Arte para no artesanos 38. Estreno
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38. Estreno

ESTRENO

Vivieron felices y comieron perdices.

Nos tomamos fotos juntos frente al póster; hay una mini-alfombra dentro para el equipo de prensa y los de prensa que ingresan como invitados especiales, pues son creadores de contenido que se dedican a crear vídeos sobre películas.

Al caminar, voy al frente de Cooper, quien casi se cae sobre mí en cierto sector cuando ya nadie nos estaba tomando fotografías. No puedo regañarlo en público, así que solo giro la cabeza y le arrojo una mirada de pocos amigos.

—Deberías enseñarme cómo dejar de mirarte —dice en un susurro mientras se encoge de hombros—. Confío en ti con el mapa de nuestro destino, Sol.

—Confías demasiado en mí —me quejo, tomando su mano y apresurándolo a apartarse para que puedan tomarle fotos a Jack también.

—No es problema.

—Podría llevarte a tu perdición.

—¿Vienes conmigo?

—Sí.

—Entonces será un paraíso de igual forma.

Antes de entrar a la sala, hay una larga mesa con aperitivos y un sector con bebidas, esto es una mini-fiesta privada mientras que las personas van ingresando para la primera proyección.

Trato de no ser muy autoconsciente hoy, porque no importa lo mucho que el equipo me haya ayudado a estilizarme y lo mucho que Cooper me haya hablado para prepararme, igual voy a sentirme un desastre. Sin olvidar que, bueno, voy a ver mi cara en HD por una hora y cuarenta minutos.

—¿Estás nerviosa? —indaga Cooper.

—¿Hay alguna forma de no estarlo en un estreno?

—La realidad es que no sé. —Se ríe—. Ven, preguntémosles a los expertos.

Antes de que pueda negarme, Cooper toma mi mano y me ayuda a pasar entre la multitud de estrellas para encontrarnos en una esquina con Ron Kennedy, unos años más mayor a lo que lo recordaba y más suelto de lo que lo recordaba en la televisión.

Se ve sociable, probablemente porque creo que ellos son amigos.

—Malek, gracias por la invitación. —Ron lo abraza—. Mi esposa ha leído el libro; ambos estamos ansiosos por ver la película.

Su mujer, una morena de linda sonrisa, me saluda cordialmente y se acerca más, pues estaba tomando una distancia prudencial para abandonar si la conversación se tornaba en algo a lo que no supiera responder.

—Oh, perdona, Sol, él es Ron Kennedy, seguro lo conoces por su papel en Astrológico Deseo —noto el tono sarcástico de Cooper y Ron finge estar ofendido—. Ron, ella es Soledad Gómez, la protagonista de nuestra peli y también una actriz impresionante, ¿está Brandy cerca? Tengo que presentarlos.

—¡Esperen! ¡Lo voy a traer! —dice la esposa de Ron y sale corriendo por el pasillo.

—Oigan, pues qué bueno, ¿cómo han hecho con la convivencia de actor a actor? Yo los veo unidos, a mí me encantaría llevarme mejor con mis compañeros —comenta Ron—. ¿Cuál es el truco? Porque en esta industria es más común que las coestrellas se odien.

—Es... Una larga historia —respondo.

—Pero, se llevan bien, ¿no?

—Muy bien —contesta Cooper.

—Hmm, ese muy sonó a muy bien . —Ríe—. ¿Están...?

—Estamos saliendo —dice Cooper en voz baja—. Pero no le digas a nadie, lo diremos cuando queramos hacerlo público.

—Y se enamoraron en el set —bromea Ron, pero ninguno de nosotros lo niega—. Oh, Dios, que sí fue así, madre mía, este es el cliché número uno del cine. Pfff, esta historia le encantaría a mi mejor amigo.

—¿A quién?

—¡Espérenme justo aquí! —pide—. Ya vuelvo.

Ambos compartimos una mirada confundida y reímos, Cooper trata de agarrar mi cintura, pero toca mi bolso y yo lo aparto, algo nerviosa.

—¿Qué pasa?

—Nada, nada.

—No voy a robarte, Sol.

—Eso no lo sabemos. —Le guiño—. Ejem, ¡seguridad!

Nuestra profesora de danza hablando con su guardaespaldas se giran hacia nosotros, y el calor me sube al rostro de pensar que ahora tendré que explicarle a seguridad que esto era solo una broma.

—No, ella no quiso gritar eso... —empieza a explicar Cooper por mí—. Oye, ese no es el logo de seguridad de la empresa que contraté.

