Arte para no artesanos 16. Profesor De Actuación
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16. Profesor De Actuación

PROFESOR DE ACTUACIÓN

DIECIOCHO AÑOS

Cuando el río suena, collares lleva.

Mamá me echó de la casa.

Supongo que es entendible, antes Isaac nos unía. Por alguna razón, le pareció más preocupante que "deshonrara" su memoria saliendo con un amigo suyo a dejar a su hija en la calle.

En su lógica, soy muy joven para salir con alguien de la edad de Terrence. Pero lo suficiente adulta para buscarme la vida. Puede que tuviera razón en ambas afirmaciones, pero no tenía por qué ser tan cruel conmigo.

Las personas reaccionan de maneras horribles al duelo, lo sé. Entonces traté de no tomármelo tan mal. Ella está enojada por la muerte de Isaac, puede quitarme de mi cuarto de toda la vida a las once de la noche. Yo estoy enojada, puedo escoger a mi novio de una semana por encima de ella.

Me detengo en la parada de autobús con una gran bolsa negra que contiene un par de mis ropas, mis pocos ahorros y el diario de mi hermano.

Nada más. No tengo un cepillo de dientes, un cambio de zapatos o un abrigo para este clima frío.

Tuve que agarrar rápido lo que pude y escogí lo ligero porque debería caminar bastante.

Ella espera que me arrepienta, regrese y pueda seguir tratándome como si fuera la única que perdió a alguien.

En la parada, ya con el teléfono marcando la una de la mañana, me replanteo si me voy a desvanecer por deshidratarme de tanto llorar. Miro mi teléfono. Tengo tres mensajes sin contestar de Cooper.

Aprieto el teléfono en mi mano.

Todas sus promesas son basura.

No me enfada que haya intentado arreglar las cosas a su manera, me enfada que hubiera roto mi confianza al contarte mis secretos de esta manera.

Estoy tan enojada con él que podría incluso considerar dejar de ir al club de teatro.

—Entiendo, pasaré por ti —dice Terrence con una voz suave, mi llamada lo ha despertado—. Tu mamá siempre ha sido así, no llores, se arreglarán.

—Es que... No lo sé, me siento tan vulnerable.

—Ya estoy bajando, tranquila, ¿sí? Puedes quedarte conmigo, Luna no ha terminado de llevarse sus cosas. Pero tú te quedas en mi habitación y yo en la otra.

—Donde sea estará bien.

—Mándame tu ubicación en tiempo real.

—Listo.

—¿Sabes?, me encantaría vivir con mi novia —bromea Terrence—. Y sé que nunca te has llevado bien con ella, pero, ¿no crees que podrían conversarlo? Es una mierda estar peleado con la familia. Te lo digo por experiencia.

—A ver, yo creo que esto ha sido solo una excusa, ya no me soportaba.

—Río tratando de quitarle importancia—. Claramente le he querido explicar, y no.

No sé por qué las personas me tratan como si estuviera bien y yo debiera ser quien los comprende, en mi propia vida, siguen esperando que yo sea quien les entienda yo... Yo no estoy bien, Terrence.

—Ya estoy por llegar.

—Odio que todos actúen como si debiera recuperarme como si nada. Incluso si estoy haciendo cada cosa mal, si en algún momento le fallo a quienes quiero, incluso si en algún momento me vuelvo polvo, ¿no me brinda al menos un poco de gracia todo lo que he hecho todos estos años?

—Cálmate, Soledad. Ya llego. En... Siete minutos.

—Toda mi vida me he sentido como si no se me otorgara el privilegio de equivocarme.

Espero que Terrence me responda, pero solo se queda en silencio. Veo los segundos de la llamada pasar.

—Yo me he enfadado con ella mil veces, y nunca ha pasado nada.

A ver, supongo que no le he respondido muy bien cuando trajo a tema lo nuestro, pero...

pero... he estado allí, joder. Invité a los familiares, lidié con el papeleó, me encargué de mí misma para la universidad.

Últimamente ni siquiera he dormido en casa.

—¿Dónde has estado?

—En el hospital. Estoy apoyando a un amigo, él está... Pasando un momento complicado.

Me llevo la mano al cuello. Mis dedos acarician el dije del collar de máscaras.

