13. Avalancha #2
—Cuando te llamé y te dije que estaría con Terrence, ¿crees que tenía otra opción?
¿Crees que tenía más personas a las que hablar?
Tú no hiciste nada más que aislarme a que fuera la única persona que tuviera y, sí, tenías razón, él es horrible.
—Río—. Fue lo peor del mundo para mí. ¿Feliz?
¿Satisfecho? Hubiera sido excelente tener un amigo en esos momentos, pero no fue así.
—Tú me mantuviste alejado.
—¡Porque me sentí traicionada!
La lluvia empieza a caer ligera, un rayo ilumina el cielo y el trueno que le sigue me calla por unos segundos.
—Por si no te diste cuenta, nunca tuve nada en contra tuyo.
—Pongo mi mano en su pecho, su corazón está descontrolado—.
Creí que éramos un equipo, en mi vida te hubiera dejado solo, aunque me hubieras escupido en la cara.
Perdí materias el primer semestre por estar para ti, te insistí en que asistiéramos a cada clase de teatro, utilicé mi tiempo libre entre estar deprimida y estudiar para buscarte castings , ¡ni siquiera busqué los míos!
, en cada oportunidad, te visualizaba a ti, y luché contra ti para que te lo creyeras, practiqué contigo, en cada emergencia que tuvieras, yo...
¡Maldita sea, Malek, estaba siendo estupenda contigo!
¡¿Y tú qué has hecho?! ¿Querer ser un superhéroe y a la primera que no te salió volverte un villano?
» Yo sé lo que hice y sé lo que te dije, lo mantengo, idiota.
Porque tú pareces no entender si no se te habla con crudeza: eras imperfecto.
Tu talento no sería suficiente, debías volverte quien eres hoy.
Y no, no creo que estuviera justificado cómo te traté luego, pero...
Pero te odiaba, igual a como te odio ahora.
Sin embargo, déjame decirte algo, ni antes, ni ahora, yo en mi vida te intentaría arrebatar lo que es tuyo.
» No estoy saboteando tu rol como tú has estado amenazando tanto conmigo, has visto cómo me trata la producción y te has unido a ellos.
Es tan... Irónico que una vez consiguieras todo lo que querías, todo lo que deseé para ti, te empeñaras en usarlo para arruinarme.
¿Para qué? ¿Por qué? ¿Por qué demonios te afectó tanto que te dijera que no eres un guía espiritual ni la gran cosa en su momento?
¿Qué sentido tiene siquiera? ¿Por qué me odias como yo a ti?
La lluvia es cada vez más fuerte, Malek está por completo empapado, agua chorreando de su saco. Yo tengo el cabello enmarañado y las manos temblando del frío.
—Era importante para mí —refunfuña Malek.
—¿Que alguien te dijera que tenías potencial? ¿Esa es tu historia de origen? ¿Que yo cambiara de opinión?
—Lo era todo para mí, Soledad. Tú no lo entiendes.
—No sobrevivirías un día de mi vida teniéndote como enemigo y aun así tuviste el descaro de decirme que no estoy hecha para esto. Si yo soy débil, entonces no sé qué seas tú.
Mantiene su boca cerrada, las gotas se resbalan en su rostro. Tiene los puños a los lados, es como si estuviera viendo al diablo. Digo lo mismo.
—Fuiste la primera persona que creyó en mí, por supuesto que me dolió cuando nuestra amistad terminó. —Tose—. Y reconozco que he sido un hijo de puta, ¿bien? He sido un malparido contigo desde que empezó el rodaje porque creí que estaríamos a mano de esa forma. Pero se me ha ido de las manos.
Trago saliva. Mi estómago se revuelve al escuchar esto, porque pensé que nunca lo haría. Una larga fila de lágrimas empieza a escaparse de mis ojos.
—Puede que tengas razón, Sol. Puede que hayas tenido razón todo este tiempo, porque no sé medir las cosas y no sé concretar límites y he roto cada una de las promesas que te he hecho, ¡porque no sé ser un villano!
No entiendo qué estoy haciendo, no lo he entendido todo este tiempo, no puedo apagar mi verdadero ser, no soy como tú y siento...
Me siento asqueado de lo que pasó en el hotel.
Trato de contener un sollozo en mi pecho, pero es imposible. Lloro desconsoladamente, es como una avalancha que cae y me aparto cuando intenta tocar mi brazo.
—Yo no pensé que te estaba dejando una única opción —murmura mirando al suelo, no tiene el coraje de verme a los ojos—. Yo no... Yo nunca pensé en esa posibilidad. Así como tampoco pensé en que tenías el diario en la maleta.
—Sabías ambas cosas —mi voz se corta.
—Acabas de hacer otra de tus grandes jugadas, donde me dices con precisión mis falencias. —No distingo sus emociones esta vez, no lo había visto así—. No sé qué decirte. Es la primera vez que se me cruza el pensamiento de que también te importó, de que también te hice mucho daño.
—¿A qué te refieres?
—Lo siento, Sol. Por lo del hotel, por... por esto... por… todo. Creo que estoy, hasta ahora, tan cegado porque me hayas herido que... Dios. —Se lleva las manos a la cabeza—. ¡¿Por qué demonios no me dijiste?!
—¡Porque te confié cosas que no le había dicho a nadie y me traicionaste para probar un punto!
—¡Tú me hiciste sentir como que todo tu apoyo fue solo pena, que nunca fuiste real conmigo!
—¡¿Y por qué demonios hubiera hecho todo lo que hice por ti si era todo falso?! —mi chillido lo asusta—. Cooper, ¿no te pusiste a pensar un segundo? ¿Uno solo? ¿Qué sentido tenía empeñar mi oro en ti si creyera que no valías nada? —Río amargamente.
El agua de la lluvia me golpea la piel, me pesa la cabeza del cabello mojado, me siento desnuda y al borde de una hipotermia, todo mi cuerpo tiembla. Tengo la vista nublada.
Las ráfagas de viento son intensas, una amenaza con llevarlo consigo. La intensidad en su mirada me sepulta en la esquina del estacionamiento. Sus lágrimas caen hasta sus labios. Me falta el aire, me ha entrado la lluvia a la boca y creo que al corazón. Él tiene los ojos bastante rojos.
—Me dijiste Cooper —resalta.
—No.
—Te oí.
—Estás alucinando.
—Lo siento, Sol .
—Deja de decirme así.
—Lo siento.
—¡Deja de repetir eso!, ¡basta! —Trato de escapar, pero mis zapatos se hunden en un charco y él me lo impide—. ¡Suéltame! ¡No quiero escucharte! El oro se oxidó hace años, ya no importa. Ya da igual.