Arte para no artesanos 23. Malek
60%

23. Malek

MALEK

El que otorga, calla.

Hoy Malek no tuvo el placer de ser despertado por su alarma, sino por un gallo.

Bueno, una gallina.

Le prometí a Jack cuidar a su mascota; se supone que debió llegar antes, pero estaba en el veterinario, y cuando la vi entendí por qué. Tiene las plumas casi tan suaves como el cabello de Malek.

A él no le ha sentado bien.

—¿Qué se supone que es esto? —pregunta, con un pánico bastante bien contenido en su voz al salir del baño—. ¿Pediste KFC y te lo han traído sin cocinar?

—Es la mascota de Jack.

—Deberíamos pedir que despidan a Jack.

—¡Basta de sabotear la película!

—¿Esta es...? —Entrecierra los ojos—. No veo bien sin mis lentillas, pero, ¿esa es Clemencia?

La gallina reposa con calma entre mis brazos. Son las seis de la mañana; no tenemos que grabar hoy. Jack me escribió ayer, vuelve mañana al set y está tomando tanta vitamina C que ha empezado a odiar las naranjas.

Es probable que no tanto como el odio con el que Malek y Clemencia se observan en este momento, fuerzo una risita para alivianar la atención. Expando mi sonrisa y parpadeo, haciéndole ojitos a Malek.

—No la voy a dejar quedarse por mucho tiempo —advierte—. Soy alérgico a las gallinas.

—Eso es mentira.

—¿Cómo sabes?

—Sé reconocer cuando mientes.

Eleva ambas cejas y se le escapa un suspiro.

—Déjame dudarlo. —Va hasta la cocina—. ¿Quieres café? ¿Traerle un gallo para que sean amigos? ¿Mi costilla izquierda?

—Un vaso de leche con canela estaría bien.

—Vale.

—Malek, anímate. Es solo un animal, cuando Dios metió todos los animales al arca, ¿no crees que necesitábamos huevos, pollo y plumas?

—Por favor, no me hagas tener estas conversaciones, Sol.

—Niégamelo.

—Creo que Dios no iría a escoger sus gallinas de la granja de Jack Daniels, de hecho, creo que lo ha hecho a propósito, para molestar, porque no lo he visto tener mascotas antes.

—Puede ser porque eres un pésimo amigo y yo soy más cercana a él, entonces me tuvo esa confianza; recordemos que le dejé mi habitación.

Eleva la cabeza, su atención se aparta del microondas donde calienta nuestras tazas y se posa en mí, directo en mis ojos, como si quisiera transmitirme un mensaje telepáticamente.

—Espera, le has dejado quedarse allí, ¿con  todas  tus cosas dentro?

—Claro, ¿qué? ¿Debería preocuparme porque me robe? —Me carcajeo—. Dudo que a Jack le interese mi maquillaje, vestidos cortos y tangas con encaje. —Entorno los ojos.

Malek es realmente un  muy  buen actor, si no quiere que sepa qué le parece lo que digo, no me entero. Su expresión es exactamente la misma, como si ni siquiera me hubiera escuchado.

—Sol, esto te lo digo porque conozco a todos los hijos de puta alrededor. —Ríe—. Sabes que míster Diversión no quiere ser tu bestie , ¿cierto?

Me da la espalda para sacar nuestras bebidas del microondas; hay un par de galletas en caja en la mesada. Acaban de ser enviadas.

—¿Qué pasa, Malek? ¿Soy tan tonta en tu cabeza? —respondo en tono jocoso, me acerco a la mesa y dejo a Clemencia ser libre en el comedor—. Sabes que yo también podría querer solo follármelo y ya, ¿cierto? —Arrugo las cejas.

Escucho el sonido de la taza romperse contra el suelo, una gota de café caliente salpica mi tobillo y Clemencia empieza a cacarear alterada.

—Perdón, se me resbaló —farfulla.

—Joder, ¿al menos salvaste la mía? —bromeo para molestarlo. Estoy disfrutando un poco sacarlo de sus casillas. Me declaro culpable.

Él posa mi taza con canela frente a mí con delicadeza antes de ir a buscar el trapeador para limpiar el desastre en el piso. Ese gesto me encuentra con la guardia baja, me quedo mirándola por un largo rato antes de tomarla y soplar para entibiarla un poco.

Le agrego una cucharada de azúcar; hace una mueca de asco.

—Eres un amargado.

—De manual.

—Solo a la gente que no es pura de corazón no le gusta el azúcar.

—Es posible.

—Mi abuela decía que los hombres que no son puros de corazón se quedan pelados antes de los treinta.

—Me tienes envidia porque tengo el cabello largo, perfecto, sedoso y no quemado por decolorármelo.

—Veremos si dices lo mismo cuando, en tres años, estés calvo —respondo tras beber un largo sorbo de mi taza.

Se levanta del suelo aún con el trapeador en la mano, goteando de café, y me señala con agresividad.

—¡No! Retráctate ahora mismo; no estoy dispuesto a más de tus predicciones extrañas —al principio, su tono de voz alta me hace saltar de la silla, pero me percato de que lo dice bromeando y me muerdo el labio.

—Uf, qué pena. Una vez lo digo, no hay vuelta atrás, ni modo, tendré mi pelo muerto, pero al menos tendré pelo.

—Yo también. Al primer día iré directo a Turquía. Me voy a comprar una melena rubia que va a opacarte bastante, he de admitir.

