Arte para no artesanos 13. Avalancha
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13. Avalancha

AVALANCHA

El tiempo nunca lo cura todo.

Malek me lastimó. Lo sabe.

Tengo la teoría de que somos la persona que más daño puede hacerle al otro, como si estuviéramos hechos del mismo veneno. Podemos tocar nuestros corazones y, a la vez, hacerlos añicos. Es una especie de maldición.

Antes, en las madrugadas donde no podía dormir, me gustaba pensar que el collar que me regaló por mi cumpleaños dieciocho estaba embrujado y era el culpable de todo lo que salía mal. Lo perdí poco después. Pero la verdad es que somos nosotros, nosotros somos la maldición.

¿Es este nuestro infierno personal ?

Despertar esta mañana es tan pacífico y deprimente a la vez. Despierto tarde porque no hay alguien molesto que me haga perder horas de sueño, estaría corriendo del apuro si no tuviera ya mi maleta lista para irme.

Siguiente ubicación, la gran ciudad.

Tiré las "sobras" de sus alfajores helados que intentó darme en el aeropuerto. No quiere comprar mi perdón, quiere comprar dejarse de sentir mal consigo mismo.

Malek nunca entiende lo que hace, siempre actúa antes de analizar y asumo que siempre me ha odiado. Puede que me esté nublando la rabia. Fue demasiado lejos, como eventualmente lo haría, supongo que su sed de hacerme daño no le hace ver cuándo estoy sangrando hasta que es demasiado tarde.

Solo Dios sabe cuánto deseo ser actriz, porque esto es insoportable.

La profesora Violeta lo está dando todo, cuando digo todo, es todo. Tenemos libros, vídeos, tutoriales, incluso instrucciones en formato de audio, pero tres horas de clase en la tarde no pueden arreglar años de lazos rotos.

Tiene que enseñarnos de manera individual cómo ser la pareja de baile del otro. Se ve que está un poco estresada, pero se mantiene sonriente, paciente y animada.

—Chicos, tengo que responder esta llamada de mi esposo un segundo, es importante —se disculpa—. Regreso en unos minutos y practicamos otra vez, ¿les parece?

—Adelante —murmuro mirando el suelo.

El silencio no me es incómodo, me he acostumbrado. De hecho, lo aprecio, porque desde hace una semana, cada vez que estamos a solas Malek simplemente...

—Oye.

Apenas distingo su voz, he estado disociando por horas. O días.

—Soledad. En serio, ¿podrías prestarme atención?

Elevo la cabeza, estoy sentada en una esquina del salón que usamos en la nueva ciudad para ensayar. Malek se encuentra justo al otro lado, parado al lado del dispensador de agua.

Trago saliva.

—Dime, Malek.

—Quiero hablar contigo.

—Ya te he dicho que está bien, cincuenta y tres veces, no te preocupes.

—Sé que no estás bien.

—Oh, ahora me conoces. —Me levanto a realizar estiramientos—. Pensé que ya no recordabas nada de mí excepto que soy una perra sin sentimientos que te odia, ¿no?

—Nunca he dicho eso.

Lo miro a los ojos, le cuesta mantenerme la mirada. Eso me hace reír. No ha cambiado ni un poco en todos estos años.

—¿Crees que he perdido la habilidad de leer tu mente?

Abre la boca, intenta decir algo, pero las palabras quedan atrapadas en su garganta. Eso me enfurece más, me enfurece que quiera ser un villano y no soporte lo que aquello conlleva. Que crea que puede ser un desconsiderado conmigo y luego simplemente disculparse.

De nuevo.

La profesora regresa, practicamos la coreografía otra vez.

Es intensa, está estipulado que sea un baile bajo lluvia en ropa de gala.

Alma y Malcon no están en su mejor momento en una fiesta, hay drama, hay caos, pero siempre hay atracción y es un tanto complicado hasta de explicar, pero Violeta consiguió crear una coreografía perfecta para ello.

Me duelen los pies.

Las manos de Malek están en mis caderas cuándo me eleva en el aire, mis manos están en su cuello, y mi mente está en marte. Veo la cara de frustración de la profesora tras analizarnos por una hora más buscando nuestras fallas.

En teoría, lo estamos haciendo bien. Mejor que nunca. No nos equivocamos, vamos en tiempo. No tenemos pena de tocar al otro o de mover nuestro cuerpo.

El problema es que hay menos química que en una clase de arte.

—Disculpen que los interrumpa, están haciendo un trabajo excelente. Es que... Han olvidado mirarse.

—Estamos frente a frente —resalta Malek.

—A los ojos —resalta.

—Es solo un ensayo, será distinto al grabar, ¿nunca ha evitado mirar a los ojos a alguien porque no puede soportar las emociones que vienen con ello?

La profesora se ruboriza. Pero ninguno de nosotros le presta atención. Seguidos pegados el uno al otro, cansados, sudados, hartos.

—Claro, claro. —Frunce los labios—. ¿Han discutido? No sabía que no se llevaban bien. Es solo que hoy es notorio y podemos intentar arreglar las diferencias, es normal con un compañero de danza. Se sorprenderían.

—¿Sabes qué? Necesito un descanso. —Suelto a Malek—. Creo que ya estamos listos, yo... Necesito descansar.

Me voy a paso apresurado a la salida del edificio donde ensayamos, oigo las pisadas de Malek detrás de mí e intento ir más rápido para perderlo.

