15. Tsunami
TSUNAMI
Hay males que duran más de cien años .
He de admitir que a veces me asombra lo hambrientos, necesitados y vulnerables que somos ante la compresión.
Por alguna estúpida razón, siempre he querido que Malek me comprenda. Siempre soñé con el momento en que se diera cuenta de cuánto me hirió y me pidiera disculpas.
Supongo que todo pierde un poco de magia cuando lo ves en persona.
Estoy en la puerta esperando el servicio de habitación cuando lo veo ingresar al pasillo. Nuestros cuartos en este nuevo hotel están uno frente al otro.
Él se detiene al verme. Tiene su ropa empapada, mojando la alfombra roja a su paso, las gotas se oscurecen en el material, asemejando a la sangre. Su mirada se encuentra con la mía.
Cruzo mis brazos con la bata puesta, intento verme como si verlo no se sintiera como un golpe en el estómago. Tomo una larga respiración, observando a otro lado en espera de que entre a su habitación.
—¿Te sientes bien? —pregunta al ver que tengo un pañuelo en la mano.
No. Me siento como una adolescente tonta y herida. Pienso bien mis palabras antes de responder.
—Algo constipada, es el cambio de temperatura y la lluvia —explico—. ¿Tú... Estás bien?
Él tarda en contestar.
—Pude haberte obligado a tener esa conversación dentro del edificio, lo siento. Espero no te resfríes.
—Hay que informar a alguien del equipo, estoy segura de que tienen a un profesional de la salud. Hay vitaminas que ayudan a...
—Sí, deberías hacer eso por ti.
—Pediré una consulta para ambos a primera hora —musito.
Malek se aparta de su puerta y se acerca a mí, siento todo mi cuerpo arder cuando está cerca. Mi alma grita de rabia, y pánico, y razones desconocidas. Contengo todo eso en mi pecho. Trago saliva.
—Voy a renunciar, Sol. No estaré aquí mañana.
—Ya te he dicho que no puedes hacer eso.
—Y yo que dudo que exista algo que me haga cambiar de opinión.
—No puedes, Malek. Vas a estropear la grabación. —Suspiro—. En serio, ¿no ves cómo afectará que el actor principal renuncie una vez ya empezamos a grabar?
—Jack ha llegado justo a tiempo, es increíble y él quería mi rol de todos modos. Aún hay tiempo. Ya he enviado la información a mis abogados y representantes, en unas horas será presentado.
—¿Te da igual que la prensa se centre en qué demonios pasó para que decidieras abandonarnos?
—Se las arreglarán.
—¿No te importa manchar tu imagen así?
—Es solo una película más, una menos.
—Para el resto de nosotros es importante, para el director, los demás actores, guionistas... Es el trabajo de todas estas personas y, perdona que te lo diga, pero vas a opacar toda la atención de la campaña yéndote.
—Eso pasará. Tranquila, entiendo cómo funciona esta industria.
Da media vuelta hacia su puerta, pone la mano en el picaporte.
—Eres un egoísta —espeto—. No te importa lo que causes, solo te importa lo que sientes. Como siempre.
Lo veo tensarse, gira la cabeza hacia mí.
—No puedo continuar en este rol. Y no tiene sentido hacer perder el tiempo al resto, no soy egoísta, por eso es que he decidido hacerme a un lado.
—Hablas como si lo hicieras para no retrasar la filmación, di la verdad, no quieres forzarte a hacerlo. No puedes soportar la incomodidad y por eso es que estás amenazando con esto.
—Sol, no podría hacerlo. Simplemente no podría continuar luego de saber lo que sé ahora. Lo siento. No está en mis capacidades.
—Te sigues convenciendo a ti mismo, joder. —Tomo su brazo, obligándolo a que me mire—. Malek, no lo hagas, es una locura y no tiene sentido.
—¿Estás pensando por ti al pedirme que me quede?
—Por supuesto. Ya te he odiado lo suficiente por años, no quiero resentirte cuando mi primer trabajo grande se trate de ti.
—No, no es por eso. No se trata de ti, yo sí estoy pensando en ti, maldita sea, Sol. ¿Quieres pasar el resto de la filmación también sintiéndote como la terrible?
—Esa es la diferencia entre nosotros, Malek. Me siento terrible, ¿y sabes qué hago? Hacerlo sintiéndome terrible, me siento triste, entonces lo hago triste. Me siento incómoda, entonces lo hago incómoda.
—Lo vas a hacer mejor una vez no esté aquí.
—¿Tú en verdad piensas eso?
—Pienso que te debía una oportunidad, Sol. Te debía... Te debo... Cosas. Tómalo como un cobro. Déjame en paz. Te dejaré en paz.
—Eres un egoísta —digo entre dientes—. Detesto cuando haces esto, y siempre lo haces. Haces algo, luego no admites las verdaderas razones. Lo peor es que nunca me lo espero de ti, nunca me espero que seas un desconsiderado, aun así, lo haces.
—Te estoy considerando.
—Tú... Tú me prometiste que, si teníamos una oportunidad juntos, te quedarías conmigo.
Malek abre la boca, pero solo toma una bocanada de aire antes de volver a sellar sus labios.
—Lo juraste —reclamo.
Él toma mis hombros en sus manos, acerca su rostro al mío. Sus tristes ojos verdes, sus mejillas rosas.
—No voy a lograr seguir con esto, Sol. Por más que me esfuerce no... Voy a arruinarte la película, no conseguiré hacer a Malcon bien, no conseguiré hacerlo en absoluto si tú eres mi Alma.
