11. Escena #2
—Entendido —acato—. ¿Quieres la escena completa? —pregunto a Terrence.
Su mirada se encuentra con la mía, su cabello rubio bien acomodado a la derecha. Él me observa orgulloso, y siento algo, al menos algo de familiaridad. Eso me hace sentir menos muerta.
—Adelante, Soledad, veamos si puedes ayudar a tu compañero. Trata de guiar a Malek Cooper, por favor.
Asiento. Cooper me observa un poco nervioso.
—No le hagas caso, no necesitas de nadie —le susurro—. No necesitas de nadie, menos de mí.
Carraspeo antes de pronunciar la primera línea, automáticamente, Cooper se mete en personaje. Veo la crítica de los demás, su lenguaje corporal no es bueno. Así que tomo ese asunto personal.
Me propongo guiarlo, de verdad. Exagero lo que deberían ser contactos casuales entre diálogos para que él puede corresponder a aquello y, si bien en el primer minuto parece no funcionar; en el segundo ya no necesita esa ayuda.
Cooper toma las riendas de la escena, los personajes están hablando y, a la vez, bailando o lo más cercano a bailar sin moverse de lugar que se ha visto.
Él toma mi mano y eleva mi brazo a un lado, como en el tango, luego sus dedos se deslizan sobre mi piel, de mi muñeca a mi clavícula.
Detiene su mano con suavidad en mi cuello.
—No debería estar aquí y no debería estar haciendo esto —su tono es decidido. Es bueno. Aunque le falta algo.
—No sabes lo que dices —susurro.
—No debería estar contigo ahora, no debería estar contigo nunca —murmura en un farfullo, trata de suspirar, pero se corta a sí mismo—. Estados destinados a fracasar, desde el principio. —Pega su frente la mía.
Me sorprende lo que acaba de hacer, acaba de modificar la intención de un diálogo. De triste a desesperado, y no solo ha quedado bien, sino que ha sonado perfecto. Una chispa de alegría explota en mi pecho.
«A esto me refiero, Cooper. Este es quién eres en verdad».
—Si estamos destinados a fracasar, entonces, ¿qué demonios haces aquí otra vez? —pregunto entre dientes—. Estoy harta, Malcon. Harta de tus idas y vueltas.
—No es tan fácil, Alma.
—Contigo nada es fácil.
Cooper me suelta, empujándome ligeramente al hacerlo. Me esfuerzo en contener mi sonrisa, hay un segundo en el que salgo del personaje, pero regreso rápido.
Él da media vuelta, usando el poco espacio que tenemos para caminar en círculos. Lo sigo, tomo del hombro y obligo a mirarme.
—¡Respóndeme! —exijo—. Si todo sobre nosotros es tan difícil, Malcon. Si estamos tan mal, si nunca vamos a funcionar y ni siquiera deberías estar hablando conmigo ahora, si lo que dices es real... —Estiro el cuello de su camisa—. ¿Qué es lo que quieres de mí?
Cooper toma mi rostro con una mano, sus dedos en mi nuca, su pulgar en la parte final de mi mejilla. Su otra mano en mi cintura. Sus labios sobre los míos.
Me besa, y la verdad es que no pienso absolutamente en nada más que en que estamos dando una actuación de puta madre y me siento la puta ama. Aunque sea una tontería.
El beso es... es...
Pierdo el aire, su boca posee la mía, sus labios son suaves, pero sus movimientos son bruscos. Como si tuviera hambre. Como si estuviera enojado de siquiera escuchar esas palabras salir de mí y eso es exacto lo que se necesita entre estos dos personajes.
Mientras su toque en mi mejilla es delicado, utiliza su mano para acercar mi rostro aún más, me mantiene con fuerza pegada a su piel. El beso es agresivo, es grotesco, es totalmente innecesario que sea así. Esto es solo una práctica.
Tengo los ojos cerrados, pero puedo ver la escena desde fuera.
Puedo percibir cómo la tela de su ropa se arruga entre mis uñas, cómo nuestras narices chocan, cómo está un tanto inclinado hacia mí mientras yo estiro el cuello para alcanzarlo.
No nos separamos hasta que Terrence lo ordena, no sé cuántos segundos o minutos haya durado eso.
Cuando finalmente nos alejamos, ambos estamos respirando agitado. Todo el salón está en completo silencio.
—Esta vez sí que lo has hecho perfecto, Malek —comenta nuestra compañera—. Has pasado de un tres a un diez.
—Tienes razón, la forma de decir los diálogos... me encanta, enséñame a hacer eso, compa. —agrega otro de los chicos.
—Nada mal, buena práctica —dice Terrence, aunque lo oigo algo incómodo—. No hace falta que se esfuercen tanto tampoco, pero se aprecia. Ha sido mejor que vuestros intentos anteriores.
—¡Gracias! —exclamo, y me giro hacia Cooper—. ¡Lo hicimos! —Levanto la mano para chocar los cinco, él tarda unos segundos en corresponderme.
—No sé cómo he hecho lo de la voz —confiesa risueño cuando nos sentamos juntos de nuevo—. Pero creo que he descubierto un nuevo talento.
—De nada. —Me encojo de hombros.
—Eres mi pareja de actuación ideal. Me despiertas.
—Lo sé, voy a empezar a cobrarte —bromeo.
La clase continúa, pasamos a otros clásicos, más serios. Terminamos poco después.
Cooper me ofrece regresar juntos a nuestras casas, pero quedé de hablar con Terrence luego de la salida así que lo rechazo.
