Arte para no artesanos 9. Antagonista #3
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9. Antagonista #3

—Ay, no. —Me carcajeo—. Lo hiciste. Sé cómo suenas cuando mientes, ¿recordaste todo lo que dije? Qué tierno, es, de hecho, romántico.

—Si no sales de aquí en tres minutos voy a tirar tu maleta por el balcón.

—No porque te haya atormentado todos estos años significa que tú debas devolverme el favor. Lo tuyo lo escogió tu mente, lo mío ahora es inescapable.

—Deja de decir cosas sin sentido.

—No lo has negado.

—Vete. De. Mi. Jodido. Cuarto.

—Joder, eres tan falso como el día que te conocí.

—En buena hora. La persona que se dedica a fingir de profesión no es transparente, ¿quieres un trofeo por tal descubrimiento? Vaya que eres lenta.

—Quiero que admitas que la razón por la que me odias es porque acerté cada uno de tus logros y no pudiste quitar mi voz del fondo de tu cabeza. —Su mirada se oscurece al oírme—. Incluso ahora... incluso ahora no puedes. Por eso quieres que me vaya de tu habitación.

—Suficiente. —Se levanta y me arrebata la maleta de las manos, mirando hacia el balcón.

Va a paso rápido, lo sigo corriendo, forcejeando e intentando bajar sus brazos.

—¡No! ¡Malek!

—Estoy harto de ti.

—¡Malek, no!, ¡por favor! Espera.

Trato de detenerlo, hundiendo mis uñas en sus hombros para arrastrarlo hacia atrás, pero no lo muevo ni un poco.

—Deja de gritarme.

—¡Malek, que no!, ¡en serio!

—Me da igual —Estira la maleta hacia el vacío, esta se tambalea en el aire y yo puedo sentir cómo las lágrimas se forman en mis ojos—. Te dije que debías irte. Ahora tus cosas van a...

—¡El diario de mi hermano está dentro! —grito.

A Malek se le borra la sonrisa, toda su expresión cambia. Se aleja del precipicio y devuelve la maleta al suelo con delicadeza. Se le fueron los colores del rostro.

Estoy llorando desconsoladamente antes de poder terminar de visualizar que no hizo nada. Me dejo caer al suelo de rodillas, con la vista nublada busco aterrada entre mi ropa, en el compartimiento especial, el diario.

Mi reacción no es lógica, es obvio que estaría allí protegido, pero no logro comunicarle eso a mi sistema nervioso. Mi corazón late a mil, mis manos temblosas controlan que esté bien mientras que una gota moja la primera página. Me lo acerco al pecho.

—Yo... yo... lo siento no sabía que... —su tono cambia, por completo, como nunca. Es bajo, delicado y un tanto triste.

Me ha dado la impresión de escuchar a Cooper y no a Malek.

—Déjame sola —sollozo.

Nunca entendí cómo pensó que sus "actos de bondad" no me afectarían.

Cómo siendo él la única persona que sabía que había perdido a mi hermano tan recientemente, provocó que mi madre me dejara de hablar en un momento tan vulnerable y nunca se disculpó por romper cualquier tipo de límite que tenía.

Si ya estaba sola en ese momento, sin mi madre ni amigos solo fue peor.

Solo tenía a Terrence. Además de una reputación arruinada.

Nunca entendí cómo pensó que el mundo era un cuento de hadas que él podía arreglar y no simplemente mi vida, la cual ya estaba lo suficientemente destrozada.

Ahora... Ahora creo lo entiendo.

—No, en serio. Lo siento, jamás lo hubiera hecho si...

—No quiero hablar contigo, no quiero verte, no quiero... —Me tapo la cara— . Déjame sola y ya... ya luego me iré.

Todo mi cuerpo está temblando, la idea de perder el diario se sintió como si me hubieran amenazado con un arma y jalado el gatillo.

—No, no hace falta. Perdón. Perdón, de verdad. Dios, he sido un descon... —Suspira—. Discúlpame. Perdón.

—Déjame, no quiero que me veas así. —Utilizo mi cabello para taparme más el rostro—. Déjame, Malek. Te tengo miedo.

Apenas logro ver a través de mi llanto.

—Lo siento, Sol .

—Déjame sola.

—Me preocuparía hacerlo ahora.

Tomo varias respiraciones profundas para calmarme, me froto los ojos y dejo el diario a un costado. Elevo la vista hacia Malek.

Su expresión, la cual ya era deprimente, cambia a una devastada al verme a los ojos. Es como si se le acabara de encoger el corazón en el pecho. Su atención va de mis ojos a mis cosas y luego al suelo.

—No sabes cuánto lo lamento,  Sol .

—No me digas así.

—No tenía idea de que lo tenías contigo, yo jamás jugaría con...

—Da igual. Ya lo hiciste.

—Y lo siento muchísimo.

—Tú sabias... Tú... yo... yo claramente lo tendría conmigo. Sabías que lo llevo conmigo. Me estabas echando, guardé mis cosas, por supuesto que tendría lo último que me queda de él allí.

—Ya sé que me pasé, ¿vale? No lo tuve en cuenta. No estoy en mis cinco sentidos.

—Tú nunca me has tenido en cuenta.

—Estaba pensando en rojo, no se me vino a la cabeza. Lo siento.

—No quiero seguir teniendo esta conversación. —Vuelvo a reacomodar mi maleta aún en el suelo—. Recojo y mi iré, solo permíteme estar sola ahora.

— Sol...

—Déjame en paz.

Asiente y se devuelve a dentro de la suite .

Cuando por fin me junto en pedazos, sintiéndome horrible por haberme visto así de vulnerable, no veo rastro de Malek.

Sus toallas, sus zapatos, su maleta. Ha desaparecido. Me acerco con cautela hacia la mesita en la entrada, hay una nota escrita sobre el recibo de los postres que compró la última vez.

Tengo dónde quedarme, no te preocupes

No volveré a la suite. Puedes estar tranquila.

Descansa.

-MC