Arte para no artesanos 22. Tempestad
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22. Tempestad

TEMPESTAD

Quien siembra vientos, recoge tempestades.

Esta no es la primera noche donde me escabullo en un rincón oscuro y bebo alcohol con Malek Cooper.

No es la primera vez donde siento que ni siquiera la oscuridad puede esconderme de su entendimiento.

Recuesto mi cabeza en el vidrio de seguridad, las luces amarillas de la ciudad se ven con el tono azul del cristal un tanto verdosas.

—¿Me sirves una más?

Estiro el brazo, Malek carga mi copa. Han pasado quince minutos desde que estoy aquí y parece que tiene un discurso en la punta de la lengua que intenta tragárselo a él antes de que lo suelte, así que lo está ahogando con vino.

La botella de vodka al lado también me llama la atención, y el ron. Pero me controlo.

Tampoco es como que no sepa beber, se me da bien, simplemente no suelo hacerlo. Son puntuales las veces donde me he emborrachado.

—¿Sabes?, yo creí que el día que te volviera a ver sabría manejarlo —confiesa—. Realmente creí que sería distinto.

—¿Distinto?

—Bueno, tengo todo lo que he querido, creí que ya no importabas tú o tu opinión.

Pensé que, con el tiempo, ni siquiera me importaría…

Pero me importa. Igual que antes, lo que dije hace rato, lo dije de verdad.

Antes de volver a saber de ti, mi carrera estaba bien, pero ahora, no sé si quiero seguir actuando si tú dejas de hacerlo. Ahora no sé muy bien quién soy.

—Estás diciendo cualquier cosa.

—Me gustaría que fuera así, mas no, nadie… Nadie merece más que tú y siento que es injusto. La vida ha sido tan injusta contigo. La fama y la cima no sabe igual si sé que depende tanto del azar, que las personas que en verdad lo merecen están lejos de estar en su lugar.

—No depende del azar, depende del arte. No fue un golpe de suerte tuyo. Sin embargo, eso da igual. Si mañana decido que la actuación no es lo mío, tú no abandonas tu vida, así que esta conversación no tiene sentido.

—No me has entendido. —Se bebe su copa de un solo trago largo —.

Esta carrera no tiene sentido si voy solo.

De eso me estaba quejando, que estaba bastante bien siendo quien soy antes de que aparecieras y ahora es como si hubiera despertado de un trance.

Es como si hubiera subido las escaleras en piloto automático y de pronto me he espantado al ver dónde quedé.

Todo es peor, más crudo, más agrio. Es peor porque es más yo.

—O sea estabas bien hasta que llegué.

—No estaba en mis planes que aparecieras, la verdad. No sabía que ibas a presentarte para la película. Te lo digo en serio.

—Lamento presentarme entonces, ser real y no solo un fantasma en tu cabeza.

—A veces sigo creyendo que lo eres, como esos fantasmas en los libros navideños que espantan a los viejos cascarrabias — bromea—, tengo la teoría de que, si extiendo mi brazo, al tocarte te desvanecerás.

—Aún no estás tan loco como para alucinar.

—Sí, aún no.

—¿Lo has hecho alguna vez?

—Por eso te lo estoy diciendo. He alucinado cosas en estos… Largos años. Cuando no estoy en una salida, estoy solo bebiendo y pensando.

—Permíteme dudar de que el famoso Malek Cooper desperdicie la oportunidad de un polvo de una noche, en un bar solitario, pensando en gente con la que no habla desde que empezó su carrera.

—La vaga posibilidad de pensar en ti es más entretenida que una conversación con cualquier otra persona. —Descorcha otra botella—. El problema empieza cuando no eres un pensamiento, estás aquí.

—Yo no tuve mucho tiempo de pensar en ti, estaba ocupada siendo miserable.

—Tranquila, asumí que no lo hacías. Puede que aquello solo ebulliera más mi desprecio, y luego cuando te vi, la caldera se derramó de mi lado. Estaba enfadado.

—¿Porque no interpreté nuestra historia como quisiste?

—Porque no me reconociste.

—¿Y tú a mí sí?

Dejo de desviar mi atención, me siento en mariposa justo frente a él y le quito la botella de al lado para beber directo de ella.

—No entiendo por qué te afectó tanto lo que pasó —insisto—, tú solo perdiste mi amistad. Yo lo perdí todo.

—Eras… Eres la única persona que ha visto a través de mí, Soledad.

Fuiste la primera persona que creyó en mí cuando…

Cuando yo estaba convencido de que sería un fracaso.

Toda mi vida, todas las personas me dijeron lo mismo: No lo intentes.

Estaba en paz con ello de alguna forma u otra.

Fuiste como si hubiera estado ciego toda mi vida antes de ti y, de pronto, había luz.