—Hola chicos. —Sonríe la profesora de baile—. Estoy muy emocionada por ver nuestro resultado, lo han hecho genial. Por cierto, les presento a mi marido.

Ambos estiramos el cuello para saludarlo, es un hombre cálido y un tanto callado, agradable, todo lo contrario a la primera impresión que tienes de que puede partirte en dos con sus manos gigantes y sus músculos aún más grandes.

—Así que esta es la pareja de la que nos hablaba, él es... — Di algo que no sea irrespetuoso, di algo normal —. ¿Aún más alto que usted?

Esto ha sido raro. Qué vergüenza.

Miro a Cooper horrorizada esperando que me salve.

—Ustedes hacen buena pareja —dice a modo de cumplido—. Llaman la atención.

—Gracias, ambos somos bailarines, de hecho —habla él.

—Quizá la próxima vez puedan trabajar como profesores en conjunto —añado—. ¿Dónde quieren sentarse? ¿Quieren tomar algo? Los sándwiches de la mesa de comidas son buenísimos, deberían probarlos.

Cooper me da una mirada de aprobación y, poco a poco, nos dispersamos de todos aquellos que quieren saber de nosotros. Consigo el contacto de Brandy y el amigo de Ron consigue que nos escondamos en la oscuridad para que deje de hacer preguntas.

Finalmente, nos colocamos al final de la sala, donde nadie nos molesta y la película comienza.

No entiendo por qué estaba tan nerviosa. Actué en la película, sé lo que pasa.

Soy incapaz de dejar de reír en casi cada escena, supongo que, porque conozco la historia detrás. Casi me ahogué de la risa en la parte del granero donde una gallina lo picoteó.

El resultado final es precioso, no se ve rastro de ningún personaje anterior de Cooper, él es Malcon Cipher y ni siquiera es Malek ya.

Se ve estupendo, es convincente y hace total justicia a la vibra del libro clásico original.

Yo también estoy maravillosa, somos un buen par, me halaga admitir para mí misma algo que él ha dicho mil veces: estamos al mismo nivel.

Lo cual es algo lindo porque a mí él siempre me ha parecido más talentoso. Pero esto no está desnivelado, vamos al mismo compás y tenemos la misma presencia, imponemos, hacemos una gran danza de habilidades.

La forma en la que decidieron adaptarla refleja bastante bien el libro, el ritmo, y no deja fuera casi ningún detalle.

Las escenas de baile se ven profesionales, nuestras peleas son emotivas y nuestra entrega de los diálogos pone los pelos de punta a los invitados.

En los momentos de tensión, el silencio es total.

Me permito suspirar. Mis ojos se llenan de lágrimas.

No había visto lo increíble que era hasta que pude verme desde fuera sin mi filtro de inseguridades. Estoy igual de conmocionada que ellos.

Quien no se ve sorprendido ni impactado, es Cooper, que simplemente se ve satisfecho y feliz. Solo aparta la atención de la pantalla en el inicio de la primera escena sexual donde sus ojos se encuentran con los míos.

—No es vergonzoso si no lo piensas mucho —susurra divertido.

—No me da vergüenza, hice un trabajo excelente.

—Tus gemidos están muy realistas.

Lo golpeo en el brazo con mi bolso.

—¡Auch!

Ambos volvemos a mirar la pantalla, la escena sigue. Ahora están debajo de las sábanas y de pronto pienso en que esto lo verán su madre, mis profesores del instituto y toda persona que se haya cruzado conmigo en la vida.

—¿Sabes?, en tu defensa, las personas solo te están mirando a ti —murmura inclinándose hacia mí—, yo soy como el ruido blanco aburrido, pero tú eres hermosa, eres interesante, lo eres... Todo.

Trago saliva, su mano toma la mía y me acaricia.

—Tengo sed, ¿podemos meter bebidas aquí?

—Podemos hacer lo que queramos, Sol. Este es nuestro momento.

Nos escabullimos de nuevo para irnos a mitad de nuestra proyección, ahora no hay nadie que resguarde el refrigerador de bebidas. Cooper saca dos latas de Coca zero y tenemos un pequeño brindis con ellas.

—Cuando la superestrella me preguntó hace rato "qué somos", por un momento, dudé qué decir.

—Dijiste que estamos saliendo.

—Sí, lo sé.

—¿Qué tiene de malo?

—Que me gustaría decir que eres mi novia. Mi mujer.

De pronto, la adrenalina de la situación se va lavando, entonces, él está allí con un traje negro precioso y una corbata verde que resalta sus ojos. Con el cabello largo bien peinado y la mirada enamorada fija en mí, en mis labios, mientras bebo mi refresco favorito.

