20. Director #3
No he compartido vasos con nadie; sin embargo... Me he besado con Malek.
—Mira, Jack, tranquilo. No pasará nada y ya pronto volveremos a grabar, hagamos esto, ¿vale? El código de mi habitación es 918, quédate allí hasta que te digan. Es espacioso y tengo té en los cajones que podría tranquilizarte.
—¿Y tú dónde vas a quedarte?
—Yo... —Miro alrededor, Malek está por entrar a su auto—. Yo sé qué hacer. Anota el código 918, ve.
—¿Y no vas a quitar tus cosas?
—Mándame un par de ropas por lavandería y me las traerán limpias, no necesito nada más. En serio, ve a descansar, te escuchas como si te fuera a dar algo.
—Es que detestaría molestarlos a ustedes en su película.
—Es solo un virus, Jack, ¿qué es lo peor que puede pasar? ¿Una pandemia? —bromeo.
—Vale. Lo haré. Gracias, Soledad, avísame cuando estés en donde te quedarás.
—Lo haré —corto.
—¿Te puedo encargar mi mascota también? Te envío la foto, es pequeña. Solo dos días, lo prometo.
—Para eso están los amigos, ¡adiós!
Malek abre la puerta del piloto; yo me maldigo a mí misma por ser tan buena con los demás y me repito que tiene sentido porque, si nos lo mudó, ya lo ha hecho con la escena de hoy donde pasamos minutos besándonos. Grito su nombre y corro hacia él.
Golpeo la ventana del asiento del copiloto, la cual baja lento. Se ve extrañado de que esté allí.
—¿Te dejó el bus? Vi que seguía estacionado en la otra calle.
—¿Puedes llevarme tú?
Quita el seguro automático de la puerta, yo me acomodo y pongo el cinturón de seguridad. Malek no entiende muy bien qué ocurre, pero no me cuestiona.
—¿Te sientes bien? No me malinterpretes, solo que pensé que no querías hablar conmigo o ver...
—Quiero dormir contigo —lo interrumpo—. ¡No! No, o sea, no en ese sentido, lo que pasa es que el compañero de Jack pilló un virus, y pues hoy Jack y yo compartimos la Coca zero y nosotros... Ya sabes.
Los colores se le van del rostro, se lleva una mano a la frente.
—Mierda —gruñe—. Si se contagia tendremos que parar la grabación.
—Shhs, no manifiestes estas cosas.
—Esto es malo.
—Lo sé.
—¿Cuándo le dan los resultados?
—Uno a dos días.
—¿Y qué hacemos mientras?
—No es tan grave, es más por saliva y nosotros podemos ser más cuidadosos y ya. Solo que...
—¿Qué?
—Que lo oí estresado, así que le cedí mi habitación para que estuviera alejado de su compañero y, bueno, pensé que como de todos modos si yo caigo, tú también, podríamos compartir tu cuarto. —Le hago ojitos—. ¿Unos días? ¿Sí? ¿No? ¿Vas a echarme de tu auto?
—Se nota que quieres mucho a Jack si estás dispuesta a esto solo para ayudarle en su recuperación.
—Quiero lo mejor para Jack, para la película, para nosotros —establezco—. No tengo toda la noche, Cooper, sí o no.
Sé lo que hago cuando lo llamo así, pero realmente quiero hacer esto, un poquito de manipulación puede ser aceptada por una buena causa.
—Puedo dormir en el sofá —agrego—, no notarás que estoy allí, lo prometo.
Su mirada se enternece y sus labios se curvan hacia abajo, exhala lento y enciende el motor el auto.
—Lamento cómo me comporté contigo la última vez que compartimos cuarto, será mejor ahora, lo pro... —se detiene—. Te lo demostraré.
Voy a intentar dar un pequeño paso en llevarme mejor con él, solo porque aceptó. Ya sea por Jack o por mí.
Necesito ceder por bien del proyecto y de mi nuevo amigo. No tenemos por qué reconciliarnos, pero creo que nuestro pasado nos está afectando demasiado y no puedo permitirme aquello en esta oportunidad.
La verdad es que aún tengo el cerebro desconfigurado, parte de mi cuerpo no puede evitar pensar en la escena de hoy y maldigo con cada centímetro de mi piel que haya crecido para volverse este idiota atractivo. Es injusto que pueda tener la pubertad dos veces.
El elevador se cierra, Malek marca el piso donde está su habitación, el último. Estoy esperando que se queje, y si no se queja solo porque se siente en deuda, entonces estoy enfadada por ello. Estoy esperando el contra de la situación, pese a que él simplemente haya cedido sin pensarlo.
—Gracias por aceptar —murmuro.
—No hay de qué.
—No tienes que pretender que no te molesta tener que compartir cuarto.
—No me molesta. —Me desvía la mirada—. No me molestaba antes.
—Literalmente me hiciste dormir en el piso.
—No me... Prefiero la idea de no compartir cama contigo. Pero, no, no me molestaba que estuviéramos juntos. Pese a que fuera, bueno, una piedra en el zapato para ti.
Aprovecho que estamos a solas y suena relajado para preguntar algo que he sobrepensando por semanas.
—Tengo una duda, cuando... — esto sonará patético —. Cuando dejaste "las sobras" de los alfajores de maicena, ¿seguías recordando que eran mis favoritos o solo fue el universo riéndose de ti?
—Tú me los pediste.
—Ejem, no. Lo recordaría; además, no te hubiera pedido algo tuyo con cómo estabas esos días.
—No ahora. Antes, en el... —Finge estar interesado en los botones del ascensor—. Día en que nos conocimos —dice entre dientes.
