Arte para no artesanos 34. La Boda
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34. La Boda

LA BODA

Cada oveja con su pareja.

COOPER

Creo que el amor verdadero no es un cuento de hadas.

Ni la vida. Ni nada. Hay una razón por la que se llaman cuentos, son solo historias perfectas donde todo es brillante, dulce y extremadamente falso. Toda la vida los he detestado.

Nada en esta vida es tan lindo, nada es tan romántico ni tan perfecto. Dudo que existan los momentos que te lleven al borde del cielo. La esperanza de que en esta vida se cumplan mis deseos la perdí. Pero...

—Por favor. Quédate conmigo.

Puede que, como siempre, esté equivocado.

Que los cuentos de hadas, los romances dulces, las historias de color de rosa y los dragones existan al final del libro. Todo existe un poco más cada segundo desde que sus labios tocan los míos sin una cámara presente y ninguna audiencia que aplauda su papel.

Porque si esto es real, entonces es todo lo que tiene sentido.

De pronto, nunca antes he dado un beso. O tocado a otra persona. O estado vivo. Nazco justo en este preciso momento.

Mi cuerpo, empapado y pesado por agua sobre mi ropa, se siente como si pudiera salir volando. Me separo de sus labios, luego vuelvo a besarla. Tomo aire y vuelvo a besarla. Checo que esto no sea un sueño y vuelvo a besarla.

Su rostro mojado se resbala entre mis manos, su piel es suave. Sujeto cada posibilidad de retenerla conmigo en este momento con determinación. Mis dedos quedan marcados en su cuello.

Es posible que muera ahora mismo.

Eventualmente, cuando el tiempo se resbala entre mis dedos y la realidad mancha de agua nuestro momento pintado de rosa, me levanto y la ayudo a hacer lo mismo.

El cielo despeja las nubes, no sé qué hora sea, pero deja de ser tan oscuro y el amanecer se prepara para su función. Me fijo en que tengo mi mano en la suya y la suelto con timidez.

Sol traga grueso, veo a su mente entrar en pánico mientras que mantiene una expresión un tanto perdida.

—Tienes que volver al departamento, Sol. Serías una idiota si no te aprovecharas de mí aunque sea una vez y lo tomaras.

Ella asiente.

—Cooper.

—Dime.

—Gracias.

Simplemente no estoy en mi cabeza hoy, no me acuerdo de mis diálogos y no me acuerdo de la última vez que mi corazón ha ido tan rápido. Podría ser que no haya dormido nada, sí, podría ser que me haya tomado tres cafés, claro. Pero es ella, siempre es ella la razón.

No hemos hablado del tema en todo el día, pese a que estuviéramos todo el día juntos en el set. Pareciera que quiere huir de mí y no la culpo, yo haría lo mismo de no estar tan hipnotizado por cómo se ve con un vestido blanco.

¿Por qué demonios dejé la escena de la boda para el final?

El equipo de maquillaje me arregla las cejas mientras que vestuario reacomoda la flor en mi traje, estoy parado frente a una alfombra rosa en el atardecer y de verdad que no tenemos muchas oportunidades antes de que el sol baje para tener la toma correcta.

Pero si esto se trata de estar en un altar falso, rodeado de personas falsas, en mi falsa boda para mi falsa vida y ver a Sol venir hacia mí, entonces no soy la persona correcta para actuar. Pues todos mis sentimientos son reales.

Todo es un poco más difícil cuando te resistes a la realidad.

—¡Acción!

Dejo de respirar. La había visto antes, claro, a unos metros. Pero ahora tiene un velo encima y rosas a sus pies. Su vestido blanco la hace ver como una princesa y las luces la siguen a donde vaya.

Parpadeo varias veces, conteniendo lágrimas en mis ojos y sintiendo el nerviosismo inundar mi cuerpo porque no recuerdo una sola de las palabras que debía decir.

Se detiene frente a mí, tomo una larga respiración.

—Te has tardado. —Sonrío.

—Es de buena suerte que la novia llegue tarde —bromea.

Al hablar, menea un poco la cabeza, su cabello cae sobre su rostro y yo elevo la mano para arreglarlo, olvidando que aún no es el momento donde quito el velo. Trato de disimularlo poniendo mi mano en su brazo, pero aun así queda raro, probablemente nos harán rehacer la toma.

Ella es impresionante. Como siempre lo ha sido, desde su mirada dulce hasta su sonrisa nerviosa, la forma en la que mueve su cuerpo y entrega el diálogo.

Es maravillosa, yo soy un total novato a su lado, y me enfada un poco que todos aquí piensen que tiene suerte de haberle tocado un papel que puede dominar, ellos no saben que ella simplemente es la mejor actriz del siglo.

—A mi vida —aclaro—, te has tardado en volver a mi vida, en volver a mí, Sol.

Se le borra la sonrisa inmediatamente, yo tardo más en "salir" del papel. Solo me doy cuenta cuando el resto del elenco intercambia miradas confundidas y el equipo de grabación baja las cámaras.

—¡Corte! —grita el director—. Malek, concéntrate.

—Perdón. He dormido poco, lo... lo haré mejor en la siguiente.

