Arte para no artesanos 17. Cooper
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17. Cooper

COOPER

No dejes para hoy, lo que puedes hacer ahora mismo.

El nombre de Malek Cooper nunca me ha esposado a cargar con su sombra como yo lo he hecho con él.

Pero tampoco me ha dejado. Nunca.

A ver, cuando tienes dieciocho, problemas familiares, económicos, estudiantiles, sociales y amorosos que resolver, lo último que te pones a pensar es en el chico tonto que conociste por un par de meses que dejó la universidad y quién sabe qué ocurrió con él.

Es decir, reconocí su nombre en pantalla cuando lo vi. Me quedé observándolo, mas nunca me hizo hervir la sangre o quedarme despierta por la noche.

Tenía que buscarme un trabajo, un sitio donde vivir, cómo demonios terminar la carrera manteniendo la beca y, siendo sincera, aquello ocupó mi mente por años, toda mi mente.

Además, tenía una relación tóxica con una obsesión algo humillante hacia alguien que no me quería y hacia una mujer increíble con la que no había hablado hacía siglos.

Tenía mucho que resolver. Quizá por ello es que no pude permitirme siquiera prestarle atención a mis sueños por un muy largo rato.

No fue hasta hace menos de año y medio que pude mantenerme "estable" financieramente, lo suficiente como para volver a intentarlo. Y cuando lo hice, por supuesto que pensé en Malek, pero él nunca ha sido el primer hombre en quien pienso cuando pienso en actuar. Esa es la realidad.

Creí que lo que sea que fue él en mi vida se cerró. Las personas no cumplen sus promesas. Lo capto. Lección aprendida. Está todo bien.

Está todo enterrado.

Pero luego lo veo en un día frío, lluvioso, en una terraza algo gris. Y no lo reconozco yo, pero puede que algo dentro de mí lo reconociera desde antes.

Hay cierta parte de mi cerebro que simplemente lo...

—¿Cómo demonios has llegado tan rápido?

... Reconoce.

—Shh, estoy de encubierto.

—No seas ridículo, Malek. —Estiro el brazo para bajarle la capucha de su hoodie negro—. ¿Cómo supiste que estaba aquí siquiera?

Estoy al costado del bar, en un punto ciego de lo que parece ser un callejón sin salida que los motociclistas usan como estacionamiento. Tengo mis tacones colgando como cartera.

—La música de fondo en la llamada, conozco este bar.

—¿Estabas cerca?

—No.

—¿Dónde está tu auto?

—En la esquina, no quería que lo reconocieras y huyeras de mí.

—Yo no soy quien huye de los dos. —Empiezo a caminar, él me detiene el paso—. Como sea, te llamé para que dejaras de ser un niño y te presentaras al set, no para jugar a la princesa en apuros que debe ser rescatada.

—¿Entonces no debería estar aquí?

—La verdad es que detesto ver tu rostro ahora mismo.

—Lo siento, Princesa.

—En fin, ¿qué se supone que buscas aquí?

Malek hace contacto visual. Me duele verlo.

—No te voy a dejar renunciar, Sol. Eso es estúpido.

—Oh, ahora entiendes cómo me siento.

—Es diferente.

—Es exactamente la misma situación.

—Es diferente.

—¡Es la misma situación! Sí, ya sé "yo ya tengo una carrera" —remedo su forma de hablar—. Pero es un buen papel, es un contrato bueno, es una gran película. Y tú eres un idiota.

—La verdad es que yo tampoco quiero verte a la cara y aun así estoy aquí.

—Suspira—. No renuncié... No renuncié porque no pudiera, lo cual es probable, que no pueda.

No por las razones que crees. Yo solo, no puedo verte, pensar en que tenías siquiera un poco de razón en apartarte de mí en la universidad y yo... Yo todo este tiempo...

—¿Que me has tratado como basura? —completo por él.

—Sí.

Se acerca a mí, el charco del piso me salpica. Está a centímetros de mi rostro, sus ojos se ven con un ligero tono rojo.