—¿Qué?
Lo he oído perfectamente.
—El día que nos conocimos dijiste que cuando me hiciera una estrella te regalara tres alfajores de Maicena.
—Oh. —Por un momento, el peso de que lo recordara cae en mis hombros y me preocupa qué más pudiera tener en mente—. Lo había olvidado.
—Yo no.
—No tenías por qué hacerlo, era una tontería que dije al azar.
—Pero me lo pediste. Y se me dio la oportunidad de dártelos, no... no pensemos mucho sobre ello.
—Ya, pero es una tontería, eran nuestros chistes internos. —Río, incómoda con decir en voz alta la verdad de que sí teníamos chistes internos porque sí éramos amigos—. Vamos, que también te pedí un departamento en New York, estaba bromeando.
Malek no me mira y no me responde.
—Sabes que estaba bromeando, ¿cierto? No tienes un departamento en New York... ¿Cierto?
—Ja, ja, no...
—Ya. Porque eso sería raro.
—Sí, totalmente.
—En fin, al punto. No te preocupes, que probablemente dure unos tres días máximo lo de Jack y, si no, pues buscaré dónde quedarme.
—En realidad no me molesta que compartamos el cuarto, de hecho, diría que prefiero tener compañía.
—Eres tan hipócrita, Cooper. Te lo digo en serio. Y ya ni lo digo como algo malo, sino como parte de tu personalidad, lo eras cuando nos conocimos.
Le cuesta un poco encapsular la sorpresa en sus ojos, pero disimula bien. La verdad es que lo he llamado así a propósito; me gusta este pequeño juego donde solo yo estoy jugando.
—¿Tú crees que yo no sé que mis acciones y mis palabras no concuerdan? No soy un idiota tan idiota, sé que lo hago.
—¿Entonces por qué lo haces?
—Es... Más fácil. Es más fácil que simplemente demostrar quién soy o qué pienso. Dudo que haya muchos momentos de mi vida donde en verdad fuera real.
«¿Lo fuiste conmigo?».
—¿Quieres saber algo patético de mí, Malek?
Clava sus ojos en los míos. Su respiración se detiene.
«Quiero creer que lo fuiste conmigo».
—Todavía tengo fe en ti —decirlo me da risa—. Todavía creo que puedes ser un buen chico.
«Me atrevería a decir que al menos un día sí».
—¿Qué?
—A ver, teniendo en cuenta los hombres de mi vida... No estás ni en el top cinco de los peores. —Eso me hace carcajearme—. Pero top seis puede ser, eh. Así que no te emociones.
—No tienes que reírte de tus desgracias para hacerlas sonar menos trágicas. Y no tienes que intentar alivianar la tensión entre nosotros, lo asumo.
—No me vas a decir qué hacer, ¿quién eres? ¿Robina?
—Oh, esa maldita.
—¡Verdad!
—Audicionó para Alma y la rechazaron, debe ser eso.
—No entiendo por qué me escogieron a mí entre tantas buenas opciones. Literalmente, superestrellas, me pregunto qué influyó.
—Eras probablemente la mejor actuación y fue tan arrasador que no tuvieron otra opción más que escogerte. Además, encajas en el perfil.
—¿Y tú lo crees o solo lo dices para caerme mejor?
—Yo lo sé. Y bueno, por eso te detestan aquí.
—O tú les caes mal. O yo. O ambos.
—Supongo que aquí no caes bien porque eres una amenaza, eres demasiado para nosotros y...
es de las razones por las cuales no he sido muy justo también.
Me incluyo. Ciegas a quienes te rodean con tu brillo.
Eres tan talentosa que haces ver al resto de actores profesionales y renombrados como tontos.
—Lo entiendo. —Frunzo los labios—. Parte de lo que dije cuando, bueno, pasó todo lo de la universidad, es porque sabía que eventualmente te iría increíble, conmigo o sin mí y estaba celosa de eso.
De que fueras tan... Imparable, en cierta manera.
Eras una amenaza para mi conformismo momentáneo.
Entonces puedo entender a las chicas ahora.
No creo que dejen verme como alguien inalcanzable.
Arquea una ceja.
—¿Inalcanzable?
—Normalmente cuando desprecias a alguien al punto de querer hundirlo, es porque crees que no lo podrás alcanzar.
Al menos es lo que yo pensé en su momento en la universidad y...
no recuerdo si alguna vez me he disculpado por todas las cosas que te dije, hice, insinué, en su momento.
—Me cruzo de brazos—. Te odiaba y, tuviera o no una justificación, es algo que no hacen los amigos.
—Sabes que no tienes que disculparte.
—No, sí lo tengo. Te mandé a la mierda y luego me reí de tus guiones, de tus ideas y de tus sueños.
—Me aclaro la garganta—. Los cuales me confiaste, y la única persona en la que confiaste te dijo que no eras suficiente, eso...
Eso debe ser duro teniendo dieciocho, y ya suficientes problemas personales.
Era bastante duro vivir en el hospital, y luego empeoré la universidad, que era tu único escape, y el club de teatro, que era tu forma de conectar con lo que amabas.
—¿Por qué me estás diciendo esto?
—No quiero que tengas a alguien que odias en tu cuarto solo porque te sientes en deuda. Podemos ser compañeros de grabación, lo creo. O espero.
—Soledad, no tienes que disculparte conmigo, el club, la amistad, el espacio seguro, en parte solo te llevaste todo lo que me diste en primera instancia. Pero me mostraste que era posible entonces, agradezco eso ahora. Cosa que, claro, no veía con dieciocho años.