Arte para no artesanos 23. Malek #2
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23. Malek #2

Las horas que le siguen hasta el anochecer son solo Malek y el resto del elenco en escenas de acción, los veo sentada desde la comodidad de la carpa. donde conseguí que me den una Coca zero a cambio de decir que mi compañero es insoportable. Aunque no lo dije de corazón.

Estoy por quedarme dormida leyendo el guion en mi teléfono cuando una mano se posa en mi hombro.

—Oye, gracias por los favores. —Jack acaricia la piel de mi hombro—. Disculpa por dejarte sola tanto rato, no podíamos arriesgarnos a que ustedes se contagien.

—Me imaginé, tranquilo. No te preocupes, no me ha causado contratiempos ayudarte.

—Hmm, pues te has quedado con Malek y sé que lo detestas.

—Nos estamos arreglando.

—De todas formas, hubiera preferido yo ser quien se quedara contigo. —Sonríe, tiene una sonrisa brillante y sus ojos claros son hipnotizantes bajo la luz de la luna—. Estar en tu cuarto sin ti es... Triste.

—¿Triste?

—Me ha dado curiosidad sobre ti y nadie me la ha podido responder.

—Tienes mi número, Jack.

—No quise molestar, además de estar tomando medicamentos, algunos me dieron mucho sueño. No tenía fuerzas de nada.

—Me apena mucho oír eso, ¿ya estás bien? Espero no te estés forzando.

—Estoy de vuelta en el ruedo, no te preocupes. —Se agacha a susurrarme al oído—: Hablando de ruedos, hay una fiesta temática de jinetes a la que estoy invitado. Es aburrida, pero puedes hacer networking y los fotógrafos toman fotazas; me preguntaba si... Estabas disponible este fin de semana.

—¿Van nuestros compañeros también?

—Supongo, habrá muchas celebridades invitadas. Pero, la verdad, esperaba que fueras conmigo como mi acompañante. Mi cita.

—Dijiste que si fuera una cita sería memorable.

—Lo será, puedo pasarte a buscar en helicóptero si gustas —afirma, no lo dice como broma. Eso me hace tragar grueso.

Las puertas de la carpa se abren, Malek y Robina entran juntos. Debemos estar a nada de acabar el día. Yo solo estoy esperando que alguien me lleve al hotel, ya sea él o el bus.

—¿De qué hablan? —cuestiona Malek.

—Tenemos nuestros secretos —responde Jack—. Escríbeme tu respuesta, Soledad. Estaré pegado al teléfono esperándote, realmente me interesas, no me importan los enemigos que me gane por ello. —Se reincorpora y camina hacia la salida.

—¿Qué quería? —insiste Malek.

—No te incumbe, ¿y tú? ¿Qué estabas hablando con los productores y organizadores?

—Averiguando los horarios de nuestros vuelos.

—¿Nos vamos ya a la otra locación?

—Sí, mañana en la mañana, ¿por qué?

—No nos hemos acabado las botellas de vino que tienes aquí.

No estoy borracha, si estuviera borracha, ¿podría hacer esto?

—¿Por cuánto dinero te follarías a Robina?

—Prefiero morirme.

—Anda, responde.

—Prefiero perder todo mi dinero y de paso besar a Jack.

—¿No se besaron en el trío que hicieron?

—No. Y eso no pasó, o sea, no así. No hagas caso a lo que él te dijo.

—Ok, entonces, de este set, ¿con quién estarías?

—Sabes que podemos beber y ya, ¿recuerdas? No hace falta jugar verdad o reto.

Las últimas cuatro botellas de vino costoso están puestas en el piso, dos de mi lado, dos copas. También tenemos una caja de pizza en medio.

Puede que me esté aprovechando de su alcohol gratis y cenas que no debo organizar.

—Con nadie.

—Se rumorea que la pelirroja del elenco quedó enganchada contigo de cuando trabajaron juntos en Gladiadores.

—Eh... Eso no fue nada serio. Salimos como una vez. No recordaba que eso pasó, ¿quién te dijo eso?

—Aquello no importa, lo importante es que no entiendo por qué no la escogerías a ella si ya estuvieron juntos, ¿no repites citas? ¿Te da miedo enamorarte? —indago.

—No creo en el amor.

Eso me hace carcajearme.

Claro que no cree en el amor.

Qué ilusa he sido en siquiera preguntar. O traer a la dulce pelirroja a la conversación.

—Por supuesto, se me olvidaba que eres un amargado. —Chasqueo la lengua—. Déjame adivinar, ¿tampoco das besos en la boca?

—No mucho.

—Con razón no sabes besar —miento.

—Tengo una regla: No me beso con nadie más de dos veces. Solo la he roto contigo, eres la mujer a la que más he besado en la vida.

—¿Y qué tal beso? —bromeo.

Malek se queda callado mirándome, sonriendo.

—Pasable.

—Pfff. Di la verdad, Dylan Cooper.

—No me obligues a decirlo.

—Tranquilo. —Suspiro—. Por cierto, ¿oíste lo que nos dijo el director? Estamos brillando, estamos ardiendo —bromeo, el alcohol se derrama en el suelo del balcón por un descuido mientras río.

—Estamos en nuestro peak .

—Si este fuera mi peak , la verdad es que me deprimiría, Dylan.

—¿Dylan? —Arquea una ceja.

—Siempre he pensado que te queda, quizá no tanto antes, suena a un chico engreído pero talentoso. Malek suena a villano y  Cooper...

