37. Alfombra Roja
ALFOMbrA ROJA
El que oye consejo, llega a viejo.
SOL
La taza de té de manzanilla cae con cuidado sobre el platillo pintado a mano por Esperanza Cooper.
—¿Le hace falta más azúcar? —pregunta con suavidad.
—Está perfecta, gracias.
Su mirada está puesta en mí, sus intensos ojos verdes me observan con cariño. Su piel está arrugada, un poco más que la última vez que la vi, pero con mucha más vida. Su cabello largo negro le llega hasta la cadera.
En un camisón blanco, se sienta en la punta de la mesa con vista a la ventana del departamento y me sonríe.
—Hace muchos años que no te veía —dice en voz baja—. Has cambiado, has cambiado hasta los huesos.
—Yo diría que sigo siendo la misma. —Me río algo incómoda—. Me gusta creer que esa soy yo aún... De alguna forma y en algún lado.
—Eres más libre ahora.
—Ah, sí. A ver, lo esperaría siendo mayor, he tenido un buen puñado de años para hacerlo.
—Eso no es lo normal, lo normal es que las personas sean lo más libres que serán en la adolescencia. Al menos esa es la media.
—No sabía eso.
—Pero tú, Soledad, es de esperarse que no sea así.
—Me sonríe, se levanta de su asiento y camina lento hacia mí para sentarse en la silla a mi derecha—.
¿Qué clase de libertad podía tener una chica tan triste?
Tú, niña, tuviste una de las peores condenas que pueden darse a una persona joven: experimentar la vida.
» Yo soy fiel creyente de que uno debe ser inocente, lo más inocente e ignorante que pueda ser mientras tenga el tiempo.
No hay nada más hermoso que no saber lo que a uno le espera.
Muchas chicas jóvenes cumplen los dieciocho sin conocer la vida, lo cruel, cínica e injusta que puede ser, pero tú ya sabías cómo era, por eso es que pudiste acompañar a mi hijo cuando él lo estaba experimentando.
» Una chica que desde joven debe enfrentarse a la injusticia, la muerte de los seres queridos, las enfermedades, los problemas familiares.
Eso no es una chica, es una mujer. Tuviste que entender antes de dar tu primer beso que, a veces, las personas se van para siempre y no hay nada que podamos hacer ante ello.
Y que, a veces, quienes tienen que cuidarnos no sabrán más que tomar el papel contrario y tú no tienes por qué cargar con ello.
» Malek me contó lo que pasó contigo, este año, hace un par de meses.
Nosotros tampoco teníamos idea. Y la verdad es que yo no puedo hablar mucho sobre grandes consejos: me casé, cometí errores y luego no pude sostenerme por mí misma, mi hijo tuvo que hacerlo.
Pero como nunca lo dejé, nunca me dejó y...
Y la verdad es que hay que tener fuerza para ser madre, hay que tener cabeza. Lamento lo que pasó con la tuya.
Dejo de respirar y, ante mi incomodidad, ella toma mi mano. Su tacto es frío, pero se vuelve cálido con ligeras caricias en mi palma. No sé a dónde va esta conversación.
—No tenías por qué vivir esa vida, Sol. Pero a veces, simplemente nos toca. A ti te tocó vivir cada pesadilla de una niña sola. Con un hombre inútil a tu lado que se hacía llamar tu pareja y sin apoyo familiar... Yo sé cómo se siente eso.
«Ya sé a dónde va esta conversación».
—La verdad es que lo que dicen es cierto, tu juventud son tus mejores años, pero nadie tendrá sus mejores años encerrada en una cárcel de tristeza y limitaciones. Nunca te había visto libre, Sol. No hasta ahora.
—Yo no me veía tan mal.
—No hace falta verse mal por fuera. Recuerdo tu mirada en el hospital y recuerdo tu paciencia para los largos malos momentos. Era asumible.
—¿Usted está bien ahora?
—Sí, estoy perfecta. ¿Tú estás bien ahora, Sol?
—Estoy bastante bien. —Suspiro—. Pese a que mi madre no me ha respondido en años y el hombre rubio del que hablas... Él realmente nunca me pidió disculpas. Ninguno de ellos, por todo lo que ocurrió. Las únicas personas de mi pasado que parecen aún pensar en mí son usted y Malek.
Recuerdo a Terrence hecho polvo frente a mi departamento. Me pregunto si su castigo fue quedarse solo o no lograr nada de lo que quería.
Y me pregunto qué castigo pagué yo para encontrarme en su camino.
—No necesitas una disculpa de nadie. Mírate, estás fuerte, estás sana, estás cumpliendo todos tus sueños. Puedes hacer lo que quieras con tu vida, ¿es parte de "lo que quieres" esperar unas disculpas? No les des más poder del que ya tuvieron.
—Lo sé, es solo que... —trato de hablar y se me forma un nudo en la garganta, se me nubla la vista—. Nunca hablé realmente con otra mujer sobre lo...
—¿Lo injusto que fue que vivieras todo eso?
Asiento, tragando mis lágrimas, y ella se inclina hacia mí para darme un abrazo.
—Siempre has sido un sol, por muy difícil que haya sido.
Y vaya que ha sido difícil, siempre he pensado en la mala suerte que tanto mi hijo como tú han tenido en sus vidas, en lo mucho que han tenido que lidiar, cargar desde tan jóvenes, y es triste, es injusto y hace que todo sea más complicado.
