36. Teatro #2
Tomo asiento en la barra, pero no para interrumpir su ligueteo. Sino para cancelar que despidan al actor de Mammia Mia 4 de uno de mis próximos proyectos. Me adelanté, debí haber esperado a ver su reacción.
La gente me odia por quitar y poner gente en proyectos todo el tiempo y con gente me refiero a mis abogados.
Sol parece de verdad estar conectando con el nuevo hombre, el cual es Luka, un representante de estrellas que hace mucho tiempo debió dejar de teñirse el cabello porque ahora está casi pelado. Pero es buen tipo. Me agrada.
Él le pone la mano en el hombro al reírse juntos.
Corrección: me agradaba.
—De hecho, vivo en este mismo edificio —comenta Luka.
—¿En un piso alto?
—El último antes de la terraza central, ¿quieres verlo? Este lugar está supermuerto, nosotros podríamos seguir la fiesta allí.
Estoy al lado de ella antes de que termine de forzar su sonrisa.
—Prefiere seguirla en mi cama, Luka. Te recomiendo no seguir intentando antes de que tú debas seguirla en el hospital.
Todavía con la sonrisa forzada, pero con una mirada asesina, ella me toma de las manos y arrastra hasta el pasillo del baño sin decir una palabra ni volver a mirar a su cita, quien ha quedado por completo impactado como para quejarse o reaccionar.
Ella me empuja contra la pared del pasillo, haciendo que choque ligeramente con la puerta abierta del baño.
—¿Qué demonios haces? —refunfuña.
—¿Qué de qué?
—¿Qué carajos fue eso? Y es mejor que tengas una buena razón antes de que te asesine.
—Luka es un hombre casado.
Su semblante amenazante desaparece, palidece.
—Ajá, exacto. De nada. Soy el mejor, lo sé, princesa.
—Gracias... supongo.
—Para eso estamos.
Se ve bastante incómoda; le ofrezco un abrazo que acepta a medias.
—Por cierto, me inventé todo lo que acabo de decir, solo quería probar mis dotes actorales.
—Idiota. —Me aparta bruscamente.
—Era una broma, debías reírte.
—Pues no me estás haciendo mucha gracia esta noche, ¿cuál es tu problema?
—Tú.
—Si me disculpas, volveré a pedirle disculpas a Luka.
Me quedo en este sitio, el baño está vacío y justo al lado están los interruptores termomagnéticos del departamento, junto con un conjunto de cables algo mal mantenidos, pues Jack no se preocupa por estos temas.
Sol vuelve a hablarle al hombre, quien se encuentra fumando en una de las ventanas. Al verla, su rostro se ilumina y la invita a tomar asiento a su lado.
Tengo una pequeña idea.
—¡Se fue la luz! —grita Robina.
—¡Llamen a los bomberos! —chilla Jack.
Me voy lentamente de la escena del crimen. En el centro de la sala, ya están todos reunidos y parados hablando entre ellos sobre cómo solucionarlo.
—¡No veo nada! —exclama Jack—. No me puse mis lentillas, ¿Malek? ¿Robina? ¿Sol?
—Aquí estoy —responde Sol, tomándolo del brazo—. No sabía que usabas lentillas.
—Es un secreto —le susurra, sosteniéndose por completo de ella y aplastándola un poco—.
Sol, esta fiesta es muy importante para mí, ¿podrías conseguirme velas?
O... Sé que hay una herramienta que sirve para esto, para tocar las cosas místicas eléctricas de las que no sé nada, ¿crees que puedes solucionarlo?
—No sé nada de... —La mirada de Sol recae en mí—. Conozco a un sujeto que puede ayudar, ¿dónde tienes tus herramientas?
—En el depósito. Está aquí, cruzando el estacionamiento, tengo uno solo para mí. La contraseña es 0918. Si no, también hay linternas allí.
—Yo puedo pedir delivery de velas —ofrece Robina.
