Arte y placer 4
25%

4

EVA CAMINABA POR EL CAMPUS CUANDO tropezó por la acera y sus libros cayeron al suelo. Maldijo en voz baja y se puso de rodillas para recoger algunos papeles que se habían esparcido por todo el pavimento, incluyendo su maletín con los materiales de pintura.

Cuando terminó de poner las cosas en su lugar se encaminó hacia el interior del campus.

Llevaba una falda un poco corta, una blusa blanca de botones y su chaqueta hecha un bulto junto con sus libros porque no le había quedado tiempo de ponérsela cuando su alarma sonó un poco tarde.

De nuevo estaba yendo tarde a clases y no podía tener peor suerte que en la clase de Miller Preston.

Cuando escuchó la voz de Preston cerró sus ojos y abrió la puerta seguido de eso se hizo un silencio.

​ Los ojos de Miller la fulminaron porque otra vez estaba llegando tarde y ella quería que se la tragara la tierra.

​ —Disculpe, señor Preston.

​ Se le quedó mirando de pies a cabeza y lamió sus labios al verle unas perfectas piernas. Se preguntaba si había ido vestida así a propósito solamente para que la dejase entrar.

​ —Tome asiento, señorita Kerr.

​ —Gracias.

Caminó subiendo los escalones hasta el final cuando volvió a escuchar la voz de él hablándole:

​ —No tan rápido, señorita Kerr. La necesito aquí enfrente. Tome asiento.

​ A regañadientes hizo lo que él le pidió y mientras iba pasando por alguno de sus compañeros un comentario en especial llamó su atención.

​ —No es de extrañarse que es una mojigata engreída.

​ Ignoró el comentario y tomó asiento. La clase continuó pero hizo un ruido cuando su maletín volvió a caerse al suelo haciendo un gran estruendo en todo el salón.               Miller maldecía por dentro.

​ «Tiene que ser una broma. Parece una pequeña criatura asustada.»

​ Intentó seguir con su clase e ignorar que Eva estaba enseñando de más mientras se agachaba a recoger sus materiales.

Cuando la clase llegó a su fin, la mente de Eva seguía en la luna menos en la clase, el profesor le había hecho un par de preguntas a las cuales contestó a medias y la chica la cual había hecho el comentario inapropiado tenía suficiente material para seguir haciéndole la vida difícil.

​ Miller dibujaba el cuerpo de una mujer en el óleo frente a todo el salón.

Llevaba unos vaqueros desgastados que lo hacían lucir sexy y estaba sin camiseta, mostrando todo su cuerpo, y un gran tatuaje de hojas que se formada desde el pecho hasta la mitad de su brazo y por toda la espalda.

Como un soplido en otoño. No sabía que podía ser legal lucir así y tener que dar la clase. ¿Cómo se concentraban todos?

​ —Señorita Kerr, desnúdese. —En cuanto le dio esa orden se quedó muda y sin poder moverse. El estudio se hizo silencio y ella pensaba que estaba haciéndole una mala broma.

​ —¿Qué? —susurró la pregunta.

​ —Ya me ha oído, desnúdese para la clase. Hoy la pintarán a usted ¿Tiene algún problema?

​ Su corazón comenzó a bombearle demasiado rápido que parecía que se iba a desmayar. Eso no estaba bien.

​ —Le recuerdo que en su contrato habla sobre los desnudos y usted ha firmado aceptándolo.

​ Un par de mujeres, incluyendo la que la llamó mojigata comenzó a reírse.

​ Eva no tuvo opción. Se puso de pie de espaldas al estudio y los demás de la clase y solamente lo miraba a él.

Miller parpadeo un par de veces y sintió su sangre hervir de puro deseo.

Pero cuando las lágrimas de Eva empezaron a deslizarse por su mejilla, algo en él se rompió.

Y más cuando leyó la súplica muda en sus labios al articular:

​ —Por favor, no.

​ El recuerdo de aquellos ojos perdidos vino a su mente y aquella noche en la que la perdió… no lo soportó.

​ —Deténgase—Le ordenó y Eva dejó sus manos a los lados, apenas había alcanzado a quitarse la blusa.

​ Miller se le quedó mirando y se acercó a ella. Tomó su blusa del suelo y se la colocó delante de todos.

​ —Si vuelve a llegar tarde a mi clase, esto es lo que pasará. ¿Ha entendido?

​ —S…Sí, señor.

​ —Regrese a su mesa.

​ Sin más se limpió las lágrimas y se fue a su mesa. No hizo falta que mirara a nadie y agradeció que Megan no estuviese en esa clase con ella. Sino ella misma hubiese puesto en su lugar a Miller, de eso era capaz.

​ —Señorita Winter, pase usted.

​ Era la misma chica que se había burlado de ella. Como si le hubiesen dado la mejor orden, se puso de pie y se colocó en el banquillo de enfrente para desnudarse. Lo hizo con maestría y sin quitarle los ojos de encima a Eva de manera triunfal. Eva sitió asco y desvió la mirada.

​ En cuanto el marcador hizo señal, todos comenzaron a pintar el cuerpo desnudo de Sophia Winter y Miller no prestaba atención, más que a Eva.

Se odiaba a sí mismo por lo que le había querido obligar a hacer.

Pero todo era cuestión de tiempo para que accediera.

Si estar desnuda le causaba un trauma, aún no estaba lista para él.

​ Pero lo estaría.

