Arte para no artesanos 20. Director
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20. Director

DIRECTOR

El que mucho abarca, algo aprieta.

Malek está de forma extraña, paulatina y consistente... ¿Haciendo lo que dijo que haría?

No se ha acercado a mí entre descansos, no me ha dicho nada personal, no hemos compartido muchas palabras además de hablar de cómo conseguir nuestro refresco favorito ahora que nos lo quitaron. Es decir, podríamos exigirlo, pero ninguno quiere seguir molestando al staff .

Aprecio eso. Aprecio que se quede, presente y trabaje todos los días, pese a que sea más que obvio que ya absolutamente nadie lo soporta aquí, pues lo ven como un engreído que juega con sus proyectos. Él no les responde, solo escucha y continúa con el papel.

Estamos grabando por locaciones, así que las secuencias no están del todo en orden.

Llevamos toda la semana en completar la trama del secuestro de la protagonista y su rescate.

Eso ha acabado. Ahora nos dirigimos al centro de la ciudad para recrear una "aventura" que tienen antes de que todos se vuelvan malos o demasiado cegados por su propio mundo como para entenderse.

Pese a que no tenga a mi "mayor enemigo" ya presente, sino una distante estrella del cine, el ambiente no es color de rosas.

El director la última vez ni siquiera me dijo a mí qué hacer y desde ayer no aparece, sino que lo reemplaza otro.

Me pregunto si es temporal o lo han despedido.

Si es así, me intriga saber qué hizo o quién lo hizo.

Los productores y partners monetarios son un montón de señores millonarios que de seguro ni saben mi nombre.

El actual es más amable conmigo; aprecio eso.

Jack es agradable conmigo; aprecio eso.

Malek dijo que odiaba los alfajores de Maicena, así que el equipo empezó a traer en grandes cantidades; aprecio eso.

Intento practicar la gratitud.

—Tú puedes hacer esto, Soledad —me anima nuestra profesora de danza—. Malek sabe la coreografía, tú la sabes, no tienen que pensar en el público o cámaras en este caso. Este estilo es para bailarlo con soltura.

—Pfff, gracias a Dios yo solo soy el villano —bromea Jack detrás de mí.

—¿Te duelen mucho los pies de bailar en tus citas y ya no querías más presión? —respondo.

—Sí, los pies. —Asiente.

Me río de la forma en la que lo dice, sonrío ante la profesora. Manteniendo mi sonrisa, ladeo la cabeza hacia la izquierda, donde Malek está, al otro lado de la calle cerrada, checando su teléfono.

—Empezamos en cinco minutos —anuncia el nuevo hombre a cargo.

Los dejo hablando entre ellos, me detengo un segundo en medio de la carretera vacía, podría esperar a que lo apresuren. Estamos mejor con cierta distancia, pero la verdad es que encuentro raro que sea un fantasma.

—Vamos, tenemos que estar listos en cinco.

—Estoy listo —dice, empezando a caminar hacia el otro lado—. ¿Tú lo estás?

—Lo intento. No nací para el baile, pero este nuevo director...

—¿Te ha dicho algo? ¿Te ha tratado mal? Te dije que debías dejarme hablar sobre...

—No, no —lo interrumpo—. Este es mucho mejor que el anterior, finalmente me siento vista y escuchada. Espero que se quede.

Malek se inclina ligeramente hacia mí, me susurra al oído:

—Escuché que al otro lo echaron porque lo pillaron acostándose con la esposa de uno de los inversores.

—¡¿Qué?!

—¡Shhhs!

—Perdón. —Carraspeo, incómoda al notar que llamé la atención del resto del elenco, retrocedo para susurrarle al oído—. ¿Cómo te enteraste de eso?

—Hay ciertos grupos en la industria donde todos saben todo de todos porque todos conocen a todos.

Aprieto los dientes. Me pregunto si está jugando conmigo y esto es solo una estrategia para hablar porque sabe que quisiera saber o si me estoy volviendo locamente paranoica.

—¿Cómo te sentirías si tu esposa te es infiel y media industria del cine se entera?

—Me tiro de un puente.

—¡Joder! —Lo empujo justo cuando el nuevo director se acerca para comenzar.

Apenada, actúo como si me hubiera tropezado. Violeta carraspea y nos señala con el pie dónde debe estar cada uno. Claramente, no tenemos la música de fondo en la primera toma sino su voz gritando y guiando por tiempos los pasos, la melodía la editarán.

Malek había señalado que, si bien es más fácil de esa forma, le quita un poco de dinamismo que no tengamos ni un solo diálogo. Y empiezo a creer que tiene razón.

Su mano está en la mía, mis dedos en sus hombros.

Doy vueltas en tacones, lo que más me cuesta es lo que más parece estar marcado en aquellos que practican la danza "mantén una sonrisa siempre".

No puedo sonreír mientras salto en el asfalto, me estoy congelando con este minivestido y me estoy partiendo los pies.

Y el de Malek, lo acabo de pisar.

Una vez, luego otra, otra más hasta que la profesora interfiere para ayudarnos. En mi defensa, no habíamos practicado con la escenografía, no sé por qué quieren hacer tomas tan pretenciosas y complicadas en medio de la calle, los autos y cosas tiradas en el suelo.

