13. Avalancha #3
—¡A mí me importa! Y sé que me estás mintiendo.
—¡Es tarde! —grito tratando de apartarme, pero es más fuerte que yo, nos estamos lastimando—. Es tarde, Malek. Ya te he dicho que te perdono, así que deja de sentirte mal, ¿sí? Todo está bien. Déjame ir.
Su pecho sube y baja con rapidez, me suelta. Veo las marcas de sus dedos sobre mi piel. La profunda tristeza en su mirada. Me la aparta antes de que averigüe más sobre lo que está sintiendo.
Hay líneas rosas sobre mis brazos, él se frota los ojos. Llevamos quizá una hora bajo la lluvia. Estoy por desvanecerme del cansancio físico y emocional. Apenas me mantengo de pie.
—Me enojé tanto porque, sí, sí pensé en ti en cada logro que conseguiste predecir —confiesa.
—Lo sé.
—¿Entonces? ¿Estás feliz? He sentido aunque sea una pizca de miseria en cada uno de mis mejores momentos, ¿contenta?
—No. Eso era lo que quería para ti. Claramente, quería que los disfrutaras.
—Hiciste mi vida miserable con solo un par de semanas, embrujaste lo que soñaba, tu voz me persiguió por años, ¿esperabas que no estuviera a la defensiva cuando regresaras? ¿Que te recibiera con un abrazo?
—Esperaba que no quisieras destruirme. Pero vi que empezaste una guerra y no i-. —Me aclaro la garganta—. No voy a permitirme perder esto por ti. Es lo que más deseo en la vida.
—Tú construiste esta prisión, Soledad.
—Tú tienes la llave y has preferido encerrarme contigo antes que salir. Eres libre, Malek, tienes todo lo que siempre has querido. Yo soy solo una fracasada, según tú. Soy tu sombra.
—Soledad, yo no quise decir...
—No intentes arreglarlo, Malek. Ya está roto. Está roto —repito riendo, mis lágrimas se mezclan con el aguacero final—. Quizá siempre haya estado roto. Déjalo ir.
—Me niego.
—Solo no les hagas saber al resto que estamos rotos, porque yo no lo haré.
¿Quieres saber que pienso de todo esto? Que mañana voy a ir al set y seré excepcional, que voy a acabar esta película, me trates como me trates.
Vas a intentar, por una vez en tu vida, no ser un mentiroso y continuar con nuestro pacto de hacer como que no nos conocimos.
Empiezo a caminar hacia la calle, no creo que ningún taxi me suba en este estado. Pero estoy tan eufórica que podría irme caminando. Un calor extraño se apodera de mí, es como si estuviera transitando el infierno. Tengo las mejillas ardiendo.
—Lo único que te pido es que no dejes al resto saber de esto. No quiero ser solo la chica que se peleó con Malek Cooper —completo.
—Soledad, espera.
—No me sigas.
—Te llevo. Se ha hecho de noche, es peligroso.
Doy media vuelta con los brazos cruzados, se ve tan deprimente que me da pena. Observo mi reflejo en la lluvia. Yo estoy peor.
Mi corazón va a mil por hora, de una forma retorcida y maniaca, me siento abruptamente viva. Él toma mi mano, yo lo empujo y él me carga en sus brazos hasta el auto mientras intento negarme.
Es imposible librarme de él, en un parpadeo las puertas están aseguradas y las ventanas puestas a prueba de niños. Me hace sentir por completo indefensa.
Lo veo temblar, lo oculta bien manejando. Sabe ponerse sus máscaras, se ve casi compuesto, si no fuera por su voz o por la rojez de su mirada.
—Voy a renunciar —anuncia.
Esa frase la percibo como una puñalada.
—¿Qué?
—A la película. Presentaré mi renuncia mañana en la mañana, tengo un buen equipo de abogados y aún estamos a tiempo de que Jack me reemplace, no se frenará el proyecto. —Mantiene la vista en la carretera—. Lo enviaré, no estaré en el set. Si te soy sincero, no creo que pueda seguir con este papel.
Atónita, miro a mi alrededor como si el mundo estuviera acabándose.
—Jamás te pediría eso.
—No voy a hacer esto, Soledad. Simplemente no voy a poder, va más allá de mí, te mereces esta película sin ser miserable.
—No.
—La decisión está tomada.
—¡Que no! —Trato de parar el auto, lo que casi nos mata. Malek logra estacionarlo frente al nuevo hotel—. No... No vas a hacer esto, no te lo permito.
—No vas a hacerme cambiar de opinión.
—No voy a perdonártelo nunca si haces de mi primera película sobre tu propio escándalo —amenazo—. Demuestra que eres más que un superhéroe falso, por una vez, Malek. No te permito renunciar a esto. Es nuestro proyecto.
—Sol.
—Lo vas a arruinar todo, otra vez.
Él suelta un largo suspiro entrecortado. La vulnerabilidad en mi tono y el dolor en mi pecho me hace darme cuenta de algo terrible.
Algo aterrorizante.
Incluso ahora, me importa que Malek cumpla sus sueños. Incluso hoy, me niego a que pierda una sola de sus oportunidades. Todavía en este instante, tengo respeto a su talento.
Aún me importa.
Y darme cuenta de ello hace el apocalipsis empiece dentro de este auto.
—Bájate de mi coche.
—Es una locura, Malek. Piénsalo, maldita sea.
—La decisión está tomada, Sol. Bájate, por favor.
Lo miro por última vez antes de cerrar la puerta, ni siquiera él es tan buen actor. Se ve destrozado, hasta el último centímetro. Y no sé cómo llegamos a este punto. Tengo la impresión de que la avalancha nos ha sepultado, ahora estamos muertos.
Este es nuestro infierno personal .