9. Antagonista #2
—Oh, no, nos lleva el chófer. Vamos todos juntos, vamos a la misma locación. Además, tu compañero no debería tocar su tan costoso carrito en este estado.
Malek sale caminando con nosotros, con los brazos cruzados, el equipo de seguridad de Jack nos resguarda hasta que llega el auto que nos llevará y nos ayudan a abrir las puertas.
Tengo la impresión de que aparento estar más borracha de lo que estoy. La verdad es que estoy disociando. Mas intento mantenerme presente porque estoy disfrutando de esta jornada.
Incluso el camino al hotel es divertido.
—¿Sabes, Malek?, esta es la primera vez que salgo contigo y no te llevas unas desconocidas de regreso.
—Muy chistoso, Jack.
—En serio.
—Deja de bromear.
—No estoy bromeando —por el tono, yo tampoco distingo si bromea o no, pero apenas puede pronunciar dos palabras seguidas sin carcajearse.
—Te odio.
Jack suspira tristemente. Se pone una mano en el pecho, encima del corazón, y dice en de forma dramática:
—Odiaban a Jesús porque él decía la verdad.
—¡Eso es todo, voy a asesinarte! —Malek intenta llegar a Jack, pero yo estoy sentada en medio de ellos. Otra vez.
—¡A Jesús de Nazaret también lo quisieron silenciar! —exclama irónicamente Jack, es divertido salir con actores porque cada palabra suena con una entonación siniestra particular—. ¡A los más justos nos han crucificado!
—¡Ven aquí, pecador! —grita Malek.
—¡Pecador! Para tu información, Judas, yo sudo agua bendita.
—Estás pasándote hoy.
—Estoy igual que siempre. Tú estás pasándote hoy, ¿cuál es tu problema? Literalmente hemos tenido que regresar a la una de la mañana en lugar de a las cinco porque se te ha dado la gana.
—Quiero descansar. Es todo.
—Va, está bien. —Bosteza—. Disculpa si me fui a la mierda, no era mi intención ofrecerte un trío a ti y a tu compañera... En broma.
Casi me hace reír, pero debo pretender que estoy absorta en mis delirios.
—No sé qué se te cruzó en la cabeza.
—A ver, en las Vegas...
—Pare aquí, por favor, volveré caminando —pide Malek al chófer, quien le hace caso de inmediato.
—Es peligroso a estas horas —recalco.
—Y te van a hacer una foto feísima, te ves mal, estás despeinado. Así que soporta, que ya estamos a quince minutos.
Dentro de nuestra suite es silencioso. Malek se toma un té verde en la mesa del comedor y yo un licuado de fresa en la alfombra cerca de la cama rota.
El ambiente es denso, las palabras son afiladas y me duelen los pies de tanto bailar hoy. He estado esperando que entre a ducharse para hacerlo luego yo sin que me apure, pero no se ha movido de su asiento en una hora.
Son las tres de la mañana.
—Presta más atención a la profesora en las clases —aconseja.
—Lo hago, pero se supone que debería apoyarme en ti y hoy vi tu deseo de dejarme caer implantarse en tus ojos.
—Hazlo por ti misma, yo no voy a ayudarte.
—Solo pido que no me lo hagas más difícil.
—No es mi culpa ser mejor que tú.
Cierro los ojos, respiro hondo y me trago mis insultos. Llevo mi vaso de plástico al basurero intentarlo ignorarlo, pero su mirada en mi espalda me enerva.
—No eres tan bueno, solo eres mejor que yo, lo cual, teniendo en cuenta que es mi primer papel y tú una estrella, pues debería ser lo lógico. Será divertido verte opacado por el resto del elenco cuando empiecen a aparecer en escena.
—Sigo siendo el más aclamado, tu argumento no tiene solidez.
—Eres el actor más sobrevalorado de los últimos tiempos
—Al menos sí me valoran, no es mi culpa que alguien sea una fracasada. No importa cuánto lo intentes, Soledad. Tu poco talento se ve eclipsado por tu minúsculo cerebro y la verdad es que te lo mereces.
—Como digas. Hazme un favor y permíteme dormir.
—A veces te tengo envidia porque no entiendo cómo puedes dormir sin pensar en lo insignificante que eres y en cómo no mereces ninguna de estas cosas.
—Eres un monstruo. Me da igual lo que me digas —murmuro arrastrando mis pantuflas hasta mi "cama".
—No, soy sincero, ¿qué quieres que te diga?, ¿que no es tu culpa que esta sea tu primera y última oportunidad en algo?, ¿que los productores no te miran con desdén?, ¿que finja que no sé que no eres nadie aquí al lado del resto? Eres una tonta.
Hay algo tan extraño en cómo lo dice, su tono me recuerda a algo, no recuerdo a qué. Es como si hubiera ensayado esas palabras. Alarga las S sin razón.
Puede que solo esté muy borracho.
—Quieras o no vas a tener que compartir película con esta tonta. Te aguantas.
—Aún estoy a tiempo de quitarte del rodaje y arruinar tu escasa carrera actoral.
—¿Sabes qué? Déjate de amenazas idiotas, adelante. Hazlo.
—Lo haré.
—Estás tan amargado por dentro, Malek. Es triste.
—Tú lo estás.
—Entonces somos iguales. Dos actores tristes comen trigo en un trigal —digo a modo de chiste para molestarlo—. Después de todo, venimos del mismo árbol podrido y míranos aquí, tan animados, tan felices.
—No naciste para esto, Soledad. No tienes lo que se necesita. Así que hazme el favor de nunca volver a compararte conmigo porque empezamos en el mismo sitio; yo estoy en otro nivel y tú eres... la chica al lado mío.