Entonces dije lo mismo, una, y otra, y otra vez. Era mezclar los nombres, o los diálogos, o quedarme sin palabras luego de que ella declarara su amor.

A la sexta vez, todos estaban bastante irritados porque no quedaba nada para que el atardecer se esfumara y esperaban que esta fuera la última pieza de vídeo para la película. De hecho, ya tenían planeada una fiesta de fin de rodaje.

Me tomo un minuto para "ir al baño" cuando en realidad voy a buscar algo del alcohol de Jack.

—Oye, ¿ni siquiera me lo vas a pedir por favor? —cuestiona fingiendo ofenderse.

—No molestes, estoy en medio de algo importante.

—Malek, calma. Que te la regalaría igual, solo digo que no debes tomar, tu problema no se resuelve con alcohol.

—¿Qué sabes tú de mis problemas? —Abro una lata de cerveza. Miro la hora en mi teléfono.

Tengo dos minutos para regresar, pongo la lata en mis labios, pero Jack me la arrebata y estoy de tan mal humor que juro lo asesinaría.

—Mira, también soy actor, pero principalmente soy tu amigo.

—Entorno los ojos ante eso, pero él me toma de los hombros—.

Estás enamorado de Sol, vale. Y el problema es que quieres pretender que la amas menos de lo que la amas para la escena, pero eso te está haciendo ver como un idiota que no mide la situación en la que está.

Actúa como un idiota enamorado, nadie va a pensar nada extraño, es tu jodida boda.

—¿Qué? ¿Cómo sabes eso?

—Los oí en el departamento.

—Ya, luego de que fueras a tener una cita con ella.

—Yo no... —Jack carraspea—. Yo no estaba teniendo una cita, te soy sincero, hice todo eso porque...

—Me mira a los ojos y luego desvía la mirada—.

Me gusta una de las chicas del set y le quise dar celos con Sol, ¿vale?

Entonces, hace como… unas semanas, ella aceptó fingir que estaba intentando ligarla, pero no, no ha pasado nada entre nosotros y nunca va a pasar.

De hecho, antes de que saliera esa noche, me estaba hablando de que estaba nerviosa porque también estaba enamorada de ti.

—¿Qué?

—Sí, de verdad, ella me decía «Oh, Jack, te ayudaré con tu chica, pero ni te me acerques, yo solo pienso en Malek y su increíble cabello».

Eso me hace reír.

—Puedo apostar por mi vida que no te ha dicho eso. Pero no la conoces lo suficiente para mentir por ella.

—Ok, lo admito. Solo dijo la parte donde me ayudaría y donde está enamorada de ti. El punto es: ambos quieren lo mismo, déjense de actuaciones. No necesitan un solo director para pararse frente a ese altar y profesar su amor, despierta, Malek.

La alarma en mi teléfono me avisa que se acabó mi tiempo de hidratación.

—Gracias, Jack.

—No te lo había dicho antes porque es un poco triste admitir que necesito hacer tantas vueltas para llamar la atención de una chica. Una chica que no es Soledad, por cierto. Deja de querer matarme cada vez que me ves.

—¿Entonces qué fue lo del avión?

—La chica estaba detrás nuestro, duh.

—Te creo una mierda. Pero sea cual sea la razón por la cual ahora estás ayudándome: gracias. No eres tan mal amigo.

—Soy el mejor amigo que vas a encontrar en este nido de víboras, pero anda. —Me empuja hacia la salida—. Cásate de una vez por todas. Que ya pagué la disco en donde haremos la fiesta de fin de rodaje y no puedo cambiar el día.

Vuelvo corriendo, me acomodan la corbata y Sol se coloca en su sitio. Tomo una larga respiración.

Tiene un maquillaje suave, casi natural.

Su cabello está rizado y huele a vainilla en este instante.

No hay nada nuevo en ella, nada que mis cien mil vistazos disimulados no hayan visto ya, y no hace falta.

La realidad es que Sol se ve como una diosa todos los días, hoy, simplemente, está en un atuendo que le hace justicia.

—Te has tardado.

De verdad lo pienso, deberíamos estar juntos, desde antes. Puede que el primer día que la vi, lo que de verdad tendría que haber dicho es que nunca conocí a alguien que fuera tan fiel a su nombre. Ella de verdad es el sol.

—Es de buena suerte que la novia llegue tarde.

Mas no lamento ningún tiempo pasado, después de todo, estamos aquí. Aunque Sol no debería estar aquí, sino en la cima del mundo.

—A mi vida —aclaro—, te has tardado en volver a mi vida, en volver a mí, Alma. Te estuve esperando todos estos años. Todo para este momento.

Haré todo lo necesario para que estés en la cima del mundo, princesa.

—¿Quién diría que Malcon cree en los finales felices?

La forma en la que creo en ti asustaría al Vaticano.

—Tú lo creerías.

Ella sube sus manos por mi torso y estira el cuello de mi camisa para besarme, le correspondo, quizá con más ganas, entusiasmo e intensidad de la que debería. Cierro los ojos, sus labios me transportan al cielo.

Se aparta de mí, su aliento acaricia mi piel y su lengua moja mi labio inferior. Sonrío y ella me muerde el labio. La cámara se acerca más a nosotros.

Creo que nunca he estado tan duro.