20. Director #4
—Pues eso, llevo demasiado tiempo guardándome ese pensamiento tóxico: Detestaba ver que tú tenías un brillo distinto al mío, es la realidad. Era muy insegura. Y tú estabas destinado a ser el mejor de todos los tiempos, o eso pensaba.
—Solo tú me veías así.
—¿Y?
—No. Nada.
Otra vez silencio. Joder, ¿este ascensor está descompuesto o qué?
Ambos tenemos las mejillas rosas, es horrible admitir que sientes envidia de alguien y a la vez es siniestramente tierno que pensáramos en momentos diferentes cosas similares del otro.
Hay un giro de 180 grados en Malek del inicio de la película al de después de discutir bajo la lluvia. Espero paciente a que regrese a la "normalidad", pero aquello no pasa y me está volviendo loca. Absurdamente loca.
Es posible que por eso le hubiera pedido que se aleje un poco de mí.
Porque mientras está cerca, con cada minuto que pasa, deja de oírse como Malek. Deja de verse como Malek.
—Yo siempre he tenido fe en ti —suelta de la nada—. La verdad es que esperaba que... Llegarás a las grandes pantallas más rápido. En algún punto pensé que simplemente dejaste de desear ser actriz.
—Eso dices ahora.
—Lo pensé todo el tiempo. Estaba intentando hacerte creer lo contrario o, tal vez, hacerme creer lo contrario para que me saliera mejor el papel de villano. Resulta que no soy el mejor actor de todos los tiempos. Soy un farsante.
—¿Tu plan era solo torturarme toda la grabación y ya?
—Literalmente me dijiste que no había nada que pudiera decir para herirte y que no te importaba yo o mi opinión, me lo repetiste. —Frunce las cejas—. De hecho, lo sigo pensando, ¿No es así?
—Te he mentido un par de veces.
En todas, si soy totalmente honesta, pero nunca lo he sido hasta ahora.
Su rostro se tensa ligeramente al darse cuenta, sus ojos se entristecen.
—¿Por qué has fingido ser tan fría y desconectada todo este tiempo? Hubiera dejado de lado mis ridículas ideas más rápido si tan solo una vez me hubieras demostrado que no era solo una voz muda para ti.
—La misma razón por la que tú has fingido odiarme todo este tiempo y ser un monstruo cruel. Vale, eso no sé si lo has fingido, pero se entiende.
La realidad es que parte de mí sospechaba que, si me demostraba débil, él hubiera tenido un punto de quiebre. Y parte de él sabe que nunca me ha odiado como yo sí a él. Él solo quería una estúpida venganza, pero tú no le das una caja de postres a alguien que odias y lo haces parecer casual.
«Cooper, ¿Por qué se te da tan bien actuar? A veces no sé cuál es el verdadero tú».
«¿Y por qué sigues negando que no eres el mejor entre todas estas estrellas artificiales?».
—No tengo clara la razón.
—Si no te das cuenta de que estás huyendo de mí, es que de verdad necesitas ayuda —me burlo—. Está bien porque yo también estoy huyendo de ti.
—No me conozco tan bien a mí mismo como para saber qué es lo que me da tanto miedo encontrar en ti. Quizá es un espejo.
—Puede que no quieras volver a ser tu yo adolescente. Veo cómo actúas aquí alrededor, eso no es un humano, es una estrella hecha a medida para ellos, lo era hasta que jodiste tu reputación.
—Puede que lo que me de miedo seas tú y ya, eres como, mitad bruja.
—¿Mitad?
Eso lo hace carcajearse.
—Confiésalo, por favor, mejoraría mi salud mental. Tengo... Tengo anotada cada predicción que hiciste antes de separarnos.
Eso lo dice tan casual, tan normal, tan rápido, que no termina de procesarlo y luego es muy tarde para mandarse a callar.
En lugar de echarle eso en cara, respondo rápido:
—Sí, lo soy. La próxima es que te mueres.
—Todos lo haremos algún día.
—Sí, pero a ti te mata una gallina.
—En serio, ¿cuál es el problema con este elevador? Seguimos atascados en el mismo sitio, no nos movemos ni cambiamos de piso.
—No se va a arreglar solo. —Presiono el botón de abrir puertas—. Vamos por las escaleras.
Las puertas no se abren.
—Dios, ¿qué hare...? —antes de que termine mi pregunta, Malek patea en medio y las abre.
Utilizamos las escaleras, pero estamos a diez pisos de distancia y el silencio es insoportable, me deja a solas con mis pensamientos.
—No sabías que estabas pensando en mí.
—Siempre encuentras una manera de colarte —contesta.
—La lista —aclaro—, ¿por qué tienes eso?
—Solo lo tengo.
—Eres raro.
—Y tú das miedo.
—Deberías temerme.
Faltan dos pisos, lo veo subir aún en su traje de Malcon. No sé cómo sea su contrato, pero él puede conservar sus atuendos. Observo su cabello largo, sus pasos firmes, su intento de no hacer perceptible que está molido de cansancio.
Tenemos eso en común. Tenemos muchas cosas en común. Siempre. Para bien o para mal.
—¿No te parece gracioso que... Si fueran otras circunstancias, ¿nosotros seríamos literalmente geniales juntos? Lo pensé cuando nos conocimos —admito—. Dos inadaptados sociales apasionados por el teatro y la actuación que no son buenos con casi nada más. —Río—. ¿No es gracioso que...?
Estamos por llegar al final, se detiene en su puerta y marca el código.
—No. La verdad es que no me hace gracia.
—Eres un aburrido.
—Nunca lo he negado.
—Por cierto, si quieres, puedes traer a tus polvos de una noche, me he comprado audífonos con cancelación de ruido con lo que me pagaron.
Abre la puerta, me ofende que no me haya respondido. Adentro, todo está ordenado y limpio, excepto el basurero lleno de latas.
—Esto es lo más que hemos hablado sin querer matarnos y soy solo yo insultándote —resalto—, puedes contraatacar, ¿recuerdas?
—No tengo nada que decir. Últimamente eres un dragón bastante decente.
—En otro universo lo soy. Y te quemo cada vez que abro la boca.
—Creo que en otros universos, somos la misma persona escrita con diferente fuente.
—Yo con el traje de Loki me vería excelente.
—Claro. —Suspira—. Gracias por venir a mí, por cierto. A pedir el cuarto.
—No sabía a dónde ir. No conozco a nadie más que tú en esta película.
—Igual. Gracias. Esto va a sonar falso, estúpido y tonto, pero... Si en su momento me hubieras dicho qué había pasado, mamá y yo te hubiéramos recibido.
Se me revuelve el estómago. Esa posibilidad me golpea un poco más fuerte que el resto. El mundo sería distinto.
Sol del pasado tenía demasiado miedo y estaba demasiado enfadada como para siquiera considerarlo.
—Tu mamá es un ángel.
—Si me hubieses pedido ayuda, yo te hubiera abierto las puertas. Hubiera dejado mi orgullo de lado. Yo no sabía todo lo que te ocurrió.
—Comprendo y tú comprendes por qué no lo hice, ¿qué tal si hacemos algo bien y dejamos descansar en paz este tema hasta que dejemos de grabar?
Dejo mi mochila en el piso, lo oigo abrir una botella.
—Entendido.