21. Escenografía #3
Ninguno de los dos está sonrojado al salir de la cama, puede que Jack sea un genio incomprendido con aquello del alcohol y de la actuación. Lo extraño en el set.
Estuvimos juntos al salir, cuando me trajo en su coche hasta el hotel, en la cena que se organizó, en la larga subida de escaleras porque el ascensor no funciona. Ni una palabra fue dicha entre ambos.
El silencio al entrar a la habitación es sepulcral, diría que ni siquiera lo he mirado. Esperaré a que entre a ducharse para ponerme cómoda, voy directo a los cajones de la cocina a buscar uno de los vinos de cortesía.
Lo descorcho, prestando atención a la falta de ruido alrededor. Ya debería haberse ido, no sé por qué sigue en la sala.
Me sirvo una gran copa de vino rojo.
—Tienes que dejar de tomar o vas a morir —advierte.
—Nadie fallece por tomar vino.
—Quizá eres la primera y no quiero que me acusen a mí porque habrá pruebas.
—Exagerado.
—Lo digo en serio.
—¿Y qué problema habría? —digo al girarme con la copa en los labios.
Malek ya está demasiado borracho como para formular una respuesta inteligente, se le ve en la mirada. Hay ciertas alturas donde solo le queda ser él mismo y no parece gustarle mucho.
—Que no quiero eso.
Se quita los zapatos y va a buscar su toalla, pienso que la conversación ha acabado. Aun así, pregunto bajito:
—¿La cárcel no suena atractiva?
Sus pisadas se acercan lo suficiente para que pueda oírlo, pero no verlo, está dando vueltas por el lugar.
—No.
—Quizá encuentran otra Alma y no te culpan y todo sale bien para siempre en tu carrera actoral, piensa positivo.
—No quiero hacer esto si no es contigo.
—¿La película?
—Actuar.
Dejo el líquido descender por mi garganta, me observo en el reflejo de la botella. No me he quitado el maquillaje ni el peinado del personaje, pero se nota que soy yo, no tengo el alma de Alma. No tengo su valentía ni soberbia, no tengo tanta vitalidad.
Arrastro mis pies hacia el cuarto esperando que él ya no esté allí, pero lo encuentro sentado en la cama, se ve un tanto perdido.
—¿Te queda algo de vino? —indaga.
—En la botella hay bastante, está bueno, te lo recomiendo… Pese a que probablemente no sea el vino de oro que sueles tomar.
—De hecho, lo es.
—¿Es tan lujoso el hotel?
—No. Ese lo compré yo —admite—. Así como todo lo que has estado tomando estos días.
—No voy a pagarte quinientos dólares una botella, te aviso.
—Puedes acabártelo, no pasa nada.
El mismo líquido que tenía tan buen sabor hace unos segundos, ahora es un tanto amargo en mi boca.
Se lleva las manos al rostro, frotándose las sienes. La tensión desagradable se siente incluso a cinco metros suyo. El aire está contaminado y odio que sea así.
Siendo sincera, por mucho que me esfuerce, parezco no poder ser libre de la maldición que tenemos encima.
No sé si pueda hacer como que nada pasó y no sé si él lo consiga tampoco.
Somos una mancha de vino en los sueños blancos del otro.
Somos tan iguales que a veces parece que no hay espacio para ambos en las habitaciones.
Ese resentimiento me consume, ni siquiera está enfocado en él sino en un pensamiento simple: Esto pudo haber sido de otra manera, esto pudo ser feliz. Pero fue al contrario, todo siempre salió de la peor manera que pudo ser. Y ahora Malek quiere pretender que está bien.
No está bien.
No estoy bien mientras finge que somos amigos, porque él es el mejor actor de nuestra generación y me aterra creerle un día de estos.
—Detesto que hagas esto, Malek —exploto—. Hace unas semanas me hubieras escupido si tocaba tus cosas y ahora puedes regalarme tu costosa colección de licor como si nada.
—No te hubiera escupido —balbucea aún con sus manos cubriéndolo.
—Tú sabes lo que dijiste cuando estábamos peleando, ¿lo recuerdas? ¿Es esto y todo lo que estás haciendo por mí solo para sentirte mejor contigo? Porque me asusta creer que en serio podría arreglarse algo entre nosotros y que no sea así.
Eleva la cabeza, cuando veo sus ojos, veo que hay un montón de emociones contenidas en ellos. Me eriza la piel.
—¿Crees que podrían arreglarse las cosas entre nosotros?
—No lo sé. Sin embargo, estás intentando meter en mi mente la posibilidad.
—Solo quiero no ser lo peor del mundo para ti, Sol. Y entiendo que te parezca basura, que no me creas nada, pero yo… Yo no soy el hijo de puta del inicio, lo cual es fácil de notar porque no sé mantener personajes por tanto tiempo.
—Olvidas que eres un gran actor, me convenciste de que eras tú. Ahora me cuesta verte de otra forma, ¿cómo sé que cada palabra que te diga no será usada en mi contra?
Malek suspira lento, se levanta de la cama y toma la copa vacía de mi mano.
—Entonces no digas una sola palabra, ¿quieres seguir bebiendo? La vista del balcón es buena y nunca he tenido tiempo de estar allí.
—Emborracharme contigo suena a bailar con el diablo.
—Sabes cómo soy cuando me emborracho, quizá puedas sacarme información y arruinarme la paz de nuevo.
«¿De nuevo?».
—Estaré afuera, por si quieres seguirme.
Malek toma tres botellas de vino, dos copas y desaparece en el pasillo que da hacia el balcón.