28. Cine
CINE
Nadie es profeta en su tierra.
Lo peor de beber es despertar sabiendo que sigues siendo esa misma persona.
O en este caso, Malek Dylan Cooper está justo al lado de tu cama, en tu cuarto, en tu departamento. Mirándote fijamente, en silencio, incluso antes de que el sol salga.
—¿Por qué siempre haces eso? —balbuceo sobre la almohada.
—Bebiste al punto que te quedaste dormida y no conseguías caminar cuando llegamos, me preocupó que pudieras vomitar en sueños o descompensarte.
—No. No me refiero a estar en mi habitación. —Bostezo—. Mirarme.
—¿Qué con eso?
—Siempre que dormimos juntos, despierto y ya estás despierto. Mirándome.
—Soy una persona mañanera.
—Cierto, ¿por qué no estás haciendo ejercicio ahora?
—Porque solo lo hacía para distraerme y enfocarme cuando compartíamos cuarto.
—¿Y ya no necesitas distraerte?
—El peso de todo lo que he malentendido en nuestra historia es suficiente ejercicio de mañana.
—Es un gran gesto que me hayas intentado cuidar. —Me siento en el colchón—. Ya puedes irte.
—Que tengas buen día, Soledad.
Malek se levanta con calma, acomoda su abrigo y las cosas en sus bolsillos, dirigiéndose hacia la puerta. Una extraña y confusa sensación de culpa me revuelve el estómago. Su aroma sigue alrededor, su figura un tanto marcada en el sofá de cuero.
Lo único que se oye son sus pasos, el sonido del picaporte bajando, la puerta abierta.
—¿Me dijiste Soledad? —Frunzo las cejas.
—¿No es tu nombre?
—Lo es.
Malek asiente y atraviesa el umbral. Yo tomo una larga respiración.
—Espera —exclamo—. Quería... Agradecerte por... anoche.
Él da media vuelta, aún fuera.
—No es nada, cualquier persona que se preocupe por ti lo hubiera hecho.
—Gracias, Cooper.
Su rostro no me dice nada por unos quince segundos, donde veo que mueve su mandíbula de la forma en la que lo hace cuando quiere evitar sonreír. Luego, simplemente niega con la cabeza y sonríe.
—De nada, Sol.
He desarrollado ya un nuevo nivel en el juego, como Jack volvió, no podemos beber su alcohol, así que hemos tenido que hacer una escena sexual sin estar medianamente borrachos. Como quien diría, a pelo.
Estoy en "el sofá" en ropa interior esperando que vuelvan a quitarle mi labial del rostro a Malek, quien está lo suficientemente cansado de haber hecho las últimas tomas de acción como para quejarse de que nos hayan hecho repetir el beso ya siete veces.
Solo falta tomarnos una fotografía para la promoción de la película.
Cuando el equipo de marketing viene con sus luces, cámaras y sonrisas falsas, me acerco un poco más a él y poso mi cabeza en su hombro.
Luego, los flashes me ciegan por un largo rato donde intento mantener mi sonrisa perfecta practicada frente al espejo.
Noto que la mano de Malek reposa a mi lado, sin tocarme y trato de visualizar cómo se ve eso en imagen.
Me tomo el tiempo de tomar su muñeca, guiar su mano a mi muslo desnudo, donde la coloco en la parte interior del mismo y muevo mi cabello para que no me tape la cara. Quito mi sonrisa, escojo mejor mirarlo a él con seriedad, encuentro una emoción que no había visto antes en su mirada.
—Podrías ser modelo, Soledad —dice una de las chicas.
—¡Gracias! —digo al apartarme cuando bajan la cámara.
—Y tú, Malek... Ahí estás —trata de remedar el tono con el que dijo el cumplido.
Él simplemente se ríe y ambos vamos a nuestros camerinos a cambiarnos.
Jack me ha estado buscando todo el rato en el set, pero no hemos tenido tiempo de hablar a solas, siempre Malek está presente y pareciera ser que de verdad ya no son amigos, pues se ve que a cada interacción lo tolera menos. Nunca entenderé cómo Malek maneja sus amistades.
Estoy en la entrada del edificio donde estábamos grabando, esperando que el resto de personas se presenten para subir al bus. No me gusta ser la primera en llegar.
Pretendo estar ocupada en mi teléfono para evitar hablar con alguien, hoy me siento algo extraña. Observo con una atención al principio fingida, y luego real, una de las fotos promocionales de la película subida a redes.
No reconozco a Malek allí, solo a Malcon. Eso es bueno.
Estoy tan desconectada que salto del susto cuando una mano se posa en mi hombro, mi corazón late acelerado. Bajo el teléfono, y cuando lo hago, simplemente me quedo helada.
Una corriente eléctrica recorre mi espalda, el teléfono se me cae de las manos y siento que alguien me ha pegado un puñetazo en el estómago. Contengo la respiración, estoy segura de que me veo como si hubiera visto un fantasma mientras que ella se ve como un ángel.
—Hola, Sol.
Pego mi espalda a la pared en la que estaba recostada, la observo. No solo la miro, observo cada detalle. Sus ojos oscuros de venado clavándose en los míos, su piel perfecta, sus labios rojos. Su aroma es dulce. Su sonrisa se ensancha.
—¡Mira lo grande que estás! —Ríe—. De hecho, te estaba buscando. Te vi en las redes cuando la productora anunció la película, te reconocí, estás diferente, pero sigues siendo la misma. —Ladea la cabeza—. Estás tan bonita, ¡me alegré tanto de verte en pantalla!