» Nunca te conté todo de mí, por lo cual creo que nunca terminaste de entender lo oscura que era mi mente justo antes de que aparecieras, cambiaste el rumbo de mi vida.

Sentí que tomaste mi mano sabiendo lo mucho que me aterraba, me subiste al escenario, pusiste el reflector encima y me dejaste allí.

Solo. No sabía qué hacer, tuve que improvisar, y cuando miré al público te vi abucheándome.

Nada de eso es relevante ahora, solo pienso: Joder, debí haberme mostrado confuso ante la situación.

Debí haberme bajado, haberte seguido por la universidad a preguntar qué demonios pasó en tu interior para que cambiaras tanto.

El dolor, la soledad y ese hombre consumieron cada rayo de luz de tu cerebro y yo solo me senté a un lado a esperar a que volvieras a ser tú misma.

Incluso te reclamé cuando dejaste de desvivirte por mí.

Fui un amigo de mierda, no fui lo que necesitabas pese a que lo intenté.

—De igual forma, no tendrías por qué mortificarte. Fui yo quien rompió la amistad y te mandó a la mierda.

—Lo sé, lo siento por lo que pasó en ese entonces. Por lo que dije.

—Fui muy dura contigo. —Río, y el sabor dulce de mi boca se vuelve algo ácido—. Tú no sabías lo que ocasionaste, aunque fue desconsiderado de tu parte. Rompiste tu promesa.

—Tenías el derecho de mandarme a la mierda. De tirarme a mí incluido al basurero.

—Es posible, sí. —Esta vez me río de verdad—. Pero debí haber pensado en tu perspectiva, pensé todo lo que una chica de dieciocho dolida sin nadie a quien recurrir piensa: nada.

—Tenía la responsabilidad de ser un buen amigo. No la tomé. Estaba en deuda contigo. —Me mira a los ojos—. No debí haber aceptado tu no por respuesta, debí haber luchado por nuestra amistad.

—Intentaste hablar conmigo.

—No lo suficiente. Puede que si hubiera insistido más me hubieras contado, y yo te hubiera dicho que podías quedarte conmigo.

A mi madre le hubiera encantado. Todo sería diferente.

—Aprieta la mandíbula—. Tuve que haberme tragado mi orgullo, yo sabía que no estabas bien, un tonto collar y una tonta discusión no importan un carajo comparados con haber colaborado a matar tus sueños.

—Hablas como si tuvieras la culpa. No la tienes. No en eso.

—Tuve que haber luchado por nosotros, por ti. Por esto. Por el coraje que me enseñaste a tener para poder volar, me diste tanta de tu libertad que te quedaste sin ella.

—Malek, yo escogí estar con Terrence. Que fue como todo se pudrió, es mi culpa. Es mi responsabilidad y nunca te resentí por ello, fueron otras razones. Tú no tenías por qué cultivar mis talentos.

—Tú tampoco y lo hiciste conmigo.

—No lo hice por hacerte un favor. Lo hice porque era obvio, como quien mira al cielo y ve sol, dices “está soleado” y sigues con tu día. Eso fue lo que hice. Si no era yo, hubiera sido cualquier otra persona.

—Pero fuiste tú.

—El resto de cosas malas también fui yo. Si bien fuiste tú mi mejor amigo en ese momento, también fuiste tú ahora, dos cosas pueden ser ciertas. —Suspiro—. Una persona puede ser todo lo bueno y todo lo malo que has conocido. Hemos sido ambas en la vida del otro.

—Tú nunca has sido todo lo malo para mí.

—Era bastante mala cuando estaba con Terrence, diría que…

Diría que nunca me he recuperado de ello.

Fue mi decisión, ¿sabes? Desde un principio no tuve que hacer eso.

La realidad es que. —Bebo otro largo trago—.

Me siento fatal por lo que pasó, en todos los aspectos de mi vida.

Perdí amigos, peleé con mi familia, fui injusta con Luna, que siempre fue genial conmigo, hice todo mal e iba culpando a todo el mundo menos a mí. Es mi culpa, yo escogí todo eso.

—Sol.

—Me petrifica pensar cómo sería mi vida si no hubiera escogido irme con él esa noche, si no hubiera insistido en hablarle, si…

—Soledad —Malek me interrumpe, ahora se ve serio, posa su mano en mi hombro.

Eso me da un escalofrío—. ¿Qué estás diciendo?

Sabes que tú no podías decidir, ¿no? Él se aprovechó de las ventajas que tenía sobre ti, sobre conocerte, ser tan cercano, tener tanta…

Influencia en tu cabeza. Tú eras una adolescente y él era lo suficiente maduro para entender que estaban en distintas etapas en ese entonces.

—Sabía lo que estaba haciendo.

—Desde esos tiempos yo tenía la impresión de que no y es por ello que quería protegerte.

No haberlo logrado me mortifica, lo hice mal, lo lamento por eso.

Lamento que, a día de hoy, por alguna razón, creas que fue tu culpa.