—Renuncié porque quiero evitarte el sufrimiento de que tengas que lidiar conmigo luego de todo lo que te he dicho y hecho.

—Lo sé. Pudiste haber dicho eso de primeras. Pero no tienes agallas ni valor y sospecho que nunca los has tenido. Tú no cambias.

—He cambiado.

—¿A peor? —Ladeo la cabeza.

—Sí...

—Lo sé. Eso no es por lo que te he llamado, no quiero que te vuelvas un ángel ni que vayas a misa, no quiero siquiera que seamos compañeros cordiales.

Lo que quiero es que te presentes en el set y acabes este proyecto.

Conmigo. Porque estoy cansada de coincidir contigo solo para ver arder el mundo a nuestro alrededor cada vez que pasa.

—Dudo que quieran volver a tomarme.

—Lo harán. Los convencerás.

—Los directores ahora de seguro me odian, al igual que el resto del elenco.

—Ese es tu problema. Debiste pensar en lo que estabas haciendo.

—Soy mucho peor actor y persona de lo que crees y todas esas características que piensas que hay en mí que pueden resolver esta situación, es posible que no las tenga. Sol.

—Entonces vas a ser el monstruo que dices que eres, pero lo vas a ser en esta película. Si quieres, luego no nos volvemos a ver ni a hablar por el resto de nuestras vidas.

—Deberías alejarte de mí ahora.

—Yo soy quien decide eso.

—Solo voy a hacerte más daño si permanecemos cerca.

—¿Y crees que no me estás haciendo daño al irte? —confieso y aquello suena mucho más vulnerable de lo que esperaba—. ¿En serio? ¿Piensas que he salido a celebrar?

El semblante serio que intentaba mantener se rompe un poco. Las comisuras de sus labios se curvan hacia abajo, baja la mirada.

—Escúchame bien, Malek Cooper. —Tomo los cordones de su hoddie y los estiro, acortando aún más la distancia entre nuestros rostros—.

Vas a cumplirme aunque sea una de tus promesas.

Esto es lo que va a pasar: Vas a subir al auto, llamar a tu representante, soportar que se queje por media hora del desastre que has causado, pedir tu reintegración al proyecto.

Si no te lo permiten, vas a negociar, suplicar, ofertar al director y al resto de personas a cargo.

Una vez estés de vuelta, vas a tomar un curso en línea, leerte el libro, no lo sé, pero vas a hacer lo que haga falta para dar una buena actuación.

—No, no, Sol...

—Cállate, no he terminado —lo regaño—, todo el fuego que se haya armado con las decenas de personas a las que les has parado la vida por esta decisión, lo vas a apagar. Se supone que tienes todos los medios que la industria puede darte. Vas a terminar la escena final. Vas a asistir al estreno.

—¿Por qué me quieres aquí? Se sincera conmigo.

—Ya te lo he dicho. No quiero que me arruines otra cosa. No tienes el derecho.

—Dije que fueras sincera.

—Lo estoy siendo.

—Me quedaré si me dices la verdad, ¿por qué quieres hacer esto conmigo?

Contengo la respiración, retrocedo un paso sin soltar mi agarre del cuello de su ropa.

—¿Es por la práctica que habíamos hecho en la clase de teatro? —inquiere— ¿Esto es por Terrence? ¿Quieres usarme como algún tipo de venganza?

Mi mano se estampa contra su rostro antes de que mi mente termine de procesar lo que ha dicho. La rabia vuelve a tomar fuerza dentro de mí. Se oye el eco del impacto de la cachetada en este callejón vacío.

—Que sea la última vez en tu vida que siquiera insinúes que mis aspiraciones son por un hombre.

—Río para no llorar, ofendida—. No, no soy una inmadura dolida que le guarda rencor a su ex de hace años y quiere usar a su examigo de hace siglos para un plan macabro.

¿Esa imagen tienes de mí? ¿Al día de hoy sigues pensando que cuando dejamos de hablar fue por él?

Malek no se inmuta, solo se mantiene parado frente a mí. Frunce los labios, intentando no mostrar signos de dolor.