El clima está gris, más gris que nunca. Las nubes son negras y hace demasiado frío fuera como para estar en mallas de danza, pero no me detuve a recoger mi abrigo.

Me acerco a un taxi vacío para irme cuando él toma mi muñeca y me arrastra al estacionamiento. Intento zafarme de su agarre, pero eso solo hace que lo emplee con mayor fuerza y me acorrale con una pared.

—¿Qué demonios haces, Malek?

—¿Podemos hablar?

—Suéltame. Estoy perfecta, acepté tus disculpas, vamos a terminar de grabar y ya. No me lo compliques más.

—Te conozco, Soledad, sé que estás mintiéndome a mí y a ti.

—Pensé que habías prometido hacer como que nunca nos hubiéramos conocido. De pronto has recordado todo.

—Como debes recordar, soy un asco para cumplir promesas.

—No quiero tener esta conversación.

—Lo sé. Por eso te estoy forzando. —Afloja su agarre—. Mira, disculpa, ¿vale? Yo nunca en la vida hubiera sacado ese tema y, sí, si supongo que sabía que tenías el diario ahí no lo pensé al hacer ese show porque solo pensé en hacerte pasar un mal rato, lo admito, la he cagado.

—Suéltame.

—Pero no lo he hecho apropósito.

—Te creo. Ahora suéltame.

—Soledad, por favor...

—Que sí, Malek, está bien. Está perfecto, si tú te equivocas todos cometemos errores y si yo me equivoco soy Cruella de Vil.

Asumí que simplemente no tuviste la consideración de pensar en mí y en que siempre tengo el diario ahí, tranquilo que no estás escupiendo en su tumba —la frialdad con la que salen mis palabras me sorprende—.

Pero ya que estamos sacándolo a la luz, yo te conozco más: sabía que te cegaría el disgusto.

Porque tú nunca logras ver panoramas completos.

—Es más que eso, cuando dijiste lo de la carrera y tu ayuda, vi rojo. No era yo mismo. Olvidé...

—Olvidaste que me conociste en algún punto —completo por él—. Olvidaste que tenía el diario ahí, pero no fue a posta, lo que tu cerebro quería hacer era borrar el pasado para así poder borrar que tengo razón. Lo tengo claro.

—¿Razón en qué? —Arquea una ceja.

—Te enfureció tanto porque dije la verdad: tú no estarías aquí parado si no fuera por mí. No te pedí que lo pagues, agradezcas o siquiera aceptes. Aun así, no soportas oírlo.

—¿Me lo estás echando en cara?

—No. Te estoy reclamando que di todo de mí para que tú tuvieras una oportunidad y, cuando es mi turno, tú me aplastas en el suelo. Yo creí en ti. Antes que tú lo hicieras.

—Y luego me dijiste un montón de cosas hirientes e hiciste mis días imposibles.

—¡Porque te odiaba! Y no se puto compara una cosa con la otra, yo tenía motivos, tú te has montado una guerra en el presente solo porque... ¿Porque te dije que no tenías carisma? ¿Tanto te importó la opinión de una chica cualquiera?

—No eras solo una chica cualquiera para mí, eras la persona que me empujó a subir al escenario y luego actuaste como si no quisieras verme allí.

—Allí o en ningún lado. Exactamente como ahora, ¿sabes algo?

Prefiero que creas que soy una hija de puta y ya.

Olvida la parte donde fui una excelente amiga contigo, después de todo, aborreces la idea de reconocer que estuve para ti cuando lo necesitabas y tú nunca   estuviste para mí cuando yo lo hice.

—Por Dios, Soledad.

—Porque estamos predicando tanto sobre el pasado, sobre nuestra "amistad", así que, ¿recuerdas qué hiciste cuando yo estaba en un mal momento? Ah, sí, abandonarme. Oh, espera, cierto... el mal momento lo creaste tú.

—Estaba intentando ayudarte. No me hiciste caso, joder, ¿esperabas que te viera destruirte sin hacer nada?

—Dime, Malek, que tan bueno eres para hablar sobre las acciones de los demás, ¿cómo pretendías ayudarme?

Porque, que yo recuerde, tu "intervención" solo llevó a qué mi mamá me echara de la casa.

Pudiste esperar que yo le dijera, pasó literalmente una semana, pero decidiste por mí, ¿sabes lo peor?

Tú sabías que no nos llevamos bien. Tú sabías que tanto ella como yo estábamos pasando por un duelo y sabías que no se tomaría a bien lo mío con Terrence, lo que pasa es que esperabas que saliera distinto porque, al parecer, controlas el universo.

Así como sabías que era la única familia que me quedaba, que además de ella, solo hablaba con mi novio y contigo, cuando todo pasó, ¿cuáles crees que eran mis opciones?

Mejor dicho, ¿quién crees que era mi única opción?

Su rostro, que expresaba ira y frustración, de pronto se contrae, apagándose. Lo veo unir cabos en segundos, aterrándose de su descubrimiento. Retrocede unos pasos. Es como si un montón de piezas hubieran caído en su lugar para él y yo quiero que me trague la tierra.

—No basta con querer hacer las cosas bien, Malek.

¿Sabes qué es lo que más odio de ti? Es que tú siempre lo sabes .

Te dejé conocerme, te dejé saber de mi familia, de mi vida privada, de mis sueños, de mis inseguridades, de la cosa que más me lastima y todas...

Todas y cada una las has utilizado en mi contra. Esta era la que te faltaba.

Su mandíbula se tensa, parece no estar terminando de procesar mi primer encaro.