A mi compañero se le da bien, a mí nunca se me ha dado el baile. Estoy pasando vergüenza. Yo soy actriz, no bailarina.

—¿Crees que si fingimos que te lastimaste nos dejen pasar a la verdadera actuación? —susurro entre descansos, con la lata cerca de mi boca para que no me lean los labios.

—Todavía tengo fe en que lo puedes hacer.

—Te convendría ser ateo.

Se queda mirándome raro cuando digo eso. No tengo claro por qué.

En cierto momento, Robina, una de las actrices consagradas, se acerca a nosotros y murmura algo sobre mi falta de profesionalismo. No me lo dice a la cara, lo murmura con otra del elenco, lo suficiente cerca para que la oiga. Todos la oímos.

Eso me hace sentir mal. En especial que lo diga alguien tan importante como ella.

—No les hagas caso —dice Jack.

—No entiendo por qué se meten, además, ya tienen cincuenta años. No están para pelear con alguien en sus veintes —refunfuña Malek.

—Está celosa de que Soledad vaya a bailar contigo y no ella —lo molesta Jack.

Malek finge una arcada.

—Lo dudo, aquí ya nadie me soporta —se jacta.

—Yo incluido —agrega Jack.

Volvemos a intentarlo, la temperatura ha subido y el equipo de vestuario tiene que quitarme el vestido, secarme el sudor y volver a acomodarlo cada vez que lo intentamos. Me han retocado el rubor ya unas siete vez.

Cuando logramos conseguir la toma de baile correcta, bajo la estresada mirada de nuestra profesora, automáticamente pasamos a lo que sigue en el guion.

Nos están presionando. Ya no sé si ha combinado el cambio de tiempos, la presión social, el que por alguna razón caigamos mal o el que les estemos haciendo perder tiempo y dinero con cada error.

Mi excusa es que este es mi primer rol serio. ¿Cuál es la excusa de Malek?

Después de la escena de baile, los personajes van directo hasta el auto y luego en el auto... Bueno, Malcon y Alma...

—Tienes que sostenerla por la cintura, luego dejarla en el asiento —explica una de las coordinadoras—. Obviamente todas las partes del cuerpo de Sol están protegidas bajo la ropa, y los ángulos de la cámara están pensados para taparlos a ambos. ¿Podríamos intentar practicar la entrada y seguir?

—Espera —interrumpe la otra coordinadora—.

Tengan cuidado de no lastimarse en los primeros segundos, ya que entre arrojar a Alma dentro del auto y arrancar la tira del vestido, si bien queremos tener cierta energía, no podemos arriesgarnos a que algo salga mal.

La de la izquierda es la que tiene el velcro, tienes que agarrarlo de aquí con tus dedos.

—Le señala una tira a Malek, quien está callado hace quince minutos escuchando—.

Está en el punto exacto porque más arriba puede forzarse y no querer ceder.

—Antes de besarse —intercede la tercera coordinadora—, entras entre sus piernas —le habla directamente a Malek—, las abres, bajas. Y vuelves a subir.

—Allí utilizamos el asiento ya reclinado para que descanses por completo tu espalda.

—La primera coordinadora me mira directamente a los ojos—.

Echas la cabeza hacia atrás y estiras el cuello para que él tenga espacio.

Una vez esté encima de ti y se haya quitado la camisa, dejará su mano a un lado, eso estará fuera de cámara, claramente, así que allí solo tienes que moverte ligeramente en sintonía con su derecha y a los segundos se corta la escena. Justo en el beso.

—No olvides mirarla a los ojos en todo momento —advierte la coordinadora tres a Malek—. Puedes quitarte la camisa con una mano sin checar, ¿no?

—Y tú, Soledad, tienes que seguir con atención lo que Malcon haga, incluso si ya sabes, no está haciendo nada sino lo que queremos sugerir que... Está haciendo. Luego de que él baja, tú cierras los ojos y no los vuelves a abrir hasta los segundos finales de la toma.

—Allí ambos mantienen el contacto visual —reitera la segunda coordinadora, todas están alrededor nuestro como abejas en las flores—.

Si pueden transmitir con su rostro, con los labios, las cejas, la mirada, eso es mucho mejor.

Nos enfocamos en los detalles más que en lo general, en especial teniendo en cuenta que, por la poca luz del auto, pues no se verá mucho.

—Entienden, ¿cierto?

—¿Hay algo de la coreografía que hubieran leído antes y no se hubieran animado a comentar?

—¿Quejas?

—¿Han entendido?

—Tenemos que empezar ya.

Sus voces empiezan a mezclarse la una con la otra, hablan al mismo tiempo y rápido, muy rápido.

—¿Malek tiene la protección en...?

—Por supuesto. ¿Soledad te comentó alguna queja?

—Nada, hemos repasado esta escena cuatro veces con ambos.

Se giran hacia nosotros otra vez.

—¿Lo pillaron?

Esperaba que este día no llegara, la verdad.

—Eh... Sí. —Fuerzo una sonrisa.

—Haré lo que pueda —responde Malek.

Para sorpresa de nadie, tenemos quizá la peor escena sexual jamás vista. Es como si no hubiéramos follado en nuestras vidas.

En el primer intento me caigo del asiento, en el segundo Malek se golpea la cabeza con el techo del auto y no puedo evitar cagarme de risa.

Tercer intento, no logra romper la tira del vestido.