—Dije lo primero que se me vino a la cabeza, perdón.

—En mi puta vida estaría soportando todo esto por un hombre, mucho menos por Terrence. A él también lo detesto.

—Es que, si no tienes un motivo oculto, no entiendo por qué estás armando todo este show para actuar conmigo. Me imagino una posibilidad absurda porque la situación me parece absurda. Me parece hasta masoquista.

—Iba a hacerte prometer que en serio te quedarías si te decía la verdad, casi se me olvida con quién estoy hablando.

—Pensé que te mejoraría la vida si me iba.

—Por segunda vez pensaste mal.

—¿No ves que solo vamos a rompernos si tratamos de sacar este barco a flote?

—No.

—Tienes demasiada fe.

—Vale, entonces ni tú ni yo. Déjame presento mi renuncia.

Saco mi teléfono del bolsillo, él me lo quita de la mano y lo guarda.

—No puedes hacerte esto a ti misma. No voy a permitirte renunciar.

—Lo haré de igual forma.

—Sol, por favor... —Suspira—. Por favor, no hagas esto.

Elevo la cabeza, mi nariz casi choca con la suya. Todo lo que observo son sus ojos verdes. Él posa sus manos con timidez sobre mis hombros. Un escalofrío recorre mi cuerpo.

—Sabes mis condiciones.

—¿En serio te importa tanto mi carrera o solo quieres hacerlo conmigo? Porque esta tormenta es horrible y podría ser cualquier otro actor, pero quieres que sea yo.

Entorno los ojos, empiezo a caminar en dirección contraria al bar sin mirar atrás. Lo oigo seguirme.

—No merezco que hagas esto por mí —exclama.

—No, probablemente no.

—Antes tampoco te merecía.

—Es posible.

—Siento que estoy robando al universo cada vez que estamos juntos.

—Cállate, sube al auto y llamemos a tu representante.

—Vale.

El interior de su auto es personalizado, de la última vez que estuve aquí, ha cambiado el forro de los asientos a cuero verde oscuro. Huele a limón.

El cinturón me pega a la espaldera, al menos la lluvia ha cesado. Pero conduce lento por precaución. Finjo estar interesa en las calles vacías.

—Oye, lo siento por lo de hace rato —susurro—. Solo me agarró desprevenida.

—Tranquila, te he dicho cosas peores. —Trata de alivianar la tensión con una risita.

—Qué consuelo. —Fuerzo una risita también.

—Eh... Lo siento por mencionar ese tema, y la primera vez que lo mencioné. Y cuando mencioné lo otro, o lo otro, o...

—Está bien.

—No está bien.

—Disculpa que te lo diga, pero suena muy extraño y falso escucharte cambiar de opinión sobre todo ahora. —Bostezo—. No intentes ir más allá moralmente, si te digo que está bien, estará bien. Ahora llama a tu representante, que no creas se me ha olvidado.

Utiliza el tiempo del semáforo en rojo para quitar su teléfono, y también el mío, de su bolsillo. Desbloquea el suyo primero, entrando directo a la aplicación de llamadas. No puedo evitar ver el historial.

—¿Estabas hablando con tu mamá antes de que te llamara? —resalto mirando su pantalla.

—Sí, estábamos poniéndonos al día.

—¿Qué te dijo?

—Que estaba ansiosa por ver la película donde saldría Soledad.

—¿Que le respondiste? ¿Le dijiste que no ibas a participar?

—Planeaba decírselo... —Se rasca la nariz—. Cuando se estrenara.

—¿Porque te mandaría a la mierda igual que yo?

—No le hubiera gustado que te dejara.

Cuando va a llamar, y yo me acomodo a asegurarme de que retire su renuncia, mi teléfono se enciende en su regazo. Es una llamada de Jack.

Malek rechaza la llamada por mí.

—¿Qué quiere? —cuestiona.

—Estaba en el bar con él cuando me escapé, debe haberse preocupado.

—¿Estabas en un bar con Jack? —Frunce las cejas—. ¿En... Una cita?

