32. Dragón #2
—Escogí la película porque fue mi primer ensayo real, no fui solo yo, son varios productores. Contactos en la industria que aceptaron y se formó el proyecto. Yo no tenía idea de que era la favorita del idiota ese, mucho menos de que te presentarías tú.
Tomo una larga respiración, juntando coraje para hacer la pregunta.
—Me escogiste solo porque era yo y no porque lo haya hecho bien, ¿no? —Bajo la cabeza.
—¡¿Qué?! ¡No! ¿Qué demonios dices, Soledad? Primero que nada, no soy yo quien filtra los cientos de audiciones que llegan.
Me cruzo de brazos e intento darle la espalda, él me toma del brazo y obliga a verlo de nuevo. Se ve enfadado ante lo que acabo de decir, pero no está en condiciones de quejarse ahora mismo.
—Pero tú tuviste peso en esa decisión —reclamo.
—Por supuesto, ¿crees que iba a dejar que eligieran a alguien solo por la publicidad de su nombre?
Quería a alguien que hiciera un gran trabajo, que estuviera a mi altura en nivel de habilidad y...
—Las comisuras de sus labios se curvan—.
Puede que haya manifestado demasiado aquello porque llegó la única persona que puede superarme.
—Me has hecho sentir que la única cosa que he logrado sobre mis sueños no me la gané.
—No digas eso.
—Siento como si me hubieras escupido en la cara, me has hecho el favor de meterme en tu bonita película, de tu bonita producción, de tu bonita vida de superestrella. Yo soy solo alguien que tuvo la suerte de conocerte y joderte lo suficiente la cabeza como para influir en ti.
—Soledad... No digas esas cosas, por favor.
—Di la verdad, Cooper —lo reto—. Si nunca me hubieras conocido en la universidad, ¿me hubieras tomado para el rol?
—Si nunca te hubiera conocido, no tendría la posibilidad de hacer esto.
—Eso no fue lo que pregunté.
—Sí, lo hubiera hecho. —Asiente—. Creo que no comprendes lo deslumbrante que eres comparada con el resto. Lo hubiera hecho en un parpadeo, sabría que eres tú quien tiene que ser mi Alma.
—Te creo una mierda. —Suspiro—. ¿Hay algo más en lo que me hayas ocultado información?
Echa un largo vistazo a la habitación antes de volver su atención a mí, visiblemente incómodo, se lleva las manos a la cabeza.
—Pensé que no te molestaría.
—¿Que me mintieras, ocultaras y actuaras una vida falsa todo este tiempo?
—Pensaba explicártelo, cuando todo acabara y que te rieras de lo patético que soy cuando se trata de ti.
—Contesta mi pregunta, Malek Cooper.
—El departamento... Este departamento.
—Sí, es de la producción —digo y recalculo mis palabras por un segundo—. Este es tu departamento, ¿no?
—Uno de ellos.
—¿Y por qué pones esa cara? Que sí, que tienes dinero, puedes comprar varios departamentos, lo tengo pillado.
—Es mi departamento, es la primera propiedad que compré cuando me empezó a ir bien, pero… —Mira a nuestro alrededor de nuevo y esta vez yo también lo hago, la decoración rosa ya puesta, las paredes con tapiz floral, el librero dorado con CDs de películas clásicas—. No lo compré para yo vivir aquí.
Darme cuenta de lo que está implicando hace que sienta mi corazón pesado en mi pecho de tan rápido que van mis latidos.
—Parte de mi ser siempre pensó que, al menos una vez en la vida, te volvería a ver. —Se remoja los labios—. Y tendría que cumplir, al menos, la más ambiciosa de mis promesas. Lo he estado haciendo silenciosamente este tiempo, de todas las formas que he podido.
—La única que quería es que fueras mi amigo.
—Soy tu amigo.
—No... No sabría asegurarte eso ahora.
—Cálmate, por favor. Voy a estar aquí para ti hasta que tu mente se despeje.
—¿Cuál es tu problema, Cooper? ¿Por qué demonios harías todo esto por mí? ¿Y no pensaste en cómo yo lo vería? Estuve todo este rato en tu película, en tu departamento, bajo tus reglas y condiciones para estar cerca de ti. Trabajando para ti. Me siento una pieza de tu cuento de hadas tóxico.
—Es tu departamento —corrige—. Lo compré con una cesión legal, la cual tiene tu nombre, solo hace falta que lo firmes.
—No quiero un regalo tuyo solo para que te sientas bien contigo mismo.
—Esa no es la razón, Soledad.
—Suficiente dependiente de ti me has hecho sentir. —Desvío la mirada—. Quizá sí es cierto que me odias.
—Nunca te he odiado.
—¿Y entonces qué es toda esta obra de teatro que te has armado? ¿Qué soy para ti? Porque me tienes extremadamente confundida.
—Estoy enamorado de ti, Soledad.
Debo haberlo escuchado mal.
—¿Qué?
—Te amo —admite y siento que alguien me ha quitado el alma del cuerpo—.
Pensé que lo sabías, estoy... Estoy enamorado de ti.
