Arte para no artesanos 12. Casting
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12. Casting

CASTING

DIECISIETE AÑOS

Nadie sabe lo que no tiene, hasta que lo obtiene.

Son las dos de la tarde, en teoría, debería estar en la universidad, pero estoy en el hospital.

Mañana es mi cumpleaños y estoy ansiosa por cumplir dieciocho; sin embargo, no estoy muy feliz. La madre de Malek ha empeorado, no ha ido a clases en toda la semana y no podía seguir pretendiendo que me creo sus mensajes de "estoy bien".

Cruzo consternada los pasillos hasta llegar a donde sé que se reúnen los familiares cuando no los dejan entrar a la sala del paciente. Él está justo allí, sentado en una esquina, perdido en su teléfono.

Tomo una larga respiración.

—Cooper, ¿Cómo estás?

Eleva la cabeza, sus ojos se agrandan, por unos segundos se queda paralizado y confundido. Como si no pudiera creer que mi presencia allí no fuera producto de su imaginación.

—¿Qué haces aquí?

—Vine a ayudarte. A ver a tu mamá, a ti.

—Deberías estar en clases.

—Lo sé.

—O preparando tu fiesta de cumpleaños.

—No estoy emocionada por la fiesta, no... No he vuelto a celebrarlo, de hecho. Es irrelevante.

—En serio, Sol, no deberías estar en este lugar.

—Tú no dictaminas lo que debo o no debo hacer. —Dejo mi mochila en la silla al lado de la suya y me siento en el borde—. Cuéntame, ¿Cómo sigue?

—Ahora está estable, pero han sido días muy complicados. —Suspira—. La verdad es que ayer me estaba haciendo a la idea de que quizá era hora de despedirme, pero luego mejoró. Me es... Me es extraño cómo la vida es tan efímera.

Pongo mi mano en su hombro y lo acaricio con suavidad, lo noto relajarse ante el gesto, no demasiado.

—Todo estará bien.

—Eso espero.

—Te lo prometo. Esto pasará.

—Gracias.

Cooper me aparta la mirada, pretende distraerse mirando al suelo. Checo la hora en el reloj de pared. Aún falta para que vuelvan a dejarlo ingresar a la sala. Intento pensar en un tema de conversación que lo distraiga.

—Fuera de tema, ¿pudiste grabar el vídeo para el casting que te mandé?

—Sigo sorprendido de que encuentres castings tan específicos.

—A ver, yo no soy un hombre alto de ojos verdes con aspecto amenazante. —Río—. Pero conozco a uno, eh.

—No soy nada amenazante.

—Es por tu estilo, ¿lo grabaste vestido de verde como te dije? ¿Lo enviaste?

—Yep, ese mismo día —hay algo en la forma en que lo dice que no me gusta.

Cooper se percata, pues lo estoy mirando raro.

—¿Qué?

—Cooper.

—¿Qué pasa?

—Malek Cooper.

—Sol, ¿qué me ves?

—Malek Dylan Cooper. —Me cruzo de brazos—. ¿Qué me estás ocultando? Más te vale confesar, porque te juro que seré tu peor enemiga.

—Eh... Bueno... Ejem, sobre el casting .

—Ajá, sobre el casting .

—Vale, digamos que pasé a otra ronda, pero no importa mucho porque, se supone, debo estar en la otra ciudad hoy como para las seis y me será imposible.

Debo quedarme aquí a cuidar a mi mamá, no le puedo dejar sola y el otro lado de la familia no responde mis llamadas.

—Carraspea—. No te quería contar porque sabía que te iba a decepcionar.

Se me rompe un poco el corazón al oírlo, siento muchas cosas a la vez: Pena, resentimiento hacia su familia, tristeza porque no pueda tener la misma libertad que yo o cualquier persona de su edad, preocupación por cómo podría ser todo si la situación no mejora.

Trato de contener lo triste que estoy dentro de mí, pero veo mi reflejo en la ventana, no se me da.

—Habrán otras oportunidades —me consuela.

—Yo tendría que darte ánimos a ti, no al revés. —Fuerzo una risita.

—¿Sabes?, no es tan malo, quizá...

—¡Espera! —lo interrumpo cuando una idea fugaz llega a mi mente—. Yo puedo quedarme aquí, recién en unas horas vendrán a hablar conmigo, sé qué decir y cómo manejarme. Si sales ahora... —Miro mi teléfono—. Llegas con treinta minutos de tiempo para arreglarte en el baño antes.