—¿Y dónde está ese amigo ahora? Él te podría devolver el favor —propone Terrence, ni siquiera lo dice de mala manera.

Suspiro.

—¿Vas a tardar mucho más? Estoy congelándome y me da miedo estar aquí sola.

—El semáforo se puso en rojo. No me deja avanzar.

—Me da miedo estar sola, Terrence.

—Todo va a estar bien.

—No, no lo va a estar. He perdido... Dos personas con las que pensé que contaba hoy.

—Cuentas conmigo.

Eso me hace sonreír.

—Sí. Lo sé. Gracias, cariño.

El camino a su departamento es silencioso, pero apenas llegar, el ambiente es tranquilo. Con velas aromáticas encendidas, mantos bordados como decoración y flores en el jarrón del comedor.

Al verme triste, Terrence me ayuda a acomodar mis maletas en una esquina y me pone una de las flores en el cabello. Es un clavel, no es mi favorito ni huele muy bien, pero es un buen gesto. Es un lindo gesto. Todo lo que necesito.

Cenamos sin mencionar mucho el tema, hacemos como que nada pasa.

El perfume de las velas me relaja hasta que compartimos el postre en su sofá.

La película "Baile Inolvidable" en baja calidad se reproduce en el televisor.

Es su favorita. A mí no me gusta del todo, siento que nunca entenderé los libros clásicos pretenciosos con sus adaptaciones aún más pretenciosas.

Pero entiendo que le gusta a Terrence, sé todo lo que le gusta. Como, por ejemplo, mi mano en su cuello cuando nos besamos o mi cabello suelto cuando le pasa los dedos cuando estoy encima de él.

Terrence besa mi pecho, yo desabrocho mi brasier. Acaricio su rostro, me inclino a besarlo cuando él se detiene. Su toque cálido se ha topado con un obstáculo.

—¿Qué pasa? —susurro.

—¿Tu collar es nuevo? —cuestiona.

—Me lo regaló Co... —Niego con la cabeza—. No importa, ¿te impide seguir besándome? —bromeo.

—Me gustaría que cuando estuviéramos juntos no tuvieras nada puesto —responde en mi mismo tono jocoso.

Río y me quito el collar, dejándolo en algún punto del sofá. Vuelvo a besarle, él posa sus manos en mis caderas.

Han pasado un par de días desde que le tiré el café encima a  Malek .

No hemos hablado. No nos soportamos ya. O bueno, él no me soporta a mí. Bien por mí, supongo, porque yo tampoco tengo interés en seguir siendo su amiga.

No tengo ningún tipo de interés.

—Buenas —saluda Malek al pasar al salón de clase—. Ni te molestes, no vengo a participar.

—No te lo pregunté.

No me molesto en bajar mi tono de voz, la lluvia no ha parado desde la mañana. Nadie vino excepto él y yo, al parecer. Las calles están inundadas.

—Por si querías echarme, sé que tú y el perverso de tu novio no me soportan. —Se dirige al final del salón, donde están los cajones—. Solo vine a traer algunos de los guiones que tenía.

—De vuelta, no te pregunté. No me importa.

—Me da pena que tengas tan poca personalidad que ahora adaptes la de Terrence.

Malek estaba herido por lo que le dije cuando discutimos, obvio. Aun así, ese comentario...

—Como digas.

—Me he salido del club de teatro, por si extrañas hacerme la vida imposible, dudo que nos volvamos a ver —dice en un tono frío—. Y espero estés bien.

No estoy bien.

De una forma patética, inmadura y algo dolida, esperaba que al menos luchara un poco por que nos arreglemos.

Un poco más. Pero nunca me pidió perdón.

Ni siquiera admitió que rompió mi confianza cuando le dije que no le contara a nadie.

Nunca se ha acercado a preguntar de verdad. No lo he sentido genuino.

Lo que dice, de alguna forma u otra, suena falso. Suena a algo que diría alguien que solo quiere pintarme como la mala en su cabeza. Y puede que tenga razón, yo soy la mala y la que no lo entiende. Yo soy el problema, nosotros no debíamos hacernos cercanos en primera instancia.

A veces creo que Malek quiso impresionarme tanto con su papel de chico prodigio, que se le olvidó que la persona que me gusta es el actor.

