Arte para no artesanos 14. Collar
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14. Collar

COLLAR

DIECIOCHO AÑOS

Casi todo lo que brilla es oro.

"El hombre del piano" suena a través de las bocinas del hospital.

Dieciocho años, no esperaba pasar mi primer día de mayoría de edad en este sitio, pero no me quejo. Estoy completamente entregada a estar para Cooper si lo necesita, porque no tiene a nadie más, justo igual que yo.

La verdad es que nadie ve más allá de Cooper, nadie ve más allá de un chico dulce y responsable con notas perfectas y sonrisa tímida. Así como nadie ve en mí algo más allá de una chica linda extrovertida y aislada a la vez.

Los ojos verdes de Cooper se encuentran con los míos, Dios, juraría que he visto cementerios más animados. Y joder, tiene toda la razón del mundo, está siendo un año horrible.

Pero su mirada se ilumina un poco cuando sonrío.

¿Habrá algún tipo de predicción que advirtiera de nuestro encuentro? Como una colisión de estrellas.

Estamos ambos en la sala de espera para familiares, compartiendo una cama diminuta donde apenas entra él, pero se ha acomodado para hacerme espacio. Son las cinco de la mañana. No hemos dormido nada.

—Deberías volver a tu casa a descansar, Sol. Me sabe fatal que no solo no hayas festejado tu cumpleaños, sino que usas los siguientes días para estar conmigo.

—Estoy bien aquí, tengo mis cambios de ropa en la mochila y tenemos seis litros de refresco en el refrigerador.

—Sol...

—¡¿Crees que estoy aquí por obligación?! Me gusta estar contigo, Cooper. Me gustan nuestras conversaciones y me gusta ver a tu mamá. Además, el amanecer desde aquí se ve increíble.

Su sonrisa se ensancha, sus ojos se arrugan ligeramente, remarcando sus ojeras.

—Eres, quizá, la persona que más me ha ayudado en la vida, y es como si te hubiera conocido ayer.

—Eso hacen los amigos, Cooper.

—Entonces se podría decir que eres como mi mejor amiga.

Lo dice con sinceridad, y aprecio aquello. Aprecio poder construir vínculos más allá del romance y de la frivolidad.

—Tú también eres como mi mejor amigo, Cooper.

—Eres un rayo de sol en mi vida ya lo suficientemente consumida por la tormenta —confiesa—. Sé que esto suena idiota, porque, lo suena. Pero realmente no sé qué sería de mí si no te hubiera conocido.

—Tendrías más dinero, porque tú eres quien compra los refrescos.

—Hablo en serio, tonta.

—Vale, hablemos de cosas serias entonces. —Carraspeo, sentándome en la camilla—. ¿Cómo te fue en el casting ?

—Bien, bien. Tengo la teoría de que quizá me acepten, es un rol pequeño en una peli, pero vi a uno de los cazatalentos de Harvel rondar esa zona. Podría ser tiempo de hacer  networking.

—Wow, tú hablando así. Estoy tan orgullosa.

—Lo estoy intentando.

—Más te vale. Voy a asesinarte si no lo logras.

—Sol...

—Estoy dejando de estudiar la materia de contabilidad para estar detrás de tu talento —bromeo—. Vale, en realidad es que los números se me dan fatal y quiero una excusa.

Puede que hubiera algo de verdad en aquello, nuestra clase de teatro, actividades extra, y los turnos en el hospital me quitaban tiempo. Mas esto es lo que quería, no estudiar unos estúpidos impuestos.

—Ya te he dicho que yo puedo enseñarte.

—Y ya te he dicho que si quisiera oírte hacerte el listo por dos horas te preguntaría sobre arte.

—Historia —añade.

—No me cambies de tema, Malek Cooper. Te he recalcado que más te vale intentarlo, porque me voy a enojar muchísimo si todo el potencial que tienes es tirado a la basura.

—Haré todo lo que esté en mi poder para no decepcionarte. Lo humano e inhumano.

—¿En serio?

—Quiero que estés orgullosa de mí.

El sol hace a su rostro brillar, me percato de que el amanecer ha llegado en sus tonos pastel suaves y que la cafetería frente al hospital acaba de abrir.