—Si no te hubiera dicho todos tus defectos en la cara en la universidad, si no te hubiera leído como un libro y entregado tu resumen, nunca los hubieras arreglado y no estarías aquí conmigo. Entonces, si pretendes hacerme sentir mal con esas palabras, que sepas que no lo logras.
Por primera vez desde que nos reencontramos, pareciera que lo he dejado sin palabras. Abre la boca, la vuelve a cerrar.
—¿Qué quieres? ¿Qué te agradezca? —Se ríe con amargura.
—No, para nada. Simplemente sería ideal si dejaras de intentar tirarme al suelo cuando fui la puta primera persona que creyó en ti, incluso antes que tú.
—Y luego dijiste lo contrario.
—Eso no te detuvo. Pero lo primero que dije te motivó y te jode admitir que fui importante en que ahora seas Malek Cooper y no solo un artista frustrado.
—Te estás dando mucho crédito, peor aún, crédito por mis acciones, lo cual me enfurece más.
—Niégamelo entonces.
—Salte de mi habitación. Mi bondad se terminó, no quiero ni que estés cerca.
—La razón por la cual te enfada es porque sabes que es cierto.
—Que sea la última vez en tu vida que te atribuyes siquiera un poco de reconocimiento en lo que he forjado yo.
—No me atribuyo una mierda, simplemente digo que te di un empujón cuando lo necesitabas y tú ahora estás solo intentando hundirme. Y, ¿sabes algo? Solo para que te duela: me da igual, me da puto igual, no representas a nadie importante para mí como para que tus idioteces me lastimen.
—Oh, qué preocupado estoy por ello.
—Te detesto, Malek.
—Yo más.
—Te odio.
—Eso me sube el ego.
—Desearía no haberte conocido.
—Eso ya lo has dicho. Invéntate nuevas frases. No has cambiado el repertorio en años.
—¿Y tienes el descaro de contestarme eso? ¿Sabes qué?, sí, sigo pensando exactamente cada cosa que te dije cuando dejamos de ser amigos.
—Ah, ahora éramos amigos.
—¡Podríamos haberlo sido si no tuvieras un jodido complejo de cardenal católico!
—Estás perdida y ya lo estabas antes, Soledad. Solo quise ayudarte y me trataste como si te hubiera apuñalado por la espalda.
—¡Me apuñalaste por la espalda! ¡Hiciste que mi madre me dejara de hablar por meses!
—¡Le dije la verdad! Eras una niña y no quería que jodieras tu vida.
—¡Mi vida! —grito tan alto que resuena en toda la suite — ¡Era mi vida, Malek! Tú no tenías derecho de meterte. Llevamos hablándonos nada y decidiste que por tus huevos de Superman con tu ridícula varita mágica de moral ibas a... ¿A qué? ¿A salvarme la vida a costa de arruinármela?
Malek se para y acerca a mí, veo nuestro reflejo en el vidrio de la puerta del balcón. Parecemos dos locos.
—Hice lo que cualquier persona hubiera hecho y fuiste tan idiota que ni siquiera me agradeciste.
—¡Vale! Me alegra que lo hayas traído a tema, ¡Gracias, papa Francisco!
—Río—. Por tu gran servicio haciéndome ver como una mala hija por simplemente no decirle algo al instante a mi madre, lo cual le iba a decir; por aprovecharte de que simplemente te tuve confianza y por no pensar en absolutamente ninguno de tus actos ni sus repercusiones.
No tenías una sola idea de qué pasaba puertas para dentro, solo querías saciar tu sed de verte como un santo y encontraste el pecador perfecto.
—Se arreglaron de todos modos, entonces, ¿por qué estás siendo tan histérica ahora?
Es exactamente tan desconsiderado, inconsciente e insensible como lo recordaba. Trago saliva. Hasta el día de hoy, no entiende que necesitaba un amigo y no lo que sea que quiso experimentar conmigo.
—Nunca vas a comprender el daño que me hiciste y siempre vas a actuar como si mi reacción fuera de la nada. Lo capto, Malek. Debo dejar de esperar que pienses en alguien que no eres tú.
—Pensé en ti. Necesitaba hacer lo correcto.
—Felicidades, señor perfecto, lo has hecho todo bien en tu vida, ¿A dónde te ha llevado?
¿A pelear con la chica que odias todas las noches mientras te llenas el vacío emocional con tu entorno superficial, sexo casual y premios que te quiten la sensación de que eres un fracasado porque no puedes hacerlo solo?
—Vete de mi habitación de hotel, Soledad. Simplemente vete. Ahora.
Refunfuño, doy media vuelta y tomo mi maleta, abriéndola de par en par. Empiezo a arrojar mis cosas a lo loco, él simplemente entorna los ojos y me observa en silencio.
—De todos modos, odiaba compartir habitación contigo.
—Vete y ya, Soledad.
—¡Estoy yéndome, idiota! ¡¿No ves que estoy armando mi maleta?! ¿O quieres que te deje las cosas para quemarlas?
Una sonrisa maliciosa se forma en su rostro, mi ira es tan grande que no puedo soportarlo.
—Solo una última duda, Malek, cuando conseguiste tu soñado rol de Loki, en el momento más feliz y dulce de tu carrera... te acordaste de mí, ¿cierto, niño prodigio?
La sonrisa se le borra.
—Oh, Dios. Es por eso que me odias tanto, ¡¿has estado pensando en mí todo este tiempo?!
—Ejem, no. Y que lo digas siquiera habla terriblemente de lo egocéntrica que eres.