Nada fue tu culpa, Sol. Solo fueron las circunstancias de que absolutamente todo el mundo te dejara su peso en los hombros.

De que nadie supiera cómo quitártelo a tiempo.

Abro la boca, el nudo en mi garganta es tan grande que casi me ahoga. Trato de fingir una sonrisa, pero no lo consigo y Malek está a menos de diez centímetros de mí, mirándome de forma triste.

Aparta la botella de entre nosotros y utiliza su suave tacto en mi hombro para guiarme a posar mi cabeza en el suyo, en el espacio entre este y su cuello. Me permito cerrar los ojos. Me siento muy frágil.

—No fue tu culpa —susurra—, desde un inicio, no fue tu culpa. Tú no podrías haber entendido la situación.

—Yo… —mi voz se quiebra al intentar contradecirlo, un par de lágrimas ruedan por mis mejillas—. Yo solo quería…

—Está bien. —Su mano soba mi espalda—. No tienes por qué contarme.

—Mamá dijo que Isaac hubiera odiado mi decisión. —Sollozo—. Y tenía razón. Pero era lo más cercano que tenía a él, o a alguien. Bajo la máscara de alegría, me sentía tan sola.

Siento el cuerpo de Malek tensarse, pero no dice nada. Continúa acariciando mi espalda, sosteniéndome contra él mientras mojo su ropa con mis lágrimas. Me aprieta el pecho.

—Si pudiera crear una máquina del tiempo y cambiar mi destino por el tuyo, lo haría.

—No tienes que hacer eso.

—Tú no tenías que sufrir tanto. Hasta ahora, no tenías que… Yo no tenía que hacerte sufrir tanto. Si pudiera cambiar lo que pasó contigo, con nosotros, conmigo. No me importaría perder todo con tal de que tú tuvieras lo que mereces.

—Odio que me tengas pena.

—Te admiro.

—Mientes.

—Muchas veces. Mas no con esto.

—Me da miedo confiar en ti.

—Lo entiendo.

—Pero lo hago, todavía ahora lo hago. Me hace sentir superestúpida porque me hace sentir vulnerable. La verdad es que me importa, todo me importa, siempre lo ha hecho.

—Yo también tengo fe en ti, nunca dejé de hacerlo. Incluso cuando decidiste que seríamos enemigos.

—No decidí nada, yo no… Yo no te deseché apropósito, estaba lastimada y estaba tratando de alejarte, no pensé lo que dije ni…

Ni siquiera tiré nuestro collar. Lo perdí en la casa de Terrence.

No lo tiré, yo no hubiera hecho eso. Y no tuve el valor de decírtelo, te he mentido sobre muchas de las cosas solo para hacerte sentir menos importante en mi vida.

Lo peor es que nunca funcionó para que yo me lo creyera.

Me aparto y Malek se pierde un instante en sus pensamientos, como si estuviera hilando cosas en su cabeza. Luego vuelve a tierra y su atención vuelve a mí, su pulgar limpia las lágrimas de mi rostro.

Se toma su tiempo para limpiar con cuidado el maquillaje de ojos corridos. Inclina su torso hacia mí, con su mano aún en mi rostro y besa con timidez mi frente. Con los labios aún allí, murmura:

—No voy a permitir que nada más lastime tu corazón. Voy a luchar por ti, esta es tu película. Y voy a… —Vuelve a besarme la frente—. Luchar por esto, incluso si no tenemos arreglo. Si estamos malditos, me importa un carajo.

Trago saliva, mi corazón late muy rápido y las emociones de recordar lo que pasó con Terrence siguen haciendo que mi cuerpo tiemble. Como si acabara de salir de un campo de batalla.

Malek se arrastra hacia mí y me abraza por un largo rato hasta que mi respiración se empieza a calmar.

—Voy a quedarme contigo. Así mi compañía no sea suficiente, voy a estar para ti. No te voy a dejar sola en este nido de serpientes y cineastas. Nadie podrá tocarte un pelo.

—Malek.

—No sé sobre ser buen acompañante. Soy una persona con un exilio autoimpuesto, solo sé estar solo.

Siempre me dijeron que moriría antes de encontrar a alguien como yo, pero, tú sigues siendo tú.

Es odiosamente obvio que sigues siendo tú.

Pese a que quieras convencerte de que parte de ti murió con los años, sigues ahí. Sigues siendo muy tú.

—¿Siendo qué?

—El arte en el mundo de la actuación, la compañía en el mundo de los ermitaños.

—Algo así como un sol apagado.

—Algo así como mi alma gemela.

—No voy a dejar de actuar, por cierto.

—Lo sé. —Me aprieta más en el abrazo, su pulgar acaricia con calma mi espalda sin mover su mano, siento los latidos de su corazón, es como si fuera a explotar—. No voy a dejarte hacerlo.