20. Director #2
Cuarto intento, no se sabe quitar la camisa y lo intentó hacer bastante antes de lo que debería.
Quinto intento, se le cayó el anillo intentando romper el vestido.
Sexto intento, se olvidó de sus diálogos.
Séptimo...
Volvemos a salir, todos afuera nos están observando, juzgándonos con la mirada. Solo tenemos un descanso porque es lo estipulado, pero nadie está muy contento con nuestro desempeño, en especial del actor estrella.
Abro el refrigerador, solo queda una lata de refresco y tanto él como yo intentamos tomarla al mismo tiempo. Él se detiene antes de agarrarla. Yo la atrapo entre mis garras.
—Estoy cansada —murmuro.
—Yo también.
—¿Estás...? —esto va a sonar estúpido—. ¿Estás nervioso? ¿Te pasa algo hoy?
—Soy humano, me equivoco.
El lado bueno es que lo ha hecho tan mal que no hemos tenido que llegar a la parte donde nos besamos. Allí surgirá otro problema, asumo.
La gente que nos contrató se arrepiente, pero ya es muy tarde.
—¿Siete veces?
—No dormí bien ayer y bueno, no había hecho un papel así, es que simplemente no logro conseguir ser el Malcon que quieren. Lo estoy intentando.
—Inténtalo con más ganas —advierto.
—Pudimos haber continuado el segundo intento.
—Es que sonó muy chistoso cuando te golpeaste.
Ambos sonreímos, no demasiado, solo lo suficiente para que se note que es gracioso y que mucho no nos permitimos volver a revivir nuestra chispa cuando estamos juntos. Jack deja de hablar con las de marketing para venir a vernos.
—Oigan, llevo todo el día esperando que acaben sus escenitas para ser malvado y aparecer en mi camioneta de hombre malvado a espiarlos y nada que acaban.
—Día complicado. —Río.
—¿El nuevo director es más exigente?
—No, no, es que al parecer yo no sé bailar. —Me encojo de hombros.
—Y yo no sé follar en un auto —me imita Malek, tono incluido.
—Han puesto una profesora profesional y le han pagado la estadía para que los acompañe en grabaciones.
—Aun así.
—Tú llevas semanas tomando clases de danza —me señala Jack—. Y tú, una vez vi... —señala a Malek.
—Tú no has visto nada —lo interrumpe él.
Jack se ve extremadamente confundido, por ambos, y solo acierta a reírse para tapar la tensión del ambiente.
—Lo peor es que se han acabado los refrescos por estar grabando más horas de las que pensábamos y me muero de sed —se queja—. Y no quiero ir a comprar o hacerle perder el tiempo a alguien.
—Aún tengo un poco. —Me aparto la lata de los labios—. ¿Quieres?
Jack me observa, controla a Malek por el rabillo del ojo y luego siente. Le ofrezco la lata, pero él captura mi muñeca en su mano y la alza para que se lo de en la boca, estirando mi brazo.
Mis dedos rozan su barbilla, un par de gotas de refresco se escapan y ruedan en mi mano, dejándola algo pegajosa. Una vez le da un largo trago, aún sin soltarme, devuelve el gesto hacia mí, haciéndome beber. Sostiene mi muñeca con una mano y posa su otra mano en mi cuello.
Es un gesto rápido y juguetón, no pienso mucho sobre ello más allá de que su perfume huele estupendo.
Cuando me separo, con una sonrisa en el rostro, trato de buscar a Malek para ver su reacción, pero él ya no está. Está a varios metros hablando con las coordinadoras, calculo que es hora de volver a grabar, así que le dejo la bebida a Jack y corro hacia ellos.
—Soledad, ¿estás lista? —pregunta una de ellas—. Recuerda que puedes decírmelo todo; si en algún momento algo no te hace sentir cómodo o no quieres, lo podemos cambiar —ablanda su tono—. Te queremos y queremos que tengas una buena experiencia.
—Estoy bastante bien, no te preocupes.
—Entonces continuamos —va a informar a las cámaras y al director.
Intento... ¿Ocho? ¿O nueve? Perdí la cuenta.
Respiro hondo, cierro los ojos. Una vez más, si sale mal, extenderemos esto para mañana.
Se oye "Acción" a lo lejos, Malek toma mi mano y corremos hacia el auto que ya tiene la puerta abierta. A mitad de camino él rodea mi cintura y me carga en sus brazos, yo me río inocentemente.
Me posa con cuidado en el asiento del piloto reclinado, desde ese momento puedo sentir que «algo» ha cambiado en la actuación de Malek.
Su contacto visual es mucho más intenso, sus movimientos más libres.
Arranca la tira de mi vestido con una mano, sin problemas, rápido, de una forma casi desesperada, cierra la puerta con seguro con la otra.
Sigo el curso de sus manos en mis muslos, en algún momento dejo de respirar.
Él aparta mis piernas, tiene poco espacio, así que se sale del guion, toma mis caderas, me empuja más para atrás y continúa la coreografía.
Contengo un chillido cuando esto ocurre, no esperaba que pudiera levantarme tan fácil.
Sus dedos se hunden en la piel de mis muslos, levantando mi vestido, baja por completo su cuerpo en el espacio frente al asiento. Este movimiento remarca sus brazos debajo de la camisa. Cierro los ojos, mi respiración se agita y eso no estaba escrito.