—Ya estoy orgullosa de ti, tonto. —Tomo su mano—. Pero lo estaré más cuando seas el mejor de todos los tiempos. —Río—. ¿Quieres bajar a comprar el desayuno? Muero por unos alfajores.

—Claro, solo dame un segundo. —Rebusca en el bolsillo de su abrigo—. Ayer, por obvias razones, no pude darte un regalo y la verdad es que no sé si te haga mucha ilusión.

—A ver.

Me inclino hacia él, saca una pequeña cajita verde. Entregándomela.

—Lo vi en una feria de antigüedades cuando era niño, me lo compraron porque hice un berrinche. No lo he usado hace años, era más como mi recordatorio de que alguna vez podría perseguir este sueño —admite—. No soy mucho de usar joyas y veo que tú siempre usas dorado. Creo que te puede sentar bien.

Contengo una lágrima al ver el collar, es de oro. Se ve viejo, pero en extremo bien cuidado. La cadena trae consigo un dije con dos máscaras de teatro pegadas la una a la otra.

La elevo en el aire, apreciándola. Es hermosa. Es perfecta para mí.

—Cooper, no debiste...

—Cállate. —Se levanta y me la arrebata de las manos—. Déjame ponértela.

Tenemos quizá quince minutos para desayunar, bajamos, pedimos y comemos de regreso.

En esta ocasión, aún nos queda un rato y no podemos entrar con comida, así que estamos sentados en una esquina del estacionamiento.

—¿Por qué maicena específicamente? —cuestiona.

—Me gusta que sea seco.

— Cool .

—¿Y tú? ¿Por qué té verde?

—Me gusta el sabor. Y el resto me generan sueño.

Me meto mi postre a la boca, él checa sus correos electrónicos en respuesta de las entrevistas para roles actorales en las que ha participado estas semanas. Aún sin respuesta.

Yo empezaré las mías el próximo mes, necesitaba ser mayor para gran parte de ellas. Y tener tiempo libre, la adaptación a la universidad no está siendo fácil para mí.

—Te digo algo —hablo con la boca llena—. Espero que nunca nos separemos por intercambios universitarios y así, me encanta estar contigo. Aunque sea aquí, entre la gasolina y los sapos.

Cooper se carcajea en alto.

—¿Has visto un sapo?

—Tú eres el sapo.

—Oh.

—Pero tranquilo, te conviertes en príncipe luego, como en los cuentos.

—Para eso se necesita un beso de amor verdadero.

—O una princesa que sea bruja. —Me encojo de hombros—. Yo un poco bruja soy.

Cooper me ofrece una servilleta para limpiarme los labios, yo controlo la hora en mi reloj. Nos quedan cuatro minutos.

—De hecho, me encantaría que fuera así, Sol. Ojalá y en algún futuro podamos ser actores exitosos juntos.

—¿Por qué no agregaste trabajar en el mismo proyecto a ese deseo?

—Eh... Eres muy exigente, me estresaría si no logro hacerlo bien.

—Tú eres muy frío cuando quieres también, eh.

Que no creas que no me doy cuenta de que haces la excepción conmigo —resalto y le indico que ya tenemos que empezar a caminar—.

Solo, si se da, tenme paciencia. Sé que no se nota porque intento ocultarlo, pero en realidad soy bastante sensible sobre mis sueños.

—Lo prometo.

—Y que te vas a quedar a mi lado, así pierda la cabeza a mitad del rodaje y quiera matarte. —Río.

—Sin problema.

—¿Me lo juras?

—Sol, somos un equipo. Te prometo que nunca voy a romper nuestro equipo. Lo juro por lo que más quiero.

Le doy un abrazo antes de subir al elevador hacia la sala donde se encuentra su mamá.

—Te quiero, Cooper.

—Eres el sol.

—Tonto.

—En serio.

—Tonto.

—Gracias. —Baja su mirada a mi cuello, donde posa su collar. Nuestro collar—. La representación de todas mis esperanzas. Te ves como lo único real es este mundo tan falso y desagradable.

—Eres como mi llama gemela.

—Oye, me gusta eso, aunque, ¿no era alma?

—Llama suena más cool.