—No, no. Solo estábamos tomando porque han sido momentos difíciles.

—Bueno, es mejor a que estuvieras emborrachándote sola. —Sonríe, pero noto que hace eso que hace siempre que está actuando, donde fuerza de más cómo se arruga la piel alrededor de sus ojos al sonreír—. Vale, habrá que avisarle que estás bien.

—Sí, déjame... —Estiro el brazo para tomar mi teléfono, pero Malek posa su mano sobre la mía.

—Tranqui, aprovecho a responder a sus noventa y tres llamadas. —Va al contacto de Jack—. Además, ya tengo el teléfono en mano. —Se lo lleva a la oreja.

—Pero ponlo en altavoz, así me oye.

—No, así está bien. —Arranca el auto cuando vuelve a estar en verde—. Hola, Jack, buenas noches, sí. Sí, sí. No, no lo intentes, gracias. Ya tuvimos esta conversación. Eh, no.

—¿Qué está diciendo? —murmuro, tratando de acercarme a su oreja también, pero el cinturón ajustado me lo impide.

—Está conmigo, sí, sí. No, ella me llamó a mí. Ah, sí. No te preocupes por Sol, yo me ocupo de ella, no. Gracias. —Corta la llamada.

—¿Qué te dijo?

—Nada interesante.

—En serio.

—No me ha dicho nada, se ha comportado contigo. Me alegro.

—¿Comportado? ¿A qué te refieres?

—Que nada, Sol.

—Al menos hazme un resumen.

—¿Entre invitarnos a ir juntos a él y la nueva cita que se consiguió? No mucho. Ya sabe dónde estás.

—Gracias. Ahora revoca tus estúpidas decisiones.

Observo a Malek hablar con su representante, quien incluso, sin ponerlo en altavoz, se oye que quiere asesinarlo a sangre fría. No es para menos. Se ha complicado la vida.

Me acurruco en la esquina del asiento, mis piernas subidas al mismo. Presto suma atención.

Su tono de voz, suave, lento, cansado. Él nunca ha sido esta persona enérgica en modo imponente e imparable que es cuando trabaja o se muestra últimamente, siempre he tenido la sensación de que es una tortuga más que un conejo de carreras.

Verde, de coraza dura, natural. Hay rastros de él mismo que no logra terminar de ocultar porque, sin mí en su vida, nadie se los ha señalado. Solo ha cubierto los errores que en su momento le dije.

Como el movimiento de su labio inferior cuando está incómodo, lo cual tampoco termina de cubrir con cámaras en frente.

Desvía la mirada hacia mí, no asiento o desapruebo, me quedo en mi posición, como si tuviera la mente en otro sitio.

El paso de los años se nota, aunque se haya afeitado la barba, le ha empezado a crecer otra vez. Las arrugas alrededor de sus ojos. El largor de su cabello oscuro. Se ve parecido a alguien que conocía, tiene su semejanza. Pero ya no es quien era.

Con no encontrar un enemigo al verlo me conformaría.

—Listo —anuncia—. Mañana... U hoy en unas horas, me presento en el sitio de grabación para que cincuenta personas cuchicheen sobre que se me ha subido la fama a la cabeza y crean que creo que puedo hacer lo que se me de la gana con lo que quiera.

—Lo cual es un poco lo que hiciste.

—Okey, si lo pones en esa luz, puede que tengan una pizca de derecho de hablar mal de mí.

—Pfff, tanto tiempo cuidando ser perfecto, carismático, amado, para venirlo a joder todo ahora. Puede que yo sea tu perdición.

Malek se ríe, pero no me responde. Vuelve a encender el motor.

—A veces pienso que te debo mi carrera —comenta.

—Nunca te he dicho eso.

—Pero yo lo pienso.

Hay un silencio sepulcral entre nosotros. Me aclaro la garganta intentando romper la tensión.

—Te... Te estoy dando una segunda oportunidad con esto —agrego.

—¿De participar en la película?

—Sí, llámalo como quieras, Cooper.