Espero a que todos los alumnos se vayan para ayudar al profesor a llevar la utilería al cuarto de material didáctico. Son las siete y treinta, a esta hora ya nadie se encuentra por aquí.
—Hey, no me has respondido los mensajes —resalto con suavidad, él no me mira, se limita a guardar sus cosas en su maletín.
—He estado ocupado, tendré un intercambio universitario por un mes. El profesor de actuación de Lerby vendrá aquí y yo iré allá.
—Oh, no me habías dicho eso.
—Lo olvidé. He tenido mucho en mente, Soledad. Y bueno, estoy queriendo evitar a Luna.
Quiero hablar sobre eso, pero la respuesta me da miedo. Me aclaro la garganta.
—¿Tú aún... — La amas, la extrañas, siempre será ella —. Piensas en eso?
—Tengo que mudarme, mis cosas están en su departamento y tal. Pero todo bien, ese capítulo está cerrado.
—Sí... Por cierto, ¿estás libre el finde?
—Yo te aviso.
Entiendo que en estos momentos no quiera ligar conmigo. Pero su toque en mi mano es delicado y su mirada es intensa. Me pregunto si él sabe que me gusta.
Sé que esto está mal. Pero me hace sentir bien.
“¿Lo sabes, Sol?”.
Terrence se ofrece a llevarme en su auto al salir del salón y lo rechazo. Quiero caminar. Ayuda a despejar mi mente de la neblina.
Antes de irme, cuento las monedas en mi billetera para ver si me alcanza y voy a la cafetería a comprar una lata de refresco.
«Cooper tenía razón, esta mierda es adictiva».
Estoy saliendo del campus cuando lo veo al lado de los basureros de reciclaje, arrojando su propia lata en su lugar de clasificación. Lo saludo con la mano mientras intento beber la mayor cantidad de líquido posible para también deshacerme de la mía.
—Hey, sigues aquí.
—Estaba en la biblioteca. Usando la computadora.
—¿Qué estabas mirando?
—Audiciones en línea, algunos comerciales incluso.
—No te lo recomiendo, si te haces famoso y luego tienes, no sé, un comercial sobre gatitos, pero en unos años los gatitos son ilegales, entonces te cancelarían.
—Hubiera escupido mi coca de la risa si aún me quedara.
—Ten. —Le doy la mía—. Queda como un sorbo o dos.
La toma, bebe y finge que se le escapa de la boca de la risa. Es abruptamente realista. Me río hasta que me hace falta el aire.
—Como decía, ten cuidado con lo que haces. no quiero que en unos años te cancelen por no haber pensado en los gatos ilegales.
—Si alguna vez me cancelan, simplemente filtraría fotos sexys mías para distraer a todos.
—¿En serio?
—Estoy comprometido con este sueño, Sol. Nadie va a quitármelo de las manos. Así tengan que ver mi pene en el Times Square.
—¿Sabes?, creo que estás listo para ser una celebridad. Lo salvaje ya lo tienes.
—Eso es cierto, supongo. Tengo que empezar a ir al gimnasio, por cierto, necesito buenas fotos para cuando todos quieran acabar con mi carrera.
—También necesitas hacerte la cirugía esa de los ojos, los lentes no son muy sexys.
—¿Tú sabes que te lo hacen con el ojo abierto, ves todo, y sientes el láser? En mi vida, no, para nada. Usaré lentillas o estaré ciego, pero yo a eso no me someto.
—La verdad es que no tenía idea de cómo era. Pero, te ponen anestesia, ¿no?
—Sí, claro. Pero igual es aterrador. Además, podría quedar sensible a la luz y tal.
—Lentillas entonces. —Bostezo—. Oye, hace rato, en la escena de Malcon y Alma...
—¿Qué sobre eso?
—No sé si te has dado cuenta, pero tienes esto donde a veces tardas en comenzar. Es como que desde que dicen acción o dan luz verde, tienes cinco segundos de retraso.
Cooper se queda callado, ambos empezamos a caminar hacia la calle. No hemos hablado de ello, pero sé que va a acompañarme a casa y luego irá a la suya.
—Tienes razón, no me había percatado.
—Te tengo la solución.
—¿Sí?
—Sí.
—Empieza las escenas tú mismo, antes. No te metas en personaje cuando sea momento, sino que mentalízate que estás en personaje antes. Así no te agarra por sorpresa el ritmo de acción, si ya eres quien debes ser, no tienes que "dar un salto" al vacío cuando te lo ordenan.
—No lo capto.
—Dite "acción" a ti mismo mentalmente cuando veas que el director o el profesor está por decirlo. Puedes canalizar la energía mirando a la persona con la que actúas o tal, pero lo canalizas. Mientras más tiempo te crees un personaje, mejor se te da. Mejoras con los minutos.
—Gracias.
—Oh, y sé que te centras en el otro en las escenas para limpiar tu mente de los nervios sobre si no lo estás haciendo bien.
Es buena idea, las personas allí creyeron que me agarraste de tal forma por confianza, pero en realidad era para distraerte de estar haciendo eso frente a ellos y lo sé. Te conozco.
Él se detiene en sus pasos y me mira a los ojos.
—Odio que me leas tan bien.
—Es un don.
—Es como si pudieras predecir mis habilidades a futuro.
—Soy una bruja de predicciones, ya te lo he dicho.
—Se siente bien que me conozcan tan bien tan rápido, la verdad.
—Lo intento, Cooper. Lo intento —musito y él baja la cabeza.
Cada vez que Cooper hablaba conmigo, lo veía en sus ojos, el miedo y la admiración. El agradecimiento y la rabia profunda.
Porque yo siempre pude verlo.
En su totalidad.