6
EVA NO HABÍA PEGADO UN OJO EN TODA la noche. Después de lo que pasó con Miller, que la besara y tocara era suficiente razón para quedarse pensando. Y además salir de ahí cuanto antes.
—¿De verdad te tienes que ir? —Preguntó Megan.
—Sí, debo trabajar—Mintió—Además tu madre y tú necesitan privacidad. Me dijiste que ibas a ir al cementerio con ella.
—Sí, sé que no te gustan esas cosas. Pero me alegro que hayas venido. Puedes llevarte el auto si quieres o le diré a mi tío que te lleve, creo que también él se irá hoy.
—No, no es necesario de verdad puedo irme en autobús.
—Tardarás todo un día en llegar. No se diga más, regresarás con él.
Habían tomado el desayuno en el jardín. Miller no desayunaba, solo tomaba café y leía el periódico. Rutina de todo los días sin importar donde estuviese.
—¿Es verdad que te vas hoy? —Preguntó Gracy. Eso llamó la atención de Miller.
—Sí, tengo que trabajar.
—Es una lástima, ¿verdad, Miller? —Miró a su hermano y éste dejó de leer las noticias.
—La verdad no. Yo también tengo que trabajar. Puedo llevarte si quieres, Eva.
Megan sonrió y la pateó por debajo de la mesa.
—Es justo lo que iba a pedirte, tío. No quiero que se vaya sola. Es un camino de dos horas y media.
—No es necesario, puedo ir en autobús. No quiero molestar.
—No es ninguna molestia—De nuevo Gracie—¿verdad, Miller?
Él puso los ojos en blanco sin mostrar el más mínimo interés. Recordaba la noche anterior y lo había dejado estar. No estaba nervioso ni nada. No era parte de él estarlo ni arrepentirse.
—Desde luego, hay espacio de sobra en mi camioneta.
—Me dio un gusto conocerte, Eva. Cuídate mucho—Gracy le tendió un abrazo.
—Gracias por todo, Gracy.
Miller le arrebató la pequeña maleta de las manos a Eva y la colocó en el interior de la camioneta.
Sus guardaespaldas estaban ya en el segundo auto.
Le gustaba conducir a él mismo y no ser llevado de arriba abajo por sus hombres algunas veces.
Si los había llevado, era para que cuidaran de su hermana y sobrina y ahora su objetivo era mantener a salvo también a Eva.
Aunque eso lo odiaba y era nuevo para él.
—Cuídate mucho, hermano—Gracy lo abrazó.
Esa faceta cariñosa de él era extraña para Eva. Nunca se acostumbraría a ver a un hombre siendo un poco humano y familiar si se comportaba como un animal cuando se lo proponía.
Cuando rodeó la camioneta Eva pudo admirar las vistas. Siempre llevaba un traje caro. A excepción de la noche anterior, estaba casi desnudo usando su pantalón únicamente y con el torso desnudo.
—¿Lista, señorita Kerr? —el motor de la camioneta rugió y ella se mordió el labio inferior.
—Sí. —Dijo sin más. Estaba muy cansada y el viaje sería largo.
—Pondré un poco de música si no te importa.
—No me importa.
Una de las sinfonías de Chopin los acompañó hasta salir a la carretera.
Se lo imaginó pintando desnudo y escuchando ese tipo de música.
Usando sus gafas y lleno de pintura por todo el cuerpo.
Recordaba cómo se había mojado para él y estaba avergonzada por ello.
No sabía que todavía podía sentir un poco de deseo y placer por alguien.
Y mucho menos con alguien que no conocía.
«Me lo debes»
No entendió aquellas palabras. Quizá el dolor que le había provocado minutos después en los testículos. Qué sabía ella. Fue él quien estaba tocándola y aunque ella se había paralizado, no era algo que andaba haciendo por ahí.
El dolor de cabeza no se había ido y Eva terminó quedándose dormida al son de la sinfonía.