Sé que eso es triste, patético y te incomoda porque es lo más lamentable que has oído en tu vida.
Simplemente te amo. Como tú, como persona.
Eres como un mito para mí, eres como una leyenda de un dragón y yo he estado creyendo en ti desde el día que te conocí.
Lo he hecho porque necesitaba expresar eso, el amor que no se da, ¿dónde acaba? Necesitaba dártelo de alguna forma.
—No puedes estarme diciendo esto... —Me tapo la cara con las manos—. No, no, no.
—¿Tan... Horrible te parece que sea así?
—No es eso, Cooper.
—Eres la única chica que he amado en mi vida, Sol.
Otra vez, sus palabras me atraviesan como una daga.
—¿Por qué me lo has dicho ahora?
—Esta noche es la única noche en toda mi vida donde he sido honesto conmigo mismo, sobre lo que de verdad quiero. Y también seré honesto contigo: no me importa nada más.
—Cooper, tú... Yo... No. No puedo procesar esto.
El dolor en su rostro no lo había visto jamás, incluso cuando aún éramos niños en un hospital jugando a ser valientes.
—¿Es tan malo para ti? —cuestiona con la voz frágil—.
Sé que no tengo derecho de amarte, y que nunca vas a corresponderme, pero, ¿no puedo siquiera soñar con que es distinto en esta vida?
Yo detesto pensar que te da asco la idea de que sienta algo por ti, pero viéndote... Es como si estuvieras en el infierno.
«No es eso, Cooper».
«No es tu culpa, Cooper».
«No eres tú, Cooper».
Ante mi falta de respuesta, el silencio le hace tanto daño que lo rellena con palabras que se tambalean:
—Te prometo que no te lo he dicho esperando nada a cambio, no quiero que mi amor sea un peso para tu vida como lo ha sido antes. Solo quería mejorar un poco todo y... Veo que, de nuevo, simplemente no se me da el papel de héroe. Intoxico todo lo que quiero, mis sueños, los suyos, nosotros.
Sus ojos se vuelven vidriosos, llenándose de lágrimas.
Oh, Cooper.
No puedo quedarme un segundo más aquí, en el castillo creado en base a la leyenda de lo que pudimos ser.
Me aparto y abro la puerta, salgo corriendo hasta las escaleras.
Tampoco puedo quedarme a verle llorar. Detesto verle sufrir, odio verle dañado.
Odio todo, cada una de las cosas que ocurrieron y de las decisiones que tomamos que hicieron que esta confesión no fuera color de rosa.
Siento que el mundo se está acabando, el cielo se cae y la lluvia está hecha de ácido verde que me quema la piel.
No puedo quedarme y permitir la posibilidad de que me pregunte qué siento yo por él. Tengo miedo de lo que pueda responder.
Así que corro.
Corro por las calles de la gran ciudad sin saber muy bien a dónde ir, mientras que las nubes negras gritan mal augurio. Un rayo me asusta y me hace mirar hacia atrás.
Es allí donde me doy cuenta de que me siguió, pese a que fuera rápida y me hubiera quitado los zapatos altos para ser más ágil. Está a menos de veinte metros de mí, me paralizo al verlo.
Intento volver a correr, su grito me frena.
—¡Princesa, detente!
Doy pasos hacia atrás, él no acelera hacia mí, como si supiera que estoy asustada. Es paciente y calmado, contengo un jadeo cuando toma mi mano.
—Es peligroso que estés fuera a esta hora, por favor, vuelve a tu departamento.
—Tu departamento —corrijo.
—Tu departamento —reitera.
—Cooper, déjame ir. —Me suelto—. Quiero irme, de aquí, de todo, necesito desaparecer.
—Sol.
—Están pasando tantas cosas, cada una de ellas me hace más débil, yo... Yo pensé que con todos estos años era más que la adolescente aterrorizada de las experiencias, pero no lo soy. No soy mejor que mi yo de diecisiete años.
—Escúchame, princesa.
—No puedes decirme las mismas cosas que antes y pretender que no tenga una reacción.
—¿Es malo?
En un estado de euforia total, odio admitir que su tacto sobre mi piel me hace querer gritar y pienso que hay gente que consume droga para sentirse tan viva. Estoy vibrando.
Para mí, es solo la existencia de Cooper.
—Me voy a volver loca si me quedo fingiendo que nada de lo que ocurrió hoy aconteció.
—Sol.
—Me volveré loca, te lo digo en serio. Volveré a caer en la oscuridad. No puedes presentarme cada monstruo en un día y esperar que los enfrente.
—Yo voy a alumbrar tu camino. Eres fuerte, Sol. Puedes con todo.
—No puedo hacer esto, Cooper —se me quiebra la voz—. Es demasiado difícil. No puedo seguir con todo esto, con vivir allí, con la gira de prensa, con actuar. No puedo estar cerca tuyo.
Porque hay cosas que no quiero admitirme a mí misma.
La última frase parece romperle el corazón.
—Sol, por favor. No.
—Déjame ir.
—De la forma más egoísta y desconsiderada del mundo: no me dejes.
—No me puedes pedir esto.