—¿Cooper qué?

—Nada.

—Pues la verdad es que si este es mi peak no me molestaría. —Se encoge de hombros—. Toda mi vida... Ni siquiera pensé que subiría a un escenario, menos estar en una filmación, hay cosas, experiencias, situaciones tan buenas con las que...

—¿Qué?

Malek deja la botella al lado de sus piernas, gira el cuello para mirarme directo y fija sus ojos en mí. No es amenazante ni es imponente, es como si olvidara que puedo ver lo que hace. Sonríe con algo de tristeza, no descifro su mirada.

Ni siquiera altamente borracho puede dejar de actuar su papel, aunque se craquele y pierda fuerza minuto a minuto. Sus pupilas se agrandan.

—No soy una persona extraordinaria, no soy un hombre con suerte y no soy el más brillante de ningún sitio.

Cuando creces creyendo que has robado cada pizca de fortuna que tienes, cuando creces pensando que no puedes.

—Me aparta la mirada—. Aceptas lo que tienes, y ya, y si surge algo, pues divino, pero si no, tampoco te mueres.

He llegado más lejos de lo que alguna vez hubiera podido soñar porque, si te soy sincero, no soy un soñador.

Esta vida, esta carrera, estar aquí ahora, no es algo que hubiera pedido porque no es algo que siquiera hubiera tenido la capacidad de imaginar.

Cuando se deja ver, recuerdo por qué habíamos conectado tantos años atrás. A veces es como si nos hubieran cortado las alas con las mismas tijeras y dado de beber del mismo veneno de la tristeza del cual intentamos crear una cura.

—No me puedo creer eso.

Vuelve a hacer contacto visual y tengo un escalofrío que intento disimular tomando mi copa, pero calculo mal y la derramo. Ambos bajamos la atención al desastre, luego otra vez a nosotros.

—Cuando nos peleamos, y Terrence se enteró, vino a buscarme al terminar las clases —su confesión me eriza la piel, mi calma se rompe.

Mi corazón cruje, no esperaba que dijera esto—, yo estaba saliendo de la biblioteca, me invitó a su oficina de profesorado y dijo que sabía que yo presenté una queja en su contra con el rector. Sí, lo hice. Pero no fui el único.

» Dijo un montón de estupideces, las recuerdo todas.

Me amenazó, me reí en su cara, fue un gran show .

Te preguntarás, ¿qué demonios me estás contando, Malek?

Tendrá sentido, confía en mí. —Se carcajea, ladea la cabeza como si se perdiera en su burbuja de recuerdos—.

Era patético, lo ha sido siempre y lo siento por decir esto, ya que, bueno, tú lo querías.

Puede que una de las razones por las cuales siempre lo hubiera visto tan triste y pequeño sea porque lo comparaba contigo.

No te merecía, claro está: Nadie te merece.

Pero comparado contigo... A tu lado, cualquiera es un fracaso.

Nadie se te para al lado. Incluso el profesor.

» Siempre lo supe. Las mierdas que te dije en su momento, las que te he dicho ahora, la basura que ha salido de mi boca no solo no la creo, sino que, en parte, estaba enfadado porque no lo vieras tan obvio.

Creí que lo hacías, ante mí tú eras inquebrantable.

Espera... Que me voy por las ramas, el punto es que siempre pensé esto y se lo dije a la cara al rubio aburrido de tu ex.

Eso me hace reír, él también. Siento el alcohol mojar mi ropa al moverme; todavía sonriendo, trato de escurrir el líquido para sentarme un poco más cerca suyo.

—Al decirle esto, Terrence se acercó a mí, tomó el cuello de mi camisa y me acusó de estar celoso, de querer sabotear su relación por estar enamorado de ti.

El tiempo se detiene apenas las palabras se escapan de sus labios.

—¿Quieres saber qué le respondí?

Me quedo en silencio, él lo toma como un "adelante".

—Que ni siquiera me permito desear algo tan increíble.

La piel de mi rostro arde, Malek debería estarse tropezando con sus palabras y, aun así, es de lo más libre que lo he visto hablar. Como queda claro, es la primera vez que menciona que ha tenido una conversación con Terrence en privado. La idea de que mi ex hubiera hecho eso me hierve la sangre.

Ni mi odio consigue quitarme del delirio de este momento, incluso aunque me esfuerce, no puedo concentrarme en otro personaje en escena. Puedo verlo. A Cooper de dieciocho años sentado en la silla frente al escritorio de profesores, hablando. Como si fuera una película.

—Le dije que  no . Y es la verdad, lo hice porque quería cuidarte.

No estaba enamorado de ti. Estaba intentando ser un buen amigo, ser una buena persona, no sé...

Ser algo como tú. No era digno de siquiera pensar en ti de esa manera.

Le dije con simpleza que no estaba enamorado de ti porque en mi cabeza no cabe soñar con algo tan magnífico.

» Que me parecía triste que él se autoconvenciera de que eras para él, porque solo se estaba aprovechando de que, por ese momento, no podías darte cuenta del papel en blanco que era.

Le recordé que estaba utilizando tu vulnerabilidad por la muerte de Isaac para no sentirse un tipo patético al que su novia dejó y que, si estuvieras consciente, jamás tendría oportunidad contigo.

—¿Qué te respondió?

—Me golpeó.

Mi estómago se retuerce.

—¿Te defendiste?