No quería un superhéroe, no quería alguien que vaya bajo la lluvia por mí, no quería nada de él, además de su amistad.

El descaro de decirme que lo llame si lo necesito. No lo necesito, creí que estaba claro que estaba con él porque quería, no porque lo necesitaba de alguna forma. Además, lo dijo en un tono... Como si me estuviera haciendo un favor al ofrecerme su ayuda a futuro.

Yo nunca en la vida le hablé así. Ni lo haría. Sobre nada de lo que hice y hace unas semanas seguía haciendo. Seguiría dándole una mano hoy, aunque lo odie, porque su madre no tiene la culpa y su carrera tampoco.

—¿Vas a salir de las clases? ¿Es por Terrence? Espero que tu nivel de visión a futuro no sea, "el profe me cae mal, me piro", porque eso es bastante triste, Malek.

—Malek —él repite, sus cejas se llevan—. Vale, Soledad, para tu información: no tiene nada que ver con Terrence. Eres tú, no te soporto y no voy a compartir clase con alguien tan cruel, inmadura e insoportable como tú.

— Cool .

—Me entristece ver en lo que te has convertido, si es que alguna vez fuiste tu versión real conmigo.

—Que sí, Malek, lo que digas. —Río—. ¿Eso es todo? ¿Viniste a despedirte como un perro? —Me carcajeo.

Sin embargo, el cuerpo es débil y la mente una traicionera. Antes de pelear, se me había hecho costumbre llevarme las manos al cuello al reírme en su presencia, para tocar el collar.

Ahora lo hago y no está allí. Lo noto, él lo nota.

La verdad es que se me perdió la primera noche de mudanza, luego de quitármelo, no me detuve a buscarlo en el sofá.

En la mañana del otro día detesto admitir que incluso quité los cojines para rebuscar, pero nada, como si se lo hubiera tragado la tierra.

Me da muchísima pena, parte de mí espera toparme con él un día que esté limpiando.

Esa parte de mí no es la que habla cuando Malek está cerca.

—¿Dónde está el collar? —pregunta, intentando sonar desinteresado.

—Lo tiré —miento.

—¿Estás hablando en serio, Soledad?

—Claro, ahora somos dos los que tiramos a la basura algo solo porque nos odiamos. —Observo el pizarrón con el título de la clase de hoy—. Lo tiré hace rato ya, pilla la indirecta.

—¿Sabes algo, Soledad? No puedo creer que vayas a joder todo tu potencial limitándote a esta estúpida clase y liarte con un profesor.

Contengo lágrimas en mis ojos, bajo la mirada al piso.

—Es interesante ver cómo tu respeto por mí cambia en dependencia a mi papel en tu vida, Malek.

—Eso no fue lo que dije, solo... No te entiendo.

—Y nunca lo vas a hacer.

—Pues lo intenté.

—Se nota.

—Pff, olvídalo. No se puede hablar contigo ya. Te desearía lo peor, pero, estoy seguro, ya lo estás viviendo.

Trago saliva. No puedo asimilar cómo acaba de encasillar mis problemas a una sola situación cuando él los conoce todos.

Sí, exactamente, estoy viviendo los peores años de mi vida, ¿qué hay de gratificante para él en eso? Cada cosa que dice para hacerme daño, yo se la confíe antes.

—Tiré el collar porque no significa nada para mí. —Hago una larga pausa, obligándome a decir las siguientes palabras, pero me cuesta salgan de mi boca—. Tú no significas nada para mí.

—¿Qué?

—Nunca me importó el collar y tú... Jamás me has importado.

Malek da media vuelta y se va sin despedirse.

Cuando alguien reportó a Terrence, no fue difícil calcular quién fue. Lo cual empeoró toda nuestra situación, porque, sin el trabajo extra, sería más complicado pagar el alquiler del departamento. Fueron unos meses increíblemente complicados hasta que volvimos a acomodarnos.

Era hasta poético cómo Malek nunca se daba cuenta del impacto que tenía en mi vida. La mayoría de veces negativo.

Admito que nunca se lo he dicho. Me pregunto si él pasará el resto de la suya asumiendo que no es nada para mí. Ni siquiera debe pensar en lo que le dije. No debe calcular la veracidad de mis palabras.

Entonces no importa si fueron mentira.