La vida es cruda, a veces no podremos hacer nada ante la oscuridad del mundo.
Es doloroso, siendo madre, no poder proteger a tus hijos y siendo mujer, no poder proteger a tus pares.
La mayoría de las veces, somos impotentes, es algo muy duro de tragar cuando apenas estás aprendiendo a vivir.
Tomo una larga respiración para no romper en llanto, ella desliza su mano sobre mi mejilla, secándola.
—El lado bueno... El lado bueno es que no dura para siempre. Nada dura para siempre, incluyendo las cadenas y el dolor.
—Gracias, Esperanza.
—La realidad es que no podemos proteger realmente a nadie de la vida, solo podemos acompañarles. Te agradezco por acompañarme a mí hace unos años y en esta tarde. Así como te agradezco por hacerlo con Malek todo este tiempo, él no sería quien es si tú no le hubieras acompañado.
—Yo tampoco tendría lo que tengo ahora si él no hubiera hecho cosas por mí.
—De eso se trata, de apoyarse los unos a los otros, de darse oportunidades y hombros para llorar cuando se necesita. No lo digas como que te ha hecho un favor. Siempre has sido talentosa, lo conseguirías tarde o temprano.
—Él también lo era, hubiera conseguido una oportunidad en el cine tarde o temprano.
—Entonces ninguno tiene nada que saldar, solo agradecer. El acompañamiento humano es lo que nos mantiene vivos en esta sociedad, si hay alguien que puede afirmarlo, soy yo.
Eso me hace sonreír.
—Me ha hecho muy bien hablar con usted, Esperanza.
—Sol. Vuelve a hablar conmigo cuando quieras, tenemos tiempos, las peores tormentas ya las hemos pasado. Piensa en mí como una amiga.
—Lo haré.
—En serio.
—Lo prometo.
—Sé que esta es tu primera película, y ser mujer y estar sola persiguiendo tus sueños puede sentirse...
Como si te echaran de casa, pero si te pierdes, si te cansas, si no tienes adónde ir, ven aquí.
Guarda mi número. Te hubiéramos recibido antes, y lo haríamos ahora.
Hay cosas por las que uno debe estar agradecido por el resto de la eternidad.
—De verdad que no hace falta, señora Cooper, gracias.
—Si vuelves a necesitar un hogar, ven conmigo, ven a nosotros.
Pasan unas semanas desde mi visita a la madre de Cooper. Las calles están vacías por la oleada de tormentas en los últimos días y me siento en la ventana del que, al parecer, es mi departamento, a matar el tiempo hasta el estreno de la película.
Falta medio mes más para su estreno, y estar tanto tiempo sin hacer nada es un poco extraño. Siento mi cuerpo descansar, mi mente descansar, pero hay algo en mi pecho que sigue a toda potencia.
Al contrario de lo que había hecho antes, no estoy ignorando a Malek, solo he estado haciendo espacio. Nuestra cita es esta noche y no quiero verme como una persona intensa.
Hubiera sido antes si no fuera porque, al ser uno de los productores, tuvo que seguir trabajando y estar al tanto de su trabajo por más tiempo, mientras que el resto del elenco ha podido tener unas vacaciones, al menos hasta la alfombra roja, a la cual no he confirmado mi asistencia.
Me ha dicho que él se encargaría de todo, todo de nuestra cita, y eso me pone nerviosa.
No me dio nada más que la fecha y la hora, ahora son las dos de la tarde y me estoy arreglando para un evento que es a las ocho de la noche.
Miro mi teléfono, nuestros mensajes no fríos, pero no muy vulnerables se amontonan.
Acomodo cada detalle de mí como si él no me hubiera visto antes, me trenzo el cabello, me hago el maquillaje tantas veces que parece profesional. Todo para esperar que tenga una reacción al verme abrir la puerta.
Y la tiene.
—Estás...
—¿Sobrearreglada?
—Majestuosa.
—Eso se lo dices a todas tus citas.
—Sí, a todas les diría que tú eres la más majestuosa de todas.
Le sonrío y doy mi brazo para que me lleve hasta su auto. El viaje es bastante largo, tiene sentido que me haya citado tan temprano y se haya presentado media hora antes de esa hora.
Conducimos por dos horas, dos horas de música y charlas casuales. No es incómodo, es un tanto emocionante el momento donde, por la ruta, sé a dónde vamos.
—El pueblo a esta hora está un poco muerto —comento al bajar y pararme frente a mi restaurante favorito.
De nuestra antigua ciudad, en donde estudiábamos y vivíamos hace años. Este sitio me gustaba, tiene buenas pastas. No sé cómo lo recuerda.
—¿A esta hora? Pues sí, la gente no es como la de la gran ciudad. Pero aquí abren hasta las doce, debería ser suficiente.
—Hay que apurarnos en comer —bromeo.
—Hay que meter lo que sobre en tu bolso y listo —me sigue el juego.
—Fingiré que pago y huiremos antes de que se den cuenta de que estamos robándoles.
Cooper me arroja una mirada asesina, ofendido.
—Nunca en la vida tú pagarás nada conmigo. Mucho menos en una cita.
—Perdón, señor millonario.
—Mi dinero es tu dinero, Sol.
—Para eso deberíamos estar casados.
—No, solo deberías conseguir un tonto por ti que te de todo lo que tiene. Mmm, creo que sé dónde puedes encontrar a alguien así.
—¿En serio? ¿Dónde?
Él entorna los ojos.