33. Huracán
HURACÁN
DIECISIETE AÑOS
Juventud, maldito tesoro.
—Cooper —susurro.
—Ya duérmete, Sol. Mañana debemos ir a clases, suficiente con que te haya dejado acompañarme aquí.
—Las camas del hospital son cómodas.
—Claro.
—Cooper —repito.
—Dime.
—¿Dónde crees que estaremos en diez años?
—Diez años es mucho tiempo. Podría estar muerto.
—¡No digas eso! Vale, ¿dónde crees que estaremos cuando ambos acabemos nuestras carreras y seamos actores famosos? —digo en tono jocoso.
—Hmm, esa es una buena pregunta. —Se levanta de la camilla para mirarme al responder—. Supongo que, si estoy vivo, me gustaría estar contigo.
—A mí también me gustaría estar contigo si estás vivo, no quisiera estar contigo si estás muerto, eso sería raro. Duh.
—Y si me muero de verdad, entonces te mueres conmigo. Por tonta.
—Ajá, nos tragará un huracán en medio de la lluvia. —Le saco la lengua.
—No te he oído decir que no, dragón.
Entorno los ojos, sonriente.
—No me molestaría.
—¿El huracán o estar conmigo?
—No me molestaría el huracán si estás conmigo.
—Tienes que dejar de decirme estas cosas, Soledad, o...
—¿O qué?
—O no permitiré que nos separemos jamás. —Reacomoda mi manta—. Duérmete, princesa, que ya te hace falta un buen descanso.
—Tú me das energía —balbuceo antes de volver a dormir.
—Solo te doy problemas, pero vale, tomo el cumplido.
—Espero cambies esta actitud tonta a futuro —susurro—, donde crees que lo arruinas todo. Incluso si lo arruinaras todo, yo me quedaría contigo hasta el final de los tiempos.