Arte y placer Un año atrás #2
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Un año atrás #2

​ Eva, su Perséfone, su ángel, se acercó a él y le tomó la cara, depositando otro beso, esta vez más largo y enredando su lengua con la suya.

Miller gruñó y la apartó. Si ella no iba a recordarlo después de esa noche.

No quería hacerle nada. Quería que la mujer que estuviese con él recordara cada una de sus caricias, el sabor de sus besos y el tamaño de su miembro dentro de ella, como también la sensación y el clímax que le causaría.

​ —Ojalá te hubiera conocido en otra vida.—Le dijo tocando su pecho y admirando su belleza una vez más. —Pero en ésta creo que tú y yo ni siquiera en el infierno nos hubiésemos conocido. Yo estaría del lado de los muertos y tú serías ese sendero que nos separara.

​ No sabía por qué le hablaba así. Pero sonaba triste. Ella estaba esa noche ebria por algo o por alguien. No sabía su nombre real, tampoco donde estudiaba o qué hacía. No tenía el valor de preguntárselo. Había un gran abismo que los separaba. Y él una promesa que debía cumplir.

​ Los recuerdos y las llamas de Miller Preston. El Miller real.

​ Por otro lado él no sabía que ella también tenía heridas. Solo que diferentes.

​ —Adiós, mi ángel.

​ No necesitaba saber su nombre real. Sabía que no la volvería a ver.

​ Él le sonrió apenas y abrió la puerta para ella. La miró andar y no se atrevió acompañarla, sabía que, si llegaba a la puerta no la dejaría ir. No podía cruzar esa línea, era una de sus reglas. Lo que pasaba en inferno se quedaba en inferno.

​ —Adiós… mi dios oscuro.

​ Al salir de ahí escuchó un par de disparos. Eva fue la primera en tomar su mano y asustarse.

​ —Me ha encontrado—Musitó—Me ha encontrado.

​ Miller la miró confundido y estaba listo para sacar su arma, la llevaba detrás de su cintura. Sus hombres rápidamente fueron con él a los pasillos avisándoles de lo sucedido.

​ —Es Berlín—Le dijo Grave, su mano derecha y mejor amigo—Creo que anda buscando una de sus putas. ¿Acaso es ella…?

​ Los hombres miraron a Eva y Miller no podía creerlo. ¿Era una de las mujeres de Berlín?

Era ella…

El hombre que engañaba a las mujeres con dinero y las vendía al mejor postor para luego obligarlas a prostituirse en su club.

Eva no tenía la cara de ser una y a juzgar por lo asustada que estaba, dedujo que ella había escapado.

Ató cabos sueltos sobre cómo se comportaba y por qué nunca la había visto en ese lugar antes.

​ Ella había huido de las garras de Berlín. Su peor enemigo.

​ —Diles a todos que lo entretengan, sacaré a ángel de aquí.

​ —Entendido.

Miller sacó su arma y Eva ahogó un grito. La tomó del cuello e hizo que lo mirara.

​ —¿Qué haces aquí? ¿Qué mierda haces en mi club y por qué Berlín te está buscando?

​ Ninguna chica quería escapar de Berlín. A pesar de ser vendidas con el tiempo les terminaba gustando. Ganaban bien como para darse una vida llena de lujos. No eran cualquier cartera de putas. Eran exclusivas y algo le decía a Miller que la chica que tenía frente a él era especial para Berlín.

​ —Yo—Estaba ahogada en llanto—Él me raptó y logré escapar. Es amigo de mi padre. Pensé que era alguien que podría ayudarme… y él…

​ Miller cerró sus ojos. Había confiado en la persona equivocada.

​ —Has cometido una gran cagada, mi ángel y no lo digo solamente porque confiaste en él. Te le has escapado y ahora no parará hasta encontrarte y te matará.

​ —Por favor—Se le colgó del cuello y lo abrazó fuerte.

Miller sintió su cuerpo caliente. Pensaba que sus llamas la quemarían pero hicieron todo lo contrario, apagaron las de él y lo abrazó en una burbuja extraña.

—No dejes que me atrape, me matará. No soy una puta, nunca quise ser una, por favor, ayúdame.

Quien quiera que seas, por favor. Haré lo que sea.

​ Su ruego era impresionante.

​ —No soy tan diferente a él, mi ángel.

​ —Sí lo eres. Hace un momento pudiste violarme y no lo hiciste.

​ Eso parecía un insulto para Miller.

​ —Jamás he violado a nadie y jamás lo haría. No eres gran cosa como para querer hacerlo, no sé qué de especial ve Berlín en ti, pero te ayudaré no porque me lo pides sino porque es mi enemigo a muerte y siempre es bueno saber con qué joderlo.

​ Ella no entendía nada, pero al menos le ayudaría.

​ —Quédate en mi despacho—se sacó una llave y se la dio—Espérame ahí y no le abras la puerta a nadie, solo cuando te llame, ¿has entendido?

​ —Sí…

​ —Ángel—Le tomó la cara de nuevo esta vez más fuerte—¿Has jodidamente entendido? Quiero creer que lo dices es cierto, sino yo mismo te mataré, te daré otra oportunidad. ¿Quién.mierda.eres?

​ Las lágrimas de Eva brotaban por todo su rostro. Sentía tanto miedo, pero al mismo tiempo si Miller le fallaba no se dejaría atrapar, correría como lo hizo cuando se escapó y volvería a matar si era necesario. Eva llevaba meses en su club y se había acostado con una buena cantidad de hombres.

Había guardado el dinero necesario y no necesitó más que un par de trapos que llevaba puestos, su identificación y salir corriendo del lugar. No sabía dónde ir, pero cuando pasaba frente a las puertas de Inferno supo que debía entrar.

​ —No soy nadie—Más lágrimas caían y su voz era un susurro—Pero de ser alguien, sería como tú… pareces un artista.

​ Otro disparo más cerca se escuchó. Miller le ayudó a ponerse de pie.

​ —Ve, ahora. Ultimo pasillo a tu izquierda, la puerta roja. No te perderás.

​ Antes de que se fuera ella tomó su mano.

​ —Por favor, ten cuidado.

​ Miller sonrió fríamente.

​ —Es ese hijo de puta quien debe tener cuidado.

Miller abrochó el botón de su chaqueta y bajó donde Berlín y sus hombres estaban. La gente estaba asustada, pero la música seguía escuchándose en el fondo, algo que, por un momento relajó más a Miller.

​ —¿Se puede saber a qué le debo el motivo de tu… visita?

​ Se paró a escasos centímetros de él. Miller le ganaba en hombres armados. Berlín sabía que estaba pisando territorio peligroso al entrar ahí, pero cuando uno de sus hombres le confirmó que habían visto a Eva cerca de esa calle, no dudó en hacer presencia.

​ —Miller.

​ —Berlín.

​ Berlín le doblaba la edad, aunque no parecía. El rubio y robusto hombre llevaba un traje de dos piezas y zapatos de un chulo de primera. No solamente estaba en el negocio de la prostitución, también estaba en el contrabando de armamento, algo que lo hacía un enemigo a muerte de Miller.

​ No habían cruzado la línea, tenían su propio mercado.

​ A diferencia de Miller era Industrias Preston y Berlín los barcos de material nuclear que muchas veces robaba a Miller sin que éste se diera cuenta.

No había cruzado línea, hasta ahora. Pero se conocían las caras, sabía cada uno de lo que era capaz el otro y solamente necesitaban tenerse así de cerca para dar el primer paso hacia su guerra.

​ —Creo que mi putita ha entrado aquí por accidente y como ya sabrás el caballero que soy, he venido yo mismo por ella. ¿No estarás escondiéndomela o sí?

​ La mirada de Miller era amenazadora. No parpadeaba ni demostraba nada. Desde luego que su chica estaba arriba, pero pasaría primero por su cadáver antes de poder llevársela. Si ella le había pedido ayuda, lo haría y si había algo que Miller no fallaba era a su palabra y a las promesas.

​ —¿Inferno tiene fachada de burdel? —Se cruzó de brazos—Ni siquiera tú deberías estar aquí y eso sí que es un problema, Berlín. ¿Qué te hace pensar que dejaría entrar a una de tus perras aquí?

​ Las fosas nasales de Berlín se abrieron de enfado.

​ —Ella es especial.

​ —No me digas. Pues te invito a que subas y la busques por ti mismo—Dio un paso al frente—Eso sí, tendrás que pasar por mí y por mis hombres primero, ¿Crees que puedas?