Arte para no artesanos 25. Camerino
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25. Camerino

CAMERINO

DIECIOCHO AÑOS

El hábito hace al monje.

MALEK COOPER

Soledad siempre fue brillante, no hubo un solo momento donde no lo fuera. Uno solo. Te encandilaba verla.

—¿Sabes qué estaba pensando hoy, Cooper?

No hay nada que pueda decir sobre su físico que fuera a hacerle justicia a lo bella que siempre ha sido por dentro. Así sea a las ocho de la noche, encerrada conmigo en el salón de presentaciones de la universidad.

Le quitó las llaves al profesor solo para que tuviéramos dónde ensayar, Terrence quería llevar Baile inolvidable a una pequeña adaptación a obra y nosotros estábamos hartos de estudiar carreras que no nos satisfacían. Sin embargo, aunque fuera idea de su chico, no le dijo a él.

Somos solo ella y yo, en la oscuridad, con la luz de nuestros teléfonos conectados a la corriente hasta que sean las nueve y oficialmente no haya nadie más que los conserjes cerca. Nadie podrá atraparnos. Le dije que podríamos escapar por la ventana del baño y la llevaría a su casa.

Le dije a mamá que "saldría" a una fiesta.

Escucho su risa y veo el flash de su teléfono apuntando a mi rostro.

Es una buena fiesta.

—¿Qué estabas pensando, Sol?

—Que serás el primero en poder beber alcohol de ambos. Ya sabes, legalmente.

—Legalmente —repito riendo.

—¿Qué? ¿Has bebido antes?

—Joder, claro.

Ella se exalta, tapándose la boca.

—No te tenía como un chico malo, Cooper.

—Hmm, he necesitado un trago un par de veces. La vida a veces es demasiado seca.

—Pues me alegra que hayas dicho eso porque... —Abre su mochila, baja su tono—. Le robé el vino a mi mamá.

—¡¿Qué?!

—¡Shhhs! —Casi salta encima de mí—. No tenemos vasos, tendrás que compartir la botella conmigo.

—Tengo mi vaso de café, podemos usar ese.

Ella asiente, yo sujeto su teléfono para que pueda ver bien mientras carga el vaso. Estoy deseando que pase la hora rápido para por fin prender las luces de aquí sin que nos echen.

—¿Has tomado vino antes?

—La verdad que he tomado de todo ya, las fiestas en mi colegio anterior... Bastante intensas.

—¿Has fumado?

—Un par de veces.

—¿Y qué tal?

—Eh... No es lo mío.

—¿Bebida favorita?

—No tengo, pero suelo escoger el ron o el tequila; la cerveza no me termina de encantar, pero si es lo que hay, pues, en realidad no tengo preferencia. No soy quisquilloso.

—Me alegra porque también traje esto. —Quedo boquiabierto, veo cómo también saca una botella de tequila bien liada en un trapo de tela suave—. Es un tequila que Isaac trajo de México, nunca lo abrió y bueno, pensé que quizá...

—¿Cuánto tiempo tiene esto?

—Un año y medio... Lo compró justo antes de...

—Ya.

—Yo nunca he bebido alcohol —admite nerviosa—. Pero para todo hay una primera vez, ¿no?

—Soledad, ni de broma te voy a dejar tomar esto.

—No lo tomaré sola, lo haré contigo. —Me guiña—. Anda, confío en ti y nadie más querrá hacerlo conmigo. Quizá solo quiero una excusa para ya no tener la botella sin tener que tirarla.

—Primero, no nos vamos a acabar la botella. Segundo, no sé si sea bueno mezclarlo con el vino que tomaremos. Tercero, una vez que lo abres tiene un tiempo duradero máximo.

—Va, entonces tomamos un poco aquí y te llevas el resto, como un ritual de iniciación.

—Estás loca.

—Cooper, por favor.

—Isaac me detestaría si te apoyo en esto.

—Pero él ya no está aquí para hacerlo —responde tajante—, solo estoy yo. Y quiero hacer esto, anda, que nadie se muere por emborracharse un poco.

—Te voy a permitir tomar tres sorbos y luego me lo quedo yo si eso es lo que quieres, ¿vale? Pero no vas a beber más que eso.

—Vale.

Habla mucho cuando bebe, cree que tiene que decir una frase tras cada sorbo. Hemos hablado de su pasión por las joyas y los collares, pero no la he visto usar muchos desde que nos conocimos.

Tiene una colección de cosas que le ha dejado su hermano, ni los brazaletes de sus viajes ni su colección de botellas son tan importantes como lo es el diario que le dejó. Entiendo cuando un tema requiere ser cambiado, así que lo muevo a mis colecciones.

Las cuales son, casi nada, un montón de papeles con ideas o mis guiones de clásicos favoritos escritos a mano.

Tengo una caja de recuerdos de la infancia, juguetes, tonterías; la verdad es que he vendido todo lo de valor que tenía de las buenas épocas, a excepción de mi collar de máscaras de teatro.

Cuando era aún más joven, fuimos con la familia a una feria de antigüedades.

Enterrado entre un montón de perlas y telarañas, quedaba un collar dorado con el dije de una máscara feliz y una triste.

Mi madre me vio observándolo cautivado y me lo compró.

Nunca me dijo su precio, solo supe por su conservación pese al tiempo que era valioso.

Es único y es hermoso, con pequeños detalles en las máscaras como un grabado de sol en la feliz y una luna en la triste. Diminutos, solo los ves si les prestas mucha atención por un largo rato, de cerca. Diría que es mi posesión más preciada.