—Vale, vale, tranquilo. Lo solucionaremos —asegura Sol—. Malek, ven conmigo.
No tiene que repetirlo dos veces.
Tomamos la única sombrilla disponible en el lobby , pues está lloviendo fuera y no podemos pasar por el sector techado de los autos, sino que tenemos que salir e ir por la calle hasta el otro lado.
La lluvia es fuerte; yo sostengo la sombrilla mientras que ella camina pegada a mí. No hay nadie en las calles, ningún sonido además de los truenos.
—No te he escogido por el recorrido romántico —aclara, con un toque de burla en su tono—. Es porque sé que eres listo y no tengo idea de a qué se refería Jack.
—Yo tampoco —miento.
—Sabes de electricidad, habías tomado un curso en la adolescencia.
—Sé un poco.
—Y no has tenido nada que ver con el problema del departamento, ¿cierto?
—Para nada.
—¿Dónde es que dijo Jack que estaban sus cosas? No entiendo por qué no las tiene a mano; su casa es como una mansión convertida en departamento.
—Asumo que por estética. Tranquila, el depósito está justo aquí a unos metros más, solo debemos pasar todo el estacionamiento.
—Lo vi por dentro cuando me trajeron; hay más autos lujosos de los que he visto en mi vida. Tú no tienes demasiados para ser tan exitoso.
—Yo soy más de propiedades.
—Eso veo.
Le sostengo la sombrilla para que ella ponga el código de seguridad del depósito, ambos entramos en un pequeño cuarto oscuro lleno de cajas. La puerta eléctrica se cierra detrás de nosotros.
—Dame un segundo, encontraré las cosas y no vamos.
—¿No puedes agarrar la caja entera y ya?
—Supongo que sí. Pero no tiene con qué taparse y, con esta tormenta, creo que se podrían descomponer.
—Tranquilo, Cooper. La tormenta no empeorará —afirma Sol antes de que escuchemos un estruendo y la luz dentro del depósito se apague. Afuera pareciera que hubo una pequeña explosión.
Suelto la caja y mis brazos corren a abrazarla a ella.
—¡¿Estás bien?!
—¡¿Qué fue eso?! Hay que salir.
Ella ingresa el mismo código para abrir la puerta, pero el sistema no responde. Ni siquiera se ven los números marcados en la pantalla.
—Mierda.
—¡Aléjate de la puerta, Sol! Al menos por ahora, no sabemos si se dañó.
—¿Acaba de caer un rayo justo aquí? —cuestiona confundida—. ¿Qué ha pasado?
—No lo sé, pero espera... —Saco mi teléfono, enciendo la linterna y llamo a Jack de inmediato. Pero no tengo señal—. Joder.
—¿Qué pasa?
—No tengo señal.
—Joder.
—Exacto.
—Y yo ni siquiera traje mi teléfono. ¿Tienes mucha batería?
—Veinticinco por ciento.
Se le escapa un largo suspiro, toma mi teléfono de mis manos y utiliza la linterna para buscar un lugar donde sentarse. El cual está encima de un escritorio para PC viejo.
—Llámalo otra vez —insisto—, o llamemos a la policía.
—Dudo que la policía tenga tiempo para esto. —Ríe—. He intentado llamar a Jack de nuevo. Nada, de hecho, me parece que su teléfono está apagado.
—Maldita sea —mascullo.
—Bueno, estamos atrapados —concluye y me entrega mi teléfono—. Esto es algo incómodo.
—Anda. No tiene por qué serlo.
Es increíblemente incómodo.
Porque no somos colegas.
Y tampoco somos amigos.
Somos dos personas con una tensión indescriptible y rara mirándose fijamente en la oscuridad.
A ratos es una película de terror. Pero es más que eso.
—Sé que estás incómoda, y lo siento por no poder quitarnos de esta situación.
—Eso no es lo que estoy pensando, Cooper.
—¿Entonces?
—Solo... Muchas cosas a la vez. El silencio y la oscuridad son reveladores.