—Eres mi persona favorita.

Su sonrisa se ensancha, solo allí me doy cuenta de que lo he dicho en voz alta.

La emocionalidad que no le había visto en el estreno la tiene ahora en los ojos. Parpadea varias veces de forma disimulada para contener las lágrimas.

—Tú también eres mi favorita.

—Este es el mejor día de mi vida —admito.

—Podría ser mejor —asegura él.

—No veo cómo.

—Bueno, podría empezar por besarte, por estar con mi persona favorita en el mundo, en mi sitio favorito del mundo, con mi bebida favorita, con mi actriz favorita.

—Acorta la distancia entre nosotros y se agacha un poco para alcanzar mi altura, depositando un corto beso en mi mejilla—. Y luego podríamos ver una película.

—¿Volvemos a la sala?

—Todas las salas están vacías, tenemos control sobre el cine entero. Podríamos entrar a cualquiera.

—Dudo que sepamos cómo hacer funcionar todo para proyectar la que quisiéramos.

—No hace falta, traje mi tablet.

—Me uno a tu plan, Cooper, hay solo algo que le falta al día perfecto, ¿qué película vamos a ver? ¿Cuál es tu favorita?

Él cierra las puertas con seguro tras ingresar a la sala más alejada del resto, dentro, es casi todo oscuridad. Yo alumbro el camino con la luz de mi teléfono y dejo sus pertenencias sobre uno de los asientos.

Él conecta sus audífonos a la tablet y se conecta a su nube para buscar lo que quiere ver. Aprovecho esos minutos para ordenar el resto de latas que trajimos cerca en otro de los asientos y abrir mi bolso, sacar el tesoro de allí.

Cuando estoy lista, tengo un nuevo accesorio encima y me coloco a su lado, quitamos el reposabrazos de en medio de los asientos para poder estar acurrucados.

Él sube el brillo de su pantalla. Una copia sin editar de la película se abre, dura tres horas.

Empieza con nosotros mirándonos de una forma un tanto incómoda y graciosa luego de que el primer director gritara «corte».

Luego, salimos de personaje y casi ni se oye lo que decimos, pues quitan los micrófonos, pero recuerdo cada detalle.

—Esta es mi película favorita.

Subo mis manos por sus brazos y me agarro de sus hombros para tomar impulso, poniéndome sobre él en nuestro beso. Siento su corazón, sus latidos descontrolados bajo mis manos.

Sus dedos en mi cuello bajan y trazan una línea hasta mi clavícula; sin embargo, esta vez no es un sueño ni solo su idealización de un beso perfecto. Su yema choca contra el dije de máscaras. Percibo cómo se tensa debajo de mí.

Su corazón, antes ya al límite, acelera el ritmo. Pareciera que está al borde de explotar.

—Te lo has pu-uesto otra vez —tartamudea nervioso.

—Estaba esperando una ocasión especial. Además, me queda divino, ¿no? La realidad es que había buscado comprar uno similar antes, pero es único, lo hizo alguien a mano. Algún artesano del mercado de joyas.

Su pulgar presiona ligeramente el dije contra mí, marcando su contorno en mi piel y siento el contraste de su tacto caliente con el collar fresco.

—Es mi accesorio favorito, quizá debería ser lo único que lleve puesto —lo provoco.

La película sigue reproduciéndose de fondo, él quita por completo la tablet de nuestro camino y su mano en mi espalda baja me pega a su cuerpo. Sus manos recorren mi piel, sus labios regresan a los míos.

—Sol...

—A mí también me gustaría que pudieras responder que soy tu novia. Me gusta esta historia cliché. Y este final de cuento de hadas. Creo que no hace falta mucho más drama para el cierre de la película.

Eso lo hace reír.

—¿Qué drama? —Su agarre se afirma en mi cintura y él se acomoda en el asiento—. ¿Qué película? Mm, no sé qué es eso. He venido aquí a tener otra cita contigo, el resto de escenas que ocurran fuera de nosotros, para mí, son solo carteleras aburridas.

—Sí, el resto del mundo es aburrido. Pero esto es divertido. Tú eres divertido. Podríamos quedarnos aquí.

—Y que estos sean los créditos —agrega.

—¿Qué hace una pareja a solas a oscuras en un cine luego de los créditos?

Cooper me guiña un ojo y yo suelto una risita.

Apaga la pantalla, que era lo único que nos iluminaba. Ahora solo me quedan sus hermosos ojos verdes. Sus manos acarician mi rostro y me llevan a besarlo de nuevo.

—Habría que averiguarlo.