuando miró la mirada de Sophia hacia Miller. Más cuando Miller se acercó a ella y le dijo algo en el oído. Fue combustible suficiente para darle rienda suelta al fuego que llevaba dentro. Se había atrevido a dejarla sola en su apartamento cuando lo recordó.
Todo ese tiempo lo había tenido cerca, aquella nube nublada estaba más clara como el agua cristalina y él nunca se imaginó el infierno que pasó Eva al imaginarse todo tipo de cosas.
Eva comenzó a quitarse el jersey, su pantalón y la camisa que llevaba, quedando expuesta en ropa interior, una muy sexy por suerte de ella y los demás.
Travis no ocultó su sorpresa y su belleza, lentamente se fue quitando la ropa hasta quedar en ropa interior.
El chico tenía el cuerpo esculpido, no tanto como el de Miller, pero era lo suficiente atractivo para poner los ojos en él y cabrear a Miller.
—Vístase, señorita Kerr y salga de mi clase, por favor.
La voz ronca de Miller dejó a todos confundidos.
—No, señor Preston. La última vez me recordó que había firmado para hacer este tipo de cosas. Es mi manera de disculparme con usted y con la clase.
Miller no tuvo otra opción que disimular su enfado, si la sacaba de la clase todos sospecharían de que había sucedido algo entre los dos.
No necesitaba esa clase de mierda en esos momentos por lo que la dejó estar.
Sin más todos comenzaron a pintar el cuerpo de Eva y Travis mientras que Miller deseaba estar muerto en ese momento.
Eva colocaba algunas pinturas en las paredes mientras limpiaba la repisa de libros antiguos cuando sintió la respiración de alguien en su espalda. Se dio la vuelta y no había nadie.
Continuó hasta una de las secciones donde no había nadie y de nuevo sintió aquella sensación extraña de que alguien la seguía. En ese lado de la biblioteca no había nadie y ahora temía darse la vuelta porque no sabía con qué se iba a encontrar.
Pensaba que eran tonterías y que su mente le estaba haciendo una mala jugada. Al momento en que decidió salir de ahí se escucharon pasos detrás de ella, aceleró el paso pero de pronto la tomaron de la cintura y la arrastraron de nuevo a un rincón donde nadie podía verla… o verlos.
—Eres mía—Miller estrelló sus labios con los de ella.
Eva le dio acceso a su lengua dentro de su boca y los libros cayeron al suelo alrededor de ellos.
Metió sus manos dentro de su blusa y buscó sus pechos, Eva gimió del placer que le daba, le estaba apretando los pezones hasta ponerlos duros como una piedra.
Cuando se dio cuenta dónde y con quién estaba retrocedió.
—Miller…
—Eres mía, Eva. ¿Qué mierda hacías desnudándote frente a todo el estudio y con ese violador? —Gruñó fulminándola con la mirada.
—Miller…
—Contesta a la maldita pregunta, joder. ¿Qué estabas pensando? ¿Qué querías demostrar?
Enfadada lo empujo más, pero apenas y pudo moverlo. La rabia se le miraba en la mirada. Tenía la mirada oscura y el pecho le subía y bajaba. Todavía tenía una erección enorme dentro de sus pantalones y amenazaba con liberarla y cogerla ahí mismo.
—No tengo por qué darte explicaciones.
—¡Y una mierda! —la tomó del cuello lo suficientemente fuerte para que se quedara callada y se diera cuenta que hablaba en serio—contesta.la.maldita.pregunta.
—Suéltame, Miller.
—No hasta que respondas, no me hagas repetir la pregunta, Eva.
Con la mano que tenía libre le agarró los huevos y se los apretó. Miller hizo una mueca pero no aflojó su agarre. Aquello lo ponía más duro, que se sometiera como una fiera ante él y lo desafiara lo excitaba aún más. Y eso que no se la había follado.
—¿Qué estabas haciendo tú hablándole a Sophia? —Sus ojos eran el vivo fuego. Lo aniquiló con la mirada y se tenían una guerra ya—Te vi entrar con ella también y luego le hablaste. Vi la forma en cómo te miraba y tú te acercaste a ella.
La comisura del labio de Miller se levantó en respuesta.
«Con que de eso se trata. Está celosa. Algo nuevo y muy jodidamente caliente»
—Le dije que dejara de coquetearme en clase, sino la expulsaría. —Se sintió extraño por tener que darle explicaciones. Él no se las daba a nadie.
—No te creo. Seguramente te la llevaste a la cama.
—Aquí la única que tiene que estar en mi cama eres tú y creo que eso ya lo hiciste, mi ángel.
Le soltó el cuello, pero siguió estando pegado a ella. Le agarró el culo y se lo apretó para volver a besarla pero Eva se resistió.
—No me prives de tus besos, Eva. Me pertenecen.
—Estás equivocado, Miller. ¿Quién era para ti hace unos días?
Al ver que no respondía a su pregunta se decepcionó. Que la besara de esa forma no cambiaba nada. La había dejado en su apartamento y las cosas estaban más que claras cuando no le dio una explicación sobre lo que pasó hace un año.
—Eva.
—No era nadie. Nunca fui nadie, ni siquiera cuando te pedí ayuda. Me dejaste ahí y no regresaste. No me buscaste. Desperté una mañana y no recordaba nada.
Eso lo hizo enfurecer. Le dolía el pecho ante sus palabras. ¿Cómo se atrevía? Ella no tenía idea de todo lo que pasó. De lo que tuvo que hacer. Declararle la guerra a Berlín no había sido nada fácil y muchos menos tener que jugársela por una chica a la que no conocía.
—No me digas que fui yo quien te abandonó—Susurró con desprecio cuando algo dentro de él se rompía—No me digas que te dejé cuando fuiste tú quien se abrió las muñecas cuando te prometí que te protegería.
Eres tú quien me abandonó, Eva. Me olvidaste.
Me prometiste ser como yo y aquí te encontré pero el infierno era tan grande que ya no me recordabas.
Yo solamente te estaba salvando de ese recuerdo.
—¿Recuerdo? —Preguntó con sorna—Eso no es un recuerdo, Miller. Es una pesadilla. Dime algo, Miller ¿Lo mataste? ¿Mataste esa noche a Berlín?
Él no respondió. Y aunque loco fuera, no podía hacerlo, debía pasar desapercibido. Que Berlín se diera cuenta que le había ayudado a escapar era algo peor de lo que esperaba. No tenía nada que perder excepto a ella.
—Lo mataré si se acerca a ti, Eva. Eso te lo puedo jurar. No puedo decirte nada más, es por tu bien. No te lo dije esa noche, pero él ya era mi enemigo antes de que tú entraras.
—¿Tienes idea de lo que era? —Preguntó con lágrimas en sus ojos sin derramar. No le dolía, odiaba. Se odiaba a sí misma por confiar en el hombre equivocado. —¿Sabes quién era yo?
—Eso no importa, Eva. Me lo dirás en su debido tiempo pero eso no cambiará nada entre nosotros.
—¿Nosotros? —Su gesto fue de pura ironía—No hay un nosotros, Miller. ¿No lo recuerdas? No puedo obtener nada de ti.