—Estás loca.

—¡No! ¡Cooper, en serio! —Me levanto y tomo su mano, estirándolo para que se levante—. ¡Anda, que no tenemos mucho tiempo!

—No voy a hacer eso, Soledad.

—¡No me digas así!

Lo veo sonreír por primera vez en semanas ante mi grito. Lo hace apropósito.

—Sol —corrige—. No quiero, nos conocemos hace, ¿qué? Demasiado poco tiempo como para que hagas tanto por mí, además, solo dejan entrar a familiares o personas cercanas.

—Tu mamá me conoce.

—Pero las enfermeras no.

—Diré que soy tu novia.

—No sé si eso funcione del todo.

—Diré que soy tu esposa.

—Eso no tiene sentido.

—Para cuando lo comprueben o no, ya habrás vuelto. De verdad, Cooper, por favor, por favor, ya vas tarde. —Uso el peso de mi cuerpo para moverlo, sin soltar su mano—. ¿Quién te dice que esta no es la oportunidad de tu vida? No puedes perdértelo.

—Hay cosas más importantes para mí en este momento.

—Lo entiendo, y por eso estoy aquí, para apoyarte en lo más importante, así puedes ir a lo segundo.

—Lo suelto—. ¿Sabes qué? A la mierda, me voy a enojar muchísimo contigo si no vas, ¿he hecho todo esto por nada?

Inscribirte a clases, mandarte castings , buscarte papeles, perderme clases, ¿para qué?

Para que decidas que no vas a ir a por lo que quieres.

—Sol...

—Tú mismo lo dijiste, ella está estable y mejorando. Además, la señora Cooper me ama, estoy segura de que le encantará verme.

—Eso es cierto, pero, vale, imaginemos que me va bien, ¿y la universidad qué? Me faltan varios años.

—La haces en línea.

—¿Y mis responsabilidades?

—Ella se recuperará y podrá vivir como siempre lo ha hecho, esa mujer es más independiente que tú. Lo sabes.

—¿Y...?

—¡Basta de excusas, Cooper! —grito tan alto que una enfermera al final del pasillo se asusta.

Él se ve indeciso, yo vuelvo a controlar la hora. Si sale ahora, tendrá solo diez minutos para prepararse allá.

No los necesita, no necesita nada más que su talento.

—Escríbeme en todo momento —farfulla mientras toma apresurado su mochila del suelo—. ¡Estaré pendiente, te diré qué hacer si ocupan algún medicamento! —Empieza a caminar hacia la salida.

—Estará todo perfecto.

—¡Gracias por esto! ¡Lo daré todo!

—Es la idea, idiota.

—¡Suerte!

—¡Suerte!

El verde es el color de la suerte, así que creo le irá bien.

Paso la tarde pegada al teléfono, averiguando cada minuto dónde se encuentra hasta que llegue al lugar. El resto del tiempo me hago amiga de las enfermeras para poder saber más sobre cómo adaptarme a ser la compañía de la señora Cooper ahora.

Les he mentido sobre quién era, suena más serio decir que eres la novia a decir que eres... Una chica que ha conocido hace un par de meses.

Antes de entrar a la sala, respondo un último mensaje de Terrence. Vuelve a la ciudad en unos días y quiere que tengamos una cita. En otro instante, estaría chillando de la emoción, pero ahora pongo todos mis contactos en silencio, excepto el de Cooper.

—Soledad —dice lento la mamá de Cooper al verme ingresar, se ve alegre, sostiene mi mano cuando me siento a su lado.

—Buenas tardes, ¿ha dormido bien?

Le envío una foto de nosotras para reafirmarle que por aquí todo marcha excelente. Él me envía un vídeo corriendo para llegar al metro. Acaba de subir.

Según mis cálculos, llega más que a tiempo. Un peso en mi pecho finalmente se libera.

—¿Dónde está Malek? —pregunta ella.

—Le he dado un tiempo para sí mismo —balbuceo—. Creo que lleva ya muchos días aquí... Hoy estoy libre y quise venir a verla. No se preocupe, vuelve en unas horas. No notará que se fue.

Me observa con cierta ternura. Su pulgar arrugado se desliza sobre mi piel. Sus ojos claros se ven agotados.

—Malek tenía razón, no te mereces todo lo que te ha ocurrido. Eres un sol.