19. Set
SET
El que avisa sigue siendo traidor.
A veces siento que mi vida es una obra de teatro. Y la escritora soy yo. Pero la escritora me odia.
Creo que desde los dieciocho no tengo sueños, solo metas predictaminadas que determinan si me merezco llamarme persona.
Hay días donde soy un alma que aún no se termina de adaptar al mundo.
Si me echo para atrás, desde niña no me ha gustado esto, esto de...
Existir. Lo cual detesto decir, es crudo, es amargo y podría considerarse que no tengo motivos.
Que estoy loca. Podrían ser solo las hormonas de mi menstruación, pero me siento realmente perdida.
Casi todo el tiempo, y absolutamente nadie ha podido ayudarme a siquiera ubicar dónde estoy parada.
Puede que naciera con la felicidad en pausa. Pese a que tenga o pudiera tener todo lo que quiera, sé qué quiero y luego no lo sé. Sé cómo vivir y luego lo pierdo, pero me aterra pensar, al rebobinar este tren, que nunca, realmente nunca he sido muy feliz por un tiempo prolongado.
Me convenzo de que quiero algo, de que tenerlo lo solucionará todo y de ello me agarro. Ahora, quiero esta maldita película en cines. Quiero que salga bien.
Malek no se va del proyecto.
Ahora solo tengo que ver cómo hacer que no se vaya mi cordura.
Le mentí, como lo hago siempre que tenemos conversaciones decisivas. Pero él lo sabe, se ve que lo sabe. Sé que lo sabe.
Diría que de todas las cosas que nos pasaron, que nos hicimos, las últimas fueron las peores. Ambos nos dimos armas y disparamos exactamente en los puntos débiles del otro cuando nos sentimos en peligro. Pero yo nunca disparé dos veces.
Sus palabras, llenas de veneno al inicio del rodaje, diciéndome cosas horribles sobre mis sueños, mi pasado y mi talento, simplemente no puedo quitarlas de mi mente pese a que dijera que no me afectaban.
No he podido descansar mi mente, no mientras él nombrara a Terrence, o a mi falta de trabajo en mi carrera actoral, o mis déficits, o mi escasez. Lo tengo todo en mente. Y lo que más me molesta es que no me lo dijo a mí, sino a su "mejor amiga" de la universidad.
Sé que también lo apuñalé por la espalda, pero él lo hizo de frente para que pudiera ver su sonrisa.
Incluso aunque fuera una sonrisa falsa, no puedo confiar en él. En alguien que, de mil promesas, me cumple una.
Es complicado. Serán tiempos complicados.
Alguien toca la puerta de la habitación a las siete de la mañana. Al abrir, hay una mesita con galletitas, una botella de vino blanco y Jack Daniels sonriéndome.
—Buenas. —Ladea la cabeza—. Disculpa la noche de ayer, realmente estaba intentando ser un buen compañero y supongo que debí prestar más atención a que necesitabas aire fresco.
Pero, en primera instancia, te llevé porque noté que lo necesitabas, así que...
—Baja la mirada a la mesita—. Te traje un par de cositas para compensarlo.
—Oh, Jack, buen día. —Él estira el brazo y me entrega un ramo de astromelias—. Wow, no debías.
—¿Puedo pasar?
—Claro.
Solo tengo puesta la bata blanca del hotel por encima de mi pijama de seda. Aún no me he peinado o maquillado, mientras que él está perfecto: cabello brillante a un lado, traje beige a la medida, perfume frutal.
Mueve la mesita rodante hasta la cocina, dejando el pastel en la mesada y el vino en uno de los estantes. Abre un cajón en busca de cubiertos para cortarla.
Yo le echo otro vistazo al ramo; son rosas y son hermosas. El pastel también es rosa, con forma de corazón.
—¿De dónde sacaste esto?
—Mi hermana es pastelera, de hecho. Una muy buena.
—Oh, ella te lo mandó.
—Yo se lo pedí. —Me sirve un trozo—. Ayer, te vi desanimada, pero bueno, llegó esta mañana. Pruébalo.
Me apresuro a buscar dónde dejar el ramo, pero es tan grande que no sé dónde ponerlo. Jack me lleva el tenedor a la boca, viendo que tengo las manos ocupadas.
—Está excelente, ¿es red velvet?
—Es su especialidad.
—Oye Jack, en serio no tenías que hacer todo esto. Me sabe fatal además haberte dejado solo allí, debí avisarte. Te quise llamar, pero bueno, al menos Malek lo hizo por mí.
Jack frunce las cejas.
—¿Malek? Malek no ha llamado en estos días.
Lo voy a matar.
—Ay, ¿en serio? Estaba muy borracha, debí imaginármelo. Bueno, me lo encontré y él me trajo aquí.
—Me alivia saber que llegaste a salvo, por eso te estaba llamando. Cuando volví por estar preocupado por ti, la recepcionista me indicó que regresaste, pues habían activado la entrada a tu cuarto.
Dejo el ramo en el sofá, tomo asiento en la mesada y tomo un cacho del pastel directo del mismo. Al verme, Jack ríe y hace lo mismo.
—Fue muy considerado de tu parte —admito—. No tengo muchos amigos en el set, por no decir que no tengo ninguno. Solo enemigos.
—¿Enemigos? Pero si eres lo más amable del mundo, Soledad.
—Ya, a veces tampoco lo entiendo —hablo con la boca llena—, debería empezar a ser una hija de puta.