Me toma un segundo procesarlo, quizá porque en un infernalmente largo tiempo no he oído algo tan gracioso. Su chiste es como un globo de agua con colorante dentro y de pronto explota sobre mí, es sorpresivo y gracioso en una forma extraña y me asusta lo alto que sube mi volumen en la carcajada.

Un segundo que pasa a ser dos minutos donde no puedo parar de reírme y se me olvida todo lo que ha pasado entre nosotros, una ola de colores que de pronto me hace preguntarme si el viaje en el tiempo existe, porque esto mismo diría él hace más de media década.

Ni siquiera tenía idea de que podía ser ese chico con los pensamientos más estúpidos y los planes más chistosos todavía.

Pensé que había muerto junto al nacimiento...

De Malek.

—Te ríes porque piensas que es una broma, pero no lo es —remata.

—Ya, es que si te cancelan en esos momentos, pelado quizá no tienes el mismo efecto.

—Para eso he hecho ese  photoshoot  hace años cuando... —se detiene en seco—. ¿Cómo sabes eso?

—Tú me lo dijiste alguna vez.

—Habías dicho que no recordabas casi nada de eso. Me has tratado como un loco cada vez que yo sí recuerdo cosas. —Arquea una ceja.

Dejo mi taza vacía en la mesada y voy a ver cómo se encuentra la gallina: saltando en el colchón de la cama.

—Te he mentido. Y no sabes reconocer cuándo miento.

Sostengo el rostro de Malek en mis manos bajo la atenta mirada del equipo de efectos especiales y maquillaje. Hemos llegado a las escenas de la segunda mitad de la película donde todo se vuelve violento, así que ahora estoy "curando" las heridas de Malcon.

El director se ve contento con nosotros; es cierto que estos días hemos tenido mejores resultados en base a robarle el alcohol a Jack mientras no está.

Con él de vuelta en el set, me es más ligera la jornada, pues no tengo que ser yo quien haga todas las escenas. Malek y yo distribuimos mi momento libre con su momento libre, cada vez que uno tiene una escena con Jack, el otro va a "tomar un refresco". Mi amigo no se ha dado cuenta todavía.

De todos modos, este es nuestro último día en esta zona de la ciudad; mañana estaremos al otro extremo. Y en otra etapa de la grabación.

—Espera, espera, llegará ayuda —tartamudeo en un sollozo sin aire—. No, no, Malcon, quédate conmigo.

Malek apenas abre los ojos, su expresión revela puro dolor y la sangre de las bolsas bajo su ropa se derrama a cántaros, creando un charco de líquido rojo a nuestro alrededor.

Cada intento requiere demasiado trabajo para todos, por lo cual estamos intentando hacerlo bien a la primera. Hemos practicado bastante antes.

—¡Malcon! —grito y mis pulgares suben sus párpados, tratando de que no se cierren sus ojos—. No me puedes dejar ahora, no cuando te estoy volviendo a amar, no... —Las lágrimas llenan mis ojos—. ¡¿Estás conmigo, cariño?!

Sus párpados bajan con suavidad cuando lo suelto, como si de verdad estuviera moribundo y no lo controlara. Su mirada se ha apagado, pero no la retira de mi rostro; su mano ensangrentada sobre la mía aprieta su agarre de manera ligera. Tose.

—Te amo. —Limpio una lágrima de su mejilla, dejando el rastro de mi tacto en rojo sobre su piel—.

No te atrevas a morir sin decírmelo de vuelta.

Dime que puedo obligarte a continuar con nuestros...

Con nuestros sueños de niños, con nuestros planes a futuro...

Me prometiste casarte conmigo. Déjame tenerte, solo por un poco más.

Tose otra vez, escupe sangre, la razón por la cual no ha tenido un diálogo en minutos.

Me sorprende su habilidad para no beberlo sin querer o atragantarse; lo hace ver auténtico.

Lo hace ver fácil. Es simplemente el mejor actor de este set.

Y detesto menos eso cuando puedo recargarme por completo en él en una escena.

En sus expresiones, en su lenguaje corporal, en que lleva atención a la acción y no a mí individualmente.

—Ss... —Se detiene mi corazón al notar que quiso decir mi nombre cuando debía haber dicho "Alma" y mi expresión de horror delata aquello, me esfuerzo en no elevar la cabeza a ver si el resto lo ha notado—. S-solo tú, Alma. Pero no puedo cumplir mi promesa esta vez...

El diálogo original es "Alma, no puedo cumplir mi promesa esta vez". Es un cambio ligero. Mis latidos van a mí otra vez, misma pregunta: ¿Se han dado cuenta de nuestro error?

Malek cierra los ojos y yo me inclino sobre "su cadáver" para darle un beso en la frente que deja la marca de mi labial carmesí. Hay cámaras de cada ángulo posible, había oído que querían usar esta escena como inspiración para el póster.

Espero que digan "corte", y casi se me entumecen las manos de tenerlas en una misma posición.

—¡Corte! —grita el director, nunca lo había oído en ese tono. El resto de personas se aleja de nosotros mientras que él se acerca—. ¡Están ardiendo, chicos! A esto me refería, joder. Brillante.

Observo a Malek abrir los ojos como si nada y levantarse, pero no recobra una expresión natural, sigue pensando en la escena, lo noto en sus ojos. Yo río aliviada y me limpio mi llanto falso con las manos.

—¿Tenemos la toma final?

—No me puedo imaginar que les pudiera salir mejor. —Suspira orgulloso—. ¿O sí?

—¡No! Fue una en un millón —responde Malek.