5 #3
—De acuerdo. Lamento mucho la pelea con mi tío, en el fondo tiene algún corazón. Créeme él ha sido muy protector conmigo y con mamá.
De eso estaba segura. Se le notaba en la cara. Había sonreído más de lo que en meses le había visto hacer un gesto humano.
Eva sintió la garganta seca en la madrugada.
A pesar del frío que hacía, echó un vistazo hacia la ventana y miró que estaba abierta.
Megan dormía a su lado sin inmutarse cuando se levantó.
Se había quedado dormida con todo y su vestido puesto, por lo que fue a la pequeña maleta y sacó un par de pantalones de chándal y un suéter.
Cuando estaba vestida, con mucho cuidado bajó las escaleras y fue hasta la cocina por un vaso con agua.
Se sintió mejor después de eso, aunque el dolor de cabeza era casi insoportable.
La casa estaba completamente en silencio, se preguntó si Miller todavía seguía ahí, así que se acercó a la ventana y vislumbró todavía la camioneta de él afuera.
Un escalofrío se apoderó desde atrás de su nuca y una mano le tapó la boca, ahogando un grito en ella.
—Shh…—dijo en su cuello—No grites, soy yo.
«¿Miller?»
Sintió su erección en las nalgas y eso la excitó. Odiaba lo que provocaba en ella, era un animal. ¿Cómo se atrevía? Acorralarla de esa manera, en la oscuridad y casi desnudo. Se dio cuenta porque sintió su pecho caliente en su espalda.
Poco a poco le dio la vuelta hasta que quedaron frente a frente.
—¿Estás bien?
Ya la había tuteado en el comedor así que no se sintió rara, se sentía rara cuando se comportaba de manera irracional y con formalidades ridículas.
—¿Cómo se atreve a hacer eso? ¿Qué le pasa?
—Si no te cubría la boca gritarías. ¿Estabas buscándome?
Su pregunta hizo que el enfado se le esfumara y ahora no sabía qué responder.
—Respóndeme y mírame a la cara cuando te hablo, Eva.
Él tenía el torso desnudo. Y además podía sentir el aliento a alcohol. Estaba borracho o no. Nada de lo que decía o hacía tenía sentido para ella. Aunque sí para él.
—No, solamente estaba observando.
—Observando. —Repitió sin apartarse de ella. Estaba demasiado cerca, tan cerca que era casi peligroso. Podía tomarla ahí mismo. Podía besarla, meterle mano dentro de su suéter, ya sus pezones se marcaban por encima de la suave tela y eso lo puso como un motor.
Miró cómo su pecho subía y bajaba rápidamente. Lo deseaba. Y él la deseaba como aquella vez que la tenía entre sus brazos. Quería ser el pincel que borrara cada marca, cada pesadilla.
Se lo debía.
Aquella noche que ella huyó, fue también la noche en que la estaba esperando y que había pagado por ella.
—Parece que es la mejor chica que tiene Berlín—Le dijo Grave—es nueva, siempre está haciéndosela difícil a todos, creo que es la única que no se ha acostumbrado y creo que nunca lo hará.
—¿Cuánto cuesta una noche con ella?
En la fotografía tenía el cabello recogido.
Parecía una modelo de revista, pero no de alguna de modas, sino de arte.
Su cara perfectamente iluminada. No llevaba maquillaje y su mirada estaba vacía.
Su cuerpo estaba un poco más delgado que ahora pero tenía un pecho firme, unas largas piernas torneadas y una boca carnosa exquisita.
Era de extrañarse que no la reconociera esa noche.
Estaba sucia y cansada, su mirada asustada como un cachorro.
—Medio millón por una noche.
—¿Tiene un coño de oro? He pegado menos por mujeres más hermosas.
—Lo sé, pero me dijiste que querías algo diferente. Creo que ella es diferente viniendo de Berlín. Creo que es su chica favorita.
Miller lo estaba pensando demasiado. No estaba dispuesto a pagar tanto por una puta, pero qué más daba. Su amigo tenía razón. Su belleza era diferente y estaba encantado por conocer también su sexo y su historia.
—Bien. Que sea anónimo.
Él había pagado por ella esa noche, y ella había huido con ayuda de él. Más o menos. Y Miller se encargaría que ella no lo recordara.
La respiración de Eva llamó su atención. Se acercó a ella y lamió su labio inferior. Ella no protestó, lo que lo instó a que siguiera. Puso su mano en su cintura y la atrajo más hacia él.
—Miller…
Su nombre sonaba tan bien, tan real saliendo de su boca. Se imaginó todo tipo de cosas, haciéndole de todo mientras ella pronunciaba su nombre con deseo y hambre.
—Por favor…
Su mano llegó en el interior de su pantalón de chándal y se dio cuenta que no llevaba ropa interior. Sus dedos siguieron el camino peligroso hasta llegar a su sexo.
—Estás empapada.
—Por favor…—sintió el sabor de sus lágrimas. Eva estaba llorando. Lo deseaba pero también le tenía miedo.
—Me deseas pero me tienes miedo, Eva.
Retiró su mano dentro de ella y la tomó del rostro para que lo viera.
—Me lo debes.
La dejó ahí de pie con lágrimas en sus ojos. No iba a violarla, no era un hombre que tomaba a las mujeres de ese modo. Tampoco era compasivo y mucho menos delicado. Era todo lo contrario, pero ella era diferente.
Con ella todo sería diferente.