—Ni siquiera lo vas a intentar.
—No.
—¿Por qué eres así? ¿Por qué sigues siendo así? —Lo aparto de mí—. ¿Por qué demonios pensé que cambiarías?
—Lo siento.
—Eres... Eres... —Me llevo las manos al rostro—. Te detesto, te detesto tanto. Ni siquiera te atreves, eres un cobarde y un monstruo y no entiendo cómo pude equivocarme tanto contigo.
—Lo hiciste.
—¡Lo sé! —chillo.
Necesito cambiar esto. Necesito que algo lo mueva. Que el Malek de hace unos días me pruebe que estoy equivocada. Que va a quedarse y a hacer un papel estupendo.
Pienso. Pienso cómo retarlo, cómo herir su ego, cómo decir todo lo que pienso, pero me sale como un desborde total. Como un tsunami.
—Sol, ve a dormir. No tiene caso.
—No puedes hacer el papel porque no puedes controlar tus métodos, no sabes entrar en personaje cuando no se adapta a ti y quizá es por eso que tus últimos roles son todos iguales.
Pero déjame decirte algo, esto no te va a llevar lejos —gruño—.
No puedes porque no entiendes cómo controlar tus emociones, no canalizas los personajes, solo te adaptas a lo que ellos quieren y no puedes adaptarte estando mal.
Lo cual te hace bastante patético porque no puede ser que lleves años en esto y dejes en el suelo un trabajo solo porque...
¿Sientes que no vas a poder? ¿Tu carrera entera depende del estado de ánimo con el que estés durante una semana?
» Eres el mismo idiota que le huye a la disconformidad y eso me hace preguntarme si todo lo que ha pasado fue simplemente porque el universo te lo sirvió en bandeja de plata. Es increíble cómo tú eres el único que cree que debe abandonar esto. Esta película empezó porque te consiguieron a ti.
Lo observo tragar saliva, no de una forma enfadada. Está analizando lo que digo.
—Será imposible para mí si estamos juntos, Sol. Y ninguna cantidad de palabras acertadas sobre mí va a hacerme cambiar mi decisión.
Dejo de contener mi llanto, un par de lágrimas rueda por mi mejilla.
—No llores —se le quiebra la voz—. No soporto verte llorar.
—¡Entonces no te vayas!
—Ya verás que Baile Inolvidable será un éxito, te enviaré una postal de felicitaciones.
—Malek, yo he podido soportarte todo este tiempo en el set. Tus palabras, tus humillaciones, tus malos tratos... Incluso ahora estoy dispuesta hacerlo. Sé que la grabación será perfecta, ¿por qué no puedes hacerlo tú? Joder.
—Supongo que siempre has sido mejor actriz que yo.
Esa frase se siente como si me hubiera disparado al pecho. Mi llanto silencioso aumenta, empiezo a hiperventilar.
—Te odio.
—Lo lamento.
—Te odio.
—Nunca fue mi intención que las cosas salieran así.
—Te odio —digo resignada al bajar los brazos y ver que él busca la llave de su habitación en su bolsillo.
Me mira como si no supiera si está viéndome a mí o en una pesadilla. Su mirada triste y decepcionada baja al suelo sin poder mantenerme el contacto visual.
—Lo sé.
—Arruinas mi vida cada vez que te acercas a ella, y sigo sin entender qué fue lo que te hice para que sea así.
—Tenías razón, todos estos años tenías razón sobre mí.
—Abre la puerta—. Y lo lamento, pero lo sigues haciendo.
Es posible que siempre hayas tenido el derecho a atormentar mi carrera.
—Baja el picaporte—. Pero yo no la tuya.
Incluso ahora, tienes razón. Soy solo un hijo de puta egoísta, débil e inútil. —Entra dentro del cuarto.
—Eres mejor que esto. No tienes por qué ser este tipo de persona, Malek.
—Pero lo soy. La persona por la que estás esperando ya no existe. Si es que alguna vez lo hizo. Buenas noches, Sol. —Cierra la puerta.
He llorado toda la madrugada, hasta que mi cabeza duele tanto que me obligo a beber más agua solo para seguir llorando. Me aprieta el pecho, siento que no tuviera piel y el viento de la ventana simplemente me atravesara en medio.
Pensé que al menos sentiría satisfacción de verlo mal, roto, triste. Me cuesta asimilarlo: Lo dijo, cada palabra que quise oír por años. Me dio la razón. Se puso a llorar en el estacionamiento.
No sentí ni un solo gramo de satisfacción.
Echo la cabeza para atrás, estoy abrazada a mis rodillas. Me arden los ojos, no consigo calmarme a mí misma. Si bien Malek es como ver todo lo bueno del arte de actuar frente a mí, también es como tener una daga apuntada justo al alma. No puedo estar cerca de él sin que me atraviese.
¿Lo hago? No. Porque presentarse a trabajar por tus sueños aunque te presentes solo en alma es la única forma de conseguirlos. Y por supuesto que odio todo ahora mismo, pero no tengo otra opción.
Despierto a las siete, luego de haber dormido exactamente una hora y media. El chat grupal está explotado.
Como es obvio, Malek presentó su renuncia.
Todo el mundo está patas para arriba.
Tomo un café y voy a su cuarto a confrontarlo, porque creo que aún puedo cambiar esto, así como cambié las cosas en la universidad. Creo un montón de estupideces. Es parte de mi branding.
Me sorprende encontrar la puerta semicerrada, sin seguro. La empujo con suavidad, preocupada.