37. Alfombra Roja #2
La comida es pasable, lo más que se puede pedir cuando llegas a nada de cerrar. Su vino más refinado es uno de supermercado y creo que es similar al primero que tomé en mi vida.
—Estamos solo nosotros —comento—, y esa pareja de adolescentes allá.
—Terminarán en una semana —molesta Cooper.
—¡Oye! No digas eso, ¿quién sabe? Quizá duran toda la vida.
—Les tengo envidia a los noviecitos de primaria, la verdad.
—Sí, yo igual. Acertar a la primera debe ser cool .
Debo un sorbo de mi vino.
—Debe subirte el ego.
—Se creen mejores que nosotros.
—Supongo que, si hubiéramos estado juntos antes, seríamos una de esas parejas odiosas que se conocen desde adolescentes y su noviazgo es toda su personalidad, emergen entre ellos y tiene un romance aburrido, historias aburridas, viajes aburridos y sexo aburrido —se burla Cooper—.
Ese tipo de parejas. Quizá en otra vida.
—Te he dicho que dejes de decir eso.
—Oh, lo estaba diciendo porque no creo que podamos tener sexo aburrido, pero vale, si lo quieres intentar...
—No me molestaría ser una pareja planta.
—¿Pareja planta?
—Inmóvil, siempre igual, verde, al menos es saludable y natural.
—Pareja planta, me gusta. Sí, podríamos serlo aún. ¿Quién dice que no podemos ser planos y aburridos ahora? Podemos ser una misma persona. Yo creo que ya somos una misma persona.
—Sí, pero yo no me quedaré calva a los treinta.
—Me vería súper sexy calvo; lo que pasa es que te da vergüenza ser la menos sexy de la relación.
—Pfff, quisieras.
Me río y estiro la mano sobre la mesa, él la toma y, por los nervios de no encontrarme con sus preciosos ojos verdes, vuelvo a mirar por la ventana. La ciudad está más iluminada de lo que recordaba.
—¿Quieres salir a caminar? —pregunto emocionada.
El viento frío acaricia mi rostro, la luna está llena y las calles vacías. Somos los únicos fuera a estas horas, además de los guardias.
Las primeras dos calles las pasamos en silencio, aprecio ese silencio. Tengo muchas canciones en mi cabeza que no me dejan concentrarme y todas suenan dulces. Lo único que hago es mirar a Cooper, quien mira cada detalle, de los edificios, de las calles, de las estrellas que iluminan nuestro camino.
Una ráfaga de viento un poco más fuerte me hace cruzarme de brazos por el frío y él se quita la chaqueta en automático, dejándola sobre mis hombros.
Luego, vuelve a ir frente a mí, guiando mis pasos. Me gustaría leer su mente.
«¿Le ha gustado esta cita? ¿Está pensando en besarme?».
Yo estoy pensando en besarle.
—¿Qué te pasa?
—Nada, solo... Nostalgia, supongo, caminar por estas calles contigo otra vez es como, un pequeño viaje en el tiempo. Una pizca del nosotros en el ahora.
—¿Y se siente bien?
—Sí, se siente bien.
—Es una buena noche. Al menos ya no está lloviendo.
Él se gira a verme a la cara y me observa como si recién se diera cuenta de que esta ciudad está seca, de que no hay una gota de lluvia sobre mí o él.
—No me había dado cuenta, supongo que estoy acostumbrado.
—Pues ya no llueve. —Me encojo de hombros—. Supongo que no me podrás dar un beso bajo la lluvia... Otra vez.
Él baja la cabeza, noto sus mejillas agarrar un ligero tono rosa.
—Ese es el mejor momento de mi vida, dudo que algo más pueda sobrepasarlo. El caos, el drama, todo digno del final de una gran película. Hiciste que casi se me saliera el corazón.
—Gracias, es un don. —Le guiño.
—Y solo tuve que arrastrarme a ti. —Eleva las cejas—. Si hubiera sabido que solo debía dejar que la corriente me llevara a tus pies, lo hubiera hecho hace años.
Tomo su brazo y lo atraigo hacia mí, mi mano en su barbilla lo guía a mis labios.
—No hace falta que todo sea caótico y dramático para que valga la pena —susurro sobre su boca—, no hace falta que sea triste, y no hace falta que te quites el corazón del pecho para dármelo. —Le doy un beso corto—. Las cosas no tienen que ser difíciles para nosotros nunca más.
Él vuelve a besarme, un beso más lento y más delicado. Sus manos recorren mi torso, cintura y bajan a la cadera para acercarme a la suya.
—Puedes estar conmigo para siempre y que las cosas sean sencillas —propone Cooper.
Muerdo su labio inferior, esperando que tome eso como una confirmación. Él dibuja un corazón con su dedo índice encima de mis clavículas. Tocando el fantasma de mi antiguo collar y eso me hace sonreír a mitad del beso.
«¿Es esto algo que ha querido hacer desde esa época y su cerebro ha viajado en el tiempo?».
—La próxima vez lo tendré conmigo —prometo.
—¿En la alfombra roja?
—No he confirmado ir a la alfombra roja.
—¿Vas a hacer que te lo pida de rodillas, Sol?
Me remojo los labios.
—Eso sería bonito... ¡No, Cooper! ¡No! ¡Que era una broma! —lo regaño cuando amaga a hacerlo—. Claro que iré, iré contigo.
Los flashes de las cámaras hacen que vea una mancha en medio mientras camino, y me caería si Cooper no me estuviera sosteniendo.
Hay un montón de personas aquí, todos nuestros compañeros en sus mejores trapos y sus rostros más estirados. El aroma a perfume de diseñador llena el angosto espacio que nos dan para caminar sobre la alfombra.
La mitad de los fotógrafos dejan de atacarnos cuando Ron Kennedy-Brandy y su pareja llegan al estreno como invitados. Incluso el renombrado director Adler está presente.
Arqueo una ceja impresionada, mirando a Cooper, Jack al lado nuestro se carcajea por la reacción del resto.
Saludos a nuestra coreógrafa al terminar la alfombra, ella se encuentra con un hombre gigante vestido de negro que asumo es su guardaespaldas. No sabía que era tan famosa en el mundo de la danza.
—Tenemos que entrar antes para ponernos en los asientos de atrás —murmura Cooper—. Para las fotos nos querrán poner en frente, pero se ve mejor atrás.
—Pero eres uno de los productores, ¿no puedes hacer lo que quieras?
—Oh, cierto.