Arte para no artesanos 35. La Obra #3
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35. La Obra #3

—A ver, creo que si se acuerda de mí no fue muy amable de mi parte desaparecer de la nada y dejar de visitarla.

—Se recuperó poco después, gracias a Dios. Pero la verdad solo me preguntó una vez qué pasó contigo y, al ver mi reacción, no volvió a hacerlo.

—Hemos pasado por mucho —trato de decir en tono jocoso, pero solo suena un poco triste—. Mucho solo para intentar aliviar un poco el dolor.

—Bueno, nuestras circunstancias casi siempre han estado jodidas. —Él fuerza una sonrisa.

—Suelen estar menos jodidas cuando estamos juntos —admito al mirarme a mí y luego a nuestro alrededor.

Se le borra la sonrisa.

—Puedes quedarte a beber algo caliente, o dormir. Hace frío fuera y ya no tienes trabajo mañana. Puedo bajar a quedarme en donde mi madre, tú te quedas aquí.

—Cooper, ya has hecho demasiado, yo...

—Yo quisiera que no te vayas.

—Voy a hacerme un té —informo y doy vuelta en dirección a la cocina—. ¿Tú quieres algo?

—No hay mucho más que té, pero pedí algo para comer.

Hago dos tazas, por el clima y las circunstancias, nos mojamos fuera. Utilizo las únicas bolsas que tiene con tal de hacer una bebida caliente y vuelto a la sala de estar con dos tazas.

Él está introduciendo un CD al reproductor, veo la caja de Resplandor de una mente sin recuerdos. Arqueo una ceja, buena elección. Tiene todo en perfecto estado, debe ser una de sus colecciones de películas.

Tomo asiento en el sofá, él toma la taza entre sus dos manos.

—Gracias por pensar en mí, Sol.

Todo lo que he hecho este día es pensar en ti. Es todo lo que hago siempre.

—Es difícil no hacerlo, estoy en tu departamento, en tu ropa, en tu película...

—Pensé no ya no me detestabas por eso.

—No te detesto. Solo quisiera que me lo hubieras dicho.

—Al principio, te lo iba a decir pronto. A ver, nadie del set lo sabía a excepción de los que tenían y firmaron un NDA, no quería que eso saliera a la luz porque no me gustaría que no me vean como un actor más. Pero luego las cosas contigo... Pensé que, si te decía, renunciarías.

—Lo hubiera hecho.

—Lo tengo claro. Te conozco.

—Pero llevabas años sin conocerme.

—No. Yo te conozco para siempre. Siempre voy a saber lo que quieres hacer.

—Pero te sorprendiste cuando quise que nos liemos.

—Que sepa que te interesa no me ayuda a creer que sea digno de ti.

—Tampoco se trata de casarte conmigo, Cooper. Solo quería... Experimentar, supongo. Tú me pareces atractivo, claro está, ¿a quién no?

Él se sonroja al oírme.

—Asumo que entonces está todo bien entre nosotros ya que no te quedan ganas de "experimentar" luego de lo catastrófico de hoy.

Estoy llevando bien el tema, fingiendo que no pasó, sin que me de pena y no pensando en lo que siento, pero de pronto él dice eso y me cae un balde de agua fría: me sigo sintiendo exactamente igual.

Y es que no quiero que Cooper me bese y quite la ropa, la verdad, solo quiero estar cerca suyo, tomando un té de menta de dudosa procedencia, viendo una de sus películas favoritas y hablando de su madre.

No me gusta no tener el control sobre a quién amo, pero tengo la ligera sospecha de que sí lo tengo y hace mucho, mucho tiempo, lo escogí a él.

—¿Cómo hemos llegado aquí? —pregunto.

—No lo sé.

—¿Sueles dejar a las chicas quedarse en tu departamento y comer tu comida?

—La verdad es que no. Pero tú tampoco sueles quedarte, supongo entonces que es un empate.

—Te aferras a lo que puedes para ganarme, Cooper.

—No realmente.

—Te aferras a mí.

—Siempre.

Nos tocan la puerta, la comida llega y Cooper la recoge. Ofrezco pausar la película, pero él la deja, finjo estar embobada en ella cuando solo intento aclarar mis pensamientos.

Una parte de mí cree que esto no es tan mala idea.

O no es mala idea en general. Cuando quito que es una superestrella, cuando quito los errores que cometimos y lo mal que entendimos la vida del otro. Cuando es solo un chico en su casa viendo pelis y es solo un nerd del arte, entonces allí...

Allí parece buena idea.

Joder, que si me parece atractivo luego de que se eyacule en sus pantalones debe ser porque le quiero.

Pero lo querría fuera el resultado que fuera, porque nada de las mentiras que trato de actuar son ciertas.

Él deja la comida en la mesita de la sala, al sentarse, lo hace más cerca de mí y se inclina al frente para tomar una de las bolsas y ofrecérmela.

—Puedes quedarte en el departamento —murmuro—, es tu casa. Yo soy la intrusa y... Y no me molesta.

—¿Estás segura? No me molesta.

—Estoy segura.

—Está bien.

—Además, podría... Ir a visitar a tu madre mañana antes de irme, sería bonito volver a verla.

Su sonrisa antes tímida ahora se ensancha.

—A ella le encantaría.

«¿Qué estoy haciendo? Esto suena como si estuviera saliendo con él».

—Por cierto, Sol, lo que dijiste hace rato, de que somos adultos y estamos solteros... Yo no puedo hacerlo, lo siento. No puedo hacer esto contigo.

—¿Por qué?

—Porque ya estoy lo suficiente enamorado de ti. Y sé que tú no sientes lo mismo, solo me rompería más el corazón y, la verdad, quiero que seamos amigos, si esa es la posibilidad.

Abro la boca para responder, pero no sé qué decirle.

—Me encantas... Me encanta esta película.