Arte para no artesanos 32. Dragón #3
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32. Dragón #3

—No te lo pido, te lo ruego —repite, su respiración está hecha un desastre—.

Haré lo que quieras, el set, la producción, se hará como quieras, pero no nos abandones y, más importante, no me abandones a mí, por favor, te lo imploro.

—Toma mi rostro en sus manos—. Actuar no tiene sentido si es sin ti, todos estos sueños no tienen sentido si no los cumples tú también.

No, no voy a permitir que abandones tu carrera ahora.

—Soy yo quien decide si quiero una carrera o no y la verdad es que creo que no estoy lista para ser una estrella. Tú sí. Ya lo eras antes, puedes seguir sin mí.

—Antes podía porque creí que la posibilidad de tu presencia se había acabado.

Ahora, no lo conseguiré jamás. No puedes presentarle a una persona lo mejor que podría tener en su vida y luego arrebatárselo, no puedes dejarme solo en el reflector ahora.

Teníamos que ser un dúo. No tendría problema con que incluso fueras solo tú, si lo que te molesta es que...

Que esté en la industria, puedo retirarme.

Si lo que te molesta soy yo, te juro que no volverás a saber de mí.

Hoy mismo. No hace falta que siquiera acabe la película.

—Jamás te pediría algo así. Simplemente yo no quiero, ¿entiendes, Cooper? Quizá te alenté desde un inicio porque sabía que solo uno de los dos podía lograrlo. Ese eres tú, tienes que seguir en esto sin mí.

—No.

—Basta.

—Por favor.

—Cooper, no quiero seguir discutiendo esto.

—Quédate conmigo. Puedo hacer que este mundo sea mejor para ti, que todo sea mejor. Te lo juro.

—Malek, basta.

El reflejo de decir su nombre cuando estoy alterada aparece, eso lo hace encogerse. Parpadea conteniendo las lágrimas en sus ojos.

—Te lo suplico —dice antes de arrodillarse frente a mí—. No me dejes solo.

Mis nervios son tantos que se me ha olvidado cómo hablar, desde esta perspectiva sigue viéndose grande. Sus ojos verdes penetran cada fibra de mí.

—¿La película...?

—Nuestros sueños, dragón —corrige—. No me dejes persiguiéndolos solo. Porque no lo quiero hacer sin ti, no cometeré el mismo error dos veces.

—Confié en ti y me ocultaste todo.

—Lo hice por ti. Te ocultaría que estoy desangrándome para no preocuparte. Lo hice para armarte el cuento de hadas que siempre debiste haber vivido.

—Cooper...

—Nunca te he pedido nada, Sol. Y sé que no merezco que alguien como tú cumpla mis deseos.

Pero si hay una posibilidad de que estemos juntos en esta vida, de la forma en la que sea, con las condiciones que sean.

Dímelo. Haré lo que me pidas, te bajaré el sol del cielo, pero...

No me dejes. El arte no tiene sentido sin ti.

Tomo una larga respiración y me pongo en cuclillas, paso mi pulgar por la mejilla de Cooper, secando sus lágrimas.

—Tú creas el arte, Cooper. Sé qué crees que me necesitas, pero no es así. Tú eres un artesano.

—No lo soy. —Sonríe con tristeza, su llanto es silencioso—. Nunca lo he sido. Nunca lo voy a ser. Solo soy un chico confundido en la punta de un escenario, pidiéndote que lo acompañes.

—Tienes que confiar en que siempre has podido solo.

—Toda mi vida. —Solloza—. He tenido que estar solo, he sido obligado a ser fuerte.

Ya no lo quiero ser más. —Sus lágrimas empapan mi mano en su mejilla—.

No soy fuerte, Sol. Soy solo un humano como el resto.

Por una vez en mi vida, quiero algo, muchísimo, más que cualquier otra cosa en el mundo.

—Mete su mano en el bolsillo, casi me desmayo al ver el dije del collar de máscaras—. Mi mayor ambición.

Ahora estoy temblando, él pone el dije en mi palma y me cierra el puño. Siento el material frío.

Un trueno es la banda sonora justo antes de que empiece a llover con fuerza.

—Por favor —jadea en voz baja, pegando su frente a la mía—. Por favor, por favor, Sol. Quédate conmigo.

«Estoy aterrada de amar a alguien otra vez, Cooper. Cuando terminé con Terrence, juré que no lo volvería a hacer. Jamás pensé que le podría dar de nuevo a un hombre la posibilidad de romperme el corazón. No estaba preparada para que seas tú».

Siento su respiración sobre mi piel y las gotas de lluvia en mi cabello.

Ladeo un poco mi cabeza y sus labios quedan sobre los míos, siento que voy a morir.

Mi cuerpo piensa que vamos a morir. Sé que voy a morir.

Está bien, tengo la sensación de que si muero ahora mismo ya no iré al infierno sino a mi psicodélico paraíso personal.

Lo beso. Lento, pausado, es el peor beso del siglo y él tarda demasiado en corresponderme, como si no entendiera lo que ocurre. Me corresponde como si nunca hubiera besado en su vida, siento sus manos temblar, su respiración desastrosa.

«Detesto con toda mi alma que seas tú. Tiene tu rostro cada problema y cada solución, tu voz contiene cada condena y cada liberación».

El dije se me cae al piso porque utilizo ambas manos para sostener su cuello y atraerlo a mi boca. Él tiene ambas manos en mi rostro, como si temiera que pudiera escaparme si me suelta un segundo.

El piso está empapado, sucio. Nosotros también. Esto es un caos. Pero su piel es cálida y sus labios saben a mi bebida favorita.

Siempre has sido tú.