—Eso no salió bien, ¿No crees? —Un chico se le acercó a Eva mientras ésta terminaba de limpiar sus manos con aceite.

—Supongo—Dijo ella sin reparo.

Él ordenaba la pila de pintura y se sintió mal por él. Seguramente el chico tenía en verdad una vida y parecía el esclavo de la clase, se sintió apenada porque casi la había visto desnuda. No conocía al resto de los artistas del salón, pero sí lo suficiente y hasta de más a Sophia Winter.

—Te llamas Eva ¿Cierto? Yo soy Travis. Me puedes decir Travis.

Extendió su mano y Eva la tomó con timidez.

—Sí, mucho gusto Travis. Yo soy Eva y me puedes decir Eva.

Él tomó su comentario con humor. Ya la había visto por ahí y en clase pero nunca se atrevió a hablarle debido a que siempre estaba con Megan o siendo esclava asistente de Miller Preston en su ausencia.

En secreto le gustaba y quería invitarla a salir.

Sabía que no podía hacerlo en ese momento sino ella saldría corriendo asustada.

Así que optó por romper el hielo después de su escena.

—¿Eres nueva?—Caminaron juntos fuera del estudio y siguieron su conversación.

—Algo así, llevo unos meses en Cambridge pero supongo que siempre seré la nueva.

—¿De dónde eres?

—¿Esto es parte de un interrogatorio? —bromeó ella.

—No, cielos. Lo estoy haciendo realmente mal.

—No pasada nada solo bromeo contigo. Soy de Los Ángeles en realidad. Me transferí hace algunos meses por una beca después de la licenciatura.

—Te admiro por el cambio. Hice el examen dos veces para poder entrar a Harvard y al final me rendí. E intenté entrar aquí y por suerte, me aceptaron. No te diré lo mismo de mi talento.

—¿De verdad?

Miller los observó a lo lejos y no le gustó nada. Travis Harper era hijo de uno de los socios de su compañía en Industrias Preston. Y tenía fama de ser un conquistador. Aunque alumno con excelencia académica y buen asistente en sus tiempos libres.

No estaba nada contento con verlo con su pequeña criatura. Había sido joven y sabía que el único objetivo que un hombre podía tener a esa edad era el mismo.

​ Follar.

​ «Violador» Gruñó para sus adentros.

Miller quería ser unos años más joven y poder hablar con una chica o más bien, con Eva con toda la libertad del mundo.

Pero tenía que inventarse la asistencia en clase y requerir de su ayuda para ver si así, ella lograba recordarlo.

Era momento de dejar el tema zanjado y olvidarse por completo de que Eva era aquella chica que casi hace suya y ser solamente un conocido más. Uno que la salvó en algún momento.

Esa misma noche, el profesor decidió dar rienda a su suelta a su deseo de la noche y ser solamente Miller, el hombre sin rostro que follaba en su propio club.

Sofía Winter era miembro y él lo sabía. Una noche estaba a punto de cometer un error que le costaría mucho dinero y difícil de ocultar, pero al saber que, era ella quién estaba en su club decidió salir de ahí antes de que lo reconociera.

Podía hacer suya a cualquier mujer que quisiera ahí dentro y eso la podía incluir a ella, pero sabía que Sophia jamás lo superaría.

No importaba que fuese su alumna,  en Inferno podías hacer lo que quisieras y con quién quisieras. Pero con un costo alto que no tenía intención de querer pagarlos.

A menos que fuese ella, Eva.

Eva.

Eva.

Repetía su nombre una y otra vez hasta el punto de empalmarse tanto. Las dos mujeres que estaban con él eran hermosas, pero eran solo un caparazón vacío, belleza que no le sorprendía pero bastaba para ponerse caliente y darle rienda suelta a su hombre y sed.

​ —De rodillas—Le ordenó a una de ellas, mientras la otra estaba acostada en la cama frotándose el clítoris. —Chúpamela.

​ Comenzó a agarrarle los testículos primero y luego se metió el pene a la boca.

Comenzó con la base y rápidamente comenzó a hacer arcadas cuando él le metió el miembro de lleno.

Era bastante grande y grueso, no todas estaban preparadas para él.

La mujer se levantó del suelo y Miller la coloco boca abajo y levantó su culo en pompa.

Le tocó el sexo y estaba ya empapada para él.

Le metió el pene tan fuerte que la hizo gritar del placer y siguió arremetiéndola cuando no le quedó de otra más que llegar al orgasmo.

​ «Patéticamente rápido»

​ —Tú—Le ordenó a la otra—Ponte en su lugar.

​ No le gustaba ver a ninguna mujer a la cara y el sexo vainilla había pasado a ser un doloroso recuerdo. Hacía a las mujeres terminar rápido y lo odiaba. Ninguna estaba hecha para él.

El único sexo que había tenido así había sido con su ex esposa Vianka. Ahora a las mujeres las utilizaba a su antojo y ninguna se había quejado hasta el momento. Repetía algunas veces con la misma mujer, pero luego acababa de pasar de ellas. La carne siempre estaba por doquier.

​ Comenzó a penetrarla esta vez por el culo, para ver si así lograba venirse con placer, pero su amante lo estaba disfrutando tanto que acabó terminando.

​ Fue entonces cuando ambas mujeres se posaron de rodillas y comenzaron a devorarle el pene hasta que a Miller no le quedó de otra que correrse.