—Deberías. Aunque, lo que pasa en realidad, es que creo que el resto del elenco está intimidado contigo; las actrices experimentadas detestan que alguien nueva les haya quitado el protagónico y tú...
—Se inclina sobre mí—. Eres excelente, en serio, no te lo digo para caer bien ni nada, eres una bestialidad, Soledad.
Te posee el alma del personaje de un parpadeo a otro, al punto en que pareciera que no eras nadie antes de ser ella.
—Exageras, pero gracias.
—Lo digo con total sinceridad, cualquiera que te diga que no eres buena, te tiene envidia. Todos te tienen envidia porque no tiene sentido que este sea tu primer rol importante y arrases con el resto de profesionales. Me incluyo, me pasas el trapo en nuestras escenas juntos.
Eso me hace reír. En verdad necesitaba que alguien me dijera algo así.
—Mira, yo sé que es complicado ser mujer en esta industria, y ser nueva más, y tener a todo el mundo en contra. Pero me alegra seas tú, eres como... Diferente, ¿sabes? Eres tan brillante entre nosotros los desgraciados que es difícil mirarte por mucho tiempo.
—¿Y le dices eso a todas tus compañeras? —Arqueo una ceja—. Espero que esta no sea tu frase de ligoteo.
Pienso que va a verse descubierto, pero su expresión cambia a confusión y tristeza.
—Joder, Soledad, ¿quién te ha hecho tanto daño?
—Era un chiste. Un mal chiste, perdona. —Me meto más pastel a la boca, intentando callarme—. Soy mala socializando, perdón.
—Eso solo hace más impresionante tu desempeño en la peli.
—¿Viniste a halagarme después de nuestro intento de cita horrible?
—Ejem... No... No era una cita.
«Perfecto, ahora tendré que fingir mi muerte y mudarme a Vermont para escapar de esta humillación».
Debe notar la vergüenza en mi rostro, por lo que carraspea y agrega:
—Soy muy directo con lo que quiero, Soledad. Quería sacarte porque te notaba triste. Créeme, no sería tan aburrido y miserable de llevarte a ese lugar si una mujer como tú me aceptara una cita.
—Oh.
—Si te soy sincero, me han dicho que no me acerque a ti.
El primer día que te hablé, me dejaron en claro que tú eres una mujer maravillosa y que no mereces que te vuelvan a romper el corazón.
—Se lleva un poco de crema de pastel a la boca—.
Te lo digo, me lo prohibieron y amenazaron.
—Entorna los ojos—. Y al principio pensé que era raro, pero lo entiendo ahora, eres demasiado genial para ser el polvo del momento de alguien.
—Eh... ¿Gracias? Supongo.
—Mira, yo sé que mi reputación no es la mejor y hasta la noche anterior he podido ser solo una celebridad más del resto. Pero soy un hombre que se dicta a sí mismo y déjame decirte: Realmente me gustaría conocerte, y que me conozcas. A mí, no al actor fuckboy del que puede que hubieras escuchado.
—Eso es... —Tomo una larga respiración, esto no es el tipo de confesión que espero escuchar tan temprano—. Es muy lindo, Jack. Sin embargo, las relaciones en ámbitos laborales pueden complicar las cosas y yo diría que no soy la mejor postora a que intentes reivindicarte.
—Lo sé. No te he especificado qué, ni cuándo, ni cómo. Como te dije, principalmente, me gustaría que me dejaras conocerte.
—¿Como qué?
—¿Como dos personas con pasiones en común que se conocen? Anda, que se nota que eres superreservada. No ibas a hablarme más en lo que queda del rodaje una vez que termináramos nuestras escenas.
—Vale, eso es cierto.
—Tampoco tienes que responderme ahora. Solo piénsalo, y si en algún momento quieres distraerte del caos que se volverá esta grabación, me escribes. Soy un buen amigo. Y si es una cita, me avisas para no quedarte mal.
Eso me hace reír, entorno los ojos y asiento. Él se levanta con su calma y elegancia de siempre dirigiéndose a la puerta.
—Nos vemos en un rato en el set, Soledad.
—¡Nos vemos!
—Por cierto, ¿Malek te contó que regresa a la película?
—Sí, me enteré.
—Ah, y perdona que nuestro primer beso sea en el set próximamente, intentaré que no sea incómodo. Te espero.
Hay un mensaje nuevo en mi teléfono apenas bajamos del bus a la nueva locación para grabar.
Malek Cooper:
Buenas, salí de hablar con los productores, pero sigo aquí, ¿hay algo que quieras que les diga? ¿Sobre cómo te tratan en el set?
Sol:
Cuando dije que te daría otra oportunidad, era sobre la película. No somos amigos.
Malek Cooper:
Quiero hacer un sitio mejor para ti.
Sol:
Es difícil de creer, siendo que tú mismo los apoyabas y aceptabas que tuviera ese trato. Lo promovías, así que no esperes que ahora salte a decirte todas mis inseguridades para que las arregles. ¿Quién me dice que no las usarás en mi contra? Otra vez.
Malek Cooper:
Lo siento.
Sol:
No necesito tus disculpas. Solo déjame ser. Y espero ya estés en tu lugar cuando llegue al piso donde estaremos.
Malek Cooper:
Entendido. ¿Al menos podemos hablar al acabar el día laboral?
Sol:
Te soy sincera, me ha bajado y con las emociones de los últimos días, no sé si pueda estar cerca de ti en calma.
Malek Cooper:
Por favor.
Sol:
Ve a tu sitio en el set. Luego vemos.