Pero no uso collares, o joyas, y siento que no va conmigo, lastimosamente. Justo como me siento con la actuación.

—Ya casi es la hora —anuncia—. Estoy ansiosa por lo que puedes hacer.

—¿El ridículo?

—Lo harás bien, ya verás cuando todos en la universidad estén sorprendidos.

—O decepcionados —digo para molestarla con el vaso de vino en la boca.

—El buen arte siempre triunfa, igual lo harás tú.

—No funciona así, Clemencia .

—Si quieres seguir viviendo, esta será la última vez que me digas así.

—Vale, no te enfades, solo digo que, incluso aunque sea el mejor actor del mundo eso no me garantiza nada si no estoy en el lugar correcto en el momento correcto.

—Tienes creencias tan tristes, en serio. Cree en la magia, Cooper.

Guardo la botella de tequila en mi mochila luego de controlar que ella beba solo lo permitido y ponga una mueca de asco. Contengo la risa.

Hacemos contacto visual, significa mucho para mí que me entregue este recuerdo de alguien que amaba, incluso si solo lo usa para alejarlo de forma honrada. Este momento significa mucho para mí.

Dejo escapar un suspiro y digo:

—Es fácil para ti decirlo porque tú la tienes dentro, toda la magia está en ti.

—Es fácil porque puedo reconocer el arte dentro de ti.

—El factor común entre el  arte  y el  amor  es que la mayoría de las veces, que funcione depende del  azar .

—No para nosotros —completa ella.

—¿No?

—Nosotros vamos a funcionar.

—Si tú lo dices, Sol.

—En serio, ¿sabes la razón por la cual no eres el artesano de tus sueños? Porque es innato, es inevitable, todo este tiempo has intentado luchar por algo que ha sido prometido para ti de todas formas y solo falta que tú lo aceptes y permitas.

—Me cuesta mucho ver el mundo como tú lo haces. Creo que te tengo envidia.

—No es difícil, solo debes... Enfrentar lo que duele. Sí, decepcionarse cuando las cosas no salen bien duele, pero es mejor a no esperar que siquiera sucedan.

—Supongo que tienes razón.

—Siempre tengo razón.

Lo sé.

—Aunque no soy tan valiente como crees, de hecho, me aterra que las personas me conozcan. Por eso me siento tan cómoda con Terrence; él... él siempre ha estado ahí, no tengo que esforzarme.

—Entiendo.

«No, no lo hago».

—Siento que quienes no me han visto crecer, no van a entenderme e inevitablemente me harán daño.

—Espero no sea así, no lo mereces.

—Tú... ¿Crees que alguna vez nos haremos daño?

—No lo sé. Espero que no. Me odiaría.

—No lo digo por ti.

—Dudo que tú me hagas algo, Sol.

—O sea que crees que podrías lastimarme.

—Soy un idiota y tú eres la primera persona cercana que tengo, no sé nada de cómo debería ser, supongo que no puedo prometerte que no lo haré. No me conozco lo suficiente como compañero. Solo puedo asegurarte que trataré de protegerte. Si alguna vez necesitas un superhéroe, intentaré salvarte.

—No tienes que hacerlo. No es lo que quiero contigo.

—No sé otra forma de querer.

—Comprendo. Las relaciones humanas son un poco más complejas que eso. —Se encoge de hombros.

—Si te sirve de consuelo, yo pienso totalmente distinto, al menos sobre la responsabilidad que te dejo.

—Dime.

—Me parece un poco dramático creer que al dejar a alguien conocernos le damos un arma, si es así, bueno, a la mierda.

Esta es la mía. —Río y señalo el escenario—.

Mira, la afilo para ti. —Finjo hacerlo con mis manos—.

Guárdala, tírala, ponla en una funda. Lo que sea que decidas hacer con ella está bien. De hecho, creo que deberías apuñalarme.

Ella se carcajea, asustándose de su propia risa sin darse cuenta de que ya han pasado las nueve, podríamos encender las luces en cualquier momento.

—El precio de dejar que alguien entre a nuestro corazón es que pueda romperlo —explico con calma.

—¿Alguna vez te han roto el corazón?

—Sí.

—¿Ex novia? ¿Casi algo? ¿Amor de verano?

—No... no fue nada romántico. Fue solo... romperme el corazón. Cuando era preadolescente. Sobre, bueno, el tema que puedes intuir.

—Oh.

—No te preocupes sobre ello de igual forma, hay quienes dicen que tengo un agujero —me burlo.

—Yo no voy a romperte el corazón, Cooper. No voy a usar tus mayores heridas como arma.

—No tienes que prometer eso.

—Oh, no es una promesa. Es solo lo que pienso.

—Si alguna vez estamos en una disputa, deberías.

Yo soy... muy malo peleando, nunca sé medir el golpe.

Me voy de más porque me da miedo que me lastimen y la verdad es que creo que no tengo claro cómo ser normal en esos aspectos.

Simplemente... no había dejado a nadie conocerme en dieciocho años como tú lo haces, ni mis amigos, ni mi familia o siquiera mi madre. Eres solo tú.

—Te quiero.

—A veces creo que me conoces mejor que yo. Haría lo que fuera porque siempre estuviéramos juntos.

Aquello podría sonar como una declaración. No lo era. Nunca lo sería.

Soledad era el tipo de mujer de la que ni siquiera te atreves a enamorarte. Era simplemente demasiado. No era ni nunca sería para mí.