Su cabeza está entre mis piernas, paso mis dedos por su cabello. Siento su impulso para volver a subir, pues presiona mis muslos desnudos contra el asiento, arqueo mi espalda antes de recostarme, sube en línea recta, pasando sus labios por mi abdomen, el medio de mi pecho, mis clavículas.
Trago grueso cuando deposita un beso en mi cuello. Pero no me salgo del personaje, "finjo" que me encanta.
Lo oigo quitarse la camisa, algo se rompe, pero no puedo arriesgar estropear este intento antes de tiempo, así que solo abro los ojos cuando su mano deslizándose a un lado de mis caderas me indica que es momento.
Lo miro a los ojos; está a menos de un centímetro.
Mi respiración está hecha un desastre y su aliento roza sus labios con un calor infernal.
¿Cómo describir de forma educada lo que estamos haciendo...? Ah, sí, en teoría me está dedeando.
Mi mano viaja a su espalda, mis uñas lo rasguñan y hay un pequeño espacio de tiempo, más largo del que debería, donde solo se mantiene encima de mí, sin camisa, escuchando mis gemidos falsos. Nuestras pieles se tocan, el sudor hace que sea resbaloso. Sus ojos...
Tiene lindos ojos —pienso justo antes de que los cierre y yo haga lo mismo, sus labios se estampan contra los míos, su agarre en mi cuello me eleva un poco, ayudándome a hundirme en su boca.
El beso es silencioso, estudiado. Pese a que haya decenas de personas alrededor, la oscuridad de este auto crea cierta intimidad y no puedo verle ni puede verme. Pero siento cada pequeño centímetro donde su cuerpo toca el mío y siento que el calor de la noche ha empeorado.
Su pulgar acaricia mi piel, provocándome cosquillas en el beso, succiona mi labio inferior. Yo me aparto un centímetro solo para volver a tener el control y mordisquear el suyo, ladea la cabeza, me besa con... Más intensidad.
«¿No deberían haber cortado la escena ya?».
Una sensación nueva en mi pecho me espanta, cierto pánico, cierto pensamiento que grita que me agrada esta sensación; me gusta esta secuencia, mis caderas se mueven contra su mano imaginaria.
Este beso es un buen beso, pero no creo que Malcon bese así... Este... Este no es...
Me aparto al utilizar mi agarre en su hombro para alejarlo, todo lo que se oye son mis jadeos por aire y su respiración agitada. El contacto visual sigue, sus pupilas están dilatadas. Bajo la mirada, sus labios están rosas, húmedos.
—¡Corte! —grita finalmente el director—. ¡Finalmente chicos, finalmente! —Se gira hacia el resto de personas—. Lo tenemos, nos retiramos por hoy. Tengan un merecido descanso.
No hay un "lo hicieron bien" o un cumplido, ni siquiera hay una despedida hacia nosotros, pero no tengo tiempo de pensar en ello. Cuando regreso mi atención a Malek, él sigue escudriñándome y eso me hace sentir desnuda pese a que tenga tantos parches encima para evitarlo.
—¿Qué dijo? —murmura.
—¿No lo oíste?
—Estaba en otro sitio mental.
—Dijo que somos aceptables y que nos podemos ir. —Echo la cabeza para atrás, se me escapa un suspiro—. Al fin, joder, estoy agotada.
Espero que me diga algo, pero él se mantiene callado. Carraspeo para llenar el espacio del silencio.
—Oye, Malek, no puedo salir si tú no lo haces.
—Oh, cierto, perdón. —Sale del auto—. ¿Vuelves en el bus con el resto?
Asiento.
—Hasta mañana entonces. —Se reacomoda su ropa—. Descansa.
Me cambio el vestuario a la ropa con la que llegué, estoy por ir al bus cuando el nombre de Jack aparece en la pantalla. Me extraña que me llame, debería andar por aquí. Deslizo el botón verde.
—Hola, Soledad, disculpa que te moleste, es que, ¿recuerdas que mi compañero de habitación estaba resfriado?
Bueno, pues hoy le han diagnosticado y todo los que estuvimos en contacto directo necesitamos aislarlo.
Te lo comento porque, bueno, con la lata de hoy, si es que tengo algo, podría haberte contagiado el virus.
Empiezo a caminar al estacionamiento mientras lo oigo, pero paro en seco a la mitad de su vómito de información.
—Disculpa, ¿qué?
—Sí, es una mierda, lo sé, me fui del set apenas me enteré.
A ver, no es en extremo contagioso, solo pues saliva y tal, tengo una mascarilla ahora...
No iré al set mañana o pasado, hasta tener el resultado de mis exámenes; en dependencia de eso, pues, te diría a ti.
Pero para avisarte que tomes vitamina C y tal.
—Ah, claro.
—En realidad, como él está muy mal le he dejado nuestro cuarto, ahora estoy buscando un sitio cercano donde quedarme.
—Puedes quedarte conmigo.
—No, podría ser riesgoso para ti.
—Entiendo. —Mi cabeza va a mil por hora, Jack es uno de los pocos amigos que he hecho y no poder ayudarle me estresa—.
¿Y si te quedas tú solo en mi cuarto? Estuvimos comiendo el pastel, de todos modos ya podría ser riesgoso para mí volver.
Espero que no sea nada, de verdad, porque en ese caso podríamos retrasar la grabación.
—Sí, yo igual —se oye frustrado—. Lo siento, no tenía idea y yo me siento bien, pero no estoy seguro y quería avisarte, ¿has compartido bebidas o comida con alguien más hoy? —está tan preocupado que se me achica el corazón.