Trago grueso. Su mano en mi hombro es suave, sus palabras suenan delicadas. Ella sigue siendo esta especie de ser superior, radiante y sabio. Su presencia me hace sentir sucia y todo lo que puedo pensar al verla tan alegre por mí es:
Lo siento.
No fue mi idea, vale, sí fue mi idea, pero no... No quise hacerlo, no... No tenía nada en tu contra. Perdón.
Siento tanta vergüenza. Arrepentimiento.
¿Crees que soy una puta por estar con tu ex novio de años apenas terminaron? Si fuera así, lo entendería.
¿Crees que soy una niña tonta, ridícula y nada en comparación tuya?
No debí hacer eso, lo siento.
Lo siento.
Perdón, me cuesta mirarte a la cara.
¿Estás ocultando el hecho de que te parezco una zorra solo por respeto a mi hermano?
¿Crees que es lo único bueno que yo tenía? Estarías en lo cierto.
—Lu-luna —ni siquiera puedo atreverme a decir su nombre con confianza.
«¿Crees que me merecía que él me hiciera tanto daño?».
—Sol. —Suspira—. Ay, mírate. Toda una estrella del cine, siempre lo supe, de hecho, te estaba buscando porque quería hablar sobre papeles y...
«Si te consuela, él solo me estaba usando como reemplazo para el hueco de tu cuerpo en su cama. Es probable que lo sepas, pero tú eres el mejor personaje en esta lamentable historia».
—¿Me estás escuchando? —insiste—. Ejem, sé que es raro y no hemos hablado en siglos, traje una tarjeta de presentación, de hecho, déjame...
No estoy prestando atención a nada de lo que dice.
Veo los lazos blancos en su cabello largo, brillante y sano.
Veo cómo la camisa le queda a la medida, cómo se ve incluso más bella en sus treinta que cuando tenía veinte, apuesto a que cuando llegue a los cuarenta será igual.
Las joyas en sus manos. El anillo en su dedo del corazón.
La forma en la que no lleva nada de maquillaje porque es hermosa.
—Te ha dejado el bus —resalta Malek a mi lado, me sobresalto al oírlo—. Oh, perdón, no vi que estabas con alguien. —Se aclara la garganta—. Malek Cooper, un gusto. —Le ofrece su mano para estrecharla.
—Luna Valvedi. —Ella le corresponde el gesto—. El famoso Malek Cooper, qué raro verte sin tu disfraz de supervillano.
—¿Vas a tardar? —Malek solo me habla directo a mí, pero yo estoy demasiado perdida como para entenderle—. Puedo esperarte, te llevo.
—No, no, tranquilo. Solo venía a dejar mi tarjeta. Soy escritora —aclara—. Pero no les robo más tiempo, sé que deben estar muy ocupados y cansados, yo también debo irme. —Se despide con la mano—. Un gusto volver a verte, niña, escríbeme si necesitas algo.
Sonrío, quizá una de las actuaciones de tranquilidad más difíciles de mi vida. Espero que camine, sigo los pasos de sus tacones, cuando da vuelta a la cuadra.
Luego empiezo a hiperventilar, siento una presión en el pecho y mi vista se nubla. Siento tantas emociones que siento cómo y cuándo voy a descompensarme.
Es justo ahora.
Detesto que él me vea así.
Destrozada, vulnerable, no tan buena actriz como para tragarme el infierno y verme como una persona con la cabeza en las nubes. Aunque supongo que nunca me ha visto así, de todos modos.
El ataque de pánico se me está pasando, tengo la cabeza en la cabecera del sofá de Malek. El departamento que le tocó es similar al mío, pero menos bonito, y me pregunto si es porque el equipo de producción piensa que es un idiota. Eso sí, es acogedor.
Está un poco más frío, el sofá apunta a la ventana, el frío traspasa el vidrio. La tormenta recién empieza, las luces están bajas y estamos en completo silencio a excepción del microondas calentando mi taza de té.
Él se sienta a mi lado, casi como en nuestra escena de hoy, lo suficientemente cerca para que pueda tocar su brazo si me muevo un poco. Lo único que ha hecho en un par de horas es ofrecerme pañuelos de papel, escucharme y preocuparse sin saber qué responder a mi torbellino de caos.
—Soy una payasa.
—No digas eso —murmura—. Toma el té, te ayudará a entrar en calor.
—Lo siento. —Me limpio las lágrimas de la mejilla—.
Es solo que... Llevaba años sin sentirme así de mal y odio que seas la única persona cerca para consolarme, ¿no crees que eso es triste?
¿Qué no tenga a nadie más? Es un reflejo de mí, de lo horrible que soy como persona.
Mi nombre era solo un presagio de mi soledad.
—Tienes a tus amigos, solo no están aquí ahora. Es difícil mantener vínculos de adulto, la distancia, el trabajo...
—No he estado estos meses para ninguno de ellos, no puedo esperar que estén para mí.
—La amistad no es algo que puedas medir en una balanza para dar más o menos.
—Me siento fatal.
—¿Por qué?
—Porque soy una mala persona.
—No lo eres. Solo tenías diecisiete años.
—Pues ya no los tengo y sigo siendo igual de detestable. Quiero desaparecer.
—Sol...
Su brazo se estira, tomando mi mano y ayudándome a limpiar mi llanto, retira mi taza ya vacía.