Arte y placer Después de eso…
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Después de eso…

VIANKA HABÍA CRECIDO, Y ESO DESDE LUEGO no fue nada bueno. Empezó a gustarme, a atraerme de la manera en que dos niños no lo hacen. La veía como mujer. La quería como mujer, la hice mi mujer.

​ No me había dado cuenta de lo peligroso que era tener sexo a cualquier hora, en cualquier lugar. Hasta que la embaracé. Había arruinado su vida.

​ La había embarazado.

​ Comenzaba mi carrera en la universidad y ella detuvo su carrera teatral por mi culpa. Mi querida Vianka veía el vaso medio lleno pero yo estaba aterrado.

​ —Ahora tendremos que casarnos—Caminábamos juntos por la ciudad.

Concurría de una manera casi impertinente.

Me gustaba caminar solo, de un tiempo para acá no me había dado cuenta se había convertido en un hábito que  no soportaba.

Quería pensar que era el embarazo. Nos amábamos bastante para determinar que una boda no lo jodería.

​ —Dijiste que sería tu esposa cuando éramos unos niños—Su pequeña defensa me hizo recordar la promesa que le hice cuando era apenas un niño. Pensaba que casarse era fácil, algo sencillo como cuando llevas una mascota a casa.

Ni siquiera sabía por qué estaba comparándola con una mascota. Ella era más tierna.

​ —Lo sé, pero no te llevaré a vivir a casa de mis padres.

​ Ni siquiera tenía una casa o padres.

​ Se quedó pensando un segundo.

​ —¿Qué tal los míos?

​ Puse los ojos en blanco. De ninguna manera era una opción. Me las apañaría, inventaría algo.

​ —Saldremos adelante. No dejaré la universidad, pediré una vacante en alguna escuela de niños y daré tutorías. No me importa que tengamos que vivir en una caja de cartón mientras compramos una casa digna de vivir los tres. Lo prometo.

​ En ese momento Vianka se dio cuenta que hablaba en serio.

Esperaba que tuviese la paciencia suficiente para no ahorcar los niños de la escuela de artes.

Haría cualquier cosa. Estábamos embarazados.

Y aunque estaba aterrado, era jodidamente feliz con solo el hecho de pensar que tendría mi propia familia. Aunque solo estuviera en mis veintes.

​ —Entonces trabajaré yo también.

​ La miré por si se retractaba pero realmente hablaba en serio.

​ —No, no lo harás. Es el hombre quien tiene que darle todo a su mujer y a sus hijos. Además, eres rica.

​ Pareció un insulto para ella.

​ —Si me dices de nuevo algo como eso voy a romper tu cráneo, Miller—Sé que hablaba en serio—Despierta, estamos en crisis de embarazo, no tenemos dinero juntos y además puedo trabajar si no quieres el dinero de mis padres.

Tengo piernas, manos, un cerebro, todo un cuerpo y nada me impide ayudarte, también es mi bebé, también es nuestra familia.

Trabajaré hasta que dé a luz y cuide del pequeño Silas.

¿Silas?

​ —¿Quién es Silas?

​ —¿Es lo único que escuchaste?

​ —También escuché que tienes un cuerpo y piernas, unas muy lindas por cierto.

​ Ella me miró como si en verdad iba a ahorcarme.

​ —De acuerdo, de acuerdo. Sé que puedes hacerlo, pero no quiero. Quiero cuidarte, quiero cuidarlos.

​ Tomó mi mano y la apretó. Lo que me recordaba cuando estaba triste.

​ —¿Y quién cuidará de ti? —No supe qué responder y ella continuó—Quiero ser quien cuide de ti. Así que te guste o no, trabajaré y después cuando el pequeño Silas lo pueda dejar en una decente guardería donde no hayan payasos pintados en la pared, retomaré mi carrera en el teatro.

​ Dejé salir una gran bocanada de aire. Y mientras más caminábamos lejos de donde vivíamos, al momento de regresar por el mismo camino me di cuenta que ya era un hijo de puta afortunado.

Todavía no la tenía del todo conmigo, a mi lado, en mi cama, en donde fuese que nos tocara vivir una vez fuese mi esposa, y ya lo tenía todo.

​ Ella era mi todo.

​ —De acuerdo, dejaré que trabajes. Solamente porque me gusta el nombre que has elegido para nuestro bebé. Aunque no sabes si será niño o niña.

​ Ella comenzó a reír a carcajadas. Parecía aliviada de mi respuesta.

​ —Qué bueno porque comenzaré la otra semana en una cafetería debajo del edificio donde viviremos.

Ah y me alegro que te guste el nombre Silas.

Como sé que eres un empedernido de la historia y el arte estarás orgulloso de mí, el nombre Silas significa Bosques, lo que era el dios romano de los bosques y campos.

Se le suele representar como un hombre anciano con barba.

Espero nuestro Silas no tenga cara de anciano ¡Ni barba!

Suficiente con la tuya que por cierto, tengo que aprender cómo recortarla para que no parezcas un…

​ —¿Qué? —Esta vez me detuve en medio de la acera. Empezaba a hacer un poco de frío o era mi miedo porque todo realmente estaba sucediendo casi a mis espaldas. Metafóricamente.

—¿Cómo es que ya tienes empleo y yo no lo sabía? ¿Y cómo es que ya sabes dónde vamos a vivir?

​ Ella tomó mi brazo, esta vez lo apretó más fuerte. No sabía si era por el frío porque también tenía miedo de que las cosas no funcionaran.

​ —Te dije que cuidaría de ti, no